Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Gracias a mi idea afortunada de introducir el principio de la relatividad en la física, tú (y otros) están sobreestimando enormemente mis habilidades científicas, hasta el punto de que me siento incómodo.
Todos nuestros juicios en los que el tiempo desempeña un papel son juicios sobre acontecimientos simultáneos. Si digo, por ejemplo, «el tren llega a las 7», significa que la coincidencia de la aguja pequeña de mi reloj con el número 7 y la llegada del tren son acontecimientos simultáneos.
(1) Las leyes por las cuales cambia el estado de un sistema físico no dependen de a cuál de los dos sistemas de coordinadas se refieren dichas leyes, en un movimiento uniforme relativo. (2) Cada rayo de luz se mueve en un sistema de coordenadas «en descanso» con una velocidad definitiva c , ya se emita desde una fuerza estática o en movimiento.
De esto concluimos que un reloj de rueda de balanza colocado en el ecuador de la Tierra debe girar ligeramente más lento que otro reloj exactamente igual situado en uno de los polos en idénticas condiciones.
Se me ha ocurrido otra consecuencia del artículo sobre la termodinámica. El principio de la relatividad, junto con las ecuaciones de Maxwell, requiere que la masa sea una medida directa de la energía contenida en un cuerpo; la luz transfiere masa. […] Contemplarlo resulta divertido y atractivo, pero no sé si el buen Señor se está riendo de mí y me está conduciendo por el camino equivocado.
No podemos otorgar un sentido absoluto al concepto de simultaneidad; en su lugar, dos acontecimientos que son simultáneos cuando se observan desde un sistema de coordenadas particular no se pueden seguir considerando simultáneos cuando se observan desde un sistema que está en movimiento relativo con relación a aquel sistema.
He resuelto completamente el problema. Mi solución ha sido analizar el concepto de tiempo. El tiempo no se puede definir de una manera absoluta, y existe una relación inseparable entre el tiempo y la velocidad de la señal.
Mi camino directo hacia la teoría especial de la relatividad estuvo determinado en gran parte por la convicción de que la fuerza electromotora inducida en un conductor que se mueve en un campo magnético no es nada más que un campo eléctrico.
De acuerdo con los presupuestos considerados aquí, en la propagación de un rayo de luz emitido desde un punto focal, la energía no se distribuye de manera continuada en un volumen creciente de espacio, sino que consiste en un número finito de cuantos de energía localizados en puntos del espacio que se mueven sin dividirse y sólo se pueden absorber o generar como unidades completas.
Que la teoría especial de la relatividad sólo era el primer paso de un desarrollo necesario sólo me quedó completamente claro con mis esfuerzos para representar la gravitación en el marco de esta teoría.
Pasaron cinco o seis semanas desde la concepción de la idea de la teoría especial de la relatividad y la finalización de la destacada publicación.
La teoría especial de la relatividad debe sus orígenes a las ecuaciones del campo magnético de Maxwell. Y a la inversa, estas sólo se pueden comprender formalmente de una manera satisfactoria mediante la teoría especial de la relatividad.
Me desesperé ante la posibilidad de descubrir las verdaderas leyes a través de los esfuerzos constructivos basados en los hechos conocidos. Cuanto más desesperadamente lo intentaba a lo largo del tiempo, más convencido estaba de que sólo el descubrimiento de un principio formal universal podía conducirnos a unos resultados seguros. El ejemplo que veía delante de mí era la termodinámica.
¿Qué ocurriría si tuviéramos que correr detrás de un rayo de luz? […] ¿Qué ocurriría si fuéramos montados sobre el rayo? […] Si alguien pudiera correr lo suficientemente rápido, ¿dejaría de moverse? […] ¿Qué es la «velocidad de la luz»? Si está en relación con algo, este valor no mantiene ninguna relación con algo que también está en movimiento.
Para mí siempre ha sido incomprensible por qué la teoría de la relatividad, cuyos conceptos y problemas están tan alejados de la vida cotidiana, ha podido encontrar un eco tan vivo e incluso apasionado en los círculos más amplios de la población durante tanto tiempo.
E = mc 2 .
Papagoyim.
Lo que me interesa realmente es si Dios pudo crear el mundo de manera diferente; en otras palabras, si los requisitos de la simplicidad lógica admiten un margen de libertad.
No sabemos absolutamente nada de él [Dios, el mundo]. Todo nuestro conocimiento sólo es el conocimiento de un escolar. Posiblemente deberíamos saber un poco más de lo que sabemos ahora. Pero la naturaleza real de las cosas no la conoceremos nunca.
¿No parece como si toda la filosofía estuviera escrita con miel? Parece maravillosa a primera vista, pero, cuando vuelves a mirar, se ha desvanecido. Sólo queda el aroma.
Mientras reces a Dios y le pidas algo, no eres un hombre religioso.
La valía moral de un hombre no se mide por sus creencias religiosas, sino por los impulsos emocionales que ha recibido de la naturaleza.
No intento imaginarme a Dios; es suficiente asombrarme con la estructura del mundo, en la medida en que nos la permiten apreciar nuestros sentidos inadecuados.
Considero que la Sociedad de Amigos es la comunidad religiosa que tiene los principios morales más elevados. Por lo que sé, nunca han aceptado compromisos con el mal y siempre se guían por su conciencia. Especialmente en la vida internacional, su influencia me parece muy beneficiosa y efectiva.
No creo en un Dios personal y nunca lo he negado, sino que lo he expresado con claridad. Si existe algo en mí que pueda llamarse religioso, se trata de la admiración ilimitada por la estructura del mundo hasta el punto que la revela la ciencia.
Si Dios creó el mundo, desde luego su preocupación principal no fue que pudiéramos comprenderlo con facilidad.
La palabra «Dios» no es para mí nada más que la expresión y el producto de la debilidad humana, y la Biblia una colección de leyendas honorables, pero primitivas, e incluso infantiles. Ninguna interpretación, por elegante que sea, puede cambiarlo [para mí].
No creo en la inmortalidad del individuo y considero que la ética es un asunto exclusivamente humano sin ninguna autoridad suprahumana detrás de ella.
Asumir la existencia de un ser imperceptible […] no facilita la comprensión del orden que encontramos en el mundo perceptible.
La idea de un Dios personal me resulta extraña e incluso me parece ingenua
Mi sentimiento es religioso mientras esté imbuido de la conciencia de la insuficiencia de la mente humana para comprender con mayor profundidad la armonía del universo que intentamos formular como «leyes de la naturaleza».
No he encontrado una expresión mejor que «religiosa» para la confianza en la naturaleza racional de la realidad, en cuanto es accesible a la razón humana. Cuando está ausente este sentimiento, la ciencia degenera en un empirismo sin inspiración.
No creer en un Dios personal no se convierte en absoluto en una filosofía.
Mi postura ante Dios es la de un agnóstico. Estoy convencido de que una conciencia viva sobre la importancia primaria de los principios morales para la mejora y el ennoblecimiento de la vida no necesita de la idea de un legislador, en especial de un legislador que trabaja sobre la base de la recompensa y el castigo.
Un ser humano forma parte del conjunto que llamamos «universo», una parte limitada en tiempo y espacio. Se experimenta a sí mismo, a sus pensamientos y sus sentimientos como algo separado del resto: una especie de ilusión óptica de su conciencia. La lucha para liberarse de esta ilusión es el objetivo de la verdadera religión. No se trata de alimentarla, sino de superarla para alcanzar una medida razonable de paz mental.
Aunque es cierto que los resultados científicos son totalmente independientes de las consideraciones religiosas o morales, los individuos a los que debemos los grandes logros creativos en la ciencia están imbuidos de la convicción verdaderamente religiosa de que este universo es algo perfecto y responde ante la búsqueda racional de conocimiento.
Es este […] contenido simbólico de las tradiciones religiosas lo que es más probable que entre en conflicto con la ciencia. […] Resulta de vital importancia para preservar la verdadera religión que se eviten dichos conflictos cuando surgen de temas que, en realidad, no son verdaderamente esenciales para alcanzar las metas religiosas.
Mis puntos de vista son cercanos a los de Spinoza: admiración por la belleza y creencia en la simplicidad lógica del orden y la armonía que se pueden conocer humilde y sólo imperfectamente. Creo que debemos conformarnos con nuestro conocimiento y comprensión imperfectos, y tratar los valores y las obligaciones morales como problemas puramente humanos.
Más allá se encontraba este mundo enorme, que existe independientemente de los seres humanos y que se alza ante nosotros como un acertijo gigantesco y eterno, que sólo es parcialmente accesible a nuestro análisis y pensamiento. La contemplación de este mundo actuó como una liberación y muy pronto me di cuenta de que muchos hombres que había aprendido a estimar y admirar habían encontrado la libertad y la seguridad interiores al ocuparse devotamente de él.
Así llegué […] a una religiosidad profunda que, sin embargo, tuvo un final abrupto a la edad de 12 años. A través de la lectura de libros de ciencia popular pronto llegué a la convicción de que gran parte de las historias de la Biblia no podían ser verdad. […] De esta experiencia creció una suspicacia ante todo tipo de autoridad, […] una actitud que no me ha abandonado nunca.
No creo que la filosofía y la razón vayan a ser las guías del hombre en un futuro previsible; no obstante, seguirán siendo el santuario más bello que siempre ha sido para los pocos escogidos.
En nuestra mente no se concibe ninguna idea independiente de nuestros cinco sentidos [es decir, no hay ninguna idea inspirada divinamente].
Es bastante posible que podamos hacer cosas más grandes que Jesús, porque lo que está escrito en la Biblia sobre él está embellecido de manera poética.
También existen los ateos fanáticos cuya intolerancia es la misma que la de los fanáticos religiosos, y nace de la misma fuente. […] Son criaturas incapaces de oír la música de las esferas.
A pesar de la existencia de tanta armonía en el cosmos que yo, con mi mente humana limitada, soy capaz de reconocer, sigue habiendo personas que dicen que no hay ningún Dios. Pero lo que me molesta realmente es que me citen a mí para apoyar su punto de vista.
Cuanto más avanza la evolución espiritual de la humanidad, me parece cada vez más cierto que el camino de la religiosidad genuina no pasa por el miedo a la vida, y el miedo a la muerte, y la fe ciega, sino por la búsqueda del conocimiento racional.
Cualquiera que haya vivido la intensa experiencia de un avance significativo en este dominio [la ciencia] se siente conmovido por una reverencia profunda por la racionalidad que se manifiesta en la existencia.
En su lucha por alcanzar la bondad ética, los maestros de religión deben tener el valor de abandonar la doctrina de un Dios personal, es decir, de abandonar la fuente de miedo y esperanza que en el pasado ha colocado un poder tan inmenso en manos de los sacerdotes.