Arte
Mario Benedetti
El Soneto De Rigor
Las rosas están insoportables en el florero
JAIME SABINES
Tal vez haya un rigor para encontrarte
el corazón de rosa rigurosa
ya que hablando en rigor no es poca cosa
que tu rigor de rosa no te harte.
Rosa que estás aquí o en cualquier parte
con tu rigor de pétalos, qué sosa
es tu fórmula intacta, tan hermosa
que ya es de rigor desprestigiarte.
Así que abandonándote en tus ramos
o dejándote al borde del camino
aplicarte el rigor es lo mejor.
Y el rigor no permite que te hagamos
liras ni odas cual floreros, sino
apenas el soneto de rigor.
Mario Benedetti
Mucho Gusto
una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al
principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de
temas varios, y no siempre racionalemente encadenados.
Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera.
No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera,
empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba
el sencillo privilegio de poder escribir.
—«No crea que es algo tan estupendo —dijo el Flaco—, también a
momentos de profundo desamparo en lo que se llaga a la
conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura;
probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más
lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un
trabajo de varios años, llamé a mi mejor y le dije:
“Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mí es demasiado
doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos;
júrame que lo vas a quemar” y me lo juró».
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel
gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer
ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se
rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza. "Oiga, don
—dijo sin pestañear—, hace rato que hemos hablado y ni siquiera
nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chávez, viajante de
comercio" y le tendió la mano.
—«Mucho gusto —dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos
huesudos—, Franz Kafka para servirle».
Lope de Vega
Cortando La Pluma Hablan Los Dos
versos me piden hoy. ¡Alto, a escribillos!
—Yo sólo escribiré, señor Burguillos,
éstas que me dictó rimas sonoras.
—¿A Góngora me acota a tales horas?
Arrojaré tijeras y cuchillos,
pues en queriendo hacer versos sencillos
arrímese dos musas cantimploras.
Dejemos la campaña, el monte, el valle,
y alabemos señores. —No le entiendo.
¿Morir quiere de hambre? —Escriba y calle.
—A mi ganso me vuelvo en prosiguiendo,
que es desdicha después de no premialle,
nacer volando y acabar mintiendo.
Lope de Vega
No Se Atreve A Pintar Su Dama Muy Hermosa Por No Mentir Que Es Mucho Para Poeta
y de otras cinco retratar a Elena,
pues a Filis también, siendo morena,
ángel Lope llamó de nieve pura.
Bien puedo yo fingir una escultura,
que disculpe mi amor, y en dulce vena
convertir a Filene en Filomena
brillando claros en la sombra escura.
Mas puede ser que algún letor extrañe
estas musas de Amor hiperboleas,
y viéndola después se desengañe.
Pues si ha de hallar algunas partes feas,
Juana, no quiera Dios que a nadie engañe,
basta que para mí tan linda seas.
Lope de Vega
Pululando De Culto, Claudio Amigo
minotaurista soy desde mañana;
derelinquo la frasi castellana,
vayan las Solitúdines conmigo.
Por precursora, desde hoy más me obligo
al aurora llamar Bautista o Juana,
chamelote la mar, la ronca rana
mosca del agua, y sarna de oro al trigo.
Mal afecto de mí, con tedio y murrio,
cáligas diré ya, que no griguiescos
como en el tiempo del pastor Bandurrio.
Estos versos, ¿son turcos o tudescos?
Tú, Letor Garibay, si eres bamburrio,
apláudelos, que son cultidiablescos.
Leopoldo María Panero
Dedicatoria
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.
Leopoldo Marechal
De La Cordura
Mundo gracioso del esparcimiento;
Y no fue raro que jugara el viento
Con la mentira de mi primavera.
Dormido el corazón, extraño fuera
Que hubiese dado lumbre y aposento
Al suplicante Amor, cuyo lamento
Llama de noche al corazón y espera.
Si, fría el alma y agobiado el lomo,
Llegué a tu soledad reveladora
Con pie de pluma y corazón de plomo,
¡Deja que un arte más feliz asuma,
Gracioso mundo, y que te busque ahora
Con pie de plomo y corazón de pluma!
Leopoldo Marechal
Ídolo
¿con qué barro modelé tu garganta de ídolo
y tus piernas que se tuercen como arroyos?
Mi pulgar afinó tu vientre
más liso que la piel de los tambores nupciales.
He puesto cuerdas al arco nuevo de tu sonrisa
y engarcé dos noches en el sitio de tus ojos...
¡Ídolo de los alfareros!
Yo se que redondeas el cántaro de la mañana
y lo pintas de sol
y lo llenas con una luz rota de pájaros.
Ídolo de los alfareros
que se sientan sobre el tapiz de los días...
He quemado a tu pie
la madera fragante de mi palabra.
El viento no deshojó todavía
un tulipán de música más bonito que tu nombre.
¡Haz que maduren los frutos
y que la lluvia deje su país de llanto,
ídolo de los alfareros
que se sientan sobre el tapiz de los días!
Si no mis odios bailarán
sobre la tierra de tu carne...
Luis de Góngora y Argote
De San Lorenzo El Real Del Escorial
Que a las nubes borráis sus arreboles,
Febo os teme por más lucientes soles
Y el cielo por gigantes más crueles.
Depón tus rayos, Júpiter; no celes
Los tuyos, Sol; de un templo son faroles
Que al mayor mártir de los españoles
Erigió el mayor rey de los fieles.
Religiosa grandeza del Monarca
Cuya diestra real al Nuevo Mundo
Abrevia, y el Oriente se le humilla.
Perdone el tiempo, lisonjee la Parca
La beldad desta Octava Maravilla,
Los años deste Salomón Segundo.
Luis de Góngora y Argote
Del Marqués De Santa Cruz
Oh católico Sol de los Bazanes
(Que ya entre gloriosos capitanes
Eres deidad armada, Marte humano),
Esculpirá tus hechos, sino en vano,
Cuando descubrir quiera tus afanes
Y los bien reportados tafetanes
Del turco, del inglés, del lusitano.
El un mar de tus velas coronado,
De tus remos el otro encanecido,
Tablas serán de cosas tan extrañas.
De la inmortalidad el no cansado
Pincel las logre, y sean tus hazañas
Alma del tiempo, espada del olvido.
Luis de Góngora y Argote
A Don Luis De Vargas
De la Imperial Ciudad, patrio edificio
Al Tajo mira en su húmido ejercicio
Pintar los campos y dorar la arena),
Descuelga de aquel lauro enhorabuena
Aquellas dos (ya mudas en su oficio),
Reliquias dulces del gentil Salicio,
Heroica lira, pastoral avena.
Llégalas, oh clarísimo mancebo,
Al docto pecho, a la süave boca,
Poniendo ley al mar, freno a los vientos;
Sucede en todo al castellano Febo
(Que ahora es gloria mucha y tierra poca),
En patria, en profesión, en instrumentos.
Luis de Góngora y Argote
A Juan Rufo, De Su Austríada
De aquel César novel la augusta historia,
Que está dudosa entre los dos la gloria
Y a cuál se deba dar ninguno siente.
Y así la Fama, que hoy de gente en gente
Quiere que de los dos la igual memoria
Del tiempo y del olvido haya victoria,
Ciñe de lauro a cada cual la frente.
Debéis con gran razón ser igualados,
Pues fuistes cada cual único en su arte:
Él solo en armas, vos en letras solo,
Y al fin ambos igualmente ayudados:
Él de la espada del sangriento Marte,
Vos de la lira del sagrado Apolo.
Luis de Góngora y Argote
A Juan Rufo, Jurado De Córdoba
—En cuyo generoso mortal manto
Arde, como en cristal de templo santo,
De un limpio amor la más ilustre llama—
Tu musa inspira, vivirá tu fama
Sin invidiar tu noble patria a Manto,
Y ornarte ha en premio de tu dulce canto
No de verde laurel caduca rama,
Sino de estrellas inmortal corona.
Haga, pues, tu dulcísimo instrumento
Bellos efectos, pues la causa es bella;
Que no habrá piedra, planta, ni persona,
Que suspensa no siga el tierno acento,
Siendo tuya la voz, y el canto de ella.
Luis de Góngora y Argote
Ya Que Con Más Regalo El Campo Mira
(Pues del hórrido manto se desnuda)
Purpúreo el Sol y, aunque con lengua muda,
Suave Filomena ya suspira,
Templa, noble garzón, la noble lira,
Honren tu dulce plectro y mano aguda
Lo que al son torpe de mi avena ruda
Me dicta Amor, Calíope me inspira.
Ayúdame a cantar los dos extremos
De mi pastora, y cual parleras aves
Que a saludar al Sol a otros convidan,
Yo ronco, tú sonoro, despertemos
Cuantos en nuestra orilla cisnes graves
Sus blancas plumas bañan y se anidan.
Luis de Góngora y Argote
Al Conde De Villamediana, Celebrando El Gusto Que Tuvo En Diamantes, Pinturas Y Caballos
Émulas brutas del mayor lucero,
Te las expone en plomo su venero,
Si ya al metal no atadas más luciente.
Cuanto en tu camarín pincel valiente,
Bien sea natural, bien extranjero,
Afecta mudo voces, y parlero
Silencio en sus vocales tintas miente.
Miembros apenas dio al soplo más puro
Del viento su fecunda madre bella,
Iris, pompa del Betis, sus colores;
Que fuego él espirando, humo ella,
Oro te muerden en su freno duro,
Oh esplendor generoso de señores.
Luis de Góngora y Argote
En La Enfermedad De Que Murió El Señor Rey Don Felipe Iii
Barba, Esculapio, a ti peinas en oro;
Tu facultad en lira humilde imploro,
Dicte números Clío para ello.
Asiste al que dos mundos, garzón bello,
Veneran Rey, y yo deidad adoro;
Purpureará tus aras blanco toro
Que ignore el yugo su lozano cuello.
Piedras lavó ya el Ganges, yerbas Ida
Escondió a otros la de tu serpiente,
O más limada hoy o más lamida;
En polvo, en jugo virtüosamente
Soliciten salud, produzcan vida;
Humano primer Fénix siglos cuente.
Luis de Góngora y Argote
A Un Pintor Flamenco, Haciendo El Retrato De Donde Se Copió El Que Va Al Principio Deste Libr
A tu pincel, dos veces peregrino,
De espíritu vivaz el breve lino
En los colores que sediento bebe,
Vanas cenizas temo al lino breve,
Que émulo del barro le imagino,
A quien (ya etéreo fuese, ya divino)
Vida le fió muda esplendor leve.
Belga gentil, prosigue al hurto noble;
Que a su materia perdonará el fuego,
Y el tiempo ignorará su contextura.
Los siglos que en sus hojas cuenta un roble,
Árbol los cuenta sordo, tronco ciego;
Quien más ve, quien más oye, menos dura.
Luis de Góngora y Argote
De Don Francisco De Padilla, Castellano De Milán
Émulo del diamante, limpio acero,
Igual nos le dio España caballero
Que de la guerra Flandes rayo ardiente.
Laurel ceñido, pues, debidamente,
Las coyundas le fían del severo
Suave yugo, que al lombardo fiero
Le impidió sí, no le oprimió la frente.
¿Qué mucho si frustró su lanza arneses,
Si fulminó escuadrones ya su espada,
Si conculcó estandartes su caballo?
Del Cambresí lo digan los franceses:
Mas no lo digan, no, que en trompa alada
Musa aun no sabrá heroica celebrallo.
Luis de Góngora y Argote
En La Misma Ocasión
Industrïosa unión, que ciento a ciento
Las abejas, con rudo no argumento,
En ruda sí confunden oficina,
Cómplice Prometea en la rapina
Del voraz fue, del lúcido elemento,
A cuya luz suave es alimento
Cuya luz su recíproca es ruina.
Esta, pues, confusión hoy coronada
Del esplendor que contra sí fomenta,
Por la salud, oh Virgen Madre, erijo
Del mayor Rey, cuya invencible espada
En cuanto Febo dora o Cintia argenta
Trompa es siempre gloriosa de tu Hijo.
Luis de Góngora y Argote
Al Conde De Villamediana, De Su Faetón
Coronan las Pïérides el Pado,
Y tronco la más culta levantado,
Suda electro en los números que llora.
Plumas vestido ya las aguas mora
Apolo, en vez del pájaro nevado
Que a la fatal del Joven fulminado
Alta rüina, voz debe canora.
¿Quién, pues, verdes cortezas, blanca pluma
Les dio? ¿Quién de Faetón el ardimiento,
A cuantos dora el Sol, a cuantos baña
Términos del océano la espuma,
Dulce fía? Tú métrico instrumento,
Oh Mercurio del Júpiter de España.
Luis de Góngora y Argote
De La Capilla De Nuestra Señora Del Sagrario, De La Santa Iglesia De Toledo, Entierro Del Car
Pompa de la esculptura, oh caminante,
En pórfidos rebeldes al diamante,
En metales mordidos de la lima,
Tierra sella, quen tierra nunca oprima;
Si ignoras cuya, el pie enfrena ignorante,
Y esa inscripción consulta, que elegante
Informa bronces, mármoles anima.
Generosa piedad urnas hoy bellas
Con majestad vincula, con decoro,
A las heroicas ya cenizas santas
De los que, a un campo de oro cinco estrellas
Dejando azules, con mejores plantas
En campo azul, estrellas pisan de oro.
Luis de Góngora y Argote
De Los Que Censuraron Su Polifemo
Monóculo galán de Galatea,
Y cual suele tejer bárbara aldea
Soga de gozques contra forastero,
Rígido un bachiller, otro severo,
(Crítica turba al fin, si no pigmea)
Su diente afila y su veneno emplea
En el disforme cíclope cabrero.
A pesar del lucero de su frente,
Le hacen oscuro, y él en dos razones,
Que en dos truenos libró de su Occidente:
«Si quieren», respondió, «los pedantones
Luz nueva en hemisferio diferente,
Den su memorïal a mis calzones».
Luis de Góngora y Argote
Inscripción Para El Sepulcro De Domínico Greco
De pórfido luciente dura llave
El pincel niega al mundo más süave,
Que dio espíritu a leño, vida a lino.
Su nombre, aun de mayor aliento dino
Que en los clarines de la Fama cabe,
El campo ilustra de ese mármol grave.
Venérale, y prosigue tu camino.
Yace el Griego. Heredó Naturaleza
Arte, y el Arte, estudio; Iris, colores;
Febo, luces —si no sombras, Morfeo.—
Tanta urna, a pesar de su dureza,
Lágrimas beba y cuantos suda olores
Corteza funeral de árbol sabeo.
Luis de Góngora y Argote
Para El Principio De La Historia Del Señor Rey Don Felipe Ii, De Luis De Cabrera
En aquel mármol, Rey siempre glorioso;
Sus cenizas allí tienen reposo,
Y dellas hoy él mismo aquí renace.
Con vuestra pluma vuela, y ella os hace,
Culto Cabrera, en nuestra edad famoso;
Con las suyas le hacéis victorïoso
Del Francés, Belga, Lusitano, Trace.
Plumas de un Fénix tal, y en vuestra mano,
¿Qué tiempo podrá haber que las consuma,
Y qué invidia ofenderos, sino en vano?
Escriba lo que vieron, tan gran pluma,
De los dos mundos, uno y otro plano,
De los dos mares, una y otra espuma.