Federico García Lorca

Federico García Lorca

1898–1936 · vivió 38 años ES ES

Federico García Lorca was a Spanish poet and playwright, a leading figure of the Generation of '27. His work, deeply rooted in Andalusian and universal culture, fuses the popular and the learned with unmatched lyrical intensity and dramatic force. Known for his innovative poetic language and his commitment to minorities and social justice, his figure and work transcend time and borders, making him one of the most read and performed Spanish authors worldwide.

n. 1898-06-05, Fuente Vaqueros · m. 1936-08-18, Víznar

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Si Mis Manos Pudieran Deshojar

Yo pronuncio tu nombre
En las noches oscuras
Cuando vienen los astros
A beber en la luna
Y duermen los ramajes
De las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
De pasión y de música.
Loco reloj que canta
Muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
En esta noche oscura,
Y tu nombre me suena
Más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
Y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
Alguna vez? ¿Qué culpa
Tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma
¿Qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
Deshojar a la luna!!
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Biografía

Identificación y contexto básico

Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca fue un poeta, dramaturgo y director de escena español. Nació en Fuente Vaqueros, Granada, el 5 de junio de 1898 y fue asesinado en Víznar, Granada, el 19 de agosto de 1936. Es considerado una de las figuras más importantes de la Generación del 27.

Infancia y formación

Desde niño mostró una gran sensibilidad artística y una profunda conexión con el folclore andaluz. Estudió en la Universidad de Granada, donde cursó Filosofía y Letras y Derecho, y entró en contacto con figuras literarias como Manuel de Falla. Posteriormente, se trasladó a Madrid, donde residió en la Residencia de Estudiantes, un centro de efervescencia cultural donde conoció a Salvador Dalí, Luis Buñuel y Rafael Alberti, entre otros.

Trayectoria literaria

Comenzó a publicar poesía en su juventud, obteniendo reconocimiento con obras como "Canciones" (1927). Su producción dramática adquirió gran notoriedad con estrenos como "Bodas de sangre" (1933) y "Yerma" (1934). Viajó a Nueva York en 1929, experiencia que marcó profundamente su obra posterior, especialmente el "Poeta en Nueva York". Fundó y dirigió el grupo de teatro universitario "La Barraca", con el que recorrió España.

Obra, estilo y características literarias

La obra de García Lorca se caracteriza por la fusión de lo popular y lo culto, la exploración de temas universales como el amor, la muerte, el destino trágico, la injusticia social y la opresión. Su lenguaje poético es rico en metáforas, simbolismo y musicalidad, a menudo inspirado en el cante jondo y la tradición andaluza. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales. Su teatro, de gran fuerza lírica y dramática, aborda conflictos humanos profundos y presenta personajes arquetípicos.

Contexto cultural e histórico

García Lorca vivió en un periodo convulso de la historia española, marcado por la dictadura de Primo de Rivera, la proclamación de la Segunda República y el inicio de la Guerra Civil Española. Perteneció a la Generación del 27, un grupo de poetas que revitalizó la lírica española. Su compromiso con las causas sociales y su defensa de las minorías lo convirtieron en un referente cultural y político.

Vida personal

Fue una figura carismática y culta, con una profunda sensibilidad que se reflejaba en su arte. Su homosexualidad, un tema a menudo velado o implícito en su obra, fue un aspecto de su vida personal que influyó en su visión del mundo y en su empatía hacia los marginados. Mantuvo relaciones de amistad y colaboración con importantes artistas e intelectuales de su tiempo.

Reconocimiento y recepción

En vida, García Lorca gozó de un gran éxito y reconocimiento, tanto en España como en el extranjero. Tras su asesinato, su figura se convirtió en un símbolo de la barbarie y la represión. Su obra ha sido objeto de estudio y admiración continua, consolidándose como uno de los pilares de la literatura en lengua española.

Influencias y legado

Fue influenciado por la tradición popular andaluza, la poesía clásica española y las vanguardias europeas. Su legado es inmenso: inspiró a innumerables poetas, dramaturgos y artistas. Su obra ha sido traducida a múltiples idiomas y adaptada al cine, la música y el teatro, manteniendo una vigencia extraordinaria.

Interpretación y análisis crítico

Su obra ha sido objeto de múltiples interpretaciones, destacando su análisis de la frustración, la represión de los instintos y la lucha del individuo contra las fuerzas opresoras (sociales, morales o cósmicas). Sus poemas y obras de teatro son ricos en simbolismo y en la exploración de la condición humana.

Infancia y formación

Además de su faceta literaria, García Lorca poseía un gran talento para la música y el dibujo. Su viaje a Cuba, documentado en su libro "Titeres de cachiporra", también enriqueció su visión del mundo y su producción artística.

Muerte y memoria

Fue fusilado al comienzo de la Guerra Civil Española, víctima de la represión franquista. Su muerte prematura y violenta añadió una dimensión trágica a su figura y obra. Su memoria es mantenida viva a través de instituciones, publicaciones y la continua representación de su teatro y lectura de su poesía.

Poemas

147

Los Reyes De La Baraja

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.
786

Gloria: Oro, Incienso Y Mirra

Fresquísimas violas.
Bandadas de rubores levantados
por este don de lágrimas que enlaza
la muchedumbre de las viejecillas
con la niña y el niño de mi frente.

Fresquísimas violas. Sí. Del aire,
del aire por el aire sin tu cristal,
coros en aspa fija en un punto.
663

Nana De Sevilla

Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.

Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una.
751

Canción Del Mariquita

El mariquita se peina
en su peinador de seda.

Los vecinos se sonríen
en sus ventanas postreras.

El mariquita organiza
los bucles de su cabeza.

Por los patios gritan loros,
surtidores y planetas.

El mariquita se adorna
con un jazmín sinvergüenza.

La tarde se pone extraña
de peines y enredaderas.

El escándalo temblaba
rayado como una cebra.

¡Los mariquitas del Sur,
cantan en las azoteas!
853

Nana

Duérmete, niñito mío,
que tu madre no está en casa;
que se la llevó la Virgen
de compañera a su casa.
1.006

Los Cuatro Muleros

De los cuatro muleros
que van al campo,
el de la mula torda,
moreno y alto.
1.124

Alma Ausente

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.
819

Cuerpo Presente

La piedra es una frente donde los sueños gimen
sin tener agua curva ni cipreses helados,
La piedra es una espalda para llevar al tiempo
con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

Yo he visto lluvias grises hacia las olas
levantando sus tiernos brazos acribillados,
para no ser cazadas por la piedra tendida
que desata sus miembros sin empapar la sangre.

Porque la piedra coge simientes y nublados,
esqueletos de alondras y lobos de penumbra;
pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego,
sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido.
Ya se acabó; ¿que pasa? Contemplad su figura:
la muerte le ha cubierto de pálidos azufres
y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca.
El aire como loco deja su pecho hundido,
y el Amor, empapado con lágrimas de nieve,
se calienta en la cumbre de las ganaderías.

¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa.
Estamos con un cuerpo presente que se esfuma,
con una forma clara que tuvo ruiseñores
y la vemos llenarse de agujeros sin fondo.

¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice!
Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón,
ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente:
aquí no quiero más que los ojos redondos
para ver ese cuerpo sin posible descanso.

Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos:
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.
Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen donde está la salida
para este capitán atado por la muerte.

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río
que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.

Que se pierda en la plaza redonda de la luna
que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado.

No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
732

La Cogida Y La Muerte

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en Punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
958

La Sangre Derramada

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

¡Que no quiero verla!

La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.

¡Que no quiero verla!

Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!

¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.

¡Que no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.

¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!

Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡¡Yo no quiero verla!!
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