Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Y resoplando y llenando de estampidos y centellas el hogar, las llamas agrandadas se elevaban unidas hacia el aire… Cuando las llamas más altas fueron a pegar contra el fondo de la marmita colocada sobre ellas…
Cuando se vio ya muy crecido y grande sobre los leños del hogar, empezó a hincharse, transformando su ánimo tranquilo y manso en soberbia inaguantable, como jactándose de atraer todo el elemento del fuego sobre aquellos pocos leños.
El fuego, contento de encontrar leños en el hogar, se acercó a ellos y dio en divertirse, tejiéndoles un velo de pequeñas llamas por entre los huecos que dejaban. Y así, gozoso y festivo, aparecía aquí y allá, siguiendo su camino por las alegres ventanas que él mismo se abría.
Habiendo así convertido los intersticios por donde introducía su aliento en alegres ventanas para su uso, iluminaba, con el brillo de las rutilantes chispas que iluminaba, con el brillo de las rutilantes chispas que despedía el espacio de la cerrada cocina, disipando la oscuridad que la entenebrecía. Las llamas, desbordando al fin, se mezclaban con el aire circundante y mostraban su regocijo cantando con dulces murmullos de suaves sonidos…
Y ocurrió entonces que el fuego, invadiendo los secos leños puestos sobre él, comenzó a elevarse, desalojando el aire de los intervalos que los separaban y deslizándose por éstos con alegres y juguetones movimientos.
Apenas nace la virtud, cuando ya genera contra sí la Envidia, pues antes verás un cuerpo sin sombra que la virtud sin la Envidia.
Un resto de fuego que en un pequeño trozo de carbón había quedado entre las tibias cenizas, se nutría escasa y pobremente del poco alimento que conservaba todavía. Sobrevino entonces la criada de cocina, para preparar la comida ordinaria; colocó algunos leños sobre el hogar, reavivando en él con una pajuela el ya casi extinguido fuego; agregó sobre la llama otros leños, puso la marmita sobre ellos, y sin ninguna preocupación más se alejó tranquila.
Le representarás hiriéndose con un cuchillo, y mostrando haberse desgarrado las ropas con las manos. Sus pies estarán separados, sus piernas un poco dobladas, toda su persona inclinada a tierra y arrancándose y dispersando sus cabellos.
La envidia ofende con ficciones de infamia, es decir con palabras calumniosas que atemorizan la virtud.
Sus hierbas y plantas serán de color tanto más pálido cuanto más árido y escaso, de humor sea el terreno que las nutre; y el terreno es más árido y pobre sobre las piedras de que se componen los montes. Los árboles serán tanto más pequeños y delgados cuanto más próximos estén a las cumbres de los montes, pues el terreno es tanto más estéril cuanto más vecino a dichas cumbres, y tanto más rico en humores cuanto más se acerca a la concavidad de los valles.
A la figura airada, la harás cogiendo a un hombre por los cabellos, obligándolo a volver la cabeza hacia el suelo y apoyándole una rodilla al costado. Elevará un puño en alto, tendrá los cabellos echados para arriba, las cejas bajas y fruncidas, los dientes apretados y las proximidades de cada extremo de la boca arqueados. El cuello será grueso y lleno de arrugas por delante, debidas a la postura inclinada sobre el enemigo.
Afirmo que el azul que el aire muestra no es su color propio, sino que es causado por la humedad caliente, evaporada en diminutos átomos insensibles, la cual absorbe los rayos solares que la hieren y se hace luminosa bajo la oscuridad de las inmensas tinieblas de la región del fuego que la recubren.
Y esto verá, como lo vi yo, el que suba al Monteroso (Monte-Rosa), cima de los Alpes que divide Francia de Italia. Esta montaña da nacimiento en su base a cuatro ríos, que riegan en cuatro direcciones contrarias toda la Europa; y ninguna montaña tiene su base a tanta altura.
Si quieres representar bien una tempestad, examina atentamente sus efectos cuando el viento, soplando sobre la superficie del mar y de la tierra, arranca y se lleva consigo todo lo que no puede resistir a su corriente avasalladora.
En cuanto a las actitudes representarás a los personajes que se hallan cerca del fuego como resguardándose con las manos o con un manto del excesivo calor; y, volviendo el rostro al lado opuesto, mostrarás a los más alejados en el acto de huir; y mostrarás a la mayoría de ellos defendiéndose con las manos los ojos ofendidos por el vivo resplandor.
Las grullas son tan fieles y leales a su rey que de noche, mientras duerme, algunas hacen la guardia alrededor del prado, mirando desde lejos, y otras se quedan cerca del rey. Y cada una lleva una piedra agarrada, en forma que, si fueran vencidas por el sueño, el ruido de la piedra al caer, las despertaría. Otras, en fin, duermen juntas alrededor del rey, turnándose cada noche, temerosas siempre de perderlo.
Puede figurarse en la golondrina, la cual está siempre en movimiento, huyendo de la menor incomodidad.
Previendo por instinto su renovación, soporta con constancia el ardor de las llamas que lo consumen; y luego, una vez más, renace.
Se ha escrito, a propósito del pavo real, que supera en este vicio a todos los otros animales. Contempla constantemente la belleza de su cola, desplegándola en forma de rueda y atrayendo a sí, con su grito, la atención de las bestias circunstantes. Es éste, de todos los vicios, el más difícil de vencer.
La virtud de la gratitud es, según se dice, muy general en los pájaros llamados abubillas los cuales, reconocidos del beneficio recibido del padre y de la madre con la vida y la alimentación, cuando ven que están viejos, les construyen un nido, les dan calor y les procuran de comer. Les arrancan con el pico las plumas viejas y feas y, empleando ciertas hierbas, les devuelven la vista, de modo que tornan a ser felices.
El murciélago, desenfrenadamente lujurioso, no observa en sus acoplamientos las diferencias de sexo.
No canta sin sacudir primero por tres veces las alas. El papagallo, al cambiar de rama, no pone la pata donde no ha puesto antes el pico.
Da euforbio a sus hijuelos enjaulados, prefiriendo verlos muertos antes que privados de la libertad.
Temiendo que su rey perezca por falta de vigilancia, las grullas lo rodean de noche, sosteniendo una piedra en una garra a fin de que si el sueño las vence, el ruido que haría la piedra al caer las despierte. Amor, temor y reverencia: escribe estas palabras sobre tres piedras de grulla.
Del águila se cuenta que, por mucha hambre que tenga, deja siempre una parte de su presa a los pájaros que la rodean, y éstos, incapaces de conseguir por sí mismos el alimento, la acompañan y aprovechan de su liberalidad.
Cuando pelea con serpientes, come cerraja y así escapa a sus mordeduras
Con la piedra quelidonia da la vista a sus hijos, que nacen ciegos
Se convierte de hembra en macho y se olvida de su sexo primitivo; roba entonces por envidia los huevos a las otras aves, pero los pichones siguen a la verdadera madre.
Siente gran amor por sus hijos; si los encuentra en el nido, muertos por una serpiente, se hiere en el corazón y bañándolos en una lluvia de sangre, les devuelve la vida.
Canta dulcemente antes de morir; y con ese canto concluye su vida.
Su cuerpo es tan resplandeciente que no proyecta sombra. No pierde su luz después de muerto. No le caen jamás las plumas, y si una se le arranca, deja ésta de resplandecer.
Las palomas son parangón de ingratitud; en efecto, cuando llegan a la edad en que no necesitan más ser alimentadas, empiezan a pelear con el padre y no termina la lucha hasta que el hijo desaloja al padre y le roba su compañera.
Empolla los huevos con la vista. Símbolo de las armas, alimento de los guerreros.
Cuando se siente enfermo, se llena el buche de agua y se clisteriza con el pico.
Cuando ha dado muerte a un camaleón, se purga con laurel
Cuando es vieja, vuela tan alto que se quema las plumas, y la naturaleza permite que recobre su juventud, cayendo en un agua poco profunda. Si sus aguiluchos no pueden sostener la vista del Sol, no los alimenta. ¡Que ningún pájaro que no quiera morir se acerque a su nido! ¡Cómo la temen los animales! No les hace ningún mal, sin embargo (a menos de ser provocada), y siempre les deja restos de sus presas.
Se ha escrito del buitre que, cuando en el nido sus pichones engordan demasiado, los picotea y los tiene sin comer, movido por la envidia. Su apetito lo domina a tal extremo que volaría miles de millas por comer una carroña; por eso es que sigue a los ejércitos.
El halcón quiere, soberbio y orgulloso, dominar a todas las aves de presa; prefiere siempre estar solo y se le ha visto muchas veces atacar al águila, rey de las aves. Sólo caza pájaros grandes, y preferiría morir antes que alimentarse de pájaros pequeños o de carne fétida.
Se asemeja al cuervo que, observando la blancura de sus pichones, con gran dolor se aleja de ellos, los abandona con tristes lamentaciones y no los alimenta hasta que les ve algunas pocas plumas negras.
Del mismo modo, el amor de la virtud rehuye mirar cosa vil o baja; antes bien, se asocia a todo lo que es honesto y virtuoso y constituye su morada en los corazones nobles, a semejanza de los pájaros que habitan en las verdes selvas, sobre los ramos florecidos. Ese amor se muestra más en la adversidad que en la prosperidad, como la luz que resplandece más cuando ilumina un lugar sombrío.
Se la representa por el gallo, que cualquier ínfima cosa llena de regocijo, haciéndolo cantar y agitarse en variados y juguetones movimientos.
La alondra es un pájaro del que se cuenta que, llevado junto a un enfermo, si éste ha de morir desvía de él los ojos, alejándose; en caso contrario, no aparta de él la vista y así lo libra de cualquier enfermedad.
El aire estará lleno de saetas de diversos tipos: las unas seguirán una trayectoria ascendente, otras descenderán oblicuamente, otras, en fin volarán en línea horizontal; y las balas de los fusiles irán acompañadas por detrás de un poco de humo.
Darás un tinte rojizo a los rostros, a las personas, al aire, a los fusileros, y a todo el ambiente; y ese tinte rojizo se irá perdiendo a medida que de su origen se alejen las cosas. Las figuras situadas entre la luz y tú, estando alejadas, aparecerán oscuras en un campo claro, y las piernas de los personajes perderán visibilidad en las partes más próximas al suelo, porque allí el polvo es más grueso y denso.
Y cuando representes caballos que huyan corriendo del montón, hazlos seguir de nubecillas de polvo, distantes una de otra tanto cuanto puedan indicar el intervalo de los saltos de los caballos, y la nubecilla más alejada del caballo, se verá menos, mostrándose alta, dispersa y enrarecida; mientras la más próxima estará formada de un polvo más aparente, condensado y espeso.
El humo tenderá a tomar un color algo azulado, mientras que el polvo conservará el suyo propio. Del lado de donde viene la luz, esta mezcolanza de aire, humo y polvo parecerá mucho más lúcida que de la parte opuesta; los combatientes, cuanto más se internen dentro de esa turbia atmósfera, tanto menos aparentes serán al observador, y menos sensible la diferencia entre las partes oscuras y las iluminadas de los mismos.
La ola del mar, al golpear oblicuamente las laderas de las montañas que con él confinan, se tornará espumosa y, en su movimiento de retroceso, se encontrará con una segunda ola y, tras el choque estrepitoso de una contra la otra, volverán, ambas unidas, al mar de donde proceden. Gran multitud de hombres y animales se refugiarán, ante la inundación creciente, en las cimas de las montañas vecinas.
La lluvia que se desprende de las nubes es del color de éstas, es decir, de la parte sombría de las mismas, si los rayos del sol no la han penetrado todavía. En caso contrario, la lluvia aparecería menos oscura.