Lista de Poemas

En Sus Ojos Rasgados Y Azules

En sus ojos rasgados y azules,
donde brilla el candor de los ángeles,
ver creía la sombra siniestra
de todos los males.

En sus anchas y negras pupilas,
donde luz y tinieblas combaten,
ver creía el sereno y hermoso
resplandor de la dicha inefable.

Del amor espejismos traidores,
risueños, fugaces...
cuando vuestro fulgor sobrehumano
se disipa... ¡qué densas, qué grandes
son las sombras que envuelven las almas
a quienes con vuestros reflejos cegasteis!
1.334

En Sus Ojos Rasgados Y Azules

Fue cielo de su espíritu, fue sueño de sus sueños,
y vida de su vida, y aliento de su aliento;
y fue, desde que rota cayó la venda al suelo,
algo que mata el alma y que envilece el cuerpo.

De la vida en la lucha perenne y fatigosa,
siempre el ansia incesante y el mismo anhelo siempre;
que no ha de tener término sino cuando, cerrados,
ya duerman nuestros ojos el sueño de la muerte.
701

Cerrado Capullo De Pálidas Tintas

Cerrado capullo de pálidas tintas,
modesta hermosura de frente graciosa,
¿por quién has perdido la paz de tu alma?
¿a quién regalaste la miel de tu boca?

A quien te detesta quizás, y le causan
enojo tus labios de cándido aroma,
porque busca la rosa encendida
que abre al sol de la tarde sus hojas.
642

Aún Parece Que Asoman, Tras Del Miranda Altivo

Aún parece que asoman, tras del Miranda altivo,
de mayo los albores, ¡y pasó ya setiembre!
Aún parece que torna la errante golondrina,
y en pos de otras regiones ya el raudo vuelo tiende.

Ayer flores y aromas, ayer canto de pájaros
y mares de verdura y de doradas mieses;
hoy nubes que sombrías hacia Occidente avanzan,
el brillo del relámpago y el eco del torrente.

Pasó, pasó el verano rápido, como pasa
un venturoso sueño del amor en la fiebre,
y ya secas las hojas en las ramas desnudas,
tiemblan descoloridas esperando la muerte.

¡Ah, cuando en esas noches tormentosas y largas
la luna brille a intervalos sobre la blanca nieve,
¡de cuántos, que dichosos ayer la contemplaron,
alumbrarán la tumba sus rayos transparentes!
593

¡volved!

Bien sabe Dios que siempre me arrancan tristes lágrimas
aquellos que nos dejan,
pero aún más me lastiman y me llenan de luto
los que a volver se niegan.
¡Partid, y Dios os guíe!..., pobres desheredados,
para quienes no hay sitio en la hostigada tierra;
partid llenos de aliento en pos de otro horizonte,
pero... volved más tarde al viejo hogar que os llama.

Jamás del extranjero el pobre cuerpo inerte,
como en la propia tierra en la ajena descansa.
1.813

Camino Blanco, Viejo Camino

Camino blanco, viejo camino,
desigual, pedregoso y estrecho,
donde el eco apacible resuena
del arroyo que pasa bullendo,
y en donde detiene su vuelo inconstante,
o el paso ligero,
de la fruta que brota en las zarzas
buscando el sabroso y agreste alimento,
el gorrión adusto,
los niños hambrientos,
las cabras monteses
y el perro sin dueño...
Blanca senda, camino olvidado,
¡bullicioso y alegre otro tiempo!,
del que solo y a pie de la vida
va andando su larga jornada, más bello
y agradable a los ojos pareces
cuanto más solitario y más yermo.
Que al cruzar por la ruta espaciosa
donde lucen sus trenes soberbios
los dichosos del mundo, descalzo,
sudoroso y de polvo cubierto,
¡qué extrañeza y profundo desvío
infunde en las almas el pobre viajero!
1.024

Era La última Noche

Era la última noche,
la noche de las tristes despedidas,
y apenas si una lágrima empañaba
sus serenas pupilas.
Como el criado que deja
al amo que le hostiga,
arreglando su hatillo, murmuraba
casi con la emoción de la alegría:

—¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamos
abandonar nuestras humildes tierras;
el duro pan que nos negó la patria,
por más que los extraños nos maltraten,
no ha de faltarnos en la patria ajena.

Y los hijos contentos se sonríen,
y la esposa, aunque triste, se consuela
con la firme esperanza
de que el que parte ha de volver por ella.
Pensar que han de partir, ése es el sueño
que da fuerza en su angustia a los que quedan;
cuánto en ti pueden padecer, oh, patria,
¡si ya tus hijos sin dolor te dejan!
740

Cenicientas Las Aguas, Los Desnudos

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
rumor suena, y el viento
al pasar por el bosque
silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
el campo está desierto,
y tan sólo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
mientras graznan los cuervos.

Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
el discorde concierto
simpático a mi alma...
¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!
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Ya No Mana La Fuente, Se Agotó El Manantial

Ya no mana la fuente, se agotó el manantial;
ya el viajero allí nunca va su sed a apagar.

Ya no brota la hierba, ni florece el narciso,
ni en los aires esparcen su fragancia los lirios.

Sólo el cauce arenoso de la seca corriente
le recuerda al sediento el horror de la muerte.

¡Mas no importa!; a lo lejos otro arroyo murmura
donde humildes violetas el espacio perfuman.

Y de un sauce el ramaje, al mirarse en las ondas,
tiende en torno del agua su fresquísima sombra.

El sediento viajero que el camino atraviesa,
humedece los labios en la linfa serena
del arroyo que el árbol con sus ramas sombrea,
y dichoso se olvida de la fuente ya seca.
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En Su Cárcel De Espinos Y Rosas

En su cárcel de espinos y rosas
cantan y juegan mis pobres niños,
hermosos seres, desde la cuna
por la desgracia ya perseguidos.

En su cárcel se duermen soñando
cuán bello es el mundo cruel que no vieron,
cuán ancha la tierra, cuán hondos los mares,
cuán grande el espacio, qué breve su huerto.

Y le envidian las alas al pájaro
que traspone las cumbres y valles,
y le dicen: —¿Qué has visto allá lejos,
golondrina que cruzas los aires?

Y despiertan soñando, y dormidos
soñando se quedan
que ya son la nube flotante que pasa
o ya son el ave ligera que vuela
tan lejos, tan lejos del nido, cual ellos
de su cárcel ir lejos quisieran.

—¡Todos parten! —exclaman—. ¡Tan sólo,
tan sólo nosotros nos quedamos siempre!
¿Por qué quedar, madre, por qué no llevarnos
donde hay otro cielo, otro aire, otras gentes?

Yo, en tanto, bañados mis ojos, les miro
y guardo silencio, pensando: —En la tierra
¿adónde llevaros, mis pobres cautivos,
que no hayan de ataros las mismas cadenas?
Del hombre, enemigo del hombre, no puede
libraros, mis ángeles, la egida materna.
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Identificación y contexto básico

Rosalía de Castro, cuyo nombre completo era María Rosalía Rita de Castro, nació en Santiago de Compostela, Galicia, España. Es una de las escritoras más importantes de la literatura gallega y española del siglo XIX, y una figura central del Rexurdimento gallego.

Infancia y formación

Su infancia estuvo marcada por la ilegitimidad de su nacimiento, siendo hija de un clérigo y una madre soltera, lo que le supuso un estigma social. Pasó parte de su infancia en un entorno rural, lo que influyó en su posterior conexión con la naturaleza y las tradiciones gallegas. Recibió una educación limitada pero adquirió una gran cultura literaria a través de la lectura autodidacta. Las lecturas de autores románticos y la influencia de la cultura popular gallega moldearon sus primeras inquietudes literarias.

Trayectoria literaria

Rosalía de Castro comenzó a escribir poesía desde muy joven. Su obra se puede dividir en varias etapas, desde sus primeros escritos en castellano hasta la consolidación de su voz lírica en gallego. Publicó en diversas revistas y periódicos de la época, y participó activamente en el movimiento cultural del Rexurdimento gallego, un renacimiento de la lengua y la cultura de Galicia.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen "Cantares gallegos" (1863), considerada la obra fundacional de la poesía gallega moderna, y "Follas novas" (1881), que profundiza en temas existenciales y sociales. "En las orillas del Sar" (1884) es su obra cumbre en castellano, marcada por una profunda melancolía y reflexión sobre la vida y la muerte. Sus temas dominantes son el amor, la muerte, el paso del tiempo, la naturaleza, la identidad gallega, la injusticia social y la emigración. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales, adaptándolas a su expresividad. Su estilo se caracteriza por la sencillez, la emotividad, la musicalidad y una profunda conexión con el alma gallega. La voz poética es a menudo confesional, desgarradora y llena de ternura.

Contexto cultural e histórico

Rosalía vivió en una época de profundos cambios sociales y políticos en España, marcada por la Restauración borbónica y un fuerte centralismo que relegaba las culturas regionales. Perteneció a la Generación del 50 o del Rexurdimento, un movimiento que buscaba revitalizar la lengua y la cultura gallegas. Su obra refleja la dura realidad de la Galicia rural, la pobreza, la emigración y la opresión social.

Vida personal

Su vida personal estuvo marcada por dificultades económicas, problemas de salud y la pérdida de varios hijos. Se casó con Manuel Murguía, historiador y figura clave del Rexurdimento, con quien tuvo varios hijos. Su relación con Murguía fue intensa y a menudo conflictiva, pero también fuente de apoyo intelectual. Sus creencias religiosas eran complejas, alternando la devoción con la duda ante el sufrimiento.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida tuvo un reconocimiento limitado, su obra fue revalorizada póstumamente, convirtiéndose en un icono de la literatura gallega. Fue homenajeada con el Día das Letras Galegas en 1963. Hoy en día, su lugar en el canon literario español e internacional está firmemente establecido.

Influencias y legado

Fue influenciada por poetas románticos y por la tradición oral gallega. Su legado es inmenso, sentando las bases de la poesía gallega moderna e inspirando a generaciones de poetas y escritores, tanto en Galicia como en el resto de España. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y es objeto de estudio académico constante.

Interpretación y análisis crítico

Su obra es interpretada como un canto a la tierra gallega, una denuncia de la injusticia social y una profunda meditación sobre la condición humana. Los críticos destacan su capacidad para fusionar lo local con lo universal, y su maestría en la expresión de la melancolía y la esperanza.

Infancia y formación

Se dice que Rosalía tenía una gran intuición y una profunda empatía hacia los desfavorecidos. Su prosa, a menudo más cruda y directa que su poesía, también revela una fuerte conciencia social. La imagen de la mujer fuerte y sensible que proyecta su obra contrasta a veces con las dificultades de su vida personal.

Muerte y memoria

Rosalía de Castro falleció en el Pazo de la Matanza, en la parroquia de Candeán, Vigo, debido a un cáncer. Fue enterrada en el cementerio de Boisaca, en Santiago de Compostela. Su memoria se mantiene viva a través de su obra, que sigue siendo leída, estudiada y admirada.