DESCORTESÍAS (I)
[0.1]
Hay ciertos modales iconoclastas en la pedantería, cierta cortesía aristocrática. Nos es posible darle la vuelta a una de las reinas de los adagios: dime de lo que presumes y te diré lo que es posible que tengas. Seamos un poco frívolos: no queremos estar hechos de metal.
[0.2]
Soy obediente. Expreso mis antipatías.
[1]
Además de no saber que el mayor elogio y el mejor destino para un poema es que alguien se apropie indebidamente de él y lo ponga en circulación, siempre hace acompañar sus textos con el vehemente símbolo de copyright. Ignoro quién desearía hacer suyos tus poemas, Lesbia. Despreocúpate. Cuántas cosas siniestras puede encontrar uno detrás de la apariencia. Hay matices que son concepto.
[2.2.4]
Cuentan que Harold Bloom describió así al ínclito O. Chantilly, del que solo se han podido recoger citas dispersas en cuartillas: Alto, tímidamente miope, atildado, impertinente, un poco à la Montesquiou. Luce un bigote victoriano. Hasta los diecisiete fue tratado como niña por su madre, que estaba mal de la cabeza. Cuando volvió el padre, que era un inmenso propietario en Madagascar, encerró a su madre en una institución y lo envió a una academia militar. El padre murió cuatro años después, y la madre,
recuperada, lo volvió a travestir. Hasta los veinticuatro, en que quedó huérfano. Su caso fue conocido por Virginia Woolf, que se inspiró en él para Orlando (también Paul B. Preciado). Las ultrajantes lenguas también insinúan que el titánico crítico literario quiso envenenarle, porque tenía en la biblioteca familiar la primera versión del génesis de la hipótesis E.
[2.2.5]
«He muerto entre papeles de la Administración» (O. Chantilly, 2019).
[7]
Me dejan fascinado las personas generosísimas y simpatiquísimas que se ensimisman en el ejercicio de su carácter y no son capaces de escuchar absolutamente nada de lo que les dices.¿Serán capaces de pedir la hora en una urgencia? De escucharla, quiero decir.
[14]
La idea de tono, ¿lo es todo en la escritura? Alguien muy sabio me lo preguntó una vez, a propósito de una confesión: mi propuesta le había gustado mucho, siendo el tono lo que menos. Lo cierto es que no sé si lo será todo, pero me parece que sí es todo lo que uno puede considerar para disponer al lector hacia la suspicacia*. Creo que, en los discursos teoréticos, si el tema despierta interés y el tono llega a incomodar un poco, la contradicción inducida se convierte en un arma eficaz.
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*Estado de alerta, estado reactivo, inclinación a discutir con lo leído.
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