Luis Cernuda

Luis Cernuda

1902–1963 · vivió 61 años ES ES

Luis Cernuda fue un poeta español, miembro de la Generación del 27, cuya obra se caracteriza por una intensa exploración de la identidad, el amor, el deseo y la melancolía, así como por una profunda crítica a las convenciones sociales y a la represión. Su poesía, marcada por una voz lírica inconfundible y una constante búsqueda de la libertad, transita desde el surrealismo hasta una expresión más personal y desengañada. Exiliado durante gran parte de su vida adulta, su experiencia del desarraigo y la distancia influyó notablemente en su escritura, dotándola de una universalidad y una profundidad emocional excepcionales. Es considerado uno de los poetas españoles más importantes del siglo XX.

n. 1902-09-21, Sevilha · m. 1963-11-05, Cidade do México

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Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Luis Cernuda fue un poeta español, reconocido como uno de los miembros más destacados de la Generación del 27. Nació en Sevilla y, tras un largo exilio, falleció en la ciudad de Cambridge, Inglaterra.

Infancia y formación

Nacido en una familia de militares, Cernuda tuvo una infancia marcada por la disciplina y la represión. Su formación universitaria en Derecho en Sevilla le permitió acceder a círculos literarios e intelectuales. Fue influenciado por la poesía popular andaluza, la obra de Góngora, y las vanguardias europeas, especialmente el surrealismo. La lectura de autores como Baudelaire, Rimbaud y Walt Whitman también fue crucial en su desarrollo.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria comenzó en la década de 1920, en plena efervescencia de la Generación del 27. Publicó sus primeros poemarios en los años 30, como 'Perfil del aire' y 'Donde habite el olvido'. La Guerra Civil Española marcó un punto de inflexión, llevándolo al exilio. Durante su larga estancia fuera de España (principalmente en el Reino Unido, Estados Unidos y Francia), continuó su obra, culminando en 'La realidad y el deseo', una compilación de su obra poética que fue ampliando y reordenando a lo largo de su vida. Su actividad como ensayista y crítico literario también fue importante.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Cernuda se caracteriza por la exploración de temas como el amor (con una fuerte carga de deseo y erotismo), la soledad, la melancolía, la identidad (especialmente la homosexual), la crítica a la sociedad y la búsqueda de la libertad. Su estilo evoluciona desde una influencia surrealista inicial hacia una voz lírica más depurada, confesional y reflexiva. Utiliza un lenguaje preciso y evocador, con una gran musicalidad. El verso libre es frecuente, pero también recurre a formas más tradicionales. El tono suele ser elegíaco y desengañado, pero también reivindicativo.

Contexto cultural e histórico

Cernuda vivió en un periodo convulso de la historia española y mundial. Fue testigo y partícipe de la vanguardia literaria de los años 20 y 30. La Guerra Civil y el posterior franquismo lo obligaron al exilio, lo que marcó profundamente su vida y su obra, convirtiéndolo en un poeta del desarraigo y la distancia. Su obra se enmarca en la llamada Generación del 27, un grupo de poetas que renovó la lírica española.

Vida personal

Su homosexualidad, vivida con dificultad en la España de su tiempo, fue un tema central en su poesía, que abordó de manera velada o explícita. Las relaciones afectivas, la soledad y la búsqueda de un 'lugar' donde poder ser él mismo fueron constantes en su vida. Su exilio fue una experiencia vital que moldeó su visión del mundo y su escritura.

Reconocimiento y recepción

En vida, su obra tuvo una recepción crítica notable, especialmente en círculos literarios e intelectuales. Sin embargo, el reconocimiento masivo y la inclusión en el canon literario español se consolidaron principalmente tras su muerte, a medida que se comprendía la profundidad y la originalidad de su propuesta poética.

Influencias y legado

Cernuda fue influenciado por autores como Góngora, Baudelaire, Rimbaud, Whitman y los surrealistas. Su poesía, a su vez, ha ejercido una gran influencia en generaciones posteriores de poetas en lengua española, tanto por su lirismo como por su valentía al abordar temas como la identidad y el deseo. Su obra es fundamental para entender la poesía contemporánea en español.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado la capacidad de Cernuda para crear un universo poético propio, marcado por la tensión entre la realidad y el deseo, la búsqueda de un paraíso perdido y la crítica a las imposibilidades impuestas por la sociedad. Su poesía es un testimonio de la búsqueda de autenticidad y libertad.

Infancia y formación

Cernuda fue un gran melómano y cinéfilo, y estas artes a menudo se reflejan sutilmente en su poesía. Era conocido por su discreción y su carácter reservado, pero su obra es una de las más transparentes y conmovedoras de la poesía española.

Muerte y memoria

Falleció en Cambridge, donde residía, a causa de una afección pulmonar. Tras su muerte, su obra ha sido objeto de numerosos estudios y ediciones, consolidándose como un pilar de la literatura en español y un símbolo de la libertad poética y vital.

Poemas

25

Peregrino

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
1.221

Contigo

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?
1.327

Limbo

LIMBO



A Octavio Paz


La plaza sola (gris el aire,

negros los árboles, la tierra

manchada por la nieve),

parecía, no realidad, mas copia

triste sin realidad. Entonces,

ante el umbral, dijiste:

viviendo aquí serías

fantasma de ti mismo.

Inhóspita en su adorno

parsimonioso, porcelanas, bronces,

muebles chinos, la casa

oscura toda era,

pálidas sus ventanas sobre el río,

y el color se escondía

en un retablo español, en un lienzo

francés, su brío amedrentado.

Entre aquellos despojos,

proyecto, el dueño estaba

sentado junto a su retrato

por artista a la moda en años idos,

imagen fatua y fácil

del dilettante, divertido entonces

comprando lo que una fe creara

en otro tiempo y otra tierra.

Allí con sus iguales,

damas imperativas bajo sus afeites,

caballeros seguros de sí mismos,

rito social cumplía,

y entre el diálogo moroso,

tú oyendo alguien me dijo: "Me ofrecieron

la primera edición de un poeta raro,

y la he comprado", tu emoción callaste.

Así, pensabas, el poeta

vive para esto, para esto

noches y días amargos, sin ayuda

de nadie, en la contienda

adonde, como el fénix, muere y nace,

para que años después, siglos

después, obtenga al fin el displicente

favor de un grande en este mundo.

Su vida ya puede excusarse,

porque ha muerto del todo;

su trabajo ahora cuenta,

domesticado para el mundo de ellos,

como otro objeto vano,

otro ornamento inútil;

y tú cobarde, mudo

te despediste ahí, como el que asiente,

más allá de la muerte, a la injusticia.

Mejor la destrucción, el fuego.


882

País

Tus ojos son de donde
la nieve no ha manchado
la luz, y entre las palmas
el aire
invisible es de claro.

Tu deseo es de donde
a los cuerpos se alía
lo animal con la gracia
secreta
de mirada y sonrisa.

Tu existir es de donde
percibe el pensamiento,
por la arena de mares
amigos,
la eternidad en tiempo.
775

El Viento Y El Alma

Con tal vehemencia el viento
viene del mar, que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.
889

Los Espinos

Verdor nuevo los espinos
tienen ya por la colina,
toda de púrpura y nieve
en el aire estremecida.

Cuántos cielos florecidos
les has visto; aunque a la cita
ellos serán siempre fieles,
tú no lo serás un día.

Antes que la sombra caiga,
aprende cómo es la dicha
ante los espinos blancos
y rojos en flor. Vé. Mira.
835

El Andaluz

Sombra hecha de luz,
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.

Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.

Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.
798

Los Fantasmas Del Deseo

LOS FANTASMAS DEL DESEO


A Bernabé Fernández-Canivell

Yo no te conocía, tierra;

con los ojos inertes, la mano aleteante,

lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa,

aunque, alentar juvenil, sintiera a veces

un tumulto sediento de postrarse,

como huracán henchido aquí en el pecho;

ignorándote, tierra mía,

ignorando tu alentar, huracán o tumulto,

idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy

a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir.


Bien sé ahora que tú eres

quien me dicta esta forma y este ansia;

sé al fin que el mar esbelto,

la enamorada luz, los niños sonrientes,

no son sino tú misma;

que los vivos, los muertos,

el placer y la pena,

la soledad, la amistad,

la miseria, el poderoso estúpido,

el hombre enamorado, el canalla,

son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy;

mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles,

para llevar tu afán que nada satisface.


El amor no tiene esta o aquella forma,

no puede detenerse en criatura alguna;

todas son por igual viles y soñadoras.

Placer que nunca muere

beso que nunca muere,

sólo en ti misma encuentro, tierra mía.

Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos,

rizosos o lánguidos como una primavera,

sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos

que tanto he amado inútilmente,

no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra,

en la tierra que aguarda, aguarda siempre

con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos.


Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes

este mundo divino que ahora es mío,

mío como lo soy yo mismo,

como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,

como la arena, que al besarla los labios

finge otros labios, dúctiles al deseo,

hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos.


Como la arena, tierra,

como la arena misma,

la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira.

Tú sola quedas con el deseo,

con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío,

sino el deseo de todos,

malvados, inocentes,

enamorados o canallas.

Tierra, tierra y deseo.

Una forma perdida.


837

A Un Poeta Muerto (f g l )

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.
1.095

Como Una Vela Sobre El Mar

Como una vela sobre el mar
resume ese azulado afán que se levanta
hasta las estrellas futuras,
hecho escala de olas
por donde pies divinos descienden al abismo,
también tu forma misma,
ángel, demonio, sueño de un amor soñado,
resume en mí un afán que en otro tiempo levantaba
hasta las nubes sus olas melancólicas.

Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.
1.641

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