A Los Que Lamentaron Mi Supuesta Muerte La Muerta Agradecida
El corazón, amigos, palpitante
como otras veces en mi pecho siento;
mas al oír vuestro piadoso acento
sobre las nubes me soñé un instante.
Juzgué más claro el sol, menos distante,
vi espíritus celestes en el viento
y en la estrella que más resplandecía
vi confusa la imagen de María.
Los colores, la luz, aire, el ruido,
todo más bello que en la tierra era,
y aquel mundo con gloria verdadera
le brindaba a mi espíritu embebido.
Pero con ser del alma tan querido
el cielo que de muertos nos espera,
esa dicha, medrosa rechazando,
de mi ilusión me desperté temblando.
Dios quiere que aun el día no llegado
a mi vida en su plazo, todavía;
resignación le falte al alma mía
para dejar mi triste suelo amado.
Amo a los corazones que me han dado,
pena, placer, tristezas, alegría;
amo al árbol, al río, a la pradera
y amo a mi dulce lira compañera.
Vendrá colmado de dolor, acaso,
el porvenir que a mi existencia aguarda
y de la muerte en su carrera tarda,
tal vez acuse el perezoso paso.
Mas nunca Dios el sufrimiento escaso
nos da, cuando el descanso nos retarda,
y mi término corto o prolongado
siempre estará por el bien señalado.
Mas, en tanto que treguas a mi vida
le place conceder al poderoso,
escuchad de una muerta agradecida
el acento que exhala cariñoso;
Sabed que de una voz dulce y sentida
a mí llegando el eco generoso,
vuestra memoria de amistad bendita
deja en mi corazón con llanto escrita.
A Santa Teresa
Dulce Teresa, virgen adorada
que estás entre los ángeles del cielo,
la que ceñistes el sagrado velo
de las castas esposas del Señor:
tú pasaste tus horas como el justo
en santa paz y religiosa calma,
volando al ciclo con gloriosa palma
arrebatada en alas del fervor.
Yo tu divina
célica gloria
a tu memoria
quiero cantar.
Dulce Teresa
de Dios querida,
a bendecida
en sacro altar.
Tú desdeñastes la engañosa pompa
el falso brillo que al mortal rodea,
que el hombre débil en su mente crea
para halagar su loca vanidad;
y amaste la virtud y a un Dios amaste
devolviéndole un alma de pureza
porque admiraste ¡oh Virgen! su grandeza
y escuchastes la voz de la verdad.
Dulce Teresa
de Dios querida,
la bendecida
en sacro altar.
Yo tu divina
célica gloria
a tu memoria
quiero cantar.
Tú cantaste la gloria aquí en la tierra
y eras del mundo celestial encanto,
ahora ves en el trono sacrosanto
cercado de querubes tu laúd:
Teresa de Jesús, alma bendita,
oye piadosa desde el rico asiento
este sencillo y fervoroso acento
que consagro a tu fúlgida virtud.
Yo tu divina
célica gloria
a tu memoria
quiero cantar:
Dulce Teresa
de Dios querida,
la bendecida
en sacro altar.
Al Liceo De Badajoz
Vamos a vindicar de Extremadura
la capital oscura
y a levantar en palmas, extremeños:
que, por Dios es vergüenza,
que otra ciudad nos venga
siendo de igual poder nosotros dueños.
Vamos a levantarla como espuma,
la pereza que abruma
los talentos brillantes sacudiendo;
y un mentís de tal modo
a dar al reino todo
que está de nuestra inercia sonriendo.
Porque los ojos fijos en la tierra,
que ilustre cuna encierra
del más valiente capitán del mundo,
España atentamente
siempre aguarda impaciente
nuevas llores de suelo tan fecundo.
Porque tuvimos héroes esforzados,
vernos quiere ilustrados;
porque tuvimos sabios y poetas
nos piden ciencia y canto;
y nosotros, en tanto,
¿mudos dejamos nuestras glorias quietas?
Juventud numerosa en torno veo
que en ardiente deseo
de aspirar a saber arde y se inflama;
juventud animosa
que vuela hoy presurosa
donde la voz de ilustración la llama.
No ha menester buscar en otro suelo
la juventud modelo
para trazar creaciones inmortales;
que en la ciudad oscura,
si adora la pintura,
tiene en soberbio altar al gran Morales.
Si de otros genios las carreras bellas,
quiere andar por sus huellas,
no ha menester cruzar tierras lejanas,
que un siglo solamente
presenta en nuestra gente
Donosos, Esproncedas y Quintanas.
En las armas, las letras y las artes,
cunden por todas partes,
de ingenios extremeños las victorias
y nuestros pueblos sólo
los más rudos del polo,
¿habrán de desdeñar tan altas glorias?
¡Tierra bendita, donde brotan, crecen,
se ensanchan y florecen
los más hermosos troncos de Castilla;
las fuerzas te ofrecemos
con que cultivo demos
a tu nueva y riquísima semilla!
Ábranse libros, ármense pinceles,
y acudan los donceles
en esta lid a conquistar hazañas;
y vosotras doncellas
no os esquivéis por bellas,
que ya no sois a este recinto extrañas.
En danzas y festines os han visto,
y no es, por Jesucristo,
la danza y el festín más inocente
que la bella pintura,
que la música pura,
y la rima sonora y elocuente.
Dejad atrás preocupaciones viejas,
dejad rancias consejas,
mostrad, si lo tenéis, ingenio hermoso;
que sólo el vicio feo,
y no el útil recreo
es en las damas malo y vergonzoso.
Venid, todos venid: de Extremadura
la capital oscura
a vindicar con vuestro celo ardiente:
y a esta ciudad ufana,
tal vez, puedan mañana
cuna llamar de la discreta gente.
¡Constancia! ¡aplicación! yo la primera
alumna placentera
vuestras lecciones aprender deseo,
y hoy con mi débil canto
por beneficio tanto,
saludo a los señores del Liceo.
Una Fiesta Dedicada A La Reina Gobernadora
Ya el enemigo de la patria mía,
el genio de la guerra destructora
dobla rabioso la falange impía
ante la paz gloriosa y vencedora.
Cesó el llanto y la sangre y la agonía
que derramó la espada vengadora
y tras del triste y pavoroso día
luce risueña suspirada aurora.
Ya de Cristina el genio prepotente
venció de Carlos la arrogancia altiva,
que doblegando la orgullosa frente
el ramo ofrece de apacible oliva;
cantemos, o Cristina, la victoria,
que a España da la paz, y a vos la Gloria.
En El Álbum De Una Dama Para La Cual Se Pidan Elogios Sin Conocerla
De tus ojos, bella Flora,
muy bella será la llama,
cuando aquí llega la fama
de su brillo y su beldad,
Y cuando yo desdeñando
de la envidia los enojos,
la hermosura de tus ojos
celebro en mi soledad.
Yo declaro, aunque no he visto
la belleza de tu cara,
que ninguna estrella clara
tiene tanto resplandor,
Y que el mismo sol ardiente
con tener matices rojos,
si se presentan tus ojos
pierde al mirarte el color.
Y yo sin verte declaro,
por solo presentimiento,
que eres de gracias portento,
un tesoro de bondad,
Y que faltando a mi mente
una musa protectora,
invoco en mis versos, Flora,
por numen a tu deidad.
¡Ay! yo quisiera decirte
cuánto tu rostro merece...
pero, Flora, son ya trece
Los Álbumes que hoy firmé;
Y de mi numen escaso
gasté tantos consonantes,
que las perlas y brillantes
de su tesoro agoté.
¡Ojalá que tú primero
me dieras el Álbum, Flora,
y no me encontrara ahora
tan exhausta para ti!;
Mas tú serás la postrera
ya que la suerte lo quiere;
para los Álbumes muere
quien pone su firma aquí.
Versos Improvisados Con Varios Motivos La Empresa Del Ferrocarril De Extremadura
Bien llegados a España, caballeros.
Esta joven nación, su tierra pura
os brinda a los amigos extranjeros
que lecciones la ofrecen de cultura:
por el terso carril marchen ligeros
los hijos de la rica Extremadura,
vuestras artes, y ciencias y portentos
a igualar y vencer con sus talentos.
¡O mi pueblo, sencillo patriarca
tan agreste pacífico y tan rudo,
de ferrados-carriles tu comarca
van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo
buey que sus pasos por minutos marca
¡rodará gran vapor!... ¿Quién tanto pudo?
¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento
pone a tan bella fábrica el cimiento?
Hay una tierra, en medio el Océano
donde O''Connell nació y a Byron cuenta,
¿qué reino hallar más fuerte y soberano
que la patria feliz que a ambos alienta?
Pues ya del genio y del poder Britano
tanto el raudal inmenso se acrecienta
que sus diques rompiendo a inundar pasa
el virgen suelo que de sed se abrasa.
Ya corren hasta aquí sus manantiales;
ya el campo bebe su copioso riego;
ya florecen brillando a sus cristales
el extremeño prado y el manchego.
¡Ay! los que tal pobreza y tantos males
en la guerrera lucha a sangre y fuego,
soportaron pacientes, ¿cómo ahora,
dicha comprenderán tan seductora?
Agriado el corazón por los azares,
perdida en desengaños la esperanza,
nada aguardamos ya sino pesares,
sólo en el mal tenemos confianza;
por eso hacia la gente de los mares
torva la vista, y suspicaz se lanza
y rechazando el bien porque suspira
responde el español: «Fraude, mentira».
Empero, no a los hijos de Bretaña
que nos tendieron las amigas manos
cuando el Coloso amenazó a la España
deben temer los nobles castellanos;
antes bien recordar la fiel campaña
que hicieron los dos reinos como hermanos
para que aliento infunda a la memoria
de Wellington su lauro y nuestra gloria.
¡Por qué ese recelar eterno y triste!
¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!
¡Por qué así nuestro espíritu reviste
con su negro color el blanco cielo!
Tal vez el hado en el rencor desiste
con que siguió nuestro cefrado suelo,
y su primer sonrisa alegremente
nos muestra en el camino reluciente.
¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!
¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes
pavimentos darán con su corteza,
moradas ornarán con sus ramajes!;
cuántos pueblos, alzando la cabeza
por contestar de Europa a los ultrajes
«venid aquí dirán pueblos hambrientos,
¡que nosotros estamos opulentos!»
En Un Álbum Donde Quería Que Le Expresara Quién Fue El Inventor Del Álbum
¿Quién inventó la poesía?
Y ¿quién los Álbumes hizo?
A la primera el demonio,
a los segundos su hijo.
En Otro
¿Verdad que es triste que en el mundo todo
ceda a la ley de su exterminio fija;
No es verdad que es muy triste que se acaben
la juventud y la pasión, la vida
que la beldad perezca y los amores
y que la gloria al fin también se rinda?
¿Qué cosa mirarán los ojos nuestros
que no tenga a su lado la ruina,
siquiera tronos esplendentes sean,
siquiera rocas de eminente cima?
Solamente los Álbumes, señora,
esa calamidad de nuestros días;
los Álbumes tan sólo son eternos
¡y eterna del poeta la desdicha!
En Un Álbum Que Llegó Después De Haber Firmado Otros Cuatro Aquel Día
¡Vive Dios que es el siglo diez y nueve
de Álbumes tan fecundo semillero,
que a formarlos parece que se atreve,
el mismo Satanás hecho librero!
Así cuando al infierno se los lleve
para quemar allá a todo coplero,
luciremos con luces tan brillantes
que chispas brotarán los consonantes.
En El Álbum De Una Señora Que Pedía Versos Largos Y Cortos
Los versos más largos y aquéllos más cortos
que tengan del arte las reglas concisas,
señora, aunque sean horribles abortos
decís que queréis en letras precisas;
Vos
Ni
Dios
A
Mi musa ignorante de tales hazañas
inspiran, señora, el grande talento
de hacer en el Álbum, con formas extrañas,
la rara poesía del genio portento
Que
Yo
No
Sé.