Lista de Poemas

Palimpsesto

A través de las frases
que dices adivino las que callas
como, bajo los versos
de un pergamino antiguo, —mal borradas
por la mano del monje
que para un jefe gótico miniara
en su blancura el trance de un martirio—
aparecen de pronto, reanimadas
por una terca tinta rencorosa,
—a contraluz de un sueño—
las líneas de un colérico epigrama.
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Amor

Para escapar de ti
no bastan ya peldaños,
túneles, aviones,
teléfonos o barcos.
Todo lo que se va
con el hombre que escapa:
el silencio, la voz,
los trenes y los años,
no sirve para huir
de este recinto exacto
—sin horas ni reloj,
sin ventanas ni cuadros—
que a todas partes va
conmigo cuando viajo.

Para escapar de ti
necesito un cansancio
nacido de ti misma:
una duda, un rencor,
la vergüenza de un llanto;
el miedo que me dio
—por ejemplo— poner
sobre tu frágil nombre
la forma impropia y dura
y brusca de mis labios...

El odio que sentí
nacer al mismo tiempo
en ti que nuestro amor,
me hará salir de tu alma
más pronto que la luz,
más deprisa que el sueño,
con mayor precisión
que el ascensor más raudo:
el odio que el amor
esconde entre las manos.
1.854

Sitio

SITIO


La victoire et la nuit, plus cruelles que nous...
RACINE


Penetro al fin en ti,

mujer desmantelada

que —al terminar el sitio—

ya sólo custodiaban

monótonos tambores

y trémulas estatuas.


Penetro en ti, por fin.

Y, entre la luz delgada

que filtran, por momentos,

estrellas y palabras,

encuentro a cada paso

que doy sobre los fríos

peldaños que conducen

al centro de tu alma

—un cuerpo junto a otro—

cien horas degolladas.


Me inclino... Una por una

las reconozco, a tientas.

Contra una jaula exacta

en ésta, oscuramente,

un ruiseñor estuvo

rompiéndose las alas.


En ésa... No sé ya

lo que en esa existencia

apolillada y blanda

moría o principiaba:

esquivas formas truncas,

presencias instantáneas,

deseos incompletos,

dichas decapitadas.


Y pienso: en mí, vencido

y sobre ti, violada,

¿quién izará banderas

ni colgará guirnaldas?

Mujer, fantasmas eran

tus centinelas mudos;

relámpagos de níquel

sus pálidas espadas;

pero las sordas huestes

con que te rodearan

la noche y mis preguntas

también eran fantasmas,

y las furias que bajan

ahora, hacia la muerte,

rodando por los bruscos

peldaños de tu alma,

ceniza solamente

serán en cuanto calles:

ceniza, polvo y sombra,

fantasma de fantasmas...

596

Fuga

FUGA


¡Huyes, pero es de ti!
J. R. Jiménez



Huías... pero era en mí

y de ti quien huías.

¿Cómo? ¿Adónde? ¿Para qué?

Por todo lo que es vial,

ascensor, tragaluz, puerto

para fugarse del hombre

en el hombre: por la voz,

por el pulso, por el sueño,

por los vértigos del cuerpo...

Por todo lo que la vida

ha puesto de catarata

—en el alma y en el alba—

huías... Pero era en mí.

778

Túnel

Una antorcha enemiga
alumbra —mientras duermes— el profundo
túnel que de mi amor a tu alma lleva.

Con invisibles puños
¿qué taciturno guardia la sustenta?
Quiero avanzar... Y me detiene un muro
de colérico sol. Pretendo entonces
retroceder y siento que una puerta
se cierra tras de mí siempre que dudo...

En plena luz me quedo
—trémulo, terco, ciego— imaginando
no más el golpe brusco
con que, al cortar tu sueño,
me arrojará a la aurora, sin antorchas,
otro invisible centinela mudo.
639

Mujer

Para saber la hora
no consultes relojes, sino espejos...

Porque el tiempo mejor pasa en ti misma.
537

Mujer

¿Qué palabras dormidas
en páginas de líricos compendios
—o al contrario, veloces,
de noche —azules, blancas— recorriendo
los tubos de qué eléctricos letreros—
debo resucitar para expresarte,
cielo de un corazón que a nadie aloja,
anuncio incomprensible,
mujer: adivinanza sin secreto?
613

Abril

ABRIL


Esperando la mano de nieve...
BÉCQUER


¿En dónde? ¿En qué lugar

secreto del invierno

está oculto el botón

mecánico, la rosa,

el vals o la mujer

que un dedo sin esfuerzo

debería tocar

para ponerte en marcha,

automático abril

de un año descompuesto?


Lo siento. Estás ya aquí,

junto a mi pensamiento,

como —sobre el cristal

de una ventana oscura—

la exigencia sin voz

de un aletazo terco.

Pero, si salgo a abrir,

lo único que encuentro

es la noche, otra vez:

la noche y el silencio.


¿Palabras? ¿Para qué?

En ellas, por momentos,

creo tocarte al fin,

abril... Pero las digo

—raíz, pájaro, luz—

y me contesta el viento:

invierno; invierno el sol,

y soledad los ecos.


Libros de viaje busco.

Mapas de amor despliego.

A rostros de mujeres

que hace tiempo murieron,

en retratos y en cartas

pregunto cómo eras;

qué nubes o qué alondras

fueron, en otros puertos,

de tu regreso eterno

crédulos mensajeros.


Pero nadie te ha visto

llegar, abril. A nadie

puedo pedir consejo

para esperarte. Nadie

conoce tus andenes,

sino —acaso— este ciego

que pugna por hallar

a tientas, en mis versos,

el secreto botón

que pone en marcha al mundo

cuando vacila el sol

y dudan los inviernos...

1.471

Soledad

SOLEDAD

...sent to be a moment's ornament...
WORDSWORTH

Si das un paso más te quedas sola...

En el umbral de un tiempo

que no es el tuyo aún y no es ya el mío.

Sobre el primer peldaño

de una escalera rápida que nadie

podrá jamás decir si baja o sube.

En el principio de una primavera

que, para tu patético hemisferio,

nunca resultará

sino el reverso casto de un otoño...

Porque la frágil hora

en que tu pie se apoya es un espejo,

si das un paso más te quedas sola.

880

Dédalo

Menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.
Quevedo
DÉDALO

Enterrado vivo

en un infinito

dédalo de espejos,

me oigo, me sigo,

me busco en el liso

muro del silencio.


Pero no me encuentro.


Palpo, escucho, miro.

Por todos los ecos

de este laberinto,

un acento mío

está pretendiendo

llegar a mi oído...


Pero no lo advierto.


Alguien está preso

aquí, en este frío

lúcido recinto,

dédalo de espejos...

Alguien, al que imito.

Si se va, me alejo.

Si regresa, vuelvo.

Si se duerme, sueño.

—«¿Eres tú?», me digo...


Pero no contesto.


Perseguido, herido

por el mismo acento

-que no sé si es mío-

contra el eco mismo

del mismo recuerdo,

en este infinito

dédalo de espejos

enterrado vivo.

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Diana Lizbeth
Diana Lizbeth

En qué fecha escribiste el poema Orquídea??

Identificación y contexto básico

Jaime Torres Bodet fue un polifacético intelectual mexicano, nacido el 17 de febrero de 1902 en la Ciudad de México. Fue poeta, ensayista, diplomático, académico y uno de los pilares de la cultura mexicana del siglo XX. Escribió en español y su vida se desarrolló en un periodo de profunda transformación social y política en México y el mundo.

Infancia y formación

Nació en una familia de clase media. Su padre era de origen francés y su madre mexicana. Recibió una esmerada educación, destacando su vocación temprana por la literatura. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se licenció en Letras.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria comenzó desde joven. En 1921 publicó su primer libro de poemas, 'Fantasías"; a este le siguieron numerosas obras poéticas y ensayos. Fue una figura central en la Generación de 1920, un grupo de escritores que buscaban renovar la literatura mexicana. Su obra evolucionó desde un lirismo inicial hacia una poesía más reflexiva y filosófica.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Torres Bodet abarca poesía, novela y ensayo. En su poesía, destacan temas como el amor, la muerte, la soledad, el tiempo, la memoria y la búsqueda de la identidad. Su estilo es depurado, de gran rigor formal, pero a la vez emotivo y reflexivo. Utilizó el verso libre y formas más tradicionales, siempre con una profunda musicalidad y una cuidada elección léxica. Obras poéticas notables incluyen 'Criptas' (1937), 'Sonetos' (1944), 'Poemas' (1959) y 'Sin fecha' (1962).

Contexto cultural e histórico

Torres Bodet vivió y participó activamente en el México posrevolucionario, un periodo de gran efervescencia cultural y de consolidación de las instituciones artísticas y educativas. Fue Secretario de Educación Pública bajo la presidencia de Miguel Alemán Valdés, impulsando importantes reformas. Además, tuvo una destacada carrera diplomática, representando a México en diversos países y siendo Director General de la UNESCO, donde promovió la cultura y la educación a nivel internacional.

Vida personal

Su vida estuvo marcada por su dedicación a la escritura y a la diplomacia. Mantuvo una estrecha relación con otros intelectuales de su tiempo y se casó con Norma Malson. Su labor como servidor público y promotor cultural le otorgó un gran prestigio.

Reconocimiento y recepción

Recibió numerosos honores y reconocimientos a lo largo de su vida, tanto en México como en el extranjero. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y de El Colegio Nacional. Su obra ha sido objeto de estudio y admiración por parte de críticos y lectores, consolidándose como uno de los poetas fundamentales de la literatura mexicana contemporánea.

Influencias y legado

Fue influenciado por la poesía francesa, el simbolismo y autores como Paul Valéry. A su vez, su obra ha influenciado a generaciones posteriores de poetas mexicanos. Su legado trasciende la literatura, abarcando su crucial labor en la educación y la promoción cultural a nivel mundial.

Interpretación y análisis crítico

Su poesía ha sido interpretada como una meditación constante sobre la fugacidad de la vida, la persistencia de la memoria y la necesidad de encontrar un sentido a la existencia. Su rigor formal y su profundidad reflexiva son puntos clave en el análisis de su obra.

Infancia y formación

Además de su labor como escritor y diplomático, Torres Bodet también se dedicó a la pintura y a la traducción.

Muerte y memoria

Falleció el 13 de mayo de 1974 en la Ciudad de México. Su figura y obra son recordadas como un pilar de la cultura mexicana y un humanista comprometido con el progreso de la humanidad.