Lista de Poemas

La Estrella Poema De Niebla

LA ESTRELLA

poema de niebla


Para Anne Sten


Labios como el sabor del viento en el invierno,

dientes jóvenes de luna consentida en la llama del abrazo.

Se endurecía la noche en tu garganta.

Espacio duro de tus senos. Amarilla y quemada,

la inesperada sombra de tus piernas en la alas de los
pájaros

cuando tus dedos en un juego de látigos

hendían prisas de frío.

Que nos perdonen las sábanas lunares de los árboles

y el sueño arrebatado a las estatuas,

y el agua estremecida con la caída

del deseo. Tenías los ojos limpios, Andrea.

La estrella de tu frente como herida de vino,

enferma, detenida en mi boca.

Había un mundo de silencio en tu cuerpo,

como si la muerte se hubiese mirado en un espejo

o varias rosas en agonía hubieran imaginado

un paraíso de nieve o de cristales.


(Ahí perdura solamente lo desconocido

que nuestros labios apagaron.

El recuerdo es materia de belleza poseída y escrita

en páginas en las que un poco de amor pasó rozando.

Como el recuerdo gritarían las cabelleras

mojadas en acuarelas de angustia.

Así serían las voces de os aires helados
fundiéndose

en las aristas de una montaña de bronce).


Te corría por la espalda una gota de sangre

de mis venas. La noche, con la niebla

y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba

cambiar su propia ruta.

Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.


Exprimidas las horas como cerezas en nuestros labios,

apenas un instante de tus hombros

se deslizó en mi sueño.

826

Eunice

Día y noche, pero
Más noche que día,
Eunice dialoga y riñe
Con los altos mastines.
Palabras y ladridos,
De arriba abajo,
De abajo arriba.

A una hora cierta
Triunfa green eyes Eunice.
Palabras y ladridos.
Los hocicos se cierran.
Eunice duerme.
La noche se eterniza.

Salimos de su casa
Con un alba rabiosa
Mordiéndonos las nalgas.
695

Estrella En Alto

En el taller del alma maduran los deseos,
crece, fresca y lozana, la ternura,
imitando tu sombra,
inventando tu ausencia
tan honda y sostenida.

Hoy te sueño,
amante:
estrella en alto, huella
de una violeta lenta.

Oscuramente bella la soledad germina en torno de mi cuerpo.
Hoy te sueño, amante:
jugamos a la brisa y al frío.
Tu nombre suena
como tibia pureza inimitable.

Y del cielo a la tierra,
de aquella estrella en alto al dulce ruido de tu pecho,
bajan con inefable rapidez
y como espuma roja
apresurados besos,
recios besos,
crueles besos de hielo en mi memoria.

Un grito de agonía, una blasfemia
vuelve grises tus senos,
y mi sueño,
y esa noble fragancia de tu sexo.
¿Qué esperamos, hermana,
de esta reciente aurora
que nos fatiga tanto?
Mira la estrella,
es blanca, no es azul.
Mírala, y que tus ojos perduren como rosas perfectas.
693

Esa Sangre

No la veo; no me baña su doloroso color,
ni la oigo correr sobre las piedras,
ni mis manos la tocan,
ni mis cabellos se oscurecen,
ni siquiera mis huesos se ponen amarillos,
ni aun mi saliva es verde, amarga y pálida.

No la he visto. No. No la he sentido
en mi propia sangre revolotear
como pájaro perdido, llorando
o nada más en busca de descanso.

Es horrible que no llueva sangre española
sobre las ciudades de América
como sangre de toros embistiendo
o lágrimas de águilas.

Pero sí, sí la veo, sí corre
por el cielo de mi ciudad,
sí la tocan mis manos,
sí mis cabellos oscurecen de miedo,
sí mi boca es una herida espantosa
y mis huesos roja pesadumbre.

La he visto, la he tocado
con mis propios asustadizos dedos,
y todavía estoy quejándome de pena,
de noche, de nostalgia.

Yo soy testigo de esa sangre.

Puedo decir que hablé con ella
como un árbol ensangrentado
con una casa deshabitada;
puedo decir a los incrédulos
que en su corriente iban,
secos, mudos, ojos y ojos de jóvenes,
ojos y ojos de niños,
manos, manos de ancianos,
y vientres prodigiosos de muchachas,
y brazos prodigiosos de muchachos,
y mucho, muchísimo dolor,
y dientes españoles,
y sangre, siempre sangre.

Yo era. Yo era simplemente
antes de ver esa sangre.
Ahora soy, estoy, completo,
desamparado, ensordecido,
demasiado muerto para poder, después,
ver con serenidad ramos de rosas
y hablar de las orquídeas.

Yo soy testigo de esa sangre,
de esas palomas, de esos geranios,
de esos ojos con sal,
de aquellos mustios vientres
y sexos apagados.

Yo soy, testigo muerto, testigo de la sangre
derramada en España,
reverdecida en México
y viva en mi dolor.
639

La Muchacha Ebria

Este lánguido caer en brazos de una desconocida,
esta brutal tarea de pisotear mariposas y sombras y cadáveres;
este pensarse árbol, botella o chorro de alcohol,
huella de pie dormido, navaja verde o negra;
este instante durísimo en que una muchacha grita,
gesticula y sueña por una virtud que nunca fue la suya.
Todo esto no es sino la noche,
sino la noche grávida de sangre y leche,
de niños que se asfixian,
de mujeres carbonizadas
y varones morenos de soledad
y misterioso, sofocante desgaste.
Sino la noche de la muchacha ebria
cuyos gritos de rabia y melancolía
me hirieron como el llanto purísimo,
como las náuseas y el rencor,
como el abandono y la voz de las mendigas.

Lo triste es este llanto, amigos, hecho de vidrio molido
y fúnebres gardenias despedazadas en el umbral de las cantinas,
llanto y sudor molidos, en que hombres desnudos, con sólo negra barba
y feas manos de miel se bañan sin angustia, sin tristeza:
llanto ebrio, lágrimas de claveles, de tabernas enmohecidas,
de la muchacha que se embriaga sin tedio ni pesadumbre,
de la muchacha que una noche —y era una santa noche—
me entregara su corazón derretido,
sus manos de agua caliente, césped, seda,
sus pensamientos tan parecidos a pájaros muertos,
sus torpes arrebatos de ternura,
su boca que sabía a taza mordida por dientes de borrachos,
su pecho suave como una mejilla con fiebre,
y sus brazos y piernas con tatuajes,
y su naciente tuberculosis,
y su dormido sexo de orquídea martirizada.

Ah la muchacha ebria, la muchacha del sonreír estúpido
y la generosidad en la punta de los dedos,
la muchacha de la confiada, inefable ternura para un hombre,
como yo, escapado apenas de la violencia amorosa.
Este tierno recuerdo siempre será una lámpara frente a mis ojos,
una fecha sangrienta y abatida.

¡Por la muchacha ebria, amigos míos!
2.899

Comentarios (0)

ShareOn Facebook WhatsApp X
Iniciar sesión para publicar un comentario.

NoComments

Identificación y contexto básico

Efraín Huerta, conocido popularmente como "El Ciano", fue un poeta, periodista y activista político mexicano, nacido el 18 de junio de 1914 en Ciudad de México. Murió el 3 de noviembre de 1982 en la misma ciudad. Escribió en español y vivió gran parte del siglo XX, un periodo de intensos cambios sociales y políticos en México.

Infancia y formación

Nació en el seno de una familia humilde. A pesar de las dificultades económicas, mostró desde joven una gran inquietud intelectual y literaria. Fue autodidacta en gran medida, pero su militancia política y su trabajo periodístico le permitieron estar en contacto con diversas realidades y corrientes de pensamiento.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria estuvo intrínsecamente ligada a su activismo político. Comenzó a publicar poesía en revistas y periódicos de izquierda en la década de 1930. Fue fundador de importantes publicaciones como "El Machete" y "La Voz de México". Su obra poética, que se extendió a lo largo de varias décadas, se caracteriza por su evolución y constancia en la defensa de los ideales sociales.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Huerta es eminentemente social y política. Su poesía es un canto a los oprimidos, a los trabajadores, a la lucha por la libertad y la justicia. Utilizó un lenguaje directo, a menudo coloquial, lleno de fuerza y pasión. Temas recurrentes son la desigualdad, la explotación, la resistencia, la dignidad humana y la utopía de un mundo mejor. Su estilo se aleja de las convenciones elitistas para conectar directamente con el sentir popular. Obras destacadas incluyen "Estación de violencia" (1941), "Poesía para jóvenes" (1945), "El mismo amor" (1950) y "Los hombres del alba" (1954).

Contexto cultural e histórico

Vivió y participó activamente en el México de la post-revolución, un periodo marcado por la consolidación de un proyecto nacional y, a la vez, por profundas contradicciones sociales. Fue un miembro prominente del Partido Comunista Mexicano y un intelectual comprometido con las causas populares. Estuvo influenciado por poetas como Pablo Neruda y Nicolás Guillén, y a su vez, su obra dialogó con las inquietudes de su generación y de los movimientos sociales de su tiempo.

Vida personal

"El Ciano" fue una figura querida y respetada en los círculos de izquierda y entre los trabajadores. Su vida estuvo marcada por la militancia, el periodismo y la escritura. Fue un hombre de convicciones firmes, cuya vida personal se entrelazó de manera inseparable con su compromiso social y político.

Reconocimiento y recepción

Aunque su obra tuvo una gran resonancia entre las clases populares y los círculos de izquierda, su reconocimiento académico y oficial tardó en llegar. Sin embargo, con el tiempo, se ha consolidado como uno de los poetas sociales más importantes de México, valorándose su autenticidad, su fuerza expresiva y su compromiso ético.

Influencias y legado

Fue influenciado por la poesía social de Pablo Neruda y la lírica comprometida de otros autores latinoamericanos. Su legado reside en su capacidad para dar voz a los sin voz, en su poesía que es a la vez arte y herramienta de lucha social. Ha influenciado a generaciones de poetas y activistas que buscan una literatura comprometida con la realidad.

Interpretación y análisis crítico

Se ha analizado su poesía como un reflejo de las luchas sociales y políticas de México en el siglo XX, destacando su realismo crudo, su lirismo combativo y su profunda humanidad.

Infancia y formación

El apodo "El Ciano" proviene de su intensa actividad y "colorido" en la lucha política y periodística. Era conocido por su carácter directo y su gran sentido del humor.

Muerte y memoria

Falleció en 1982, dejando un importante legado literario y político. Su memoria se mantiene viva en los corazones de quienes luchan por un mundo más justo y en la obra de los escritores que continúan su tradición de poesía comprometida.