Lista de Poemas

Margarita

¡Silencio, los lebreles
de la jauría maldita!
No despertéis a la implacable fiera
que duerme silenciosa en su guarida.
¿No veis que de sus garras
penden gloria y honor, reposo y dicha?

Prosiguieron aullando los lebreles...
—¡los malos pensamientos homicidas!—
y despertaron la temible fiera...
—¡la pasión que en el alma se adormía!—
Y ¡adiós! en un momento,
¡adiós gloria y honor, reposo y dicha!
862

Sedientas Las Arenas, En La Playa

Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando.
Pobres arenas, de mi suerte imagen:
no sé lo que me pasa al contemplaros,
pues como yo sufrís, secas y mudas,
el suplicio sin término de Tántalo.

Pero ¿quién sabe...? Acaso luzca un día
en que, salvando misteriosos límites,
avance el mar y hasta vosotras llegue
a apagar vuestra sed inextinguible.
¡Y quién sabe también si tras de tantos
siglos de ansias y anhelos imposibles,
saciará al fin su sed el alma ardiente
donde beben su amor los serafines!
685

Moría El Sol, Y Las Marchitas Hojas

Moría el sol, y las marchitas hojas
de los robles, a impulso de la brisa,
en silenciosos y revueltos giros

sobre el fango caían:
ellas, que tan hermosas y tan puras
en el abril vinieron a la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello.
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
Pues en la tumba de las muertas hojas
vieron sólo esperanzas y sonrisas.

Extinguióse la luz: llegó la noche
como la muerte y el dolor, sombría;
estalló el trueno, el río desbordóse
arrastrando en sus aguas a las víctimas;
y murieron dichosas y contentas...

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!
898

Del Rumor Cadencioso De La Onda

Del rumor cadencioso de la onda
y el viento que muge;
del incierto reflejo que alumbra
la selva o la nube;
del piar de alguna ave de paso;
del agreste ignorado perfume
que el céfiro roba
al valle o a la cumbre,
mundos hay donde encuentran asilo
las almas que al peso
del mundo sucumben.
743

Adivínase El Dulce Y Perfumado

Adivínase el dulce y perfumado
calor primaveral;
los gérmenes se agitan en la tierra
con inquietud en su amoroso afán,
y cruzan por los aires, silenciosos,
átomos que se besan al pasar.

Hierve la sangre juvenil, se exalta
lleno de aliento el corazón, y audaz
el loco pensamiento sueña y cree
que el hombre es, cual los dioses, inmortal.
No importa que los sueños sean mentira,
ya que al cabo es
verdad
que es venturoso el que soñando muere,
infeliz el que vive sin soñar.

¡Pero qué aprisa en este mundo triste
todas las cosas van!
¡Que las domina el vértigo creyérase!
La que ayer fue capullo, es rosa ya,
y pronto agostará rosas y plantas
el calor estival.

1.809

Candente Está La Atmósfera

Candente está la atmósfera;
explora el zorro la desierta vía;
insalubre se torna
del limpio arroyo el agua cristalina,
y el pino aguarda inmóvil
los besos inconstantes de la brisa.

Imponente silencio
agobia la campiña;
sólo el zumbido del insecto se oye
en las extensas y húmedas umbrías,
monótono y constante
como el sordo estertor de la agonía.

Bien pudiera llamarse, en el estío,
la hora del mediodía,
noche en que al hombre, de luchar cansado,
más que nunca le irritan
de la materia la imponente fuerza
y del alma las ansias infinitas.

Volved, ¡oh, noches del invierno frío,
nuestras viejas amantes de otros días!
Tornad con vuestros hielos y crudezas
a refrescar la sangre enardecida
por el estío insoportable y triste...
¡Triste... lleno de pámpanos y espigas!

Frío y calor, otoño o primavera,
¿dónde..., dónde se encuentra la alegría?
Hermosas son las estaciones todas
para el mortal que en sí guarda la dicha;
mas para el alma desolada y huérfana
no hay estación risueña ni propicia.
792

Los Unos Altísimos

Los unos altísimos,
los otros menores,
con su eterno verdor y frescura,
que inspira a las almas
agrestes canciones,
mientras gime al chocar con las aguas
la brisa marina de aromas salobres,
van en ondas subiendo hacia el cielo
los pinos del monte.

De la altura la bruma desciende
y envuelve las copas
perfumadas, sonoras y altivas
de aquellos gigantes
que el Castro coronan;
brilla en tanto a sus pies el arroyo
que alumbra
risueña
la luz de la aurora,
y los cuervos sacuden sus alas,
lanzando graznidos
y huyendo la sombra.

El viajero, rendido y cansado,
que ve del camino la línea escabrosa
que aún le resta que andar, anhelara,
deteniéndose al pie de la loma,
de repente quedar convertido
en pájaro o
fuente,
en árbol o en
roca.

1.009

Una Luciérnaga Entre El Musgo Brilla

Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea;
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca en lo insondable, ¡oh ciencia!
Siempre, al llegar al término, ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.

Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llanto
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan solo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!

¿Es verdad que los ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin
arrimo,
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.

Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos
místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco
sombrío.

Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble
filo;
todo, menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.

Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios cayó al
abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.

De improviso los
ángeles
desde sus altos nichos
de mármol, me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oído:
«Pobre alma,
espera y llora
a los pies del
Altísimo;
mas no olvides que al
cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos».

910

Orillas Del Sar Vii

Ya que de la esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría,
tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
la blanca luz del
día.

Contenta el negro nido busca el ave agorera;
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido
y mi alma en su
desierto.

921

Orillas Del Sar Vi

¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!
Viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella,
del Sar cabe la orilla,
al acabarme, siento la sed devoradora
y jamás apagada que ahoga el sentimiento,
y el hambre de justicia, que abate y que anonada
cuando nuestros clamores los arrebata el viento
de tempestad airada.

Ya en vano el tibio rayo de la naciente aurora
tras del Miranda
altivo,
valles y cumbres dora con su resplandor vivo;
en vano llega mayo de sol y aromas lleno,
con su frente de niño de rosas coronada,
y con su luz serena:
en mi pecho ve juntos el odio y el cariño,
mezcla de gloria y
pena,
mi sien por la corona del mártir agobiada
y para siempre frío y agotado mi seno.

780

Comentarios (0)

ShareOn Facebook WhatsApp X
Iniciar sesión para publicar un comentario.

NoComments

Identificación y contexto básico

Rosalía de Castro, cuyo nombre completo era María Rosalía Rita de Castro, nació en Santiago de Compostela, Galicia, España. Es una de las escritoras más importantes de la literatura gallega y española del siglo XIX, y una figura central del Rexurdimento gallego.

Infancia y formación

Su infancia estuvo marcada por la ilegitimidad de su nacimiento, siendo hija de un clérigo y una madre soltera, lo que le supuso un estigma social. Pasó parte de su infancia en un entorno rural, lo que influyó en su posterior conexión con la naturaleza y las tradiciones gallegas. Recibió una educación limitada pero adquirió una gran cultura literaria a través de la lectura autodidacta. Las lecturas de autores románticos y la influencia de la cultura popular gallega moldearon sus primeras inquietudes literarias.

Trayectoria literaria

Rosalía de Castro comenzó a escribir poesía desde muy joven. Su obra se puede dividir en varias etapas, desde sus primeros escritos en castellano hasta la consolidación de su voz lírica en gallego. Publicó en diversas revistas y periódicos de la época, y participó activamente en el movimiento cultural del Rexurdimento gallego, un renacimiento de la lengua y la cultura de Galicia.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen "Cantares gallegos" (1863), considerada la obra fundacional de la poesía gallega moderna, y "Follas novas" (1881), que profundiza en temas existenciales y sociales. "En las orillas del Sar" (1884) es su obra cumbre en castellano, marcada por una profunda melancolía y reflexión sobre la vida y la muerte. Sus temas dominantes son el amor, la muerte, el paso del tiempo, la naturaleza, la identidad gallega, la injusticia social y la emigración. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales, adaptándolas a su expresividad. Su estilo se caracteriza por la sencillez, la emotividad, la musicalidad y una profunda conexión con el alma gallega. La voz poética es a menudo confesional, desgarradora y llena de ternura.

Contexto cultural e histórico

Rosalía vivió en una época de profundos cambios sociales y políticos en España, marcada por la Restauración borbónica y un fuerte centralismo que relegaba las culturas regionales. Perteneció a la Generación del 50 o del Rexurdimento, un movimiento que buscaba revitalizar la lengua y la cultura gallegas. Su obra refleja la dura realidad de la Galicia rural, la pobreza, la emigración y la opresión social.

Vida personal

Su vida personal estuvo marcada por dificultades económicas, problemas de salud y la pérdida de varios hijos. Se casó con Manuel Murguía, historiador y figura clave del Rexurdimento, con quien tuvo varios hijos. Su relación con Murguía fue intensa y a menudo conflictiva, pero también fuente de apoyo intelectual. Sus creencias religiosas eran complejas, alternando la devoción con la duda ante el sufrimiento.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida tuvo un reconocimiento limitado, su obra fue revalorizada póstumamente, convirtiéndose en un icono de la literatura gallega. Fue homenajeada con el Día das Letras Galegas en 1963. Hoy en día, su lugar en el canon literario español e internacional está firmemente establecido.

Influencias y legado

Fue influenciada por poetas románticos y por la tradición oral gallega. Su legado es inmenso, sentando las bases de la poesía gallega moderna e inspirando a generaciones de poetas y escritores, tanto en Galicia como en el resto de España. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y es objeto de estudio académico constante.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es interpretada como un canto a la tierra gallega, una denuncia de la injusticia social y una profunda meditación sobre la condición humana. Los críticos destacan su capacidad para fusionar lo local con lo universal, y su maestría en la expresión de la melancolía y la esperanza.

Infancia y formación

Se dice que Rosalía tenía una gran intuición y una profunda empatía hacia los desfavorecidos. Su prosa, a menudo más cruda y directa que su poesía, también revela una fuerte conciencia social. La imagen de la mujer fuerte y sensible que proyecta su obra contrasta a veces con las dificultades de su vida personal.

Muerte y memoria

Rosalía de Castro falleció en el Pazo de la Matanza, en la parroquia de Candeán, Vigo, debido a un cáncer. Fue enterrada en el cementerio de Boisaca, en Santiago de Compostela. Su memoria se mantiene viva a través de su obra, que sigue siendo leída, estudiada y admirada.