Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Aquel tenía las grandes obras, pero su compañero tenía la gran fe en esas obras. Eran inseparables; evidentemente, el primero dependía por completo del segundo.
Los hombres apasionados piensan poco en lo que piensan los otros; su estado los pone por encima de la vanidad.
Es evidente que al matrimonio moderno ha ido escapándosele de las manos toda la razón. Eso no constituye, sin embargo, una objeción contra el matrimonio, sino contra la modernidad.
Los autores más chistosos suscitan una sonrisa casi completamente imperceptible.
La carta es una visita no anunciada; el cartero es el intermediario de descorteses ataques por sorpresa. Deberíamos reservar cada ocho días una hora para recibir cartas y a continuación tomar un baño.
La gracia es el reposo de las almas fuertes; las débiles quieren ser almas enlazadas, encadenadas, seducidas; encuentran ineficaz e insípida la gracia y anhelan excitantes (emociones).
La desobediencia y la independencia, sobre todo, internas, de los hijos frente a los padres llegan habitualmente lo más lejos posible, es decir, hasta donde el padre las soporta de alguna manera; de lo que se deduce que es mucho más desagradable ser padre que ser hijo.
Que vuestra vida esté separada de la calle por un elevado muro de jardín, y si el perfume de las rosas de vuestro jardín llega al otro lado, llevado por el viento, que inspire nostalgia al corazón de alguien.
«Él es incapaz de dominarse»; y de eso saca aquella mujer la conclusión de que será fácil dominarlo y arroja su lazo hacia él. Pobre mujer, pronto será su esclava.
En las montañas, el camino más corto es el que va de cumbre a cumbre. ¡Mas para ello has de tener piernas largas! Las sentencias son cumbres.
Cambiar de opiniones es para unos una exigencia de pulcritud, igual que la de mudar de ropa; para otros, en cambio, es tan sólo una exigencia de su vanidad.
Más que ser felices, los seres humanos quieren estar ocupados. Todo el que les procura ocupación es, por tanto, un bienhechor. ¡La huida del aburrimiento! En Oriente la sabiduría se acomoda al aburrimiento, hazaña que a los europeos les resulta tan difícil que sospechan que la sabiduría es imposible.
El instinto de propiedad: continuación del instinto de nutrición y de caza. También el instinto de conocimiento es un instinto superior de propiedad.
Si tenemos o no tenemos lengua viperina es algo que ignoramos hasta que alguien coloca su calcañar sobre nosotros. Una mujer o una madre dirían: «Hasta que alguien coloca su calcañar sobre mi amado, sobre mi hijo». Nuestro carácter está más determinado por la carencia de ciertas vivencias que por lo que vivimos en ellas.
Del matrimonio se dice que es bueno, en primer lugar, porque no se lo conoce; en segundo lugar, porque uno se ha habituado a él; en tercer lugar, porque se lo ha contraído; es decir, se dice que es bueno en casi todos los casos. ¡Y, sin embargo, con ello no se ha dado ninguna prueba en favor de que el matrimonio sea bueno!
No comprendo para qué se necesita calumniar. Si se quiere perjudicar a alguien lo único que hace falta es decir de él alguna verdad.
Hay personas a las que con gestos sublimes se las convence, pero con razones se las vuelve desconfiadas.
Si ahora osase alguien decir: «Quien no está conmigo está contra mí», inmediatamente tendría en contra a todos. Ese sentimiento honra a nuestra edad.
Un hombre de Estado divide a los seres humanos en dos especies: primero, instrumentos; segundo, enemigos. Propiamente no hay para él, por tanto, más que una especie de seres humanos: enemigos.
El hombre de las «ideas modernas», ese mono orgulloso, está inmensamente descontento consigo mismo; esto es seguro. Padece, y su vanidad quiere que él sólo «compadezca»...
La vista de la humanidad ha sido hasta ahora demasiado corta para darse cuenta de que los hombres más poderosos han sido grandes comediantes.
Todo el mundo cree que puede decir algo cuando se habla del tiempo, de las enfermedades y del bien y el mal. Es la señal de la vulgaridad intelectual.
En las fiestas patrióticas también los espectadores forman parte de los comediantes.
El primer músico sería para mí el que conociese únicamente la tristeza de la más honda felicidad y ninguna otra tristeza; hasta ahora no ha existido.
No decir nada de sí mismo es una hipocresía muy noble
Todos los moralistas son tímidos, pues saben que se los confunde con espías y delatores tan pronto como se les nota su inclinación. También tienen en general conciencia de ser poco fuertes en el obrar, pues, en plena obra, los motivos de su obrar casi distraen su atención de aquélla.
Personas completamente distintas: las que se avergüenzan de la marea baja de su sentimiento (en la amistad o en el amor) y las que se avergüenzan de la marea alta.
Poco a poco ha ido revelándoseme cuál es el defecto más general de nuestra especie de formación y educación: nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña... a soportar la soledad.
Hay muchas personas crueles que sólo son demasiado cobardes para la crueldad.
Quien venera de tal modo que crucifica a quien no venera, forma parte de los verdugos de su partido. Nos guardamos de darle la mano, aunque pertenezca a nuestro propio partido.
No es lícito querer devolver y restituir lo que el amor da. En el mar del amor debe estar ahogado todo instinto de restitución.
Es preciso aprender a amar y a ser bondadosos, y eso, desde la juventud; si ni la educación ni el azar nos proporcionan ocasión de ejercitar tales sentimientos, nuestra alma se volverá seca e incluso inepta para comprender las delicadas invenciones de las personas amables. También es preciso que el odio sea aprendido y alimentado, si queremos llegar a ser buenos odiadores. De lo contrario, también su germen irá muriendo poco a poco.
Ahora es el eco lo que da «grandeza» a los acontecimientos, el eco de los periódicos.
El artista trágico no es un pesimista. Dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible; es dionisiaco...
¡Cuidado con los anillos! (Son serpientes enroscadas que se presentan como inofensivas). Esas enroscadas serpientes de oro se presentan ciertamente como inofensivas...
Las convicciones son enemigas de la verdad más peligrosas que las mentiras.
La mujer perfecta es un tipo humano superior al varón perfecto; también algo mucho más raro. La zoología ofrece un medio para hacer verosímil esa tesis.
Si alguna vez hemos llevado cadenas, tenemos un fino oído para el ruido de cadenas.
Una zorra como es debido dice que están verdes no sólo las uvas que no puede alcanzar, sino también las que ha alcanzado y birlado a otros.
Ha aprendido a expresarse, pero a partir de ese momento ya no le creemos. Creemos únicamente a quienes balbucean.
Todo espíritu profundo necesita una máscara; más aún, alrededor de todo espíritu profundo va creciendo sin cesar una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de cada palabra, paso, señal de vida que da.
La única manera de entusiasmar a las naturalezas flemáticas es fanatizarlas.
También en el odio hay celos: queremos tener a nuestro enemigo únicamente para nosotros.
¿Por qué la persona afligida está más inclinada a abandonarse ciegamente a los placeres de los sentidos? ¿Es el aturdimiento que producen lo que ella apetece? ¿O una necesidad de emoción a cualquier precio? Sancho Panza dice: «Si los hombres sienten demasiado las tristezas, se vuelven bestias».
Por admirar demasiado las virtudes ajenas podemos perder el sentido de las virtudes propias, y por no ejercitarlas podemos acabar perdiéndolas incluso a ellas, sin obtener en sustitución las ajenas.
La persona que tiene mucha alegría es necesariamente buena, pero tal vez no sea la más lista, aunque consigue precisamente aquello que la más lista trata de conseguir con toda su listeza.
«Sé al menos mi enemigo». Así habla el verdadero respeto que no se atreve a implorar amistad.
La primera alegría que nos da un poeta es toparnos en él con un pensamiento, un sentimiento, que nosotros también tenemos; por ejemplo, Horacio, cuando habla de su casa de campo. Y la segunda, ¡que exprese nuestros pensamientos de un modo tan bonito! ¡Con ello nos honra!