Lista de Poemas

Soneto Xviii

Si a vuestra voluntad yo soy de cera,
y por sol tengo sólo vuestra vista,
la cual a quien no inflama o no conquista
con su mirar, es de sentido fuera;

¿de do viene una cosa, que, si fuera
menos veces de mí probada y vista,
según parece que a razón resista,
a mi sentido mismo no creyera?

Y es que yo soy de lejos inflamado
de vuestra ardiente vista y encendido
tanto, que en vida me sostengo apenas;

mas si de cerca soy acometido
de vuestros ojos, luego siento helado
cuajárseme la sangre por las venas.
544

Soneto Xix

Julio, después que me partí llorando
de quien jamás mi pensamiento parte,
y dejé de mi alma aquella parte
que al cuerpo vida y fuerza estaba dando,

de mi bien a mí mismo voy tomando
estrecha cuenta, y siento de tal arte
faltarme todo el bien, que temo en parte
que ha de faltarme el aire sospirando;

y con este temor mi lengua prueba
a razonar con vos, oh dulce amigo,
del amarga memoria de aquel día

en que yo comencé como testigo
a poder dar, del alma vuestra, nueva
y a saberla de vos del alma mía.
489

Soneto Xvi

No las francesas armas odïosas,
en contra puestas del airado pecho,
ni en los guardados muros con pertecho
los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas,
ni aquel fiero rüido contrahecho
de aquel que para Júpiter fue hecho,
por manos de Vulcano artificiosas,

pudieron, aunque más yo me ofrecía
a los peligros de la dura guerra,
quitar una hora sola de mi hado.

Mas infición del aire en sólo un día
me quitó el mundo, y me ha en ti sepultado,
Parténope, tan lejos de mi tierra.
568

Soneto Xvii

Pensando que el camino iba derecho,
vine a parar en tanta desventura,
que imaginar no puedo, aún con locura,
algo de que esté un rato satisfecho.

El ancho campo me parece estrecho,
la noche clara para mí es escura;
la dulce compañía, amarga y dura,
y duro campo de batalla el lecho.

Del sueño, si hay alguno, aquella parte
sola, que es imagen de la muerte,
se aviene con el alma fatigada.

En fin que como quiera estoy de arte,
que juzgo ya por hora menos fuerte,
aunque en ella me vi, la que es pasada.
518

Soneto Xv

Si quejas y lamentos pueden tanto,
que enfrenaron el curso de los ríos,
y en los diversos montes y sombríos
los árboles movieron con su canto;

si convertieron a escuchar su llanto
los fieros tigres, y peñascos fríos;
si, en fin, con menos casos que los míos
bajaron a los reinos del espanto,

¿por qué no ablandará mi trabajosa
vida, en miseria y lágrimas pasada,
un corazón conmigo endurecido?

Con más piedad debría ser escuchada
la voz del que se llora por perdido
que la del que perdió y llora otra cosa.
437

Soneto Xiv

Como la tierna madre, que el doliente
hijo le está con lágrimas pidiendo
alguna cosa, de la cual comiendo,
sabe que ha de doblarse el mal que siente.

Y aquel piadoso amor no le consiente
que considere el daño que, haciendo
lo que le pide hace, va corriendo
y aplaca el llanto y dobla el accidente,

así a mi enfermo y loco pensamiento,
que en su daño os me pide, yo querría
quitarle este mortal mantenimiento.

Mas pídemele y llora cada día
tanto que cuanto quiere le consiento,
olvidando su muerte, y aun la mía.
554

Soneto Xii

Si para refrenar este deseo
loco, imposible, vano, temeroso,
y guarecer de un mal tan peligroso,
que es darme a entender yo lo que no creo.

No me aprovecha verme cual me veo,
o muy aventurado o muy medroso,
en tanta confusión que nunca oso
fiar el mal de mí que lo poseo,

¿qué me ha de aprovechar ver la pintura
de aquél que con las alas derretidas
cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

y la del que su fuego y su locura
llora entre aquellas plantas conocidas
apenas en el agua resfrïado?
812

Soneto Xiii

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!
618

Soneto X

¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas!

¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas que en tanto bien por vos me vía,
que me habiáis de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
745

Soneto Xi

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
594

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Identificación y contexto básico

Garcilaso de la Vega fue un poeta y militar español, considerado uno de los máximos representantes del Renacimiento en España y un renovador de la poesía castellana. Su figura es fundamental para entender la introducción de las formas y temas de la lírica italiana en la literatura española.

Infancia y formación

Nacido en Toledo, Garcilaso pertenecía a una noble familia toledana. Recibió una esmerada educación humanística propia de su estamento, que incluía el aprendizaje de lenguas clásicas y modernas, música y armas. Esta formación sentó las bases de su sensibilidad y su conocimiento de la tradición literaria grecolatina y renacentista.

Trayectoria literaria

La carrera militar de Garcilaso lo llevó a participar en diversas campañas y estancias en Italia, especialmente en Nápoles, donde entró en contacto directo con la poesía petrarquista y la cultura renacentista italiana. Fue allí donde conoció a poetas y humanistas que influyeron en su obra y donde comenzó a adaptar las formas métricas italianas, como el soneto y la lira, a la lengua castellana. Su obra poética, aunque escasa en volumen, tuvo un impacto revolucionario.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Garcilaso de la Vega se caracteriza por la influencia del petrarquismo, la idealización del amor y la naturaleza, y una profunda melancolía. Sus temas principales son el amor (a menudo platónico y no correspondido), la naturaleza como reflejo del estado anímico del poeta, y la fugacidad del tiempo. Utilizó magistralmente el soneto, la lira y el endecasílabo, formas que introdujo y consolidó en la poesía española. Su estilo es depurado, elegante y musical, con un lenguaje cuidado y una gran sensibilidad expresiva. La "Égloga I" y la "Égloga II" son ejemplos cumbre de su poesía, así como sus sonetos y sus canciones.

Contexto cultural e histórico

Garcilaso vivió durante el reinado de los Reyes Católicos y el inicio del de Carlos I, un período de esplendor y expansión del Imperio español, pero también de tensiones políticas y religiosas. Perteneció a la generación de los Comunitarios, participando en la revuelta de las Comunidades de Castilla. Su obra se enmarca en el Renacimiento español, un movimiento que asimiló las corrientes humanistas y artísticas italianas.

Vida personal

La vida de Garcilaso estuvo marcada por su servicio militar y sus amores. Se casó con Luisa de Zúñiga, pero su relación más significativa desde el punto de vista literario fue su amor platónico por Isabel Freire, una dama portuguesa que inspiró gran parte de su producción lírica, especialmente tras su muerte.

Reconocimiento y recepción

Aunque su producción poética fue limitada y publicada póstumamente, el impacto de Garcilaso fue inmediato y profundo. Su obra se convirtió en modelo para las generaciones posteriores de poetas, y su influencia se extendió a lo largo de los siglos, siendo considerado uno de los pilares de la poesía española.

Influencias y legado

Las principales influencias de Garcilaso fueron Petrarca y los poetas del Renacimiento italiano, así como los autores clásicos grecolatinos. Su legado es inmenso: introdujo y consolidó nuevas formas métricas y una sensibilidad lírica que marcaron la evolución de la poesía en lengua española. Poetas como Fray Luis de León y San Juan de la Cruz recogieron su antorcha poética.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Garcilaso ha sido interpretada como la expresión de un ideal de belleza y perfección, así como del desarraigo y la melancolía del ser humano. Su poesía se sitúa en la encrucijada entre el amor cortés medieval y la concepción renacentista del amor y la belleza.

Infancia y formación

Se sabe que Garcilaso era un excelente músico y que tocaba la vihuela. Su participación en la expedición a Túnez en 1535, donde escribió uno de sus sonetos más célebres, es un ejemplo de la interconexión entre su vida militar y su creación poética.

Muerte y memoria

Garcilaso de la Vega murió en el asedio de la fortaleza de Le Muy, en Provenza, como consecuencia de las heridas sufridas en combate. Su memoria perdura como el poeta que supo fusionar la tradición española con las innovaciones renacentistas, creando una poesía de inigualable belleza y profundidad.