Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

1891–1967 · vivió 75 años -- --

Oliverio Girondo fue un destacado poeta argentino, figura clave de la vanguardia literaria de su país y una de las voces más originales de la poesía en español del siglo XX. Su obra se caracteriza por una profunda experimentación formal y temática, un humor corrosivo y una mirada crítica sobre la realidad, la sociedad y el lenguaje. A pesar de su producción relativamente escasa, su influencia ha sido considerable, marcando un hito en la poesía argentina por su audacia y su búsqueda constante de nuevas formas de expresión poética. Su poesía invita a una reflexión sobre los límites de la representación y la capacidad del lenguaje para capturar la complejidad del mundo moderno.

n. 1891-08-17, Buenos Aires · m. 1967-01-24, Buenos Aires

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Comunión plenaria, de Persuasión de los días

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo. 
El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!... 

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra? 

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.
Leer poema completo
Biografía

Identificación y contexto básico

Oliverio Girondo es uno de los poetas más singulares y vanguardistas de la literatura argentina del siglo XX. Nacido en Buenos Aires, su obra se caracteriza por una constante experimentación con el lenguaje y la forma, así como por una aguda crítica social y existencial. A menudo asociado con el grupo de Boedo y Florida, Girondo se destacó por su independencia y su búsqueda de una voz poética propia.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia acomodada, Girondo recibió una educación esmerada. Pasó parte de su infancia y juventud en Europa, lo que le permitió entrar en contacto con las corrientes artísticas y literarias de vanguardia que florecían en el continente. Esta experiencia cosmopolita influyó notablemente en su sensibilidad y en su visión del mundo, alejándolo de las tendencias más conservadoras de la época.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Girondo comenzó a perfilarse en la década de 1920, una época de gran efervescencia cultural en Argentina. Publicó su primer libro, 'Veinte poemas para ser leídos en el tranvía', en 1922, un hito de la vanguardia que sorprendió por su audacia y originalidad. A lo largo de su carrera, mantuvo una producción literaria concisa pero intensa, marcada por la publicación de obras fundamentales como 'Espantapájaros' (1932) y 'Persuasión de la tarde' (1944). Su obra se caracteriza por una evolución constante en la exploración de los límites del lenguaje poético.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Girondo se distingue por su audacia formal y temática. En 'Veinteseis poemas para ser leídos en el tranvía', experimenta con la disposición tipográfica y un lenguaje coloquial y directo. 'Espantapájaros' es una obra cumbre de la poesía vanguardista, donde la crítica social se entrelaza con la reflexión sobre la modernidad y la condición humana, utilizando imágenes impactantes y un humor corrosivo. Su estilo se caracteriza por la ironía, el juego de palabras, la ruptura de la sintaxis tradicional y una profunda musicalidad. Los temas recurrentes incluyen la crítica a las convenciones sociales, la exploración de la identidad, la muerte y la soledad, y una constante indagación sobre la naturaleza del lenguaje y la poesía. Sus innovaciones formales sentaron un precedente para la poesía posterior.

Contexto cultural e histórico

Oliverio Girondo vivió en un período de intensos cambios sociales y culturales en Argentina y el mundo. Fue testigo de las vanguardias artísticas europeas y supo integrarlas a la realidad argentina, participando activamente en el debate literario de su tiempo. Su obra dialoga con las tensiones entre tradición y modernidad, y refleja la influencia de los movimientos de vanguardia como el surrealismo y el dadaísmo, adaptándolos a un contexto local. Se le asocia con la Generación del '20, un grupo de escritores que buscaron renovar la literatura argentina.

Vida personal

La vida personal de Oliverio Girondo estuvo marcada por su carácter reservado y su dedicación casi exclusiva a la literatura. Mantuvo relaciones significativas con otras figuras del ámbito cultural argentino, pero su existencia se desarrolló con cierta distancia de los círculos más ruidosos. Se casó con la escritora Norah Lange, una figura importante de la literatura argentina.

Reconocimiento y recepción

Aunque la obra de Girondo fue inicialmente vanguardista y pudo generar controversia, con el tiempo fue consolidándose como una de las voces más importantes de la poesía argentina. Su audacia y originalidad le ganaron el reconocimiento de críticos y lectores a lo largo de las décadas. Hoy en día, es considerado unánimemente como un poeta fundamental de la literatura en español.

Influencias y legado

Girondo fue influenciado por las vanguardias europeas, pero también desarrolló un estilo propio e inconfundible. Su legado es inmenso, especialmente por su experimentación con el lenguaje y su capacidad para renovar las formas poéticas. Poetas posteriores han encontrado en su obra una fuente de inspiración para explorar nuevas vías expresivas y para abordar la realidad con una mirada crítica y despojada.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Girondo ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Sus poemas invitan a una lectura atenta a las múltiples capas de significado, donde el humor, la ironía y la crítica social se entrelazan con profundas reflexiones existenciales. Se ha analizado su capacidad para subvertir las expectativas del lector y para poner en evidencia las limitaciones del lenguaje.

Infancia y formación

Aunque conocido por su obra poética, Girondo también incursionó en otros géneros, como el ensayo y la crítica literaria. Su apego a la experimentación se extendió a su vida, buscando constantemente nuevas formas de percibir y expresar la realidad. Su dedicación a la escritura fue rigurosa, buscando la perfección en cada verso.

Muerte y memoria

Oliverio Girondo falleció en Buenos Aires. Su muerte dejó un vacío en la literatura argentina, pero su obra póstuma y la reedición de sus libros han asegurado su perdurabilidad y su lugar destacado en el canon literario. La memoria de Girondo se mantiene viva a través del estudio y la difusión de su poesía, que sigue interpelando a las nuevas generaciones de lectores.

Poemas

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Con Frecuencia Voy A Visitar A Un Pariente Que Vive En Los Alrededores

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Con frecuencia voy a visitar a un pariente que vive en los alrededores.
Al pasar por alguna de las estaciones —¡no falla ni por
casualidad!— el tren salta sobre el andén, arrasa los equipajes,
derrumba la boletería, el comedor. Los vagones se trepan los
unos sobre los otros. El furgón se acopla con la locomotora. No
hay más que piernas y brazos por todas partes: bajo los
asientos, entre los durmientes de la vía, sobre las redes donde
se colocan las valijas.

De mi compartimento sólo queda un pedazo de puerta. Echo a un
lado los cadáveres que me rodean. Rectifico la latitud de mi
corbata, y salgo, lo más campante, sin una arruga en el
pantalón o en la sonrisa.

Aunque preveo lo que sucederá, otras veces me embarco, con la
esperanza de que mis presentimientos resulten inexactos.


Los pasajeros son los mismos de siempre. Está el marido
adúltero, con su sonrisa de padrillo. Está la
señorita cuyos atractivos se cotizan en proporción
directa al alejamiento de la costa. Está la señora foca,
la señora tonina; el fabricante de artículos de goma, que
apoyado sobre la borda contempla la inmensidad del mar y lo
único que se le ocurre es escupirlo.

Al tercer día de navegar se oye —¡en plena noche!— un
estruendo metálico, intestinal.

¡Mujeres semidesnudas! ¡Hombres en camiseta!
¡Llantos! ¡Plegarias! ¡Gritos!...

Mientras los pasajeros se estrangulan al asaltar los botes de
salvamento, yo aprovecho un bandazo para zambullirme desde la cubierta,
y ya en el mar, contemplo —con impasibilidad de corcho— el
espectáculo.

¡Horror! El buque cabecea, tiembla, hunde la proa y se sumerge.

¿Tendré que convencerme una vez más que soy el
único sobreviviente?

Con la intención de comprobarlo, inspecciono el sitio del
naufragio. Aquí un salvavidas, una silla de mimbre...
Allá un cardumen de tiburones, un cadáver flotante...

Calculo el rumbo, la distancia, y después de batir todos los
récores del mundo, entro, el octavo día, en el puerto de
desembarque.

Mis amigos, la gente que me conoce, las personas que saben de
cuántas catástrofes me he librado, supusieron, en el
primer momento, que era una simple casualidad, pero al comprobar que la
casualidad se repetía demasiado, terminaron por considerarla una
costumbre, sin darse cuenta que se trata de una verdadera
predestinación.

Así como hay hombres cuya sola presencia resulta de una eficacia
abortiva indiscutible, la mía provoca accidentes a cada paso,
ayuda al azar y rompe el equilibrio inestable de que depende la
existencia.

¡Con qué angustia, con qué ansiedad
comprobé, durante los primeros tiempos, esta propensión
al cataclismo!... ¡La vida se complica cuando se hallan escombros
a cada paso! ¡Pero es tal la fuerza de la costumbre!...
Insensiblemente uno se habitúa a vivir entre cadáveres
desmenuzados y entre vidrios rotos, hasta que se descubre el encanto de
las inundaciones, de los derrumbamientos, y se ve que la vida solo
adquiere color en medio de la desolación y del desastre.

¡Saber que basta nuestra presencia para que las cariátides
se cansen de sostener los edificios públicos y fallezcan —entre
sus capiteles, entre sus expedientes— centenares de prestamistas, que
se alimentaban de empleados... ¡públicos!... y de
garbanzos!

¡Saborear —como si fuese mazamorra— los temblores que provoca
nuestra mirada; esos terremotos en los que las bañaderas se
arrojan desde el octavo piso, mientras perecen enjauladas en los
ascensores, docenas de vendedoras rubias, y que sin embargo se llamaban
Esther!

¿Verdad que ante la magnificencia de tales espectáculos,
pierden todo atractivo hasta los paisajes de montañas, mucho
mejor formadas que las nalgas de la Venus de Milo?

El exotismo de las mariposas o de los mastodontes, los ritos de la
masonería o de la masticación —al menos en lo que a
mí se refieren— no consiguen interesarme. Necesito esqueletos
pulverizados, decapitaciones ferroviarias, descuartizamientos
inidentificables, y es tan grande mi amor por lo espectacular, que el
día en que no provoco ningún cortocircuito, sufro una
verdadera desilusión.

En estas condiciones, mi compañía resultará lo
intranquilizadora que se quiera.

¿Tengo yo alguna culpa en preferir las quemaduras a las
colegialas de tercer grado?

Aunque la mayoría de los hombres se satisfaga con rumiar el
sueño y la vigilia con una impasibilidad de cornudo, quien haya
pernoctado entre cadáveres vagabundos comprenderá que el
resto me parezca melaza, nada más que melaza.

Yo soy —¡qué le vamos a hacer!—un hombre
catastrófico, y así como no puedo dormir antes que se
derrumben, sobre mi cama, los bienes, y los cuerpos de los que habitan
en los pisos de arriba, no logro interesarme por ninguna mujer, si no
me consta, que al estrecharla entre mis brazos, ha de declararse un
incendio en el que perezca carbonizada... ¡la pobrecita!
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Que Los Ruidos Te Perforen Los Dientes, Como Una Lima De Dentista

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Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la
memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras
rotas.

Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que
sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño
te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.

Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un
fanatismo irresistible te obligue a prosternarte ante los tachos de
basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un
meadero.

Que cuando quieras decir: “Mi amor”, digas: “Pescado frito”; que tus
manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el
cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse
junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de
parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.

Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los
espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único
entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los
dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de
lamerle la cerradura.
645

Llorar A Lágrima Viva Llorar A Chorros

18

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la
digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la
camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los
cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
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¿que Las Poleas Ya No Se Contentan Con Devorar Millares

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¿Que las poleas ya no se contentan con devorar millares y
millares de dedos meñiques? ¿Que las máquinas de
coser amenazan zurcirnos hasta los menores intersticios? ¿Que la
depravación de las esferas terminará por degradar a la
geometría?

Es bastante intranquilizador —sin duda alguna— comprobar que no existe
ni una hectárea sobre la superficie de la tierra que no encubra
cuatro docenas de cadáveres; pero de allí a considerarse
una simple carnaza de microbios... a no concebir otra aspiración
que la de recibirse de calavera...

Lo cotidiano podrá ser una manifestación modesta dejo
absurdo, pero aunque Dios —reencarnado en algún sacamuelas— nos
obligara a localizar todas nuestras esperanzas en los escarbadientes,
la vida no dejaría de ser, por eso, una verdadera maravilla.

¿Qué nos importa que los cadáveres se descompongan
con mucha más facilidad que los automóviles?
¿Qué nos importa que familias enteras —¡llenas de
señoritas!— fallezcan por su excesivo amor a los hongos
silvestres?...

El solo hecho de poseer un hígado y dos riñones
¿no justificaría que nos pasáramos los días
aplaudiendo a la vida y a nosotros mismos? ¿Y no basta con abrir
los ojos y mirar, para convencerse que la realidad es, en realidad, el
más auténtico de los milagros?

Cuando se tienen los nervios bien templados, el espectáculo
más insignificante —una mujer que se detiene, un perro que
husmea una pared— resulta algo tan inefable... es tal el cúmulo
de coincidencias, de circunstancias que se requieren —por ejemplo— para
que dos moscas aterricen y se reproduzcan sobre una calva, que se
necesita una impermeabilidad de cocodrilo para no sufrir, al
comprobarlo, un verdadero síncope de admiración.

De ahí ese amor, esa gratitud enorme que siento por la vida,
esas ganas de lamerla constantemente, esos ímpetus de
prosternación ante cualquier cosa... ante las estatuas
ecuestres, ante los tachos de basura...

De ahí ese optimismo de pelota de goma que me hace reír,
a carcajadas, del esqueleto de las bicicletas, de los ataques al
hígado de los limones; esa alegría que me incita a
rebotar en todas las fachadas, en todas las ideas, a salir corriendo
—desnudo!— por los alrededores para hacerles cosquillas a los
gasómetros... a los cementerios....

Días, semanas enteras, en que no logra intranquilizarme ni la
sospecha de que a las mujeres les pueda nacer un taxímetro entre
los senos.

Momentos de tal fervor, de tal entusiasmo, que me lo encuentro a Dios
en todas partes, al doblar las esquinas, en los cajones de las mesas de
luz, entre las hojas de los libros y en que, a pesar de los esfuerzos
que hago por contenerme, tengo que arrodillarme en medio de la calle,
para gritar con una voz virgen y ancestral:

“¡Viva el esperma... aunque yo perezca!”
640

Me Estrechaba Entre Sus Brazos Chatos Y Se Adhería A Mi Cuerpo

17

Me estrechaba entre sus brazos chatos y se adhería a mi cuerpo,
con una violenta viscosidad de molusco. Una secreción pegajosa
me iba envolviendo, poco a poco, hasta lograr inmovilizarme. De cada
uno de sus poros surgía una especie de uña que me
perforaba la epidermis. Sus senos comenzaban a hervir. Una
exudación fosforescente le iluminaba el cuello, las caderas;
hasta que su sexo —lleno de espinas y de tentáculos— se
incrustaba en mi sexo, precipitándome en una serie de espasmos
exasperantes.

Era inútil que le escupiese en los párpados, en las
concavidades de la nariz. Era inútil que le gritara mi odio y mi
desprecio. Hasta que la última gota de esperma no se me
desprendía de la nuca, para perforarme el espinazo como una gota
de lacre derretido, sus encías continuaban sorbiendo mi
desesperación; y antes de abandonarme me dejaba sus millones de
uñas hundidas en la carne y no tenía otro remedio que
pasarme la noche arrancándomelas con unas pinzas, para poder
echarme una gota de yodo en cada una de las heridas...

¡Bonita fiesta la de ser un durmiente que usufructúa de la
predilección de los súcubos!
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A Unos Les Gusta El Alpinismo A Otros Les Entretiene El Dominó

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A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó.
A mí me encanta la transmigración.

Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o
pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de
un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar.

Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la
brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la
primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy
pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.

¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de
sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser
tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de
raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace
cosquillas!

Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho?
Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear
el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar el
carro”?...

Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la
virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde
la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo.

Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas
sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores.

Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo
personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes
con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno
campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas.

¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la
satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los
remansos.... y de los camaleones!...

¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los
hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es
posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no
necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los
de las madreselvas?

Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil,
jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un
mismo esqueleto y un mismo sexo.

Cuando la vida es demasiado humana —¡únicamente humana!—
el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más
larga y más aburrida que cualquier otra?

Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin
esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no
estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más
importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que
me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.
638

Exigió Que Sus Esclavos Le Escupieran La Frente

15

Exigió que sus esclavos le escupieran la frente, y colgado de
las patas de una cigüeña, abandonó sus costumbres y
sus cofres de sándalo.

¿Sabía que las esencias dejan un amargor en la garganta?
¿Sabía que el ascetismo puebla la soledad de mujeres
desnudas y que toda sabiduría ha de humillarse ante el mecanismo
de un mosquito?

Durante su permanencia en el desierto, su ombligo consiguió
trasuntar buena parte del universo. Allí, las arañas que
llevan una cruz sobre la espalda lo preservaron de los súcubos
extrachatos. Allí intimó con los fantasmas que recorren
en zancos la eternidad y con los cactus que tienen idiosincrasias de
espantapájaro, pero aunque tuvo coloquios con el Diablo y con el
Señor, no pudo descubrir la existencia de una nueva virtud, de
un nuevo vicio.

El ayuno de toda concupiscencia ¿le permitiría saborear
el halago de que un mismo fervor lo acompañara a todas partes,
con su miasma de sumisión y de podredumbre?

Precedido por una brisa que apartaba las inmundicias del camino, las
poblaciones atónitas lo vieron pasar cargado de aburrimiento y
de parásitos.

Su presencia maduraba las mieses. La sola imposición de sus
manos hacía renacer la virilidad y su mirada infundía en
las prostitutas una ternura agreste de codorniz.

¡Cuántas veces su palabra cayó sobre la multitud
con la mansedumbre con que la lluvia tranquiliza el oleaje!

Sobre la calva un resplandor fosforescente y millares de abejas
alojadas en la pelambre de su pecho, aparecía al mismo tiempo en
lugares distintos, con un desgano cada vez más consciente de la
inutilidad de cuanto existe.

Su perfección había llegado a repugnarle tanto como el
baño o como el caviar. Ya no sentía ninguna voluptuosidad
en paladear la siesta y los remansos encarnado en un yacaré. Ya
no le procuraba el menor alivio que los leprosos lo esperaran para
acariciarle la sombra, ni que las estrellas dejasen de temblar, ante el
tamaño de su ternura y de su barba.

Una tarde, en el recodo de un camino, decidió inmovilizarse para
toda la eternidad.

En vano los peregrinos acudieron, de todas partes, con sus oraciones y
sus ofrendas. En vano se extremaron, ante su indiferencia, los ritos de
la cábala y de la mortificación. Ni las penitencias ni
las cosquillas consiguieron arrancarle tan siquiera un bostezo, y en
medio del espanto se comprobó que mientras el verdín le
cubría las extremidades y el pudor, su cuerpo se iba
transformando, poco a poco, en una de esas piedras que se acuestan en
los caminos para empollar gusanos y humedad.
723

Mi Abuela -que No Era Tuerta- Me Decía

14

Mi abuela —que no era tuerta— me decía:

«Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena.
¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán
tuyas mientras descansas!

»No te limpies los dientes, por lo menos, con los sexos usados. Rehuye,
dentro de lo posible, las enfermedades venéreas, pero si alguna
vez necesitas optar entre un premio a la virtud y la sífilis, no
trepides un solo instante: ¡El mercurio es mucho menos pesado que
la abstinencia!

»Cuando unas nalgas te sonrían, no se lo confíes ni a los
gatos. Recuerda que nunca encontrarás un sitio mejor donde meter
la lengua que tu propio bolsillo, y que vale más un sexo en la
mano que cien volando».

Pero a mi abuela le gustaba contradecirse, y después de pedirme
que le buscase los anteojos que tenía sobre la frente, agregaba
con voz de daguerrotipo:

«La vida —te lo digo por experiencia— es un largo embrutecimiento. Ya
ves en el estado y en el estilo en que se encuentra tu pobre abuela.
¡Si no fuese por la esperanza de ver un poco mejor después
de muerta!...

»La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las
pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y
aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de
llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita,
saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle
la mano al señor gato, y más tarde, al sentir deseos de
viajar, tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de
metamorfosear una silla en transatlántico.

»Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré
de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. El
dolor de muelas, las estadísticas municipales, la
utilización del aserrín, de la viruta y otros
desperdicios, pueden proporcionarnos una satisfacción
insospechada. Abre los brazos y no te niegues al clarinete, ni a las
faltas de ortografía. Confecciónate una nueva virginidad
cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una
moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan
poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan
siquiera tu propia sombra.

»¡La imitación ha prostituido hasta a los alfileres de
corbata!»
800

Hay Días En Que Yo No Soy Más Que Una Patada

13

Hay días en que yo no soy más que una patada,
únicamente una patada. ¿Pasa una motocicleta?
¡Gol!... en la ventana de un quinto piso. ¿Se detiene una
calva?... Allá va por el aire hasta ensartarse en algún
pararrayos. ¿Un automóvil frena al llegar a una esquina?
Instalado de una sola patada en alguna buhardilla.

¡Al traste con los frascos de las farmacias, con los artefactos
de luz eléctrica, con los números de las puertas de calle!

Cuando comienzo a dar patadas, es inútil que quiera contenerme.
Necesito derrumbar las cornisas, los mingitorios, los tranvías.
Necesito entrar —¡a patadas!— en los escaparates y sacar
—¡a patadas!— todos los maniquíes a la calle. No logro
tranquilizarme, estar contento, hasta que, no destruyo las obras de
salubridad, los edificios públicos. Nada me satisface tanto como
hacer estallar, de una patada, los gasómetros y los arcos
voltaicos. Preferiría morir antes que renunciar a que los
faroles describan una trayectoria de cohete y caigan, patas arriba,
entre los brazos de los árboles.

A patadas con el cuerpo de bomberos, con las flores artificiales, con
el bicarbonato. A patadas con los depósitos de agua, con las
mujeres preñadas, con los tubos de ensayo.

Familias disueltas de una sola patada; cooperativas de consumo,
fábricas de calzado; gente que no ha podido asegurarse, que ni
siquiera tuvo tiempo de cambiarle el agua a las aceitunas... a los
pececillos de color...
794

Se Miran, Se Presienten, Se Desean

12

Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran, se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,

se aletargan, fallecen, se reintegran,

se distienden, se enarcan, se menean,

se retuercen, se estiran, se caldean,

se estrangulan, se aprietan, se estremecen,

se tantean, se juntan, desfallecen,

se repelen, se enervan, se apetecen,

se acometen, se enlazan, se entrechocan,

se agazapan, se apresan, se dislocan,

se perforan, se incrustan, se acribillan,

se remachan, se injertan, se atornillan,

se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan,

se desgarran, se muerden, se asesinan,

resucitan, se buscan, se refriegan,

se rehúyen, se evaden y se entregan.
761

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