III. (INTERPRETACIÓN DE LAS BELLAS ARTES)
Por el arte y su bienaventuranza
intuimos el padecimiento
del padre y de la madre, semejante
a algo así como una vibración
sonámbula o vigilia del lenguaje.
No solo ellos soportan el anhelo
que no podría tener fin:
el apetito interminable
del más joven titán,
una voracidad de conocer
acerca del supuesto
dolor leído, de lo que parece
enfermedad o pena, dónde sus charcas germinales,
ya que les pertenece, como a la piel el hueso,
y quién el responsable, para gloria del poema,
de tanta palabra heroica
que se vence en el perdón o el ruego.
Pero la historia es muda
cuando le damos expresión,
cuando la historia no existe.
Siempre, al final del día,
él los quiere lejos del sentido
que se propaga igual que un humo viejo,
les desea felices en un vergel silencioso
donde solo se pidiese el pan
o se diera las gracias, para luego callar
sobre lo que jamás se hubiera escrito.
(De La ballena loca, 2024)
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