Lista de Poemas

En El Mar

Abierta al viento la turgente vela
Y las rojas banderas desplegadas,
Cruza el barco las ondas azuladas,
Dejando atrás fosforescente estela.

El Sol, como lumínica rodela,
Aparece entre nubes nacaradas,
Y el pez, bajo las ondas sosegadas,
Como flecha de plata raudo vuela.

¿Volveré? ¡Quién lo sabe! Me acompaña
Por el largo sendero recorrido
La muda soledad del frío polo.

¿Qué me importa vivir en tierra extraña
O en la patria infeliz en que he nacido
Si en cualquier parte he de encontrarme solo?
481

El Anhelo De Una Rosa

EL ANHELO DE UNA ROSA

A Manuel de la Cruz


Yo era la rosa que, en el prado ameno,

Abrí mi cáliz de encendida grana,

Donde vertió sus perlas la mañana,

Como en un cofre de perfumes lleno.


Del lago azul en el cristal sereno

Vi mi corola retratarse ufana,

Como ante fina luna veneciana

Ve una hermosura su marmóreo seno.


Teniendo que morir, porque el destino

Hizo que breve mi existencia fuera,

Arrojándome al polvo del camino;


Anhelo estar en mi hora postrimera,

Prendida en algún seno alabastrino

O en los rizos de oscura cabellera.

572

El Sueño En El Desierto

Cuando el hijo salvaje del desierto
Ata su blanca yegua enflaquecida
Al fuerte tronco de gigante planta.
Y, tregua dando a su mortal fatiga,
Cae en el lecho de tostada arena
Donde la luz reverberar se mira;
Sueña en los verdes campos anchurosos
En que se eleva la gallarda espiga
Dorada por el Sol resplandeciente;
En la plácida fuente cristalina
Que le apaga la sed abrasadora;
En la tribu que forma su familia;
En el lejano oasis misterioso
Cuya frescura a descansar convida;
Y en el harén, poblado de mujeres
Bellas como la luz del mediodía,
Que entre nubes de aromas enervantes,
Prodigan al sultán dulces caricias.
443

El Arte

Cuando la vida, como fardo inmenso,
Pesa sobre el espíritu cansado
Y ante el último Dios flota quemado
El postrer grano de fragante incienso;

Cuando probamos, con afán intenso,
De todo amargo fruto envenenado
Y el hastío, con rostro enmascarado,
Nos sale al paso en el camino extenso;

El alma grande, solitaria y pura
Que la mezquina realidad desdeña,
Halla en el Arte dichas ignoradas,

Como el alción, en fría noche oscura,
Asilo busca en la musgosa peña
Que inunda el mar azul de olas plateadas.
925

Quimeras

Si escuchas ¡oh adorada soñadora!
Mis amorosas súplicas,
Siempre serás la reina de mi alma
Y mi alma la fiel esclava tuya.

Mandaré construir, en fresco bosque
De florida verdura,
Regio castillo de pulido jaspe
Donde pueda olvidar mi eterna angustia.

Tendrás, en ricos cofres perfumados,
Para ornar tu hermosura,
Ajorcas de oro, gruesos brazaletes,
Finos collares y moriscas lunas.

Para cubrir los mórbidos contornos
De tu espalda desnuda,
Hecha de nieve y perfumada rosa,
Mantos suntuosos de brillante púrpura.

Te llevará, por lagos cristalinos,
En las noches de luna,
Azul góndola rauda, conducida
Por blancos cisnes de sedosas plumas.

Haré surgir, para encantar tus ojos,
En las selvas incultas,
Cascadas de fulgente pedrería,
Soles dorados y rosadas brumas.

Admirará tus forma virginales
De viviente escultura,
Un Leonardo de Vinci que trasmita
Al mundo entero tu belleza oculta.

Si sientes que las cóleras antiguas
Surgen de tu alma pura,
Tendrás, para azotarlas fieramente,
Negras espaldas de mujeres rubias.

Y si anhelas tener tus pajecillos
Para delicia suma,
Iré a buscar los blondos serafines
Que cantan el hosanna en las alturas.

Mas si te arranca la implacable Muerte
De la mansión augusta,
Donde serás la reina de mi alma
Y mi alma la fiel esclava tuya;

Yo guardaré en mi espíritu sombrío
Tu lánguida hermosura,
Como guarda la adelfa en su corola
El rayo amarillento de la Luna.
527

Confidencia

—¿Por qué lloras, mi pálida adorada
Y doblas la cabeza sobre el pecho?
—Una idea me tiene torturada
Y siento el corazón pedazos hecho.

—Dímela: —¿No te amaron en la vida?
—¡Nunca! —Si mientes, permanezco seria.
—Pues oye: sólo tuve una querida
Que me fue siempre fiel, —¿Quién? —La Miseria.
574

El Adiós Del Polaco

Al pie de la blanca reja
De una entreabierta ventana,
Donde la luz se refleja
De la naciente mañana,

Está un polaco guerrero
Henchido de patrio ardor,
Dando así su adiós postrero
A la virgen de su amor.

—¿No escuchas el sonido
Del clarín estruendoso de batalla
Y el hórrido estampido
Del tronante cañón y la metralla?

¿No ves alzarse al cielo
Rojo vapor de sangre que aún humea,
Mezclándose en su vuelo
Al humo negro de incendiaria tea?

¿No ves las numerosas
Huestes bajar desde la cumbre al llano,
Hollando las hermosas
Flores que esparce pródigo el verano?

¿No ves a los tiranos
Desgarrar de la patria inmaculada,
Con infamantes manos,
La veste azul de perlas recamada?

Polonia, enardecida
Por el rigor de sus constantes penas,
Álzase decidida
A romper para siempre sus cadenas.

Al grito de venganza
Sus esforzados hijos valerosos,
Empuñando la lanza,
Se arrojan al combate presurosos.

Tu amor abandonando,
Audaz me lanzo a la feroz pelea,
Pobre paria buscando
Muerte a la luz de redentora idea.

Ni el tiempo ni la ausencia
Harán que olvide tu cariño tierno.
¡En la humana existencia
Sólo el primer amor es el eterno!

Adiós. Si de la gloria
A merecer no alcanzo los favores
Conserva en tu memoria
El recuerdo feliz de mis amores.

Dame el último beso
Con el postrer adiós de la partida,
Para llevarlo impreso
Hasta el postrer instante de la vida.

Dijo. La joven lo estrecha
En sus brazos, con pasión,
En llanto amargo deshecha,
Oprimido el corazón.

Veloz como el raudo viento,
Él al combate voló.
¡Siempre al patriótico acento
El amor enmudeció!
533

El Eco

Yo en la soledad he dicho:
—¿Cuándo cesará el dolor
Que me oprime noche y día?
—¡Nunca!—el eco respondió.

—¿Cómo viviré más tiempo,
En tan cruel opresión,
Cual un muerto en su sudario?
—¡Solo!—el eco respondió.

—¡Gracias, oh suerte severa!
¿Cómo de mi corazón
Acallaré los gemidos?
—¡Muere!—el eco respondió.
872

Mis Amores Soneto Pompadour

Amo el bronce, el cristal, las porcelanas,
Las vidrieras de múltiples colores,
Los tapices pintados de oro y flores
Y las brillantes lunas venecianas.

Amo también las bellas castellanas,
La canción de los viejos trovadores,
Los árabes corceles voladores,
Las flébiles baladas alemanas;

El rico piano de marfil sonoro,
El sonido del cuerno en la espesura,
Del pebetero la fragante esencia,

Y el lecho de marfil, sándalo y oro,
En que deja la virgen hermosura
La ensangrentada flor de su inocencia.
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Nocturno

En la noche azulada y silenciosa
Del seno de la Tierra se levanta
Una voz sepulcral, triste, amorosa,
Que así a mi oído, entre las sombras, canta.

«Cruzando por los mares de la vida
Arribé de la muerte al firme puerto
Y observé, con el alma dolorida,
Que el mundo estaba para ti desierto.

»Por eso, al extender su denso manto
La noche, por los ámbitos del cielo,
Vengo a enjugar las gotas de tu llanto,
Vengo a ofrecer a tu dolor consuelo.

»Y como un padre por sus hijos vela
—Aun desde el triste reino del olvido—
Mi corazón, que tu ventura anhela,
Consejos te va a dar, hijo querido.

»Huye del mundo y de su pompa vana
Cual huye del milano la avecilla,
Y alcanzarás, al perecer mañana,
Muerte feliz tras vida sin mancilla.

»Prodiga el bien, con generosa mano,
Sin esperar el premio merecido,
Porque el ingrato corazón humano
Da premio al bien con el eterno olvido.

»No busques los aplausos o el renombre
En la lucha tenaz de la existencia:
Ten sólo por hermano a cada hombre
Y por único juez a tu conciencia.

»Ni sigas de la dicha la luz pura
Si ves brillar sus rayos a lo lejos;
La dicha es como el Sol: desde la altura
Sólo envía a la Tierra sus reflejos.

»Ni te seduzca la apariencia hermosa:
El mal se oculta bajo forma bella,
Como entre flores sierpe venenosa,
Como entre nubes hórrida centella.

»Donde tenga el dolor una morada
Dirige allí tus pasos vacilantes.
¡Vale más una lágrima enjugada
Que una corona de oro y de diamantes!

»Si algún pesar el alma te devora
Ocúltalo del pecho en lo profundo,
Y en soledad tu desventura llora
Antes que llegue a conocerlo el mundo».

Es la voz de mi padre. A su sonido
Feliz el corazón late en mi pecho,
Y, dando mis pesares al olvido,
Tranquilo duermo en solitario lecho;

Como el viajero errante y fatigado,
Lejos mirando el fin de su camino,
Se duerme sobre el césped perfumado
De un ave oyendo el armonioso trino.
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Identificación y contexto básico

Julián Nicolás del Casal y de la Lastra fue un poeta cubano, considerado una figura clave en la literatura de su país, especialmente en la transición del Romanticismo al Modernismo.

Infancia y formación

Nació en La Habana en el seno de una familia de clase media. Su infancia estuvo marcada por la enfermedad y la pérdida temprana de su madre, lo que influyó en su temperamento melancólico. Recibió una educación esmerada, mostrando desde joven una gran afición por la lectura y la poesía.

Trayectoria literaria

Casal comenzó a escribir poesía en su juventud, influenciado por autores románticos y parnasianos. Su obra evolucionó hacia formas más depuradas y temas introspectivos propios del Modernismo. Publicó en diversas revistas literarias de la época, ganando reconocimiento gradual.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras más destacadas incluyen "Hojas al viento" (1890) y "Nieve" (1892). Su estilo se caracteriza por la melancolía, la búsqueda de la belleza formal, la musicalidad y el uso de imágenes a menudo exóticas y decadentes. Explora temas como la soledad, la muerte, el paso del tiempo y la evasión.

Contexto cultural e histórico

Vivió en una época de efervescencia cultural en Cuba, con el auge del Modernismo. Su obra dialoga con las corrientes estéticas europeas de la época, como el Parnasianismo y el Simbolismo, adaptándolas a su sensibilidad caribeña.

Vida personal

Su vida fue relativamente breve y marcada por la fragilidad de la salud y una profunda introspección. Las experiencias personales, especialmente las relacionadas con la pérdida y la soledad, se reflejan intensamente en su poesía.

Reconocimiento y recepción

Aunque en vida obtuvo un reconocimiento moderado, su obra fue revalorizada póstumamente, siendo considerado uno de los precursores y máximos exponentes del Modernismo en Cuba.

Influencias y legado

Fue influenciado por poetas como Edgar Allan Poe, Baudelaire y los parnasianos franceses. Su legado reside en la renovación del lenguaje poético cubano y su aportación al Modernismo hispanoamericano.

Interpretación y análisis crítico

Se ha analizado su obra desde la perspectiva del decadentismo, el simbolismo y la expresión de una sensibilidad herida por la realidad. Su poesía es vista como un reflejo de las tensiones entre la vida y el arte, lo exótico y lo cotidiano.

Infancia y formación

Era conocido por su carácter introvertido y su dedicación casi exclusiva a la poesía. Su sensibilidad extrema a menudo lo llevaba a estados de profunda melancolía.

Muerte y memoria

Falleció prematuramente en La Habana a causa de una tuberculosis. Su muerte fue lamentada por el mundo literario y su obra ha perdurado como un pilar de la poesía cubana.