La ballena loca

La ballena loca

2024

[En un volumen polvoriento...]

EN UN volumen polvoriento
cuentan que Menipo se asomó
a la noche total del otro mundo
y distinguió de Helena la blanca calavera
entre todos los huesos hermanados,
huérfanos de sus carnes.
¿Estos despojos viles acabaron
con guerreros apuestos, bárbaros sin porvenir,
espléndidos navíos y patios de honor
y broqueles y cotas y blasones?

A este lado, unos pies frágiles
descansan en el suelo de una almena,
que la elevan sobre las ruinas de seis ciudades.
Cuando la luz se esconda, todo terminará.
Igual que el filo del conspirador,
ha brillado su rostro en un instante
y una sonrisa leve aleja la hermosura
de la fugacidad del resto de los cuerpos.
Suenan abajo las corrientes de la guerra,
que turban la marea. Ahora entrelaza
las palmas bajo el hombro delicado,
después cierra los ojos. Y por fin,
                                                     respira.


(De La ballena loca, 2024)

III. (INTERPRETACIÓN DE LAS BELLAS ARTES)

Por el arte y su bienaventuranza
intuimos el padecimiento
del padre y de la madre, semejante
a algo así como una vibración
sonámbula o vigilia del lenguaje.
No solo ellos soportan el anhelo
que no podría tener fin:
el apetito interminable
del más joven titán,
una voracidad de conocer
acerca del supuesto
dolor leído, de lo que parece
enfermedad o pena, dónde sus charcas germinales,
ya que les pertenece, como a la piel el hueso,
y quién el responsable, para gloria del poema,
de tanta palabra heroica
que se vence en el perdón o el ruego.
Pero la historia es muda
cuando le damos expresión,
cuando la historia no existe.
Siempre, al final del día,
él los quiere lejos del sentido
que se propaga igual que un humo viejo,
les desea felices en un vergel silencioso
donde solo se pidiese el pan
o se diera las gracias, para luego callar
sobre lo que jamás se hubiera escrito.


(De La ballena loca, 2024)

IX. (MARÍA)

Aunque lo que conduce a ella
no suele serlo, sí acostumbra a ser sencilla
toda verdad, hermosa y simple
igual que un niño, un pájaro, un estanque,
el presentimiento de un hábito agradable.
Siempre traerá silencio, pero nos seduce
como seduce al rayo el árbol inclinado.
Invítame otra vez a un último momento
feliz, donde secretamente
sonrías, en mitad del absurdo carnaval,
y hagas caer sus máscaras
de piel disimulada
y deshagas la cal del alma
y justifiques la torpeza de todas las palabras,
ya que jamás se encenderán, estoy seguro,
los cirios del ocaso sobre tus cinco letras
si en la historia te tiendes, y en la luz, y en los libros.

(De La ballena loca, 2024)

XX. (SOBRE UN TEMA DE COLERIDGE)

Infinitas paredes ciñen
la imaginación
de quien escribe líneas incapaces
mientras va figurándose que vive,
que cruza la vereda hacia las tierras del loto.
Las cosas se parecen siempre
a algo más que a sí mismas
dentro de las estancias sucesivas
de algo que ojalá fuese una fábula.
Porque es la nada lo que no es memoria,
pero tampoco la memoria guarda tierra firme
sino rostros y objetos turbados en el frío,
que esconden el decoro de un cadáver.
La carne toda teme dentro de este laberinto
que saturan la fronda, los castaños festivos,
donde confieso el símbolo de la hierba helada
que el roce de su mano quebraría.


(De La ballena loca, 2024)

XXI. (FOR ALL THAT)

Desconocen que el tiempo, con sus manos culpables,
se equivoca entre estos muros, no hace daño.
Ellos no saben que por los pasillos
las palabras se prenden en el aire
para decir todas las cosas
que ya no pueden ocurrirnos.
Es muy temprano y caminamos
con cierta pesadumbre de cautivos,
y en un instante nos quedamos observando
algún rostro radiante igual que a un punto
lejano de la muerte. ¿Estuvo alguien
cerca en algún momento de nosotros,
llenándonos de un júbilo dorado?
¿De veras alguien supo que era el día
de venir a buscarnos? Tú también
guardas celosamente en la memoria
todo lo que llegamos a ser para encontrarnos
con aquello que perderíamos después.
Aunque es verdad, no se me olvida.
No se me olvida. Aún no comprendes
que yo te he preferido siempre
porque cubres mi lenguaje
de aquella edad feliz, que no hace daño.

(De La ballena loca, 2024)

XXII. (LA POESÍA ES UN ATENTADO CÓSMICO)

Para ir cayendo
                         despacio
con incuestionable voluntad
al estercolero del olvido, para bañarse en sus basuras
espectaculares,
mientras yo perduro en los ánimos y en las ánimas
fenómenos noúmenos y otras fantasmagorías filosóficas
en los árboles y en las piedras y en los acantilados húmedos
en las fotografías que tomó la muerte
en todos los que están esperando
porque solo merecen los que esperan
y en lo que no has querido a pesar de resultar extraordinario
por supuesto que el amor es un asunto trivial
pero el ritmo y la altura de mi frase guardan el ritmo y la altura
                                                                               de mi cuerpo

la vida se resuelve en una completa falta de gusto
la necesidad te inclina a perseguir lo que se va
y a desdeñar con orgullo el botín magnífico
estás en la tierra de la misma manera parece
de la misma manera que abres una puerta bajo la apatía del
                                                                              gesto común
el cuidado de las pasiones dónde se encuentra
dónde está
no es posible cambiar el mundo, pero sí la forma de mirarlo
mi labor es admirablemente moral

el día se duerme y el silencio se transforma en algo
similar al hilo triste de las marionetas sórdidas
saber que conocerán el miedo ardiente a dormir solos
que nos marca lo mismo que a bestias sometidas
lo recuerdas tú lo recuerdas?
quiero decir si lo conoces

ayer yo era casi todo y hoy soy como nunca
la comida que comes
el aire que respiras
el amigo que saludas
las palabras que prefieres

alguien está viéndome cambiar
mírame sobrevivir
mírame tú
sobrevivir


(De La ballena loca, 2024)

XXVIII. (LAS PINTORAS)

Hoy las calles parecen haberse dormido
para mí nuevamente
su letargo averigua una estampa feliz
las gentes van y vienen del mercado
dos chicas jóvenes dibujan la alta torre
que se ve a lo lejos si sus padres las contemplaran
ahora, sonreirían
y nos recomendarían la sonrisa
obsérvalas ensayan sobre el lienzo una caricia imposible
imposible para los desterrados
imposible para los fingidores
imposible para los que modelan discurso con las manos
y se suben a un tren y luego a otro
a un tren que no se llama corazón sino espanto

si fuese esta la edad de las supersticiones
la edad de Don Melón o de Sempronio
de los ríos caudales y las yerbas mágicas
la edad donde llamarte amiga
no se llene de humo
creería que la muerte no es una puerta que deba abrirse
una sola vez
porque cuán poco ha durado conmigo
todo lo que me dieron!

En un rayo de luz solar, súbitamente,
en el mismo instante en que el polvo se desplaza,
se despiertan las risas escondidas
de los niños entre el follaje.

Deprisa, aquí, ahora, siempre
—patético el estéril, triste tiempo
que se prolonga antes y después.

y yo
seguiré gangrenándome volviéndome carroña
pudriéndome de melancolía?

ah carne ambivalente charco de bilis negra
reclamo de las aves que envenenan los aires


(De La ballena loca, 2024)

La ballena loca · Miguel Floriano · 2024
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