Lista de Poemas

¡jamás Lo Olvidaré ! De Asombro Llena

¡Jamás lo olvidaré...! De asombro llena
al escucharlo, el alma refugióse
en sí misma y dudó...; pero al fin, cuando
la amarga realidad, desnuda y triste,
ante ella se abrió paso, en luto envuelta,
presenció silenciosa la catástrofe,
cual contempló Jerusalén sus muros
para siempre entre el polvo sepultados.

¡Profanación sin nombre! Dondequiera
que el alma humana, inteligente, rinde
culto a lo grande, a lo pasado culto,
esas selvas agrestes, esos bosques
seculares y hermosos, cuyo espeso
ramaje abrigo y cariñosa sombra
dieron a nuestros padres, fueron siempre
de predilecto amor, lugares santos
que todos respetaron.
¡No! En los viejos
robledales umbrosos, que hacen grata
la más yerma región, y de los siglos
guardan grabada la imborrable huella
que en ellos han dejado, ¡nunca!, ¡nunca!
con su acerado filo osada pudo
el hacha penetrar, ni con certero
y rudo golpe derribar en tierra,
cual en campo enemigo, el árbol fuerte
de larga historia y de nudosas ramas
que es orgullo del suelo que le cría
con savia vigorosa, y monumento
que en sólo un día no levanta el hombre,
pues es obra que Dios al tiempo encarga
y a la madre inmortal naturaleza,
artista incomparable.
Y sin embargo...
¡nada allí quedó en pie! Los arrogantes
cedros de nuestro Líbano, los altos
gigantescos castaños, seculares,
regalo de los ojos; los robustos
y centenarios robles, cuyos troncos
de arrugas llenos, monstruos semejaban
de ceño adusto y de mirada torva
que hacen pensar en ignorados mundos;
las encinas vetustas, bajo cuyas
ramas vagaron en silencio tantos
tercos, impenitentes soñadores...
¡todo por tierra y asolado todo!
Ya ni abrigo, ni sombra, ni frescura;
los pájaros huidos y espantados
al ver deshecha su morada; el viento
gimiendo desabrido, como gime
en las desiertas lomas donde sólo
áridos riscos a su paso encuentra;
los narcisos y blancas margaritas
que apiñadas brillaban entre el musgo
cual brillan las estrellas en la altura;
los lirios perfumados, las violetas,
los miosotis, azules como el cielo
—y que, bordando la ribera undosa,
recordábanle al triste enamorado
que de las aguas se sentaba al borde
aquella dulce frase, ¡siempre inútil,
mas repetida siempre!: «No me olvides»—,
todo marchito y sepultado todo
sin compasión bajo el terrible peso
de los ya inertes troncos. La corriente
mansa del Sar, entre sus ondas plácidas
arrastrando en silencio los despojos
del sagrado recinto, y de la dura
hacha los golpes resonando huecos,
cual suelen resonar los del martillo
al remachar de un ataúd los clavos...

Ya en el paraje agreste y escondido
que tanto hemos amado, ya en el bello
lugar en donde con afán las almas
buscaban un refugio, y en alegres
bandadas, al llegar la primavera,
en unión de los pájaros, las gentes,
de aire, de flores y de luz ansiosas,
iban a respirar vida y perfumes,
de sus galas más ricas despojado
hoy se levanta el monasterio antiguo
como triste esqueleto. Aquel tan grato
silencio misterioso que envolvía
los agrietados muros, a regiones
más dichosas quizás huyó ligero
en busca de un asilo. Las campanas
de eco vibrante y musical resuenan
de una manera sorda en el vacío
que sin piedad a su alrededor hicieron
manos extrañas, y el rumor monótono
de la fuente en el claustro solitario
parece sollozar por los jazmines,
que, cual la nieve blancos, las cornisas
musgosas adornaban, y parece
triste llamar por la aldeana hermosa
que lavaba sus lienzos en el agua
siempre brillante del pilón de piedra
que el roce de sus manos ha gastado
y hoy buscan de otra fuente la frescura.

¡Lo vieron y callaron... con silencio
que causaron asombro y que contrista el alma!

Si allá donde entre rosas y claveles
arrastra el Turia sus revueltas ondas,
nuestras manos talasen los jardines
que plantaron los suyos, y aman ellos,
su labio, al rostro, de desprecio llenas
una tras otra injuria nos lanzaran
—¡Bárbaros! —exclamando.
Y si dijésemos
que rosas y claveles perfumados
no valdrán nunca, pese a su hermosura,
lo que un campo de trigo, y allí en donde
las flores compitieran con las bellas,
arrastrando el arado, la amarilla
mies con afán sembráramos.
—Mezquinos
aún más que torpes son —prorrumpirían
los fieros hijos del jardín de España
con rudo enojo levantando el grito.

Mas nosotros, si talan nuestros bosques
que cuentan siglos... —¡quedan ya tan pocos!—
y ajena voluntad su imperio ejerce
en lo que es nuestro, cosas de la vida
nos parecen quizás vanas y fútiles
que a nadie ofenden ni a ninguno importan
si no es al que las hace, a soñadores
que sólo entienden de llorar sin tregua
por los vivos y muertos... y aun acaso
por las hermosas selvas que sin duelo
indiferente el leñador destruye.

—Pero ¿qué...? —alguno exclamará indignado
al oír mis lamentos—. ¿Por ventura
la inmensa torre del reloj se ha hundido
y no hay ya quien señale nuestras horas
soñolientas y tardas, como el eco
bronco de su campana formidable;
o en mis haciendas penetrando acaso
osado criminal, ha puesto fuego
a las extensas eras? ¿Por qué gime
así importuna esa mujer?
Yo inclino
la frente al suelo y contristada exclamo
con el Mártir del Gólgota: Perdónales,
Señor, porque no saben lo que dicen
;
mas ¡oh, Señor! a consentir no vuelvas
que de la helada indiferencia el soplo
apague la protesta en nuestros labios,
que es el silencio hermano de la muerte
y yo no quiero que mi patria muera,
sino que como Lázaro, ¡Dios bueno!,
resucite a la vida que ha perdido;
y con voz alta que a la gloria llegue,
le diga al mundo que Galicia existe,
tan llena de valor cual tú la has hecho,
tan grande y tan feliz cuanto es hermosa.
661

Unos Con La Calumnia Le Mancharon

Unos con la calumnia le mancharon,
otros falsos amores le han mentido,
y aunque dudo si algunos le han querido,
de cierto sé que todos le olvidaron.

Solo sufrió, sin gloria ni esperanza,
cuanto puede sufrir un ser viviente;
¿por qué le preguntáis qué amores siente
y no qué odios alientan su venganza?
944

Ya Siente Que Te Extingues En Su Seno

Ya siente que te extingues en su seno,
llama vital, que dabas
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,
juventud a su alma.

Ya tu calor no templará su sangre,
por el invierno helada,
ni harás latir su corazón, ya falto
de aliento y de esperanza.

Mudo, ciego, insensible,
sin goces ni tormentos,
será cual astro que apagado y solo,
perdido va por la extensión del cielo.
615

No Subas Tan Alto, Pensamiento Loco

No subas tan alto, pensamiento loco,
que el que más alto sube más hondo cae,
ni puede el alma gozar del cielo
mientras que vive envuelta en la carne.

Por eso las grandes dichas de la tierra
tienen siempre por término grandes catástrofes.
700

Ya Duermen En Su Tumba Las Pasiones

Ya duermen en su tumba las pasiones
el sueño de la nada;
¿es, pues, locura del doliente espíritu,
o gusano que llevo en mis entrañas?
Yo sólo sé que es un placer que duele,
que es un dolor que atormentando halaga,
llama que de la vida se alimenta,
mas sin la cual la vida se apagara.
886

Creyó Que Era Eterno Tu Reino En El Alma

Creyó que era eterno tu reino en el alma,
y creyó tu esencia, esencia inmortal,
mas, si sólo eres nube que pasa,
ilusiones que vienen y van,
rumores del onda que rueda y que muere
y nace de nuevo y vuelve a rodar,
todo es sueño y mentira en la tierra,
¡no existes, verdad!
722

Cuando Recuerdo Del Ancho Bosque

Cuando recuerdo del ancho bosque
el mar dorado
de hojas marchitas que en el otoño
agita el viento con soplo blando,
tan honda angustia nubla mi alma,
turba mi pecho,
que me pregunto:
«¿Por qué tan terca,
tan fiel memoria me ha dado el cielo?»
738

Del Antiguo Camino A Lo Largo

Del antiguo camino a lo largo,
ya un pinar, ya una fuente aparece,
que brotando en la peña musgosa
con estrépito al valle desciende,
y brillando del sol a los rayos
entre un mar de verdura se pierde,
dividiéndose en limpios arroyos
que dan vida a las flores silvestres
y en el Sar se confunden, el río
que cual niño que plácido duerme,
reflejando el azul de los cielos,
lento corre en la fronda a esconderse.

No lejos, en soto profundo de robles,
en donde el silencio sus alas extiende,
y da abrigo a los genios propicios,
a nuestras viviendas y asilos campestres,
siempre allí, cuando evoco mis sombras,
o las llamo, respóndenme y vienen.
636

Alma Que Vas Huyendo De Ti Misma

Alma que vas huyendo de ti misma,
¿qué buscas, insensata, en las demás?
Si secó en ti la fuente del consuelo,
secas todas las fuentes has de hallar.
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
y hay en la tierra flores perfumadas!
¡Sí!... Mas no son ya aquellas
que tú amaste y te amaron, desdichada.
1.142

Los Tristes

De la torpe ignorancia que confunde
lo mezquino y lo inmenso;
de la dura injusticia del más alto,
de la saña mortal de los pequeños,
¡no es posible que huyáis! cuando os conocen
y os buscan, como busca el zorro hambriento
a la indefensa tórtola en los campos;
y al querer esconderos
de sus cobardes iras, ya en el monte,
en la ciudad o en el retiro estrecho,
¡ahí va! —exclaman— ¡ahí va!, y allí
os insultan
y señalan con íntimo contento
cual la mano implacable y vengativa
señala al triste y fugitivo reo.
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Identificación y contexto básico

Rosalía de Castro, cuyo nombre completo era María Rosalía Rita de Castro, nació en Santiago de Compostela, Galicia, España. Es una de las escritoras más importantes de la literatura gallega y española del siglo XIX, y una figura central del Rexurdimento gallego.

Infancia y formación

Su infancia estuvo marcada por la ilegitimidad de su nacimiento, siendo hija de un clérigo y una madre soltera, lo que le supuso un estigma social. Pasó parte de su infancia en un entorno rural, lo que influyó en su posterior conexión con la naturaleza y las tradiciones gallegas. Recibió una educación limitada pero adquirió una gran cultura literaria a través de la lectura autodidacta. Las lecturas de autores románticos y la influencia de la cultura popular gallega moldearon sus primeras inquietudes literarias.

Trayectoria literaria

Rosalía de Castro comenzó a escribir poesía desde muy joven. Su obra se puede dividir en varias etapas, desde sus primeros escritos en castellano hasta la consolidación de su voz lírica en gallego. Publicó en diversas revistas y periódicos de la época, y participó activamente en el movimiento cultural del Rexurdimento gallego, un renacimiento de la lengua y la cultura de Galicia.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen "Cantares gallegos" (1863), considerada la obra fundacional de la poesía gallega moderna, y "Follas novas" (1881), que profundiza en temas existenciales y sociales. "En las orillas del Sar" (1884) es su obra cumbre en castellano, marcada por una profunda melancolía y reflexión sobre la vida y la muerte. Sus temas dominantes son el amor, la muerte, el paso del tiempo, la naturaleza, la identidad gallega, la injusticia social y la emigración. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales, adaptándolas a su expresividad. Su estilo se caracteriza por la sencillez, la emotividad, la musicalidad y una profunda conexión con el alma gallega. La voz poética es a menudo confesional, desgarradora y llena de ternura.

Contexto cultural e histórico

Rosalía vivió en una época de profundos cambios sociales y políticos en España, marcada por la Restauración borbónica y un fuerte centralismo que relegaba las culturas regionales. Perteneció a la Generación del 50 o del Rexurdimento, un movimiento que buscaba revitalizar la lengua y la cultura gallegas. Su obra refleja la dura realidad de la Galicia rural, la pobreza, la emigración y la opresión social.

Vida personal

Su vida personal estuvo marcada por dificultades económicas, problemas de salud y la pérdida de varios hijos. Se casó con Manuel Murguía, historiador y figura clave del Rexurdimento, con quien tuvo varios hijos. Su relación con Murguía fue intensa y a menudo conflictiva, pero también fuente de apoyo intelectual. Sus creencias religiosas eran complejas, alternando la devoción con la duda ante el sufrimiento.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida tuvo un reconocimiento limitado, su obra fue revalorizada póstumamente, convirtiéndose en un icono de la literatura gallega. Fue homenajeada con el Día das Letras Galegas en 1963. Hoy en día, su lugar en el canon literario español e internacional está firmemente establecido.

Influencias y legado

Fue influenciada por poetas románticos y por la tradición oral gallega. Su legado es inmenso, sentando las bases de la poesía gallega moderna e inspirando a generaciones de poetas y escritores, tanto en Galicia como en el resto de España. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y es objeto de estudio académico constante.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es interpretada como un canto a la tierra gallega, una denuncia de la injusticia social y una profunda meditación sobre la condición humana. Los críticos destacan su capacidad para fusionar lo local con lo universal, y su maestría en la expresión de la melancolía y la esperanza.

Infancia y formación

Se dice que Rosalía tenía una gran intuición y una profunda empatía hacia los desfavorecidos. Su prosa, a menudo más cruda y directa que su poesía, también revela una fuerte conciencia social. La imagen de la mujer fuerte y sensible que proyecta su obra contrasta a veces con las dificultades de su vida personal.

Muerte y memoria

Rosalía de Castro falleció en el Pazo de la Matanza, en la parroquia de Candeán, Vigo, debido a un cáncer. Fue enterrada en el cementerio de Boisaca, en Santiago de Compostela. Su memoria se mantiene viva a través de su obra, que sigue siendo leída, estudiada y admirada.