XXVIII. (LAS PINTORAS)
Hoy las calles parecen haberse dormido
para mí nuevamente
su letargo averigua una estampa feliz
las gentes van y vienen del mercado
dos chicas jóvenes dibujan la alta torre
que se ve a lo lejos si sus padres las contemplaran
ahora, sonreirían
y nos recomendarían la sonrisa
obsérvalas ensayan sobre el lienzo una caricia imposible
imposible para los desterrados
imposible para los fingidores
imposible para los que modelan discurso con las manos
y se suben a un tren y luego a otro
a un tren que no se llama corazón sino espanto
si fuese esta la edad de las supersticiones
la edad de Don Melón o de Sempronio
de los ríos caudales y las yerbas mágicas
la edad donde llamarte amiga
no se llene de humo
creería que la muerte no es una puerta que deba abrirse
una sola vez
porque cuán poco ha durado conmigo
todo lo que me dieron!
En un rayo de luz solar, súbitamente,
en el mismo instante en que el polvo se desplaza,
se despiertan las risas escondidas
de los niños entre el follaje.
Deprisa, aquí, ahora, siempre
—patético el estéril, triste tiempo
que se prolonga antes y después.
y yo
seguiré gangrenándome volviéndome carroña
pudriéndome de melancolía?
ah carne ambivalente charco de bilis negra
reclamo de las aves que envenenan los aires
(De La ballena loca, 2024)
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