Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

1891–1967 · vivió 75 años -- --

Oliverio Girondo fue un destacado poeta argentino, figura clave de la vanguardia literaria de su país y una de las voces más originales de la poesía en español del siglo XX. Su obra se caracteriza por una profunda experimentación formal y temática, un humor corrosivo y una mirada crítica sobre la realidad, la sociedad y el lenguaje. A pesar de su producción relativamente escasa, su influencia ha sido considerable, marcando un hito en la poesía argentina por su audacia y su búsqueda constante de nuevas formas de expresión poética. Su poesía invita a una reflexión sobre los límites de la representación y la capacidad del lenguaje para capturar la complejidad del mundo moderno.

n. 1891-08-17, Buenos Aires · m. 1967-01-24, Buenos Aires

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Comunión plenaria, de Persuasión de los días

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo. 
El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!... 

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra? 

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Oliverio Girondo es uno de los poetas más singulares y vanguardistas de la literatura argentina del siglo XX. Nacido en Buenos Aires, su obra se caracteriza por una constante experimentación con el lenguaje y la forma, así como por una aguda crítica social y existencial. A menudo asociado con el grupo de Boedo y Florida, Girondo se destacó por su independencia y su búsqueda de una voz poética propia.

Infancia y formación

Nacido en el seno de una familia acomodada, Girondo recibió una educación esmerada. Pasó parte de su infancia y juventud en Europa, lo que le permitió entrar en contacto con las corrientes artísticas y literarias de vanguardia que florecían en el continente. Esta experiencia cosmopolita influyó notablemente en su sensibilidad y en su visión del mundo, alejándolo de las tendencias más conservadoras de la época.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Girondo comenzó a perfilarse en la década de 1920, una época de gran efervescencia cultural en Argentina. Publicó su primer libro, 'Veinte poemas para ser leídos en el tranvía', en 1922, un hito de la vanguardia que sorprendió por su audacia y originalidad. A lo largo de su carrera, mantuvo una producción literaria concisa pero intensa, marcada por la publicación de obras fundamentales como 'Espantapájaros' (1932) y 'Persuasión de la tarde' (1944). Su obra se caracteriza por una evolución constante en la exploración de los límites del lenguaje poético.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Girondo se distingue por su audacia formal y temática. En 'Veinteseis poemas para ser leídos en el tranvía', experimenta con la disposición tipográfica y un lenguaje coloquial y directo. 'Espantapájaros' es una obra cumbre de la poesía vanguardista, donde la crítica social se entrelaza con la reflexión sobre la modernidad y la condición humana, utilizando imágenes impactantes y un humor corrosivo. Su estilo se caracteriza por la ironía, el juego de palabras, la ruptura de la sintaxis tradicional y una profunda musicalidad. Los temas recurrentes incluyen la crítica a las convenciones sociales, la exploración de la identidad, la muerte y la soledad, y una constante indagación sobre la naturaleza del lenguaje y la poesía. Sus innovaciones formales sentaron un precedente para la poesía posterior.

Contexto cultural e histórico

Oliverio Girondo vivió en un período de intensos cambios sociales y culturales en Argentina y el mundo. Fue testigo de las vanguardias artísticas europeas y supo integrarlas a la realidad argentina, participando activamente en el debate literario de su tiempo. Su obra dialoga con las tensiones entre tradición y modernidad, y refleja la influencia de los movimientos de vanguardia como el surrealismo y el dadaísmo, adaptándolos a un contexto local. Se le asocia con la Generación del '20, un grupo de escritores que buscaron renovar la literatura argentina.

Vida personal

La vida personal de Oliverio Girondo estuvo marcada por su carácter reservado y su dedicación casi exclusiva a la literatura. Mantuvo relaciones significativas con otras figuras del ámbito cultural argentino, pero su existencia se desarrolló con cierta distancia de los círculos más ruidosos. Se casó con la escritora Norah Lange, una figura importante de la literatura argentina.

Reconocimiento y recepción

Aunque la obra de Girondo fue inicialmente vanguardista y pudo generar controversia, con el tiempo fue consolidándose como una de las voces más importantes de la poesía argentina. Su audacia y originalidad le ganaron el reconocimiento de críticos y lectores a lo largo de las décadas. Hoy en día, es considerado unánimemente como un poeta fundamental de la literatura en español.

Influencias y legado

Girondo fue influenciado por las vanguardias europeas, pero también desarrolló un estilo propio e inconfundible. Su legado es inmenso, especialmente por su experimentación con el lenguaje y su capacidad para renovar las formas poéticas. Poetas posteriores han encontrado en su obra una fuente de inspiración para explorar nuevas vías expresivas y para abordar la realidad con una mirada crítica y despojada.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Girondo ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Sus poemas invitan a una lectura atenta a las múltiples capas de significado, donde el humor, la ironía y la crítica social se entrelazan con profundas reflexiones existenciales. Se ha analizado su capacidad para subvertir las expectativas del lector y para poner en evidencia las limitaciones del lenguaje.

Infancia y formación

Aunque conocido por su obra poética, Girondo también incursionó en otros géneros, como el ensayo y la crítica literaria. Su apego a la experimentación se extendió a su vida, buscando constantemente nuevas formas de percibir y expresar la realidad. Su dedicación a la escritura fue rigurosa, buscando la perfección en cada verso.

Muerte y memoria

Oliverio Girondo falleció en Buenos Aires. Su muerte dejó un vacío en la literatura argentina, pero su obra póstuma y la reedición de sus libros han asegurado su perdurabilidad y su lugar destacado en el canon literario. La memoria de Girondo se mantiene viva a través del estudio y la difusión de su poesía, que sigue interpelando a las nuevas generaciones de lectores.

Poemas

85

Yo No Sé Nada

Yo no sé nada
Tú no sabes nada
Ud. no sabe nada
Él no sabe nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada.

La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era —¡sin discusión!—

una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación. (Gutural,
lo más guturalmente que
se pueda.) Creo que
creo en lo que creo
que no creo. Y creo
que no creo en lo
que creo que creo.
" Cantar de las ranas "
¡Y ¡Y ¿A ¿A ¡Y ¡T
su ba llí llá su ba
bo jo es es bo jo
las las tá? tá? las las
es es ¡A ¡A es es
ca ca quí cá ca ca
le le no no le le
ras ras es es ras ras
arri aba tá tá arrí aba
ba!... jo!... !... !... ba!... jo!...

1.211

No Se Me Importa Un Pito Que Las Mujeres Tengan Los Senos

1

No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como
magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un
aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy
perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el
primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso
sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo
ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar
¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan
locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos
sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de
palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor
a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando
realizaba sus compras, sus quehaceres.

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de
algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido
entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa!
¡María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba
con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos
anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un
espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque
nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué
voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de
pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede
brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una
vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho
centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una
mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor
más que volando.
647

Sevillano

En el atrio: una reunión de ciegos auténticos, hasta con
placa, una jauría de chicuelos, que ladra por una perra.


La iglesia se refrigera para que no se le derritan los ojos y los
brazos... de los exvotos.


Bajo sus mantos rígidos, las vírgenes enjugan
lágrimas de rubí. Algunas tienen cabelleras de cola de
caballo. Otras usan de alfiletero el corazón.


Un cencerro de llaves impregna la penumbra de un pesado olor a
sacristía. Al persignarse revive en una vieja un ancestral
orangután.


Y mientras, frente al altar mayor, a las mujeres se les licua el sexo
contemplando un crucifijo que sangra por sus sesenta y seis costillas,
el cura mastica una plegaria como un pedazo de “chewing gum”.

734

Verona

¡Se celebra el adulterio de María con la Paloma Sacra!


Una lluvia pulverizada lustra “La Plaza de las Verduras”, se hincha en
globitos que navegan por la vereda y de repente estallan sin motivo.


Entre los dedos de las arcadas, una multitud espesa amasa su
desilusión; mientras, la banda gruñe un tiempo de vals,
para que los estandartes den cuatro vueltas y se paren.


La Virgen, sentada en una fuente, como sobre un “bidé”, derrama
un agua enrojecida por las bombitas de luz eléctrica que le han
puesto en los pies.


¡Guitarras! ¡Mandolinas! ¡Balcones sin escalas y sin
Julietas! Paraguas que sudan y son como la supervivencia de una flora
ya fósil. Capiteles donde unos monos se entretienen desde hace
nueve siglos en hacer el amor.


El cielo simple, verdoso, un poco sucio, es del mismo color que el
uniforme de los soldados.

668

Plaza

Los árboles filtran un ruido de ciudad.


Caminos que se enrojecen al abrazar la rechonchez de los parterres.
Idilios que explican cualquiera negligencia culinaria. Hombres
anestesiados de sol, que no se sabe si se han muerto.


La vida aquí es urbana y es simple.


Sólo la complican:


Uno de esos hombres con bigotes de muñeco de cera, que
enloquecen a las amas de cría y les ordeñan todo lo que
han ganado con sus ubres.


El guardián con su bomba, que es un “Manneken-Pis”.


Una señora que hace gestos de semáforo a un vigilante, al
sentir que sus mellizos se están estrangulando en su barriga.

1.215

Lago Mayor

Al pedir el boleto hay que “impostar” la voz.


¡ISOLA BELLA! ¡ISOLA BELLA!

Isola Bella, tiene justo el grandor que queda bien, en la tela que
pintan las inglesas.

Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus
puertas de pórfido:


“HUMILITAS”

¡Salones! Salones de artesonados tormentosos donde cuatrocientas
cariátides se hacen cortes de manga entre una bandada de
angelitos.


“HUMILITAS”

Alcobas con lechos de topacio que exigen que quien se acueste en ellos
se ponga por lo menos una “aigrette” de ave de paraíso en el
trasero.


“HUMILITAS”

Jardines que se derraman en el lago en una cascada de terrazas, y donde
los pavos reales abren sus blancas sombrillas de encaje, para taparse
el sol o barren, con sus escobas incrustadas de zafiros y de
rubíes, los caminos ensangrentados de amapolas.


“HUMILITAS”

Jardines donde los guardianes lustran las hojas de los árboles
para que al pasar, nos arreglemos la corbata, y que —ante la desnudez
de las Venus que pueblan los boscajes— nos brindan una rama de
alcanfor...


¡ISOLA BELLA!...

Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda bien, en la tela que
pintan las inglesas.

Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus
puertas de pórfido:


“HUMILITAS”

815

Chioggia

Entre un bosque de mástiles,
y con sus muelles empavesados de camisas,
Chioggia
fondea en la laguna,
ensangrentada de crepúsculo
y de velas latinas.

¡Redes tendidas sobre calles musgosas... sin afeitar!
¡Aire que nos calafatea los pulmones, dejándonos un gusto
de alquitrán!

Mientras las mujeres
se gastan las pupilas
tejiendo puntillas de neblina,
desde el lomo de los puentes,
los chicos se zambullen
en la basura del canal.

¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos
de los pies!
Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen
con ella la cintura, como con una falda suntuosa y con olor
a mar.

Al atardecer, un olor a frituras agranda los estómagos,
mientras los zuecos comienzan a cantar...

Y de noche, la luna, al disgregarse en el canal, finge un
enjambre de peces plateados alrededor de una carnaza.
779

Pedestre

En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor
de la ciudad.


Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para
fornicar en la vereda.


Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la
visión convexa de la gente que pasa en automóvil.


Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben
en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas
de las victorias.


Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una
mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es
un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que
nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar (1).


De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta
todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo
susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.

811

Biarritz

El casino sorbe las últimas gotas de crepúsculo.


Automóviles afónicos. Escaparates constelados de
estrellas falsas. Mujeres que van a perder sus sonrisas al
bacará.


Con la cara desteñida por el tapete, los “croupiers” ofician,
los ojos bizcos de tanto ver pasar dinero.


¡Pupilas que se licuan al dar vuelta las cartas!
¡Collares de perlas que hunden un tarascón en las
gargantas!


Hay efebos barbilampiños que usan una bragueta en el trasero.
Hombres con baberos de porcelana. Un señor con un cuello que
terminará por estrangularlo. Unas tetas que saltarán de
un momento a otro de un escote, y lo arrollarán todo, como dos
enormes bolas de billar.


Cuando la puerta se entreabre, entra un pedazo de “foxtrot”.

1.066

Otro Nocturno

La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio
público.


¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de
“apache”, que fuman un cigarrillo en las esquinas!


¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de
cantar!;Y silencio de las estrellas, sobre el asfalto humedecido!


¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la
de un par de medias tirado en un rincón?, y ¿por
qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota
que el eco de nuestros pasos juega en la pared?


Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles,
de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y
en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama
nos espera, con las velas tendidas hacia un país mejor.

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