Luis Cañizal de la Fuente

Luis Cañizal de la Fuente

Luis Cañizal de la Fuente fue un poeta español cuya obra se enmarca en la generación de los 50, también conocida como la "generación de medio siglo". Su poesía se caracteriza por una profunda introspección, la exploración de temas existenciales y una búsqueda constante de la autenticidad. Aunque no alcanzó la notoriedad de otros contemporáneos, su obra representa una voz singular dentro de la poesía española de posguerra, marcada por la reflexión sobre el tiempo, la memoria y la condición humana. Su estilo, a menudo marcado por un lenguaje cuidado y una sensibilidad lírica particular, le valió el aprecio de críticos y lectores selectos.

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Más Poemas En Prosa

Me hiciste perder el sentido moral de todo en todo.
Lo que desde siempre era malo moralmente, con el andar de los años descubrió su interior blanco y rosado como la oreja de un gato.
Todo el mundo predicando que lo moralmente bueno es el exterior de la oreja del gato: almendrada, peludilla, acariciable pero nunca a redropelo!
Mas he aquí que ya de adolescente hiciste tus escarceos de volverle del revés las dos orejas al gato, y, como eso era perverso, ya el mismo animalito te lo indicaba con un agitar de cabeza que se las dejaba en su ser.
Y al cabo de muchas duras y maduras, cualquiera estima bellísimo el tinte de la oreja gatuna por dentro. Anda y fíate de la opinión ajena y sus bandazos.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Luis Cañizal de la Fuente fue un poeta español cuya obra se vincula a la Generación de Poetas de 1950, un grupo de escritores que emergieron en la década de 1950 en España. Su producción poética se caracteriza por una fuerte carga de reflexión existencial y una profunda introspección.

Infancia y formación

La información detallada sobre su infancia y formación académica es escasa en las fuentes consultadas. Sin embargo, se deduce de su obra una sólida formación intelectual y una sensibilidad desarrollada a través de la lectura y la reflexión personal.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Luis Cañizal de la Fuente se sitúa principalmente en la segunda mitad del siglo XX. Su obra se enmarca dentro de la corriente de la "Poesía de la Experiencia" y "Realismo Social", aunque con matices propios que lo distinguen. Su producción se caracteriza por una evolución hacia una mayor hondura y complejidad temática, explorando las tensiones del ser humano en el contexto de su tiempo.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras publicadas se encuentra "Elegías a la sombra de un tiempo" (1958), un poemario donde se aprecian temas recurrentes como la fugacidad del tiempo, la memoria, la soledad y la búsqueda de sentido. El estilo de Cañizal se distingue por un lenguaje depurado, una cuidada musicalidad y el uso de metáforas que evocan un sentimiento de melancolía y contemplación. Su poesía, de tono lírico y a menudo confesional, aborda la condición humana desde una perspectiva introspectiva y reflexiva.

Contexto cultural e histórico

La obra de Cañizal se desarrolla en la España de posguerra, un periodo marcado por la dictadura franquista y una atmósfera de represión cultural y social. La Generación de Poetas de 1950, a la que pertenece, intentó conciliar la lírica con una preocupación por la realidad social y existencial, a menudo de forma velada o simbólica.

Vida personal

Los detalles de su vida personal son poco conocidos. Se sabe que mantuvo una actividad literaria discreta pero constante, y que su obra refleja una sensibilidad marcada por la introspección y la reflexión sobre la existencia.

Reconocimiento y recepción

Aunque Luis Cañizal de la Fuente no alcanzó la fama de otros poetas de su generación, su obra ha sido reconocida por su valor literario y su profundidad. Ha sido incluido en antologías de la poesía española contemporánea, lo que demuestra su relevancia dentro del panorama literario.

Influencias y legado

Su obra se nutre de la tradición poética española, pero también dialoga con las corrientes europeas de su tiempo. El legado de Cañizal reside en su capacidad para expresar, con un lenguaje íntimo y sugerente, las inquietudes fundamentales del ser humano frente a la existencia.

Interpretación y análisis crítico

La poesía de Cañizal ha sido interpretada como una meditación sobre la fragilidad de la vida y la persistencia de la memoria. Sus versos invitan a una lectura pausada y reflexiva, explorando las complejidades de la conciencia y la búsqueda de la trascendencia en un mundo a menudo hostil.

Infancia y formación

La discreción de su figura pública contrasta con la intensidad de su obra poética, que revela un mundo interior rico y complejo. La búsqueda de la autenticidad y la expresión de la verdad interior parecen haber sido motores fundamentales de su creación.

Muerte y memoria

Se desconocen las circunstancias de su fallecimiento. Su memoria perdura a través de su obra, que sigue siendo estudiada y valorada por su calidad literaria y su profundidad temática.

Poemas

27

Sólo Se Supo Que El Día Había Estado Eugenio

Sólo se supo que el día había estado eugenio
a la hora en que una hornada transparente de nubes
hizo burla a las islas
remedándoles forma y dispersión
bajo el mirar indiferente de la luna mordida.
Luego el paisaje de la punta caimán
se puso el pijama de su humor vítreo
y el aire de la mar daba besos
con labios de ternera:
ésa fue la señal para que todos
empezásemos a pensar en los poetas-esparadrapo,
que dormían su sueño de tiza bajo tierra de Hesperia.
[Quedaban por desarrollar
unas nubes de esperma jubiloso
en forma de epopeya
y de locomotora avecindada en
el último momento.
(Y la luna seguía
mordiéndose las uñas.) ]
713

Majo Manuel

También el viejo
de gesto impertinente de pelícano
y labio de papilla espurreada
llegó hasta conmoverse y llamar majo
a ese recién nacido
(que era como uno de sus muchos hijos).
Pero lo universalizaba; y desvariaba
hasta decir así, en tonada rústica:
Majo este sol de invierno en pared blanca,
maja la sombra humanitaria al amor del alpendre,
majos los matorrales enamorados orilla el río,
majo el caramillo y el olor a maleza quemada.
Santo el beso en la frente y el marchamo
de bobina pegado con saliva,
santo el barro que embiste
con su olor a cornada de burro,
santa la voz eugenia cuando ondula al viento,
santo el olor a violeta cuando no viene de la flor,
y santa en fin la vara verde cuando
mide grados de corrección en las espaldas.
Exagerada grupa de trompeta,
acontecidos tragos de coñac en voces de solista...


778

Condeixa-a-velha

Mil novecientos era en todo el mundo
una coimbra-oído medio del durmiente
a cuyo margen se alejaba un coche,
comiendo, enamorado,
las hojas de morera del silencio.
711

La Hora Todavía

La hora todavía
se dejaba tocar en la cabeza.
Qué descanso: estar vivo
era seguir durmiendo.


692

Por La Noche, En El Corral

Por la noche, en el corral,
el grillo va levantando,
ladrillito a ladrillito,
el paredón de su canto.


679

Periódico

No quiero ver más fotos de estropicios de guerra,
sino, a lo sumo, lo que les ha hecho el temporal
a los troncos de pino:
mandarlos crecer en bucle,
dejarlos astillados hasta media cepa
para que giman cautelosamente al acercarme
y pueda yo mecerme sobre tal cautela;
descuajarlos para que aromen a tierra humanitaria;
tronchar un fuste para que perfume
en forma de cabeza tonsurada,
un olor hemisférico a trasquileo humano.
En vez de ramas, sus sombras con que ceñir la carretera
para que vaya pulsando humanamente hacia lo lejos.
Contar la mitología metamórfica
del raigón de pino que era torso humano
y confundido fue por la divinidad
en escamosa grupa de marino monstruo
que ladraba a los pinos.

(Acabado el relato,
sueltan todos a una la leyenda
—dígase cabellera—
y me sellan el juicio largamente
con bufanda de ovas. Inefable.)
723

Definición

También hay un silencio enamorado.
Existe entre las cosas. Existe entre nosotros.
En un patio con luz hipnotizada
(las dos del día) yendo hacia septiembre.

En el suspiro misericordioso
del pecho de un enfermo.

En lo que hablan en voz baja los amantes:
cuando callan
y no se oye ni pasar el viento,
silencio enamorado.

Silencio enamorado
el que dejan las horas del reloj
cuando verbera el toque entre suspiros.

Silencio enamorado el que azotan
las alas de un ave pinariega
si entre agüero y agüero de su canto agreste
penetran las aristas resinosas
de callar un perfume.
De callar... y volver el aroma
como un dicho suertudo.
702

Ave De Paso

“No soy yo ni el otro soy,

sino ¨ alguien intermedio:

pilar del puente de tedio

que va del ayer al hoy”.
(Enmienda de plana a Mário de Sá-Carneiro.)


(He soñado que era otro

más joven y más alegre,

descubridor de amigos de ronco pico de pato,

perdedor de papeles y de tiempo,

comedor de hortalizas a la noche de juerga

y encontrador de hermanos no perdidos.

Pero con la mañana

paso a ser una campa de feria

desierta en un rincón de Portugal:

van cayendo las horas

y justifican mi razón de ser,

una tras otra, mantas,

caballitos, ronquera de reyertas,

tendidos de cerámica, zapatos,

humo de hogueras, voces de pregones,

tropezones

de compradores torpes contra vientos tensos

de tendejones de campaña, imprecaciones

y miradas al cielo de tormenta.

Nunca estuve más lleno y habitado

de gente ajena a mí. De pájaros de cuenta.)


Estremoz, 10 de abril ´98.

777

Tocan El Clave Con El Carrick Puesto

Y parados en pie. Tocan el clave
como el que elige con sonrisa y manos entre
la vasta gama de la pesebrera.
Lo que escogen es prisma de anisados,
lascivo desperezo
de humo azul en pijama,
niebla constituida
y olor de lumbre abril.

Mientras tanto, ya el clave
rompe a trotar haciendo trenzas de agua,
remolinos minúsculos,
cantos ensimismados, como si no fueran
los hombres de Estremoz los que consiguen
que se ponga talar hasta las barbas,
a semejanza de ellos
y de ciertos envueltos de tabaco
para insistir revolcándose en los graves.
Salen transfigurados del café:
campaneando como cruz alzada
y embarrancados en la culpa, al tiempo
que redimidos de ella. No sé si me explico.
Todo por obra y gracia
de unas hidroterapias al clave bien tostado.
Salen al implacable frío de las placetonas
anegadas de niebla,
y no saben si han muerto en una de ésas
y andan vagando por el trascastillo
como por el alfoz helado de la muerte.
Todo por obra y gracia
de un café al autoclave tomado en Estremoz
un lunes de Pasión.

Segunda feira,
onze de abril de mil e novecentos
e setenta e seis.
651

Carrer Del Pou Dolç

Alegre y errabundo
sales de pozos lóbregos,
entras
al pañuelo del aire,
que te torea, muy considerado,
con flámula de seda
ligeramente húmeda.
Y cuando lo respiras, cuando embistes
hacia adentro, bebiendo
su sabor a placenta, a plaza lenta,
a pureza corrupta,
percibes que es verdad, que ahí está
el toro ensabanado de la mar,
sus delicados dedos sudorosos
y su toque en la sien.
Por la noche se encorva, se doblega
a entrar en la caverna de mi olfato
(o convertido en cuervo
da un apretón jovial de pico y ala
a mi torso, a mi pecho, y un mantazo
de talante torero tolerante
a mis pulmones) muy bienhumorado.
Torero del calor aceitunado
de la noche y la mar en Barcelona.
731

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Comentarios (1)

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rafael
rafael

No se si leerá estas líneas profesor; pero escuchando a Paco Ibañez, ¿quién si no?, a quien me descubrió una mañana en aquel viejo magnetófono, en aquel viejo monumento histórico, en aquel viejo Madrid... me he acordado de usted. ¡Ay si en aquel viejo instante hubiese tenido un mayor aprecio por las letras!...¿¡Cuánto más hubiese disfrutado de sus clases!?...Espero que siga escribiendo, será buen síntoma.