Lista de Poemas
Buscar la paz y preparar la guerra son completamente incompatibles. […] Las armas sólo se deben confiar a una autoridad internacional.
No es necesario que el descubrimiento de una reacción en cadena nuclear conduzca a la destrucción de la humanidad, como tampoco lo hizo el descubrimiento de las cerillas.
La carrera armamentística no es una manera de prevenir la guerra. Cada paso en esta dirección nos acerca a la catástrofe. […] Vuelvo a repetir que el armamento no es una protección contra la guerra, sino que conduce inevitablemente a la guerra.
Si [el esfuerzo para producir la bomba de hidrógeno] tiene éxito, se habrá conseguido que el envenenamiento radiactivo de la atmósfera, y con ello la aniquilación de la vida en la Tierra, se encuentre dentro del alcance de lo técnicamente posible.
Nunca he realizado ninguna investigación que tenga relación con la producción de la bomba atómica. Mi única contribución en este campo fue que en 1905 establecí la relación entre masa y energía, una verdad sobre el mundo físico de una naturaleza muy general y cuyas posibles conexiones con el potencial militar eran completamente ajenas a mis pensamientos.
Mientras se busque la seguridad a través del armamento nacional, no es probable que ningún país renuncie a ningún arma que parezca que puede prometerle la victoria en caso de guerra. En mi opinión, sólo se puede lograr la seguridad a través de la renuncia a toda defensa militar nacional.
La creación de los Estados Unidos de Europa es una necesidad económica y política. Aunque resulta difícilmente predecible si contribuirá a la estabilización de la paz internacional. Creo más bien que sí.
No sé [qué armas se usarán en la Tercera Guerra Mundial]. Pero puedo decirle cuáles se usarán en la Cuarta: ¡piedras!
Es cierto que los adelantos realizados en física han hecho posible la aplicación de los resultados científicos con objetivos técnicos y militares que implican un gran peligro. No obstante, la responsabilidad radica en los que hacen uso de las nuevas herramientas y no en los que han contribuido al progreso del conocimiento: en consecuencia, en los políticos y no en los científicos.
Los científicos, cuyo destino trágico ha sido contribuir a que los métodos de aniquilación sean aún más terribles y efectivos, debemos considerar nuestro deber solemne y trascendental hacer todo lo que esté en nuestro poder para evitar que dichas armas sean usadas con el propósito brutal para el que fueron inventadas.
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