Lista de Poemas

Ahora podría ser abuelo si mi [Hans] Albert no se hubiera casado con semejante Schlemilde .

A su tío, Caesar Koch, que acababa de convertirse en abuelo, 26 de octubre de 1929. Einstein Archives 47-271. Einstein se había opuesto vigorosamente a la boda de Hans Albert con Frieda Knecht, que era nueve años mayor que él; pero la pareja siguió unida hasta la muerte de Frieda. En 1930 convirtieron a Einstein en abuelo con el nacimiento de Bernhard. Véase el catálogo de subasta de Sotheby’s, 26 de junio de 1998, 424.

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Su capacidad intelectual [de Eduard] puede ser mayor [que la de Hans Albert], pero parece que carece de equilibrio y de sentido de la responsabilidad (demasiado egoísta). Muy poca interacción personal con otros, lo que le provoca una sensación de aislamiento e inhibiciones de otro tipo. Resulta un muchachito interesante, pero no va a tenerlo fácil en la vida.

A Mileva, 14 de agosto de 1925. Einstein Archives 75-963.

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Mis chicos, que normalmente son tan alegres, sienten una envidia dolorosa de vosotras dos. […] Tienen la sensación de que los he cambiado por vosotras.

A Margot Einstein, refiriéndose a Ilse y a ella, 26 de agosto de 1921. CPAE , vol. 12, doc. 214.

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Siento la necesidad de agradecerte los hermosos días que he podido pasar con nuestros queridos hijos. Te agradezco que los críes en un marco mental favorable a mí y de una manera ejemplar en cualquier otro aspecto. Estoy especialmente satisfecho de su actitud alegre y modesta; y en segundo lugar, por supuesto, de su viva inteligencia.

A Mileva, 28 de agosto de 1921. CPAE , vol. 12, doc. 218.

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Aún no sé si puedo ir a Suiza. […] Estoy encantado de que Albert esté contigo. Muy pronto volveré a conseguir moneda europea para mi familia; no se puede hacer nada más con la moneda local. […] Albert no debe tener la sensación de que su papá no se ocupa de sus necesidades.

A Heinrich Zangger, 27 de febrero de 1920, aludiendo a la deflación del marco alemán. CPAE , vol. 9, doc. 332.

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Es posible que pueda reunir suficiente moneda extranjera para que [Mileva y los niños] puedan quedarse en Zúrich. Posiblemente eso sea beneficioso para el futuro de mis hijos, lo que justificará que nos enfrentemos a las dificultades.

A Michele Besso, 6 de enero de 1920. A causa del tipo de cambio desfavorable, Einstein había estado pensando en pedirles que se mudaran al sur de Alemania, donde su dinero daría para más. CPAE , vol. 9, doc. 245.

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¿[Hans Albert] Sigue contigo? Lo echo de menos con mucha frecuencia. Ya es una persona con criterio propio, con quien puedo hablar, y es profundamente sensato de una manera honesta. Es muy raro que escriba, pero comprendo que no es lo suyo… Está bien que no haya crecido en la gran ciudad, con toda su superficialidad.

A Heinrich Zangger, 24 de diciembre de 1919. CPAE , vol. 9, doc. 233.

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Mi relación con los chicos se ha vuelto a enfriar por completo. Después de una excursión de Pascua tremendamente agradable, los días siguientes en Zúrich provocaron un enfriamiento completo de una manera que no acabo de explicarme. Es mejor que mantenga las distancias; tengo que conformarme con el conocimiento de que están creciendo bien. ¡Estoy en una situación mucho mejor que tantos que han perdido a sus hijos en la guerra!

A Heinrich Zangger, 11 de julio de 1916. Zangger era un amigo íntimo de Einstein que mantenía relación con los muchachos. Hans Albert vivió con él de vez en cuando mientras Mileva estaba enferma. CPAE , vol. 8, doc. 232, incluido en el vol. 10.

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Ahora Albert está entrando gradualmente en la edad en la que puedo significar mucho para él. […] Mi influencia se limitará a lo intelectual y lo estético. Quiero enseñarle principalmente a pensar, juzgar y apreciar las cosas con objetividad. Para esto serán necesarias muchas semanas a lo largo del año; unos pocos días sólo serán un corto entrenamiento sin ninguna influencia profunda.

A Mileva, que temía que su relación con Hans Albert se deteriorara si tenía demasiado contacto con su padre, 1 de diciembre de 1915. CPAE , vol. 8, doc. 159.

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Mis felicitaciones por el buen aspecto de nuestros chicos. Se encuentran en una condición física y emocional tan excelente que no podría desear nada más. Y sé que en su mayoría se debe a la buena crianza que les estás proporcionando. […] Se acercaron a saludarme espontánea y amablemente.

A Mileva, durante su visita a Zúrich, 8 de abril de 1916. CPAE , vol. 8, doc. 211.

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