Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Defecto en el paisaje de Sorrento: olivos más bellos que los naranjos.
Mejor mal acompañado que solo.
Cuando más difícil resulta ofender nuestra vanidad es cuando nuestro orgullo acaba de ser ofendido.
Inducir al prójimo a que se forme una buena opinión de nosotros y, a continuación, creer crédulamente en esa opinión. ¿Quién iguala a las mujeres en esa obra de arte?
El amor a la vida es casi lo contrario del amor a la longitud de la vida. Todo amor piensa en el instante y en la eternidad, pero nunca en «la longitud».
La vanidad de los demás repugna a nuestro gusto tan sólo cuando repugna a nuestra vanidad.
¡Huid a lo oculto! ¡Y tened vuestra máscara y sutileza para que os confundan con otros! ¡U os teman un poco! ¡Y no me olvidéis el jardín, el jardín con verjas de oro! Y tened a vuestro alrededor personas que sean como un jardín, o como música sobre aguas, a la hora del crepúsculo, cuando ya el día va convirtiéndose en recuerdo. ¡Elegid la soledad buena, la soledad libre, traviesa y ligera, la cual os otorga también derecho a continuar siendo buenos en algún sentido!
Cada uno de los sexos se engaña acerca del otro. Esto hace que, en el fondo, se honren y amen sólo a sí mismos (o a su propio ideal, para expresarlo de manera más grata). Así, el varón quiere pacífica a la mujer. Pero justo la mujer es, lo mismo que el gato, no-pacífica por esencia, aunque se haya ejercitado muy bien en ofrecer una apariencia de paz.
Fórmula de mi felicidad: un sí, un no, una línea recta, una meta...
Casi en todos los psicólogos percibiremos una propensión y un placer delatores a tratar con hombres vulgares y ordinarios. En esto se delata que ellos precisan siempre de una curación, que necesitan una especie de huida y olvido, lejos de aquello que sus penetraciones e incisiones, que su «oficio», han hecho pesar sobre su conciencia.
Lo más comprensible de un lenguaje no es la palabra misma, sino el tono, la intensidad, la modulación, el con que se dice una serie de palabras. En suma, la música que está detrás de las palabras, la pasión que está detrás de esa música, la persona que está detrás de esa pasión; todo aquello, por tanto, que no puede ser escrito. Por ello no tiene la menor importancia la escritura.
El asco que sentimos por la suciedad puede ser tan grande que nos impida limpiarnos, «justificarnos».
Uno busca a alguien que le ayude a dar a luz sus pensamientos; otro, a alguien a quien poder ayudar. Así es como surge una buena conversación.
Cuando tenemos que cambiar de opinión sobre alguien, le hacemos pagar cara la incomodidad que con ello nos causa.
El odio profundo es también un idealista: tanto si convertimos a nuestro adversario en un dios como si lo convertimos en un demonio, le hacemos en todo caso demasiado honor.
Nuestros defectos son siempre nuestros mejores maestros, pero con nuestros mejores maestros siempre somos desagradecidos.
Sin la menor duda pueden las mujeres hacer amistad con un varón; mas, para conservarla..., para eso es preciso sin duda que coadyuve una pequeña antipatía física.
Aun suponiendo que ella me ame, ¡cuán fastidiosa llegará a serme a la larga! Y en el supuesto de que no me ame, ¡entonces sí que llegará a serme fastidiosa a la larga! Se trata tan sólo de dos especies distintas de fastidio. ¡Casémonos, pues!
Los alemanes inventaron la pólvora. ¡Todos mis respetos por ello! Pero volvieron a compensarlo; inventaron la prensa.
Quien es radicalmente maestro no toma ninguna cosa en serio más que en relación a sus discípulos, ni siquiera a sí mismo.
El divertirse con pequeños pensamientos maliciosos le ahorra a la gente muchas grandes acciones malvadas.
De las personas muy listas comenzamos a desconfiar cuando se quedan desconcertadas.
Con frecuencia el lector y el autor no se entienden porque el segundo conoce demasiado bien su asunto y lo encuentra casi aburrido, de modo que se dispensa de poner ejemplos, de los que conoce centenares; pero el lector es ajeno al asunto y con facilidad lo encuentra mal fundado, cuando se le escatiman los ejemplos.
Si vivimos demasiado cerca de una persona nos pasa como si manoseásemos una y otra vez con los dedos desnudos un buen grabado: un día tenemos en las manos un mal papel sucio y nada más. También el alma de una persona acaba desgastándose si se la toca continuamente; al menos acaba pareciéndonos así; ya nunca volvemos a ver su dibujo y belleza prístinos. Siempre sufrimos pérdidas en el trato demasiado íntimo con mujeres y amigos; y a veces perdemos con ello la perla de nuestra propia vida.
«Yo he hecho eso», dice mi memoria. «Yo no puedo haber hecho eso», dice mi orgullo, y permanece inflexible. Al final cede... la memoria.
Un hombre de genio resulta insoportable si no posee, además, otras dos cosas cuando menos: agradecimiento y pulcritud.
Las grandes guerras del presente son efectos causados por el estudio de la historia.
Poco valioso es lo que necesita ser probado.
Las consecuencias de nuestras acciones nos agarran por los cabellos, muy indiferentes a que entretanto nos hayamos «mejorado».
Alegrarse de un elogio es, en no pocas personas, sólo una cortesía del corazón, y justo lo contrario de una vanidad del espíritu.
«Donde se alza el árbol del conocimiento, allí está siempre el paraíso». Eso es lo que dicen las serpientes más viejas y las más jóvenes.
Los seres humanos se precipitan hacia la luz no para ver mejor, sino para brillar mejor. Nos gusta considerar como luz a aquel ante el que brillamos.
La enfermedad es un potente estimulante. Sólo que se necesita estar suficientemente sano para ella.
El pesimismo moderno es expresión de la inutilidad del mundo moderno, no del mundo y de la existencia.
Hay mujeres que, por más que se busque en ellas, no tienen un interior, sino que son puras máscaras. Es digno de lástima el varón que se lía con tales criaturas casi espectrales, necesariamente insatisfactorias; mas son justo ellas las que tienen capacidad de excitar al máximo el deseo del varón. éste busca el alma de esas mujeres, y anda siempre buscándola.
Una vez tomada la decisión, cerrar los oídos incluso al mejor de los argumentos en contra: señal de carácter enérgico. También, voluntad ocasional de estupidez.
En los individuos es rara la locura, pero es la regla en los grupos, partidos, pueblos, épocas; y por ello los historiadores no han hablado hasta ahora de locura. Pero alguna vez la historia la escribirán los médicos.
¿Qué es el amor sino comprender y alegrarse de que otro viva, actúe y sienta de manera diferente y opuesta a la nuestra? Para que el amor supere con la alegría los antagonismos, no debería suprimirlos, negarlos. Incluso el amor a sí mismo contiene como presupuesto suyo la dualidad (o la pluralidad) indisoluble, en una sola persona.
Nuestro sentido para observar si otros perciben nuestras flaquezas es mucho más fino que nuestro sentido para observar las flaquezas de otros, de lo que se deduce, por tanto, que es más fino de lo necesario.
Esperaba oír un eco y no he oído más que elogio
Una persona es para otra su conciencia, lo cual es importante sobre todo cuando esta última no suele tenerla.
El descubrir que el amor es correspondido debería en realidad decepcionar al amante acerca del amado. «¿Cómo?, ¿es él lo bastante modesto para amarte incluso a ti? ¿O lo bastante estúpido? O... O...».
Cuando la virtud ha dormido se levanta más fresca
De vez en cuando debemos mandar a dormir a nuestras virtudes.
Espíritus sutiles, a los que nada les queda más lejos que una trivialidad, descubren a menudo, tras mucho vagar y trepar por todo género de senderos de montaña, una trivialidad, y se alegran mucho de ello, para asombro de los no sutiles.
Poner nombre a una de nuestras pasiones es ya dar un paso más allá de ella. El amor más hondo, por ejemplo, no sabe darse un nombre y sin duda se pregunta: «¿No soy odio?».
Quizá no haya habido hasta ahora ningún medio más enérgico para embellecer al ser humano que precisamente la piedad. Mediante ella puede llegar hasta tal punto a convertirse en arte, superficie, juego de colores, bondad, que su aspecto ya no haga sufrir.
«Me desagrada». ¿Por qué? «No estoy a su altura». ¿Alguien ha respondido así alguna vez?