Citas
Citas para inspirar y reflexionar
En la soledad el solitario se devora a sí mismo; en la muchedumbre lo devoran los muchos. Elige, pues.
Es raro que nos rompamos una pierna mientras vamos subiendo fatigosamente la cuesta de la vida, pero sí cuando empezamos a facilitarnos las cosas y a elegir los caminos fáciles.
Unas madres necesitan hijos que sean felices, respetados; otras, hijos infelices, de lo contrario no puede manifestarse su bondad maternal.
Los peores lectores son los que se comportan como soldados entregados al saqueo: se llevan algo que pueden necesitar, ensucian y desordenan lo demás y reniegan del conjunto.
«No hablemos de eso». «Amigo, de eso ni siquiera nos está permitido callar».
Lo que más profundamente separa a dos personas es un sentido y grado distinto de la pulcritud.
En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón.
Mientras te alaben, cree siempre que aún no caminas por tu propia senda, sino por la de otro.
La salud se anuncia: 1) por un pensamiento con un vasto horizonte; 2) por sentimientos de reconciliación, de consuelo, de perdón; 3) por el melancólico reírse de la pesadilla con que hemos estado peleando.
La indignación moral es la especie más pérfida de venganza.
En estado de embarazo nos escondemos y somos miedosos, pues sentimos que entonces nos resulta difícil defendernos, y más aún sentimos que, si nos defendemos, perjudicaremos a aquello que amamos más que a nosotros mismos.
El aumento de sabiduría cabe medirlo exactamente por la disminución de bilis.
Para ver entera una cosa es preciso que la persona tenga dos ojos, uno de amor y otro de odio.
Lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida, cuando acabamos separándonos porque el sentimiento y el juicio no quieren ya marchar juntos, y aporreamos con violencia el muro que la Naturaleza ha alzado entre ella y nosotros.
En la realidad no ocurre nada que corresponda rigurosamente a la lógica.
En el trato con amigos y esposas es práctico tener mucha confianza, pero poca familiaridad; en el trato con el resto del mundo, en cambio, poca confianza, pero mucha familiaridad.
«Él me alaba; por tanto, me da la razón». Esta asnada de deducción lógica nos echa a perder media vida a nosotros los eremitas, pues introduce a los asnos entre nuestros vecinos y amigos.
Ninguno de los medios de consuelo le hace tanto bien al menesteroso de ellos como el asegurarle que para su caso no hay consuelo. Hay en ello tal distinción que esos hombres vuelven a levantar cabeza.
El aforismo, la sentencia, en los que yo soy el primer maestro entre alemanes, son las formas de la «eternidad»; es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás dicen en un libro, lo que todos los demás... no dicen en un libro...
Nosotros ya casi no nos atrevemos a hablar de la voluntad de poder. ¡En Atenas ocurría lo contrario!
Lo que Dante y Goethe creyeron de la mujer: El primero, al cantar ; el segundo, al traducir eso por «lo eterno femenino nos lleva hacia lo alto». Yo no dudo de que toda mujer un poco noble se opondrá a esa creencia, pues ella cree cabalmente eso de lo eterno masculino...
Ciertos conocimientos se defienden a sí mismos: no los entendemos.
Muchos maridos no están en absoluto descontentos del adulterio de sus mujeres, si así se liberan de ellas sin gastos.
No soporto la cercanía de los que escupen.
Gracias a la segura perspectiva de la muerte, podría estar mezclada a cada vida una exquisita y aromática gota de ligereza. ¡Y lo que vosotros, extrañas almas de boticario, habéis hecho de ella es una gota de veneno que sabe mal y vuelve repugnante la vida entera!
Si el rey tiene derecho a otorgar gracia, el criminal tiene derecho a rechazarla.
Ofende de manera irreconciliable el descubrir que, allí donde estábamos convencidos de ser amados, éramos considerados tan sólo como un cachivache y un adorno de las habitaciones, con que el señor de la casa podía dar rienda suelta a su vanidad ante los invitados.
Tan pronto como nos sintamos malhumorados o biliosos echemos inmediatamente mano del portamonedas, o de la pluma de escribir cartas, o del primer pobre o del primer niño con que nos topemos, y regalémosle algo; si es posible, con buena cara, y si eso no va, con mala cara.
Es preciso retribuir tanto lo bueno como lo malo. ¿Mas por qué retribuirlo precisamente a la persona que nos ha hecho bien o mal?
¿Por qué no ve el hombre las cosas? Se interpone a sí mismo; tapa las cosas.
El vivir juntos los casados es el medio principal para hacer que resulte raro un buen matrimonio, pues aun las mejores amistades soportan eso sólo muy raramente.
Muy superficiales tenemos que ser para no volver a casa con remordimientos de conciencia tras haber estado con gente ordinaria.
Me temo que los animales consideran al hombre como un ser igual a ellos que ha perdido, de una manera sumamente peligrosa, el sano entendimiento animal. Lo consideran como el animal que delira, que ríe, que llora, que es desgraciado.
Las cosas han ido mal, pero mucho mejor de lo que yo creí que iban a ir.
En vez de desear que los otros nos conozcan tal como somos, deseamos que piensen de nosotros lo mejor posible; anhelamos, por tanto, que los otros se engañen con respecto a nosotros; es decir, no estamos orgullosos de nuestra unicidad.
A unos el gran elogio los abochorna, a otros los vuelve insolentes
Todo lo duradero conmueve, despierta un anhelo de ello, hasta tal punto confundimos lo duradero con lo bueno.
Podemos hacer que nuestras dotes vuelvan a resultarnos sabrosas venerando y disfrutando excesivamente durante largo tiempo las dotes contrarias. Usar el exceso como remedio es una de las estratagemas más sutiles del arte de vivir.
Cuanto más alegre y libre va haciéndose el espíritu, tanto más pierde el ser humano la carcajada ruidosa; en cambio, le brota constantemente una sonrisa espiritual, señal de su asombro por las innumerables amenidades ocultas de la buena existencia.
Lo mejor que hay en el matrimonio es la amistad. Si ésta es bastante grande, es capaz por sí misma de disimular y pasar por alto el elemento afrodisiaco, atenuándolo. Si no hay amistad, el matrimonio hace que ambas partes piensen con ordinariez y estén llenas de desprecio.
Podemos ser indignos y aduladores también con una virtud
Quedarse quieto, tendido, y pensar poco es el medicamento más barato para todas las enfermedades del alma, y, si ponemos buena voluntad en ellos, va volviéndose más agradable a cada hora que se lo emplea.
El disfrute de la vanidad es el disfrute de un medio para un fin que nosotros mismos hemos olvidado.
Juzgar el carácter de los europeos por su relación con los países extranjeros, en la colonización.. extremadamente cruel.
Alguien que hable mucho y deprisa decae extraordinariamente en nuestro aprecio tras un trato brevísimo, aunque hable razonablemente; no sólo en la medida en que resulta fastidioso, sino en una medida mucho más profunda. Pues adivinamos que ya se ha hecho fastidioso a muchas otras personas, y al malestar que él produce agregamos el desprecio que suponemos tienen otros por él.
Llegamos a los pensamientos a través de las palabras que flotan a nuestro alrededor.
Lo nuevo aprendido o lo nuevo vivido los varones lo utilizan, en lo sucesivo, como un arado, acaso también como un arma; en cambio, las mujeres hacen enseguida de ello un adorno para sí.
Una vez que la inclinación o la aversión han clavado bien sus dientes, resulta difícil librarse de ellas, como cuando una tortuga ha mordido un palo. El amor, el odio y la tortuga son estúpidos.