Emociones y Sentimientos
Lope de Vega
El Tronco De Ovas Vestido
de un álamo verde y blanco,
que entre espadañas y juncos
bañaba el agua de Tajo,
y las puntas de su altura
del ardiente sol los rayos,
y en todo el árbol dos vides
entretejían mil lazos;
y al son del agua y las ramas
hería el céfiro manso
en las plateadas hojas,
tronco, punta, vides, árbol.
Éste con llorosos ojos
mirando estaba Belardo
por qué fue un tiempo su gloria
como agora es su cuidado.
Vio de dos tórtolas bellas
tejido un nido en lo alto,
y que con arrullo ronco
los picos se están besando.
Tomó una piedra el pastor
y esparció en el aire claro
ramas, tórtolas y nido,
diciendo alegre y ufano:
«-Dejad la dulce acogida,
que la que el amor me dio,
envidia me la quitó,
y envidia os quita la vida.
Piérdase vuestra amistad,
pues que se perdió la mía
que no ha de haber compañía
donde está mi soledad.
Tan sólo pena me da,
tórtola, el esposo tuyo,
que tú presto hallarás cuyo,
pues Filis le tiene ya-».
Esto diciendo el pastor,
desde el tronco está mirando
adónde irán a parar
los amantes desdichados.
Y vio que en un verde pino
otra vez se están besando;
admiróse y prosiguió
olvidado de su llanto:
«—Voluntades que avasallas,
Amor, con tu fuerza y arte,
¿quién habrá que las aparte,
que apartallas es juntallas?
»Pues que del nido os eché
y ya tenéis compañía,
quiero esperar que algún día
con Filis me juntaré—».
Lope de Vega
El Tronco De Ovas Vestido
de un álamo verde y blanco,
que entre espadañas y juncos
bañaba el agua de Tajo,
y las puntas de su altura
del ardiente sol los rayos,
y en todo el árbol dos vides
entretejían mil lazos;
y al son del agua y las ramas
hería el céfiro manso
en las plateadas hojas,
tronco, punta, vides, árbol.
Éste con llorosos ojos
mirando estaba Belardo
por qué fue un tiempo su gloria
como agora es su cuidado.
Vio de dos tórtolas bellas
tejido un nido en lo alto,
y que con arrullo ronco
los picos se están besando.
Tomó una piedra el pastor
y esparció en el aire claro
ramas, tórtolas y nido,
diciendo alegre y ufano:
«-Dejad la dulce acogida,
que la que el amor me dio,
envidia me la quitó,
y envidia os quita la vida.
Piérdase vuestra amistad,
pues que se perdió la mía
que no ha de haber compañía
donde está mi soledad.
Tan sólo pena me da,
tórtola, el esposo tuyo,
que tú presto hallarás cuyo,
pues Filis le tiene ya-».
Esto diciendo el pastor,
desde el tronco está mirando
adónde irán a parar
los amantes desdichados.
Y vio que en un verde pino
otra vez se están besando;
admiróse y prosiguió
olvidado de su llanto:
«—Voluntades que avasallas,
Amor, con tu fuerza y arte,
¿quién habrá que las aparte,
que apartallas es juntallas?
»Pues que del nido os eché
y ya tenéis compañía,
quiero esperar que algún día
con Filis me juntaré—».
Lope de Vega
Ensíllenme El Potro Rucio
del alcaide de los Vélez,
denme el adarga de Fez
y la jacerina fuerte;
una lanza con dos hierros,
entrambos de agudos temples,
y aquel acerado casco
con el morado bonete,
que tiene plumas pajizas
entre blancos martinetes,
y garzotas medio pardas,
antes que me vista, denme.
Pondréme la toca azul
que me dio para ponerme
Adalifa la de Baza,
hija de Zelín Hamete;
y aquella medalla en cuadro
que dos ramos la guarnecen
con las hojas de esmeraldas,
por ser los ramos laureles;
y un Adonis que va a caza
de los jabalíes monteses,
dejando su diosa amada,
y dice la letra "Muere"—».
Esto dijo el moro Azarque
antes que a la guerra fuese,
aquel discreto y animoso,
aquel galán y valiente,
Almoralife el de Baza,
de Zulema descendiente,
caballeros que en Granada
paseaban con los reyes.
Trajéronle la medalla,
y suspirando mil veces,
del bello Adonis miraba
la gentileza y la suerte:
«—Adalifa de mi alma,
no te aflijas ni lo pienses;
viviré para gozarte,
gozosa vendrás a verme;
breve será mi jornada,
tu firmeza no sea breve,
procura, aunque eres mujer,
ser de todas diferente.
No le parezcas a Venus,
aunque en beldad le pareces,
en olvidar a su amante
y no respetalle ausente.
Cuando sola te imagines,
mi retrato te consuele,
sin admitir compañía
que me ultraje y te desvele;
que entre tristeza y dolor
suele amor entremeterse,
haciendo de alegres tristes
como de tristes alegres.
Mira, amiga, mi retrato,
que abiertos los ojos tiene,
y que es pintura encantada,
que habla, que vive y siente.
Acuérdate de mis ojos,
que muchas lágrimas vierten,
y a fe que lágrimas suyas
pocas moras las merecen—».
En esto llegó Gualquemo
a decille que se apreste,
que daban priesa en la mar
que se embarcase la gente.
A vencer se parte el moro,
aunque gustos no le vencen,
honra y esfuerzo lo animan
a cumplir lo que promete.
Lope de Vega
Sale La Estrella De Venus
al tiempo que el sol se pone,
y la enemiga del día
su negro manto descoge,
y con ella un fuerte moro
semejante a Rodamonte
sale de Sidonia airado,
de Jerez la vega corre,
por donde entra Guadalete
al mar de España, y por donde
Santa María del Puerto
recibe famoso nombre.
Desesperado camina,
que siendo en linaje noble,
le deja su dama ingrata
porque se suena que es pobre;
y aquella noche se casa
con un moro feo y torpe
porque es alcaide en Sevilla
del Alcázar y la Torre.
Quejándose tiernamente
de un agravio tan inorme,
y a sus palabras la vega
con dulces ecos responde:
«—Zaida, dice, más airada
que el mar que las naves sorbe,
más dura e inexorable
que las entrañas de un monte,
¿cómo permites, cruel,
después de tantos favores,
que de prendas de mi alma
ajena mano se adorne?
¿Es posible que te abraces
a las cortezas de un roble,
y dejes el árbol tuyo
desnudo de fruta y flores?
Dejas tu amado Gazul,
dejas tres años de amores,
y das la mano a Albenzaide,
que aun apenas le conoces.
Dejas a un pobre muy rico
y un rico muy pobre escoges,
pues las riquezas del cuerpo
a las del alma antepones.
Alá permita, enemiga,
que te aborrezca y le adores,
y que por celos suspires
y por ausencia le llores,
y que de noche no duermas,
y de día no reposes,
y en la cama le fastidies,
y que en la mesa le enojes,
y en las fiestas, en las zambras,
no se vista tus colores,
ni aun para verlas permita
que a la ventana te asomes;
y menosprecie en las cañas,
para que más te alborotes,
el almaizar que le labres
y la manga que le bordes;
y se ponga de su amiga
con la cifra de su nombre,
a quien le dé los cautivos
cuando de la guerra torne;
y en batalla de cristianos
de velle muerto te asombres,
y plegue a Alá que suceda
cuando la mano le tomes,
que si le has de aborrecer,
que largos años le goces,
que es la mayor maldición
que pueden darte los hombres—».
Con esto llegó a Jerez
a la mitad de la noche;
halló el palacio cubierto
de luminarias y voces,
y los moros fronterizos
que por todas partes corren,
con sus hachas encendidas
y con libreas conformes.
Delante del desposado
en los estribos alzóse;
arrojóle una lanzada
de parte a parte pasóle;
alborotóse la plaza,
desnudó el moro un estoque,
y por mitad de la gente
hacia Sidonia volvióse.
Lope de Vega
Di, Zaida, ¿de Qué Me Avisas? - Romancero Nuevo
¿Quieres que muera y que calle?
No des crédito a mujeres
no fundadas en verdades;
que si pregunto en qué entiendes
o quién viene a visitarte,
son fiestas de mi tormento
ver qué visitas te aplacen.
Si dices que estás corrida
de que Zaide poco sabe,
no sé poco, pues que supe
conocerte y adorarte.
Si dices son por mi causa
las que en el rostro te salen,
por la tuya con mis ojos
tengo regada tu calle.
Confiesas que soy valiente,
que tengo otras muchas partes;
pocas tengo, pues no puedo
de una mentira vengarme.
Mas si ha querido mi suerte
que ya el quererte te canse,
no pongas inconvenientes
mas de que quieres dejarme.
No entendí que eras mujer
a quien novedad aplace,
mas son tales mis desdichas,
que en mí lo imposible hacen;
hánme puesto en tal extremo
que el bien tengo por ultraje:
alabasme para hacerme
la nata de los galanes.
Yo soy quien pierdo en perderte
y gano mucho en ganarte,
y aunque hablas en mi ofensa
no dejaré de adorarte.
Dices que si fuera mudo
fuera posible adorarme;
si en tu daño no lo he sido,
enmudezca el desculparme.
Si te ha ofendido mi vida,
quieres señora matarme,
basta decir que hablé [e]
para que el pesar me acabe.
Es mi pecho calabozo
de tormentos inmortales,
mi boca la del silencio,
que no ha menester alcaide.
Que el hacer plato y banquetes
es de hombres principales,
mas dalles de sus favores
sólo pertenece a infames.
Zaida cruel, que dijiste
que no supe conservarte,
mejor te supe obligar
que tú has sabido pagarme.
Mienten los moros y moras,
miente el infame de Tarfe,
que si yo le amenazara
bastara para matarle.
A ese perro mal nacido
a quien yo mostré el turbante,
no fío yo dél secretos,
que en bajos pechos no caben.
Yo le he de quitar la vida
y he de escribir con su sangre
lo que tú Zaida replico:
Quien tal hizo, que tal pague—».
Lope de Vega
Mira, Zaide Que Te Digo
que no pases por mi calle,
no hables con mis mujeres,
ni con mis cautivos trates,
no preguntes en qué entiendo
ni quien viene a visitarme,
qué fiestas me dan contento
ni qué colores me aplacen;
basta que son por tu causa
las que en el rostro me salen,
corrida de haber mirado
moro que tan poco sabe.
Confieso que eres valiente,
que hiendes, rajas y partes,
y que has muerto más cristianos
que tienes gotas de sangre;
que eres gallardo ginete,
que danzas, cantas y tañes,
gentilhombre, bien criado
cuanto puede imaginarse;
blanco, rubio por extremo,
señalado entre linajes,
el gallo de los bravatos,
la nata de los donaires;
que pierdo mucho en perderte
y gano mucho en ganarte,
y que si nacieras mudo
fuera posible adorarte;
mas por ese inconviniente
determino de dejarte,
que eres pródigo de lengua
y amargan tus liviandades;
habrá menester ponerte
la que quisiere llevarte
un alcázar en los pechos
y en los labios un alcaide.
Mucho pueden con las damas
los galanes de tus partes,
porque los quieren briosos,
que hiendan y que desgarren;
mas con esto, Zaide amigo,
si algún banquete les hacen
del plato de sus favores
quieren que coman y callen.
Costoso me fue el que heciste;
que dichoso fueras, Zaide,
si conservarme supieras
como supiste obligarme.
Mas no bien saliste apenas
de los jardines de Atarfe,
cuando heciste de la mía
y de tu desdicha alarde.
A un morillo mal nacido
he sabido que enseñaste
la trenza de mis cabellos
que te puse en el turbante.
No quiero que me la vuelvas,
ni que tampoco la guardes,
mas quiero que entiendas, moro,
que en mi desgracia la traes.
También me certificaron
cómo le desafiaste
por las verdades que dijo,
que nunca fueran verdades.
De mala gana me río;
¡qué donoso disparate!
no guardaste tu secreto
¿y quieres que otro lo guarde?
No puedo admitir disculpa,
otra vez torno [a] avisarte
que ésta será la postrera
que te hable y que me hables—».
Dijo la discreta Zaida
al gallardo Abencerraje,
y al despedirse replica
«Quien tal hace, que tal pague».
Lope de Vega
Mira, Zaide Que Te Digo
que no pases por mi calle,
no hables con mis mujeres,
ni con mis cautivos trates,
no preguntes en qué entiendo
ni quien viene a visitarme,
qué fiestas me dan contento
ni qué colores me aplacen;
basta que son por tu causa
las que en el rostro me salen,
corrida de haber mirado
moro que tan poco sabe.
Confieso que eres valiente,
que hiendes, rajas y partes,
y que has muerto más cristianos
que tienes gotas de sangre;
que eres gallardo ginete,
que danzas, cantas y tañes,
gentilhombre, bien criado
cuanto puede imaginarse;
blanco, rubio por extremo,
señalado entre linajes,
el gallo de los bravatos,
la nata de los donaires;
que pierdo mucho en perderte
y gano mucho en ganarte,
y que si nacieras mudo
fuera posible adorarte;
mas por ese inconviniente
determino de dejarte,
que eres pródigo de lengua
y amargan tus liviandades;
habrá menester ponerte
la que quisiere llevarte
un alcázar en los pechos
y en los labios un alcaide.
Mucho pueden con las damas
los galanes de tus partes,
porque los quieren briosos,
que hiendan y que desgarren;
mas con esto, Zaide amigo,
si algún banquete les hacen
del plato de sus favores
quieren que coman y callen.
Costoso me fue el que heciste;
que dichoso fueras, Zaide,
si conservarme supieras
como supiste obligarme.
Mas no bien saliste apenas
de los jardines de Atarfe,
cuando heciste de la mía
y de tu desdicha alarde.
A un morillo mal nacido
he sabido que enseñaste
la trenza de mis cabellos
que te puse en el turbante.
No quiero que me la vuelvas,
ni que tampoco la guardes,
mas quiero que entiendas, moro,
que en mi desgracia la traes.
También me certificaron
cómo le desafiaste
por las verdades que dijo,
que nunca fueran verdades.
De mala gana me río;
¡qué donoso disparate!
no guardaste tu secreto
¿y quieres que otro lo guarde?
No puedo admitir disculpa,
otra vez torno [a] avisarte
que ésta será la postrera
que te hable y que me hables—».
Dijo la discreta Zaida
al gallardo Abencerraje,
y al despedirse replica
«Quien tal hace, que tal pague».
Lope de Vega
Gallardo Pasea Zaide
puerta y calle de su dama,
que desea en gran manera
ver su imagen y adorarla,
porque se vido sin ella
en una ausencia muy larga,
que desdichas le sacaron
desterrado de Granada,
no por muerte de hombre alguno
ni por traidor a su dama,
mas por dar gusto a enemigos,
si es que en el moro se hallan,
porque es hidalgo en sus cosas,
y tanto que al mundo espantan
sus larguezas, pues por ellas
el moro dejó su patria;
pero a Granada volvió
a pesar de ruin canalla,
porque siendo un moro noble
enemigos nunca faltan.
Alzó la cabeza y vido
a su Zaida a la ventana,
tan bizarra y tan hermosa
que al sol quita su luz clara.
Zaida se huelga de ver
a quien ha entregado el alma,
tan turbada, y tan alegre,
y cuanto alegre turbada,
porque su grande desdicha
le dio nombre de casada,
aunque no por eso piensa
olvidar a quien bien ama.
El moro se regocija,
y con dolor de su alma,
por no tener más lugar,
que el puesto no se le daba,
por ser el moro celoso
de quien es esposa Zaida,
y en gozo, contento y pena
le envió aquestas palabras:
«—¡Oh más hermosa y más bella
que la aurora aljofarada,
mora de los ojos míos,
que otra beldad no te iguala!
Dime, ¿fáltate salud
después que el verme te falta?
Mas según la muestra has dado
amor es el que te falta,
pues mira, diosa cruel
lo que me cuestas del alma,
y cuántas noches dormí
debajo de tus ventanas;
y mira que dos mil veces
recreándome en tus faldas,
decías: «—El firme amor
sólo entre los dos se halla»,
pues que por mí no ha quedado,
que cumplo por mi desgracia
lo que prometo una vez,
cúmplelo también, ingrata.
No pido más que te acuerdes,
mira mi humilde demanda,
pues en pensar sólo en ti
me ocupo tarde y mañana—».
Su prolijo razonar
creo el moro no acabara,
si no faltara la lengua
que estaba medio trabada.
La mora tiene la suya
de tal suerte, que no acaba
de acabar de abrir la gloria
al moro con la palabra,
vertiendo de entrambos ojos
perlas con que le aplacaba,
al moro sus quejas tristes
dijo la discreta Zaida:
«—Zaide mío, a Alá prometo
de cumplirte la palabra
que es jamás no te olvidar,
pues no olvida quien bien ama;
pero yo no me aseguro
ni estoy de mí confiada,
que suele a cuerpo presente
ser la vigilia doblada,
y más tú que lisonjeas,
que ya lo tienes por gala,
de ser como aquí lo has dicho,
no habiendo en mí bueno nada.
Sé muy bien lo que te debo
y plugiese a Alá quedara
hecho mi cuerpo pedazos
antes que yo me casara,
que no hay rato de contento
en mí, ni un punto se aparta
este mi moro enemigo
de mi lado y de mi cama,
y no me deja salir,
ni asomarme a la ventana,
ni hablar con mis amigas
ni hallarme en fiestas o zambras—».
No pudo escuchalla más
el moro, y así se aparta
hechos los ojos dos fuentes
de lágrimas que derrama.
Zaida, no menos que él,
se quita de la ventana,
y aunque apartaron los cuerpos
juntas quedaron las almas.
Luis Rosales
El Bosque Se Iba Haciendo Al Arde
EL BOSQUE SE IBA HACIENDO AL ARDE
tristemente naturales
J.Guillén
Me están mirando en tus ojos
los ángeles del instante,
los ángeles que han perdido
la memoria al contemplarse.
Me estoy reuniendo en tus brazos;
te siento casi quemándome;
arden el tronco y las ramas
pero las hojas no arden.
Estamos juntos, sin vernos,
repetidos y distantes,
juntos pero no vividos,
tristemente naturales.
Luis Rosales
Y Escribir Tu Silencio Sobre El Agua
Y ESCRIBIR TU SILENCIO SOBRE EL AGUA
Sólo florece el agua que está queda
MIGUEL DE UNAMUNO
No sé si es sombra en el cristal, si es sólo
calor que empaña un brillo; nadie sabe
si es de vuelo este pájaro o de llanto;
nadie le oprime con su mano, nunca
le he sentido latir, y está cayendo
como sombra de lluvia, dentro y dulce,
del bosque de la sangre, hasta dejarla
casi acuñada y vegetal, tranquila.
No sé, siempre es así, tu voz me llega
como el aire de Marzo en un espejo,
como el paso que mueve una cortina
detrás de la mirada; ya me siento
oscuro y casi andado; no sé cómo
voy a llegar, buscándote, hasta el centro
de nuestro corazón, y allí decirte,
madre, que yo he de hacer en tanto viva,
que no te quedes huérfana de hijo,
que no te quedes sola allá en tu cielo,
que no te falte yo como me faltas.
Luis Rosales
El Amor Es Una Soldadura Más O Menos Autógena
no tardarás en saber
que un amor puede doler
cierto, mentido y soñado.
Y quizás
ninguno estará de más.
Luis Rosales
La Trasfiguración
tu carne
es
como un ascua,
fresca e imprescindible
que está fluyendo hacia
mi cuerpo, por un puente
de miel lenta y silábica.
Hay un solo momento en que se junta
el cuerpo con el alma,
y se sienten recíprocos,
y viven
su trasfiguración,
y se adelantan
el uno al otro en una misma entrega,
desde su mismo origen deseada.
Siento tus labios en mis labios, siento
tu piel desnuda y ávida,
y siento,
¡al fin!
esa frescura súbita
como una llamarada
de eternidad, en que la carne deja
de serlo y se desata,
se dispersa en el vuelo,
y va cayendo
en la tierra sonámbula
de tu cuerpo que cede interminable-
mente cediendo,
hasta
que el vuelo acaba y ya la carne queda
quieta, milagreada,
y me devuelve al cuerpo,
y todo ha sido
un pasmo, un rebrillar y luego nada.
Luis Rosales
Contigo
hay sol cuando estoy contigo,
tiemblo de quererte tanto,
tiemblo de sentirme vivo,
tiemblo de saber que un día
la espuma se lleva al río,
y en el corazón del hombre
se lleva al tiempo el olvido.
No hay luz, no hay jardín, no hay
noche de otoño contigo,
¡quisiera que se acortara
el tiempo cuando te miro!
contigo para perderme,
para salvarme contigo,
contigo, Abril, para siempre
por los siglos de los siglos.
Luis Rosales
Verte, Qué Visión Tan Clara
sincero,
todo tu cuerpo será luminoso.
SAN MATEO, VI, 22
Verte, qué visión tan clara.
Vivir es seguirte viendo.
Permanecer en la viva
sensación de tu recuerdo.
Verte. La distancia nace.
El cielo suprime al cielo.
La vida se multiplica
por el número de puertos.
Todo colmado por ti.
No ser más que el ojo abierto,
y eternizar el más leve
escorzo de tu silencio.
Verte para amarlo todo.
Claustro en tranquilo destierro.
Dulzor de caña lunada.
Luz en órbita de sueño.
Mortal límite de ti.
Cielo adolescente y tierno.
Núbil paciencia de playa.
Vivir es seguirte viendo.
¡Verte, Abril, verte tan sólo!
Tranquilísimo desierto.
Pena misericordiosa.
Sosegado advenimiento.
Verte: qué oración tan pura,
islas, nubes, mares, vientos,
las cinco partes del mundo
en las yemas de los dedos.
Luis Rosales
Ascensión Hacia El Reposo
como es la noche viva, la lluvia silenciosa que va del corazón
del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura.
Como sé que al morir terminará la muerte.
Como en el corazón se derrama la sangre con un rumor de lluvia
que ilumina la niebla.
Como tengo fe de soñar que te amo,
mi carne será un día como un agua corriente
y mi cuerpo será de silencio amoroso, de cristal dolorido cuando
tú lo iluminas.
Como en la inclinación morena de tus ojos el silencio vencido
se convierte en aroma.
Como tengo una voz que se cubre de yerba donde vuelan las alondras
y palabras y lágrimas.
Y como en tu cabello despierta la agonía,
y la paciencia intacta naufragará en la sangre
porque existe la muerte,
porque la sombra clara se convierte en misterio y la quietud del mundo
colma la transparencia,
porqué el último olvido morirá con el hombre,
y tu boca de llanto y amapolas violentas,
y tus brazos de cal y niebla reclinada,
y tus manos delgadas como álamos de espuma,
y mi voz,
y mis ojos,
todo será divino al perder la memoria.
Como insiste el dolor, pero no se termina y es la lenta ascensión
de la sangre al reposo.
Como es la primavera al donaire porque llevas el alma derramada en
el paso.
Como es la caridad para mirar tu cuerpo y es la noche tranquila tu
encendida alabanza.
Como tú eres el único sufrimiento posible y la angustia
de cal que me quema los ojos,
con humildad,
buscando la palabra precisa,
yo te ofrezco la sombra, la paciencia del mundo donde olvido la espera,
donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco y sentir en
las plantas los impulsos del río,
donde puedo creer,
donde puedo creer, porque marchamos juntos igual que dos hermanos perdidos
en la nieve.
Luis Palés Matos
A Gloria María Madrazo
Ya yo estaré muy lejos
Por remotos caminos,
En el último viaje sin regreso...
Para entonces te digo:
—Toma a tu hermosa madre de modelo;
Ella es aire y es luz y es melodía,
Y es levedad, ternura y sentimiento.
De su mano, ligera cual la nube,
Alada como el céfiro,
Irás por claros mundos de armonía,
Azules mundos de quimera y sueño.
Y toma de tu padre
Su gran bondad de corazón abierto,
Su generoso espíritu de lucha
Que infunde un goce límpido al esfuerzo.
Flanqueada así, ya puedes
Desafiar los abrojos del sendero,
Pues tu padre y tu madre están contigo,
Y la fe y el amor están con ellos.
Luis Palés Matos
A Gloria María Madrazo
Ya yo estaré muy lejos
Por remotos caminos,
En el último viaje sin regreso...
Para entonces te digo:
—Toma a tu hermosa madre de modelo;
Ella es aire y es luz y es melodía,
Y es levedad, ternura y sentimiento.
De su mano, ligera cual la nube,
Alada como el céfiro,
Irás por claros mundos de armonía,
Azules mundos de quimera y sueño.
Y toma de tu padre
Su gran bondad de corazón abierto,
Su generoso espíritu de lucha
Que infunde un goce límpido al esfuerzo.
Flanqueada así, ya puedes
Desafiar los abrojos del sendero,
Pues tu padre y tu madre están contigo,
Y la fe y el amor están con ellos.
Luis Palés Matos
A Gloria María Madrazo
Ya yo estaré muy lejos
Por remotos caminos,
En el último viaje sin regreso...
Para entonces te digo:
—Toma a tu hermosa madre de modelo;
Ella es aire y es luz y es melodía,
Y es levedad, ternura y sentimiento.
De su mano, ligera cual la nube,
Alada como el céfiro,
Irás por claros mundos de armonía,
Azules mundos de quimera y sueño.
Y toma de tu padre
Su gran bondad de corazón abierto,
Su generoso espíritu de lucha
Que infunde un goce límpido al esfuerzo.
Flanqueada así, ya puedes
Desafiar los abrojos del sendero,
Pues tu padre y tu madre están contigo,
Y la fe y el amor están con ellos.
Leopoldo Panero
Decir Con El Lenguaje
descansa el horizonte de Castilla,
y el vuelo de la nube sin orilla
azula mansamente la llanada.
Solas quedan la luz y la mirada
desposando la mutua maravilla
de la tierra caliente y amarilla
y el verdor de la encina sosegada.
¡Decir con el lenguaje la ventura
de nuestra doble infancia, hermano mío,
y escuchar el silencio que te nombra!
La oración escuchar del agua pura,
el susurro fragante del estío
y el ala de los chopos en la sombra.
Leopoldo Panero
Hijo Mío
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,
me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
Leopoldo Panero
Hijo Mío
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,
me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
Leopoldo Panero
Hijo Mío
hacia la luz primera que toma el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.
Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.
Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde en mi pisada,
me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.
Leopoldo María Panero
El Lamento De José De Arimatea
mujer, tapa los gritos del
mercado y que no vuelva
a nosotros la memoria del
hijo que nació de tu vientre.
No hay más corona de
espinas que los recuerdos
que se clavan en la carne
y hacen aullar como
aullaban
en el Gólgota los dos ladrones.
Mujer,
no te arrodilles más ante
tu hijo muerto.
Bésame en los labios
como nunca hiciste
y olvida el nombre
maldito de
Jesucristo.
Así arderá tu cuerpo
y del Sabbath quedará
tan sólo una lágrima
y tu aullido.
Leopoldo María Panero
Proyecto De Un Beso
y el primer somormujo me diga su palabra
te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga
te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra
te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde
te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido
te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra
te mataré mañana cuando la luna salga,
y así desde aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación
te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida
te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas
te mataré mañana cuando la luna salga
te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo, los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles, y madres
para jugar también con los dados de noche
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.