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Poemas en este tema

Vida

Enrique Villagrasa González

Enrique Villagrasa González

César Vallejo

César Vallejo

¡ande Desnudo, En Pelo, El Millonario!

¡Ande desnudo, en pelo, el millonario!
¡Desgracia al que edifica con tesoros su lecho de muerte!
¡Un mundo al que saluda;
un sillón al que siembra en el cielo;
llanto al que da término a lo que hace, guardando los comienzos;
ande el de las espuelas;
poco dure muralla en que no crezca otra muralla;
dése al mísero toda su miseria,
pan, al que ríe;
hagan perder los triunfos y morir los médicos;
haya leche en la sangre;
añádase una vela al sol,
ochocientos al veinte;
pase la eternidad bajo los puentes!
¡Desdén al que viste,
corónense los pies de manos, quepan en su tamaño;
siéntese mi persona junto a mí!
¡Llorar al haber cabido en aquel vientre,
bendición al que mira aire en el aire,
muchos años de clavo al martillazo;
desnúdese el desnudo,
vístase de pantalón la capa,
fulja el cobre a expensas de sus láminas,
majestad al que cae de la arcillla al universo,
lloren las bocas, giman las miradas,
impídase al acero perdurar,
hilo a los horizontes portátiles,
doce ciudades al sendero de piedra,
una esfera al que juega con su sombra;
un día hecho de una hora, a los esposos;
una madre al arado en loor al suelo,
séllense con dos sellos a los líquidos,
pase lista el bocado,
sean los descendientes,
sea la codorniz,
sea la carrera del álamo y del árbol;
venzan, al contrario del círculo, el mar a su hijo
y a la cana el lloro;
dejad los áspides, señores hombres,
surcad la llama con los siete leños,
vivid,
elévese la altura,
baje el hondor más hondo,
conduzca la onda su impulsión andando,
tenga éxito la tregua de la bóveda!
¡Muramos;
lavad vuestro esqueleto cada día;
no me hagáis caso,
una ave coja al déspota y a su alma;
una mancha espantosa, al que va solo;
gorriones al astrónomo, al gorrión, al aviador!
¡Lloved, solead,
vigilad a Júpiter, al ladrón de ídolos de oro,
copiad vuestra letra en tres cuadernos,
aprended de los cónyuges cuando hablan, y
de los solitarios, cuando callan;
dad de comer a los novios,
dad de beber al diablo en vuestras manos,
luchad por la justicia con la nuca,
igualaos,
cúmplase el roble,
cúmplase el leopardo entre dos robles,
seamos,
estemos,
sentid cómo navega el agua en los océanos,
alimentaos,
concíbase el error, puesto que lloro,
acéptese, en tanto suban por el risco, las cabras y sus
crías;
desacostumbrad a Dios a ser un hombre,
creced... !
Me llaman. Vuelvo.
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Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

Cuatro Cantos En Mi Tierra

I


Tabasco en sangre madura

y en mi su poder sangró.

Agua y tierra el sol se jura;

y en nubarrón de espesura

la joven tierra surgió.


Tus hidrógenos caminos

a toda voz transité

y en tu oxígeno silbé

mis pulmones campesinos.


A puños sembré mi vida

de tu fuerza vendaval

que azúcar cañaveral

espolvorea en la huida.


El tiempo total verdea

y el espacio quema y brilla.

El agua mete la quilla

y de monte a mar sondea.


Pedacería de espejo.

La selva, encerrada, ulula.

Casi por cada reflejo

pájaro que se modula.


Más agua que tierra. Aguaje

para prolongar la sed.

La tierra vive a merced

del agua que suba o baje.


Cuando la selva repasa

su abecedario animal

relámpago vertebral

de caoba a cedro pasa.


Flota de isletas fluviales

varó en flor la soledad.

Son de todo eternidad

y de nada temporales.


El mediodía tajado

de algún fruto tropical

tiene un sabor de cristal

sonoramente mojado.


Hay en la noche un instante

de vida, que si durara,

húmeda la muerte alzara

cual un terrible diamante.


Y a veces en la ribera

es tan fina la mañana

que la sonrisa primera

todo el día nos hermana.


Tiempo de Tabasco; en hondo

suspiro te gozo así.

Contigo, cerca de mí

tiempo de morir escondo.


Arde en Tabasco la vida

de tal suerte, que la muerte

vive por morir hendida,

de un gran hachazo de vida

que da, sin querer, la suerte.
II


La ceiba es un árbol gris

de gigantesca figura.

Se ve su musculatura

medio manchada de gis.


Es el árbol que hace todo;

yo lo he visto trabajar

y en la tarde modelar

sus pajaritos de lodo.


Ceiba desnuda y campal

cuya fuerza liberó

bosque y cielo y estrenó

su claro de matorral.


En desnudo pugilato

parece que así despejas

el campo y que le aconsejas

a todo árbol buen recato.


Navegando por el río,

súbitamente apareces.

Te he visto así, tantas veces,

y el asombro es siempre mío.


Cuando en el atardecer

todo Tabasco decrece

y el aire en los cielos mece

lo que ya no pudo ser,

con qué bárbara grandeza

das la razón al paisaje

que con oscura certeza

se adueñó de algún celaje

con que así la noche empieza.


Ceiba te dije y te digo:

colgaré mí corazón

de un retoño de tu abrigo;

tendrá su sangre contigo

altura y vegetación.
III


Una laguna que llega

y una laguna que va.

Si la luz de frente anega

o la luz de lado da

el jacintal que congrega

su poesía despliega

que en mi voz cintilará.


Hay más laguna que luna

en la noche que es tan clara.

Semeja que el cielo usara

luz modal de la laguna.

Hay más laguna que luna.


Tiempo lagunar que cabe

para siempre en nuestra vida.

Que no se cierre la herida

que por su boca se sabe

la llegada y la partida.


Estábamos la laguna

y yo.

Como esa noche...

Con más laguna que luna

la noche se desnudó.

Sudor de intemperie humana

que el aire sutil saló

y en su humedad levantó

flor lujuria rusticana.


Tu adolescencia suspira

junto a mi pecho velludo.

El tiempo es tiempo desnudo

y su largo cuerpo estira.


Si por besarte viví

con más laguna que luna,

fue más luna que bebí

que el agua de la laguna

que a raya en cielos tendí.


Como esa noche...
IV


El agua es laguna o río.

Un espejo se quebró.

Por todos lados miró

la desnudez del estío.


Con el agua a la rodilla

vive Tabasco. Así dama

de abril a octubre la flama

que hace callar toda arcilla.


Si por boca de la selva

largó la verdad su grito,

miente el silencio infinito

del agua que el agua envuelva.


Llueve lejos, por la sierra.

Llueve a tambor y clarín.

Toro del agua, festín

corre por toda la tierra.


Joven terrón cuaternario,

por tu cuerpo de aluvión

sangra el verde corazón

de tu enorme pecho agrario.


Lo que muere y lo que vive

junto al agua vive y muere.

Si en lluvia el cielo así quiere

moje su noche en aljibe.


Más agua que tierra. Aguaje

para prolongar la sed.

La tierra vive a merced

del agua que suba o baje.


Brillan los laguneríos;

en la tarde tropical

actitud de garza real

torna el aire de los ríos.


La noche en lluvia y batracio

retiñe el nocturno verde

y al otro día se muerde

verde el verde del espacio.


Agua de Tabasco vengo

y agua de Tabasco voy.

De agua hermosa es mi abolengo;

y es por eso que aquí estoy

dichoso con lo que tengo.

Villahermosa, Tabasco, 1943.

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Carlos Marzal

Carlos Marzal