Lista de Poemas

A La Gracia Primitiva De Las Aldeanas

A LA GRACIA PRIMITIVA DE LAS ALDEANAS


A Luis Rosado Vega


Hambre y sed padezco: Siempre me he negado

a satisfacerlas en los turbadores

gozos de ciudades —flores de pecado—.

Esta hambre de amores y esta sed de ensueño

que se satisfagan en el ignorado

grupo de muchachas de un lugar pequeño.

Vasos de devoción, arcas piadosas

en que el amor jamás se contamina;

jarras cuyas paredes olorosas

dan al agua frescura campesina...

Todo eso sois muchachas cortijeras

amigas del buen sol que os engalana,

que adivináis las cosas venideras

cual hacerlo pudiese una gitana.

Amo vuestros hechizos provincianos,

muchachas de los pueblos y mi vida

gusta beber del agua contenida

en el hueco que forman vuestras manos.

Pláceme en los convites campesinos,

cuando la sombra juega en los manteles,

veros dar la locura de los vinos,

pan de alegría y ramos de claveles.

En el encanto de la humilde calle

sois a un tiempo, asomadas a la reja,

el son de esquilas, la alternada queja

de las palomas, y el olor del valle.

Buenas mozas: no abrigo más empeños

que oír vuestras canciones vespertinas,

llegando a confundirme en las esquinas

entre el grupo de novios lugareños.

Mi hambre de amores y mi sed de ensueño

que se satisfagan en el ignorado

grupo de doncellas de un lugar pequeño.


430

La Bizarra Capital De Mi Estado

LA BIZARRA CAPITAL DE MI ESTADO...


A Jesús B. González


He de encomiar en verso sincerista

la capital bizarra

de mi Estado, que es un

cielo cruel y una tierra colorada.

Una frialdad unánime

en el ambiente, y unas recatadas

señoritas con rostro de manzana,

ilustraciones prófugas

De las cajas de pasas.

Católicos de Pedro el Ermitaño

y jacobinos de época terciaria.

(Y se odian los unos a los otros

con buena fe.)


Una típica montaña

que, fingiendo un corcel que se encabrita,

al dorso lleva una capilla, alzada

al Patrocinio de la Virgen.


Altas

y bajas del terreno, que son siempre

una broma pesada.

Y una Catedral, y una campana

mayor que cuando suena, simultánea

con el primer clarín del primer gallo,

en las avemarías, me da lástima

que no la escuche el Papa.

Porque la cristiandad entonces clama

cual si fuese su queja mas urgida

la vibración metálica,

y al concurrir ese clamor concéntrico

del bronce, en el ánima del ánima,

se siente que las aguas

del bautismo nos corren por los huesos

y otra vez nos penetran y nos lavan.


425

Domingos De Provincia

En los claros domingos de mi pueblo es costumbre
que en la Plaza descubran las gentiles cabezas
las mozas, y sus ojos reflejan dulcedumbre
y la banda en el kiosko toca lánguidas piezas.

Y al caer sobre el pueblo la noche ensoñadora,
los amantes se miran con la mejor mirada
y la orquesta en sus flautas y violín atesora
mil sonidos románticos en la noche enfiestada.

Los días de guardar en los pueblos provincianos
regalan al viandante gratos amaneceres
en que frescos los rostros, el Lavalle en las manos,

camino de la iglesia van las mozas aprisa;
que en los días festivos, entre aquellas mujeres
no hay una cara hermosa que se quede sin misa.
408

Pobrecilla Sonámbula

POBRECILLA SONÁMBULA


A Pedro de Alba

Con planta imponderable

cruzas el mundo y cruzas mi conciencia,

y es tu sufrido rostro como un éxtasis

que se dilata en una transparencia.

¡Pobrecilla sonámbula!

Pareces, en tu ruta de novicia,

ir diciendo al azar: «No me hagáis daño;

temo que me maltrate una caricia».

Devuelves su matiz inmaculado

al paisaje ilusorio en que te posas

y restituyes en su integridad

inocente a los hombres y a las cosas.

Así cruzas el mundo,

con ingrávidos pies, y en transparencia

de éxtasis se adelgaza tu perfil,

y vas diciendo: «Marcho en la clemencia,

soy la virginidad del panorama

y la clara embriaguez de tu conciencia».


406

Ser Una Casta Pequeñez

SER UNA CASTA PEQUEÑEZ...


A Alfonso Cravioto


Fuérame dado remontar el río

de los años, y en una reconquista

feliz de mi ignorancia, ser de nuevo

la frente limpia y bárbara del niño...

Volver a ser el arrebol, y el húmedo

pétalo, y la llorosa y pulcra infancia

que deja el baño por secarse al sol...

Entonces, con instinto maternal,

me subirías al regazo, para

interrogarme, Amor, si eras querida

hasta el agua inmanente de tu pozo

o hasta el penacho tornadizo y fágil

de tu naranjo en flor.

Yo, sintiéndome bien en la aromática

vecindad de tus hombros y en la limpia

fragancia de tus brazos,

te diría quererte más allá

de las torres gemelas.

Dejarías entonces en la bárbara

novedad de mi frente

el beso inaccesible

a mi experiencia licenciosa y fúnebre.

¿Por qué en la tarde inválida,

cuando los niños pasan por tu reja,

yo no soy una casta pequeñez

en tus manos adictas

y junto a la eficacia de tu boca?


391

Viaje Al Terruño

VIAJE AL TERRUÑO



A Enrique Fernández Ledesma.


INVITACIÓN

De tu magnífico traje

recogeré la basquiña

cuando te llegues, o niña,

al estribo del carruaje.

Esperando para el viaje

la tarde tiene desmayos

y de sus últimos rayos

la luz mortecina ondea

en la lujosa librea

de los corteses lacayos.

No temas: por los senderos

polvosos y desolados,

te velarán mis cuidados,

galantes palafreneros.

Y cuando con mil luceros

en opulento derroche

se venga encima la noche,

obsequiará tus oídos

con sus monótonos ruidos

La serenata del coche.
EN CAMINO

Al fin te ve mi fortuna

ir, a mi abrigo amoroso,

al buen terruño oloroso

en que se meció tu cuna.

Los fulgores de la luna,

desteñidos oropeles,

se cuajan en tus broqueles

y van por la senda larga,

orgullosos de su carga,

los incansables corceles.

De la noche en el arcano

llega al éxtasis la mente

si beso devotamente

los pétalos de tu mano.

En la blancura del llano

una fantasía rara

las lagunas comparara,

azuladas y tranquilas,

con tus azules pupilas

en la nieve de tu cara.

La aurora su lumbre viva

manda al cárdeno celaje

y al empolvado carruaje

un rayo de luz furtiva.

Surge la ciudad nativa:

en sus lindes, un bohío

parece ver que del río

el cristal rompen las ruedas,

y entre mudas alamedas

se recata el caserío.

Como níveo relicario

que ocultan los naranjales,

del coche por los cristales

¿no distingues el Santuario?

Del esbelto campanario

salen y rayan los cielos

las palomas con sus vuelos,

cual si las torres, mi vida,

te dieran la bienvenida

agitando sus pañuelos.
LLEGADA

Por las tapias la verdura

del jazmín cuelga a la calle,

y respira todo el valle

melancólica ternura.

Aromarán la frescura

de tus carrillos sedeños

los jardines lugareños,

y en las azules mañanas

llegarán a tus ventanas,

en enjambre, los ensueños.

Escucharás, amor mío,

girando en eterna danza

la interminable romanza

de las hojas... Y en el frío

mes de diciembre sombrío,

en el patriarcal sosiego

del hogar, mi dulce ruego

ha de loar tu belleza

cabe la muda tristeza

del caserón solariego.

Esparcirán sus olores

las pudibundas violetas

y habrá sobre tus macetas

las mismas humildes flores:

la misma charla de amores

que su diálogo desgrana

en la discreta ventana,

y siempre llamando a misa

el bronce, loco de risa,

de la traviesa campana.

A tus plácidos hogares

irán las venturas viejas

como vienen las abejas

a buscar los colmenares.

Y mi cariño en tus lares

verás cómo se acurruca

libre de pompa caduca,

al estrecharte mi abrazo

en el materno regazo

de la aromosa tierruca.


476

Tenías Un Rebozo De Seda

TENÍAS UN REBOZO DE SEDA...


(A Eduardo J. Correa)


Tenías un rebozo en que lo blanco

iba sobre lo gris con gentileza

para hacer a los ojos que te amaban

un festejo de nieve en la maleza.

Del rebozo en la seda me anegaba

con fe, como en un golfo intenso y puro,

a oler abiertas rosas del presente

y herméticos botones del futuro.

(En abono de mi sinceridad

séame permitido un alegato:

entonces era yo seminarista

sin Baudelaire, sin rima y sin olfato).

¿Guardas, flor del terruño, aquel rebozo

de maleza y de nieve,

en cuya seda me adormí, aspirando

la quintaesencia de tu espalda leve?


504

En El Reinado De La Primavera

EN EL REINADO DE LA PRIMAVERA


a Josefa de los Ríos
* 17 de marzo de 1880

+ 7 de mayo de 1917


Amada, es Primavera.

Fuensanta, es que florece

la eclesiástica unción de la cuaresma.

Hay un alivio dulce

en las almas enfermas,

porque abril con sus auras les va dando

la sensación de la convalecencia.

Se viste el cielo del mejor azul

y de rosas la tierra,

y yo me visto con tu amor... ¡Oh gloria

de estar enamorado, enamorado,

ebrio de amor a ti, novia perpetua,

enloquecidamente enamorado,

como quince años, cual pasión primera!

Y con la dicha de palomas que huyen

del convento en que estaban prisioneras

y se ven lejos, bajo la promesa

azul del firmamento

y sobre la florida de la tierra,

así vuelan a verte en otros climas

¡oh santa, oh amadísima, oh enferma!

estos versos de infancia que brotaron

bajo el imperio de la Primavera.


392

Muerta

Por débil y pequeña,
oh flor de paraíso,
cabías en el vértice
del corazón en fiesta que te quiso.

Salíamos al campo
y tu cuerpo minúsculo
se destacaba airoso
en la grana y el oro del crepúsculo.

¡Oh noches enlunadas
oh provinciana orquesta,
oh, tu alma piadosa!
¡Oh mi incansable corazón en fiesta!

Y una noche moriste
con la paz de un lamento
que se va con la brisa
al brocado ideal del firmamento.

Se derramó tu espíritu
cual vaso de ambrosía,
y en tu mano difunta
puso mi amor una azucena pía.

Sorda estás para siempre,
el recuerdo me abrasa
y al tocar en la puerta
turba el ruido el silencio de la casa.

¡Oh ilusión fallecida
en abril! ¡Oh alma presta
a todos los ensueños
del incansable corazón en fiesta!
465

Rumbo Al Olvido

¡Oh pobres almas nuestras
que perdieron el nido
y que van arrastradas
en la falsa corriente del olvido!

Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa.

Pudieron deslizarse,
sin sentir, nuestras vidas
con el compás romántico
que hay en las músicas desfallecidas.

Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos.

Y pensar que pudimos,
al acercarse el fin de la jornada,
alumbrar la vejez en una dulce
conjunción de existencias,
contemplando, en la noche ilusionada,
el cintilar perenne del Zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias...

Mas en vano deliro y te recuerdo,
oh virgen esperanza,
oh ilusión que te quedas
en no sé qué lejanas arboledas
y en no sé qué remota venturanza.

Sigamos sumergiéndonos... Mas, antes
que la sorda corriente
nos precipite a lo desconocido,
hagamos un esfuerzo de agonía
para salir a flote
y ver, la última vez, nuestras cabezas
sobre las aguas turbias del olvido.
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Identificación y contexto básico

Ramón López Velarde fue un destacado poeta mexicano. Nació el 15 de junio de 1888 en Jerez, Zacatecas, y falleció el 19 de junio de 1921 en la Ciudad de México. Es una figura clave del modernismo literario en México y un poeta considerado por muchos como el "poeta nacional".

Infancia y formación

Su infancia transcurrió en el ambiente provinciano y rural de Zacatecas, una experiencia que marcó profundamente su sensibilidad y su obra. Estudió en el Seminario Conciliar de Zacatecas y posteriormente en la Escuela de Jurisprudencia de la misma ciudad. Durante su formación, mostró una inclinación temprana por la literatura, cultivando la poesía y publicando sus primeros versos en revistas locales.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de López Velarde, aunque truncada por su temprana muerte, fue de gran intensidad y significación. Se trasladó a la Ciudad de México en 1911, donde se integró en los círculos literarios de la capital y colaboró en importantes publicaciones de la época, como "Revista Moderna". Su obra evoluciona desde el modernismo de sus inicios hacia una voz más personal y nacionalista, que se aleja de los excesos retóricos del modernismo para anclar en la realidad mexicana.

Obra, estilo y características literarias

Su obra cumbre es "El son del corazón" (1915), donde explora temas como el amor, el erotismo, la religiosidad y la nostalgia por su tierra natal. Otro libro fundamental es "Zozobra" (1919), que profundiza en la complejidad de la identidad mexicana, la angustia existencial y la búsqueda de un sentido. Su estilo se caracteriza por una gran originalidad, una prosa poética rica en imágenes y metáforas, y un lenguaje que conjuga lo culto con lo coloquial, lo provinciano con lo cosmopolita. López Velarde es un maestro en el uso de la sinestesia y en la creación de atmósferas evocadoras. Su poesía es íntima, confesional y a la vez representativa de una nación. Se le asocia al modernismo tardío y a la búsqueda de una expresión literaria genuinamente mexicana.

Contexto cultural e histórico

López Velarde vivió la turbulenta época de la Revolución Mexicana, un contexto que, aunque no se refleja directamente en su obra con hechos concretos, sí influyó en la búsqueda de una identidad nacional y en la reflexión sobre el "ser mexicano". Su obra dialoga con la tradición literaria española pero busca una voz propia y distintiva para México.

Vida personal

Ramón López Velarde llevó una vida marcada por la sensibilidad, la introspección y, en ocasiones, la melancolía. Sus relaciones personales y amorosas, a menudo complejas y frustradas, se plasmaron en la intensidad erótica y sentimental de su poesía. Su conexión con su tierra natal, Zacatecas, fue una constante en su vida y obra, representando un refugio y una fuente de inspiración.

Reconocimiento y recepción

En vida, López Velarde fue reconocido por un círculo selecto de intelectuales y poetas, pero su verdadera dimensión como poeta nacional se consolidó póstumamente. Hoy es considerado uno de los pilares de la poesía mexicana del siglo XX, cuya obra sigue siendo objeto de estudio y admiración por su originalidad y profundidad.

Influencias y legado

Influenciado por poetas como Rubén Darío, pero también por la tradición lírica española, López Velarde legó una obra que sentó las bases para una poesía mexicana más arraigada y reflexiva. Su capacidad para fusionar lo local con lo universal, lo terrenal con lo espiritual, y su exploración de la identidad nacional, lo convierten en una figura ineludible en la historia de la literatura en español.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado en López Velarde su habilidad para crear una poesía que es a la vez profundamente personal y representativa de México. Sus poemas son analizados por su riqueza simbólica, su complejidad emocional y su habilidad para capturar la esencia del alma mexicana.

Infancia y formación

Se dice que López Velarde era un hombre de hábitos tranquilos y reflexivos, que disfrutaba de la soledad y de la contemplación. Su amor por la provincia y su nostalgia por ella son elementos recurrentes en su vida y obra.

Muerte y memoria

Ramón López Velarde falleció en la Ciudad de México a causa de una neumonía, a la edad de 33 años. Su muerte prematura conmocionó al mundo literario y dejó un gran vacío en la poesía mexicana. Su legado perdura a través de sus obras, que continúan siendo leídas y celebradas como un reflejo de la identidad y la sensibilidad mexicana.