En El Álbum De Una Señora Que Deseaba Que Se Pusiera Su Nombre Dentro De Una Octava
Para ponerte, como pides dentro,
sin que te escapes de la floja octava,
es preciso mirar cómo se clava
tu nombre, Pepa Juana, aquí en el centro:
si por fortuna consonante encuentro
para otro verso que termine en ava,
en esta octava que tu nombre encierra
quedas como debajo de la tierra.
En El Álbum De Una Señora Que Quería Que Acabasen Los Consonantes En Ío Y En Ía
Señora, un Álbum cuando yo me río
por la extraña y ridícula manía,
de escribir en los Álbumes poesía
teniendo tan mal genio como el mío;
ya que no encuentre consonante en ío,
ya que no acierte a rematarlo en ía,
un dolor soberano de cabeza
me ha costado escribir esta simpleza.
En El Álbum De Una Que No Quería Más Que La Firma
Ruéganme que sin enojo
estampe mi firma aquí;
tomo la pluma, la mojo,
sacúdola y hago así.
En Un Álbum De Una Señora Que Quería Que Se Dijese Algo Acerca De La Desgracia De Ser Mujer
¡Oh Dios! nacer mujer es triste cosa,
desventurada suerte nos rodea,
¡Ay infeliz de la que nace hermosa!
Y ¡ay infeliz de la que nace fea!
En Un Álbum Donde Había Escrito Dumas Este Verso Francés
EN UN ÁLBUM DONDE HABÍA ESCRITO DUMAS ESTE VERSO FRANCÉS
Dios me ayude para encontrar en España la palabra que busco
La palabra que Dumas no encontraba
es el nombre de ingrato, que merece;
España a Dumas de favor colmado
y él en pago la insulta y la escarnece.
En Un Álbum Donde Hartzenbusch Había Escrito
«Quiero escribir mi insuficiencia toco
principio y ceso de lo malo poco».
Y yo que no sé hacer dos versos buenos
aún debo escribir menos.
En Un Álbum Que Me Presentaron Cuando Estaba Contemplando Una Hermosa Tarde
La tarde va a expirar... lejano y tibio
el sol ya terminando su carrera
en las tranquilas aguas reverbera
su postrimera luz:
Y los alegres pájaros meciendo
entre las ondas sus pintadas plumas,
hacen saltar las cándidas espumas
con su leve chapuz.
Y las flores que lánguidas doblaron
el mustio cuello en el calor del día,
se alzan risueñas a la luz sombría
del sol que hundido
está.
La tarde va a expirar... la luna apenas
entre la luz y sombras indecisas
en la azulada esfera se divisa
con vaga claridad.
Murmura el viento entre el ramaje espeso
las amarillas hojas arrastrando,
y en la faz de las aguas resbalando
con leve agitación.
Pardas tinieblas el espacio hienden
que oscurecen el cielo por instantes;
cruzan las aves de la noche errantes
en vaga confusión.
Ésta es la hora de la amante cita
que doy a los espíritus divinos;
con los últimos rayos vespertinos
vengo a la soledad.
Para escribir los místicos cantares
que estas horas inspiran a mi alma
he menester las hojas de una palma
llena de santidad.
Llevad lejos de mí libros profanos
que me fatigan los dolientes ojos,
y sus pinturas que me dan enojos
llevad lejos de mí;
Porque estas horas tristes de la tarde
a contemplar el cielo las dedico
yel corazón amante mortifico
con escribir aquí.
En El Álbum De Un Pedante
Aqueses mountinos
Qui tá haütes soun.
Doundines,
Qui tá haütes soun,
Doundoun,
M'empechen de béde
Mas amours oüin soun,
Doundene
Mas amours oün soun,
Doundoun.
Buen lector, si eso es francés
o griego, tú lo sabrás,
a mí me basta no más,
saber que epígrafe es.
Yo sé que presta grandeza
a toda composición
un extranjero renglón
colocado a la cabeza,
Y de un libro que no entiendo
ese pedazo copié
para que esplendor le dé
a lo que estoy escribiendo.
Si ésos son versos de Homero,
con que cite su poesía,
dirán que tiene la mía
mucho espíritu guerrero.
Si versos hebreos son
ese dundun y dundene
¡qué sabor bíblico tiene,
dirán, la composición!
Si de Virgilio ¡Oh ventura!
¡Qué armonía imitativa!
tendrán los versos que escriba!
¡Qué suavidad, qué dulzura!
No trace usted, D. Fermín,
por la Virgen, ni un renglón
sin tener a prevención
alguna cosa en latín.
Aunque ignore el castellano
ponga usted algo de griego,
buen amigo y deje luego
correr sin miedo la mano.
Si a un trozo de la Iliada
arrima sus garabatos,
no faltarán literatos
que le den una palmada.
¡Cómo si brotando, al fin,
bajo una hermosa palmera
menos miserable fuera
el espinillo ruin!
Mas pues así lo han dispuesto
los hombres de nuestros días,
ahí cuatro galimatías
escribo, y cumplo con esto.
Así de mi erudición
ninguno podrá dudar
cuando me vea citar
ese dundun o dondon,
Que no me importa que esté
en francés, árabe o chino:
yo en un viejo pergamino
lo vi escrito y lo copié.
La Alegría Del Poeta Escribiendo En Un Álbum
Levanta lira caída;
ven, que el dolor te convida
con mil tonos acordados
tengan también en la vida
su fiesta los desdichados.
No temas ¡oh!que en tu acento
vaya el mundo a sorprender
vuestro ignorado tormento...
lo mismo ha de comprender
tu canción que mi lamento.
¿Qué sabe si son gemidos,
canto risa, imprecaciones
lo que en mis trovas he oído?
La turba escucha el sonido
sin sentir sus vibraciones.
Y si al fin para ella iguales
son mis dichas y mis males,
alégrala con gemidos,
y broten en cien raudales
mis pesares comprimidos.
El mundo, arpa mía, en tanto
torpe nos envidiará
el ignorado quebranto:
¡Y en cambio de nuestro canto
sus aplausos nos dará!
Así el ciego musiquillo
discorde violín pulsando,
con monótono estribillo,
marcha su infantil corrillo
por las calles alegrando.
Canta, y su voz tembladora
el pecho anciano quebranta;
el niño que aplaude, ignora
que es más grande que el que llora
¡El infortunio que canta!
En El Álbum De Un Clásico Moderno
¡Gracias, señor, gracias mil!
¡Ah siglo... dichosa suerte!
Ya nuestra edad se convierte
en bella edad infantil.
Ya en vez de los lagrimones
de romántico dolor,
los ojos del trovador
brotan risa a borbotones,
Ya a la sombra del ciprés
vagos, errantes, inquietos,
no nos traen los esqueletos
arrastrando por los pies.
Ni frenéticos en pos
de la muerte anhelan ir,
que a todos hacen vivir
el santo temor de Dios.
Murió la fatalidad,
los venenos se agotaron;
y los espectros cruzaron
huyendo la inmensidad.
Ya todo es risa, placer;
y pronto los pastorcillos
con sus tiernos caramillos
y el rebaño, han de volver.
¡Qué risa ver convertido
en un alegre zagal,
en la pradera dormido
a aquél que tanto ha gemido
sobre el arpa funeral!
¡Qué risa será escuchar
al son del tosco rabel
suave, amoroso cantar
a aquella boca de hiel
que ayer nos hizo temblar!
¡Qué risa ver sus amadas
ayer mustias y amarillas,
mañana frescas, sencillas
tejiendo en las enramadas
guirnaldas de florecillas!
¡Qué risa será mirar
en el verde prado, ameno
el arroyuelo saltar
y en su espejo contemplar
el propio rostro sereno!
¡Qué risa hurtarle sus nidos
al mirlo y al ruiseñor,
y verlos como aturdidos
con sus trinos doloridos
nos vuelan en derredor!...
Gracias señor, gracias mil;
¡Ah siglo! dichosa suerte,
si nuestra edad se convierte
en bella edad pastoril;
Si en pos de las maldiciones,
del romántico furor,
viene el alegre pastor
con su flauta y sus canciones.