Lista de Poemas

Paisaje Espiritual

Perdió mi corazón el entusiasmo
Al penetrar en la mundana liza,
Cual la chispa al caer en la ceniza
Pierde el ardor en fugitivo espasmo.

Sumergido en estúpido marasmo
Mi pensamiento atónito agoniza
O, al revivir, mis fuerzas paraliza
Mostrándome en la acción un vil sarcasmo.

Y aunque no endulcen mi infernal tormento
Ni la Pasión, ni el Arte, ni la Ciencia,
Soporto los ultrajes de la suerte,

Porque en mi alma desolada siento,
El hastío glacial de la existencia
Y el horror infinito de la muerte.
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A Mi Madre

No fuiste una mujer, sino una santa
Que murió de dar vida a un desdichado,
Pues salí de tu seno delicado
Como sale una espina de una planta.

Hoy que tu dulce imagen se levanta
Del fondo de mi lóbrego pasado,
El llanto está a mis ojos asomado,
Los sollozos comprimen mi garganta

Y aunque yazgas trocada en polvo yerto,
Sin ofrecerme bienhechor arrimo,
Como quiera que estés siempre te adoro,

Porque me dice el corazón que has muerto
Por no oírme gemir, como ahora gimo,
Por no verme llorar, como ahora lloro.
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Pax Animæ

No me habléis más de dichas terrenales
Que no ansío gustar. Está ya muerto
Mi corazón, y en su recinto abierto
Sólo entrarán los cuervos sepulcrales.

Del pasado no llevo las señales
Y a veces de que existo no estoy cierto,
Porque es la vida para mí un desierto
Poblado de figuras espectrales.

No veo más que un astro oscurecido
Por brumas de crepúsculo lluvioso,
Y, entre el silencio de sopor profundo,

Tan sólo llega a percibir mi oído
Algo extraño y confuso y misterioso
Que me arrastra muy lejos de este mundo.
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Al Mismo (enviándole Mi Retrato)

No busques tras el mármol de mi frente
Del Ideal la esplendorosa llama
Que hacia el templo marmóreo de la Fama
Encaminó mi paso adolescente;

Ni tras el rojo labio sonriente
La paz del corazón de quien te ama,
Que entre el verdor de la florida rama
Ocúltase la pérfida serpiente.

Despójate de vanas ilusiones,
Clava en mi rostro tu mirada fría
Como su pico el pájaro en el fruto,

Y sólo encontrarás en mis facciones
La indiferencia del que nada ansía
O la fatiga corporal del bruto.
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A Un Amigo (enviándole Los Versos De Leopardi)

¿Eres dichoso? Si tu pecho guarda
Alguna fibra sana todavía,
Reserva el don que mi amistad te envía,
¡El tiempo de apreciarlo nunca tarda!

Mas si cruel destino te acobarda
Y tu espíritu, hundido en la agonía,
Divorciarse del cuerpo sólo ansía
Porque ya nada de la vida aguarda,

Abre ese libro de inmortales hojas,
Donde el genio más triste de la Tierra
—Águila que vivió presa en el lodo—

Te enseñará, rimando sus congojas,
Todo lo grande que el dolor encierra
Y la infinita vanidad de todo.
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Tristissima Nox

Noche de soledad. Rumor confuso
Hace el viento surgir de la arboleda,
Donde su red de transparente seda
Grisácea araña entre las hojas puso.

Del horizonte hasta el confín difuso
La onda marina sollozando rueda
Y, con su forma insólita, remeda
Tritón cansado ante el cerebro iluso.

Mientras del sueño bajo el firme amparo
Todo yace dormido en la penumbra,
Sólo mi pensamiento vela en calma,

Como la llama de escondido faro
Que con sus rayos fúlgidos alumbra
El vacío profundo de mi alma.
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Hércules Y Las Estinfálides

Rosada claridad de luz febea
Baña el cielo de Arcadia. Entre gigantes
Rocas negras de picos fulgurantes,
El dormido Estinfalo centellea.

Desde abrupto peñasco que azulea,
Hércules, con miradas fulminantes,
El níveo casco de álamos humeantes
Y la piel del león de la Nemea,

Apoya el arco en el robusto pecho,
Y las candentes flechas desprendidas
Rápidas vuelan a las verdes frondas,

Hasta que mira en su viril despecho
Caer las Estinfálides heridas,
Goteando sangre en las plateadas ondas.
556

Paisaje De Verano

Polvo y moscas. Atmósfera plomiza
Donde retumba el tabletear del trueno
Y, como cisnes entre inmundo cieno,
Nubes blancas en cielo de ceniza.

El mar sus ondas glaucas paraliza,
Y el relámpago, encima de su seno,
Del horizonte en el confín sereno
Traza su rauda exhalación rojiza.

El árbol soñoliento cabecea,
Honda calma se cierne largo instante,
Hienden el aire rápidas gaviotas,

El rayo en el espacio centellea,
Y sobre el dorso de la tierra humeante
Baja la lluvia en crepitantes gotas.
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Elena

Luz fosfórica entreabre claras brechas
En la celeste inmensidad, y alumbra
Del foso en la fatídica penumbra
Cuerpos hendidos por doradas flechas;

Cual humo frío de homicidas mechas
En la atmósfera densa se vislumbra
Vapor disuelto que la brisa encumbra
A las torres de Ilión, escombros hechas.

Envuelta en veste de opalina gasa,
Recamada de oro, desde el monte
De ruinas hacinadas en el llano,

Indiferente a lo que en torno pasa,
Mira Elena hacia el lívido horizonte
Irguiendo un lirio en la rosada mano.
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Galatea

En el seno radioso de su gruta,
Alfombrada de anémonas marinas,
Verdes algas y ramas coralinas,
Galatea, del sueño el bien disfruta.

Desde la orilla de dorada ruta
Donde baten las ondas cristalinas,
Salpicando de espumas diamantinas
El pico negro de la roca bruta,

Polifemo, extasiado ante el desnudo
Cuerpo gentil de la dormida diosa,
Olvida su fiereza, el vigor pierde,

Y mientras permanece, absorto y mudo,
Mirando aquella piel color de rosa,
Incendia la lujuria su ojo verde.
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Identificación y contexto básico

Julián Nicolás del Casal y de la Lastra fue un poeta cubano, considerado una figura clave en la literatura de su país, especialmente en la transición del Romanticismo al Modernismo.

Infancia y formación

Nació en La Habana en el seno de una familia de clase media. Su infancia estuvo marcada por la enfermedad y la pérdida temprana de su madre, lo que influyó en su temperamento melancólico. Recibió una educación esmerada, mostrando desde joven una gran afición por la lectura y la poesía.

Trayectoria literaria

Casal comenzó a escribir poesía en su juventud, influenciado por autores románticos y parnasianos. Su obra evolucionó hacia formas más depuradas y temas introspectivos propios del Modernismo. Publicó en diversas revistas literarias de la época, ganando reconocimiento gradual.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras más destacadas incluyen "Hojas al viento" (1890) y "Nieve" (1892). Su estilo se caracteriza por la melancolía, la búsqueda de la belleza formal, la musicalidad y el uso de imágenes a menudo exóticas y decadentes. Explora temas como la soledad, la muerte, el paso del tiempo y la evasión.

Contexto cultural e histórico

Vivió en una época de efervescencia cultural en Cuba, con el auge del Modernismo. Su obra dialoga con las corrientes estéticas europeas de la época, como el Parnasianismo y el Simbolismo, adaptándolas a su sensibilidad caribeña.

Vida personal

Su vida fue relativamente breve y marcada por la fragilidad de la salud y una profunda introspección. Las experiencias personales, especialmente las relacionadas con la pérdida y la soledad, se reflejan intensamente en su poesía.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida obtuvo un reconocimiento moderado, su obra fue revalorizada póstumamente, siendo considerado uno de los precursores y máximos exponentes del Modernismo en Cuba.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas como Edgar Allan Poe, Baudelaire y los parnasianos franceses. Su legado reside en la renovación del lenguaje poético cubano y su aportación al Modernismo hispanoamericano.

Interpretación y análisis crítico

Se ha analizado su obra desde la perspectiva del decadentismo, el simbolismo y la expresión de una sensibilidad herida por la realidad. Su poesía es vista como un reflejo de las tensiones entre la vida y el arte, lo exótico y lo cotidiano.

Infancia y formación

Era conocido por su carácter introvertido y su dedicación casi exclusiva a la poesía. Su sensibilidad extrema a menudo lo llevaba a estados de profunda melancolía.

Muerte y memoria

Falleció prematuramente en La Habana a causa de una tuberculosis. Su muerte fue lamentada por el mundo literario y su obra ha perdurado como un pilar de la poesía cubana.