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Familia

Miguel Hernández

Miguel Hernández

Madre España

Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra,
con todas las raíces y todos los corajes,
¿quién me separará, me arrancará de ti,
madre?

Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará,
si su fondo titánico da principio a mi carne?
abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa,
¡nadie!

Madre: abismo de siempre, tierra de siempre: entrañas
donde desembocando se unen todas las sangres:
donde todos los huesos caídos se levantan:
madre.

Decir madre es decir tierra que me ha parido;
es decir a los muertos: hermanos, levantarse;
es sentir en la boca y escuchar bajo el suelo
sangre.

La otra madre es un puente, nada más, de tus ríos.
El otro pecho es una burbuja de tus mares.
Tú eres la madre entera con todo su infinito,
madre.

Tierra: tierra en la boca, y en el alma, y en todo.
Tierra que voy comiendo, que al fin ha de tragarme.
Con más fuerza que antes, volverás a parirme,
madre.

Cuando sobre tu cuerpo sea una leve huella,
volverás a parirme con más fuerza que antes.
Cuando un hijo es un hijo, vive y muere gritando:
¡madre!

Hermanos: defendamos su vientre acometido,
hacia donde los grajos crecen de todas partes,
pues, para que las malas alas vuelen, aún quedan
aires.

Echad a las orillas de vuestro corazón
el sentimiento en límites, los efectos parciales.
Son pequeñas historias al lado de ella, siempre
grande.

Una fotografía y un pedazo de tierra,
una carta y un monte son a veces iguales.
Hoy eres tú la hierba que crece sobre todo,
madre.

Familia de esta tierra que nos funde en la luz,
los más oscuros muertos pugnan por levantarse,
fundirse con nosotros y salvar la primera
madre.

España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos
de dolor y de piedra profunda para darme:
no me separarán de tus altas entrañas,
madre.

Además de morir por ti, pido una cosa:
que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen,
vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,
madre.
760
Miguel Hernández

Miguel Hernández

Canción Del Esposo Soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.
910
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Zelmar

o es que existe un territorio

donde las sangres se mezclan(de una canción de Daniel Viglietti)



Ya van días y noche que pienso pobre flaco

y no puedo ni quiero apartar el recuerdo


no el subido al cajón a la tribuna

con su palabra de espiral velocisima

que blindaba los pregones del pueblo

o encendía el futuro con unas pocas brasas

ni el cruzado sin tregua que quería

salvar la sangre prójima aferrándose

a la justicia esa pobre lisiada


no es el rostro allá arriba el que concurre

mas bien el compañero del exilio

el cálido el silencio aquel buen parroquiano

del boliche de la calle maipú

fiel al churrasco y al budín de pan

rodeado de hijos hijas yernos nietos

ese flamante abuelo con cara de muchacho

hablando del paisito con la pasión ecuánime

sin olvidar heridas

y tampoco quedándose en el barro

siempre haciendo proyectos y eran viables

ya que su vocación de abrecaminos

lo llevaba a fundar optimismos atajos

cuando alguno se daba por maltrecho


y a pesar de la turbia mescolanza

que hay en el techo gris de la derrota

nadie consiguió que tildara de enemigos

a quienes bien o mal

radiantes o borrosos

faros o farolitos

eran pueblo

como
él


y también comparece el vigilado

por esos tiras mansos con quienes conversaba

de cine libros y otras zancadillas

en el hotel o escala o nostalgia

de la calle corrientes


se que una vez el dueño que era amigo

lo reconvino porque había una cola

de cincuenta orientales nada menos

que venían con dudas, abandonos

harapos desempleos frustraciones conatos

pavores esperanzas cabalas utopías


y el escuchaba a todos

el ayudaba comprendía a todos

lo hacia cuerdamente y si algo prometía

lo iba a cumplir después con el mismo rigor

que si fuera contrato ante escribano público

no se puede agregar decia despacito

mas angustia a la angustia

no hay derecho


y trabaja siempre

noche y día

quizás para olvidar que la muerte miraba

de un solo manotazo espantaba sus miedos

como si fueran moscas o rumores

y pese a las calumnias las alarmas

su confianza era casi indestructible

llevaba la alegria siempre ilesa

de la gente que cumple con la gente


solo un imagen lo vencia

era la hija inerme

la hija en la tortura

durante quince insomnios la engañaron diciendole

que lo habian borrado en la Argentina

era un viejo proyecto por lo visto

entonces si pedia ayuda para

no caer en la desesperación

para no maldecir mas de la cuenta

ya van noches y días que pienso pobre flaco

un modo de decir pobres nosotros

que nos hemos quedado

sin su fraternidad sobre la tierra

no se me borra la sonrisa el gesto

de la ultima vez que lo vi junto a chicho

y no le dije adios sino cuidate

pero los dos sabiamos que no se iba a cuidar


por lo comun cuando cae un verdugo

un doctor en crueldad, un mitrione cualquiera

los canallas zalameros recuerdan

que deja tres cuatro

verduguitos en ciernes


ahora que problema este hombre legal

este hombre cabal acribillado

este muerto inmorible con las manos atadas

deja diez hijos tras de si

diez huellas

pienso en cecilia en chicho

en isabel margarita felipe

y los otros que siempre lo rodeaban

porque tambien a ellos inspiraba confianza

y que lindos gurises ojala

vayan poquito a poco entendiendo su duelo

resembrando a zelmar en sus diez surcos


puede que la tristeza me haga decir ahora

sin el aval de las computadoras

que era el mejor de nosotros

y era

pero nada me hará olvidar que fue

quien haciendo y rehaciendo

se purifico mas en el exilio


mañana apretaremos con los dientes

este gajo de asombro

este agrio absurdo gajo

y tragaremos

seguirá
la vida

pero hoy este horror es demasiado


que no profane el odio

a este bueno yacente este justo

que el odio quede fuera del recinto

donde estan los que quiso y que lo quieren

solo por esta noche

por esta pena apenas

para que nada tizne

esta vela de almas


pocos podran como él

caer tan generosamente

tan atrozmente ingenuos

tan limpiamente osados


mejor juntemos nuestras osadías

la generosidad mas generosa

y ademas instalemos con urgencia

fieles radares en la ingenuidad


convoquemos aquí a nuestros zelmares

esos que el mismo nos dejo en custodia

el que ayudo a cada uno en su combate

en su mas sola soledad

y hasta nos escucho los pobres sueños

él

que
siempre salía

de
alguna pesadilla

y si tendia una mano era una mano

y si daba consuelo era un consuelo

y nunca un simulacro


convoquemos aquí a nuestros zelmares

en ellos no hay ceniza

ni muerte ni derrota ni tierno descalabro

nuestros zelmares siguen tan campantes

señeros renacidos

únicos y plurales

fieles y hospitalarios

convoquemos aquí a nuestros zelmares

y si aun asi fraternos

asi reunidos en un duro abrazo


en una limpia desesperación

cada uno de esos módicos zelmares

echa de menos a zelmar

será

que el horror sigue siendo demasiado

y ya que nuestro muerte

como diria roque en plena vida

es un indócil

ya que es un difunto peliagudo

que no muere en nosotros

pero muere

que cada uno llore como pueda


a lo mejor entonces

nuestro zelmar

ese
de cada uno

ese que el mismo nos dejo en custodio

a cada uno tendera una mano

y como en tantas otras

malas suertes y noches

nos sacara del pozo

desamortajara nuestra alegría

y empezara a blindarnos los pregones

a encender el futuro con unas pocas brasas


mayo 1976.

828
Mario Benedetti

Mario Benedetti

La Casa Y El Ladrillo

a los que

adentro y afuera

viven y se desviven

mueren y se desmueren


LA CASA Y EL LADRILLO


Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo
para mostrar al mundo cómo era su casa.Bertolt Brecht


Cuando me confiscaron la palabra

y me quitaron hasta el horizonte

cuando salí silvando despacito

y hasta hice bromas con el funcionario

de emigración o desintegración

y hubo el adiós de siempre con la mano

a la familia firme en la baranda

a los amigos que sobrevivían

y un motor el derecho tosió fuerte

y movió la azafata sus pestañas

como diciendo a vos yo te conozco

yo tenía estudiada una teoría

del exilio mis pozos del exilio

pero el cursillo no sirvió de nada


cómo saber que las ciudades reservaban

una cuota de su amor más austero

para los que llegábamos

con el odio pisándonos la huella

cómo saber que nos harían sitio

entre sus escaseces más henchidas

y sin averiguarnos los fervores

ni mucho menos el grupo sanguíneo

abrirían de par en par sus gozos

y también sus catástrofes

para que nos sintiéramos

igualito que en casa


cómo saber que yo mismo iba a hallar

sábanas limpias desayunos abrazos

en pueyrredón y french

en canning y las heras

y en lince

y en barranco

y en arequipa al tres mil seiscientos

y en el vedado

y dondequiera


siempre hay calles que olvidan sus balazos

sus silencios de pizarra lunar

y eligen festejarnos recibirnos llorarnos

con sus tiernas ventanas que lo comprenden todo

e inesperados pájaros entre flores y hollines

también plazas con pinos discretísimos

que preguntan señor cómo quedaron

sus acacias sus álamos

y los ojos se nos llenan de láminas

en rigor nuestros árboles están sufriendo como

por otra parte sufren los caballos la gente

los gorriones los paraguas las nubes

en un país que ya no tiene simulacros


es increíble pero no estoy solo

a menudo me trenzo con manos o con voces

o encuentro una muchacha para ir lluvia adentro

y alfabetizarme en su áspera hermosura

quién no sabe a esta altura que el dolor

es también un ilustre apellido


con éste o con aquélla nos miramos de lejos

y nos reconocemos por el rictus paterno

o la herida materna en el espejo

el llanto o la risa como nombres de guerra

ya que el llanto o la risa legales y cabales

son apenas blasones coberturas


estamos desarmados como sueño en andrajos

pero los anfitriones nos rearman de apuro

nos quieren como aliados y no como reliquias

aunque a veces nos pidan la derrota en hilachas

para no repetirla


inermes como sueños así vamos

pero los anfitriones nos formulan preguntas

que incluyen su semilla de respuesta

y ponen sus palomas mensajeras y lemas

a nuestra tímida disposición

y claro sudamos los mismos pánicos

temblamos las mismas preocupaciones


a medida que entramos en el miedo

vamos perdiendo nuestra extranjería

ei enemigo es una niebla espesa

es el común denominador o

denominador plenipotenciario


es bueno reanudar el enemigo

de lo contrario puede acontecer

que uno se ablande al verlo tan odioso

el enemigo es siempre el mismo cráte

todavía no hay volcanes apagados


cuando nos escondemos a regar

la maceta con tréboles venéreos

aceitamos bisagras filosóficas

le ponemos candado a los ex domicilios

y juntamos las viudas militancias

y desobedecemos a los meteorólogos

soñamos con axilas y grupas y caricias

despertamos oliendo a naftalina

todos los campanarios nos conmueven

aunque tan solo duren en la tarde plomiza

y estemos abollados de trabajo


el recuerdo del mar cuando no hay mar

nos desventura la insolencia y la sangre

y cuando hay mar de un verde despiadado

la ola rompe en múltiples agüeros


uno de los problemas de esta vida accesoria

es que en cada noticia emigramos

siempre los pies alados livianísirnos

del que espera la señal de largada

y claro a medida que la señal no llega

nos aplacamos y nos convertimos

en herines apiñados y reumáticos


y bien esa maciza ingravidez

alza sus espirales de huelo en el lenguaje

hablamos ele botijas o gurises

y nos traducen pibe riñe guagua

suena ta o taluego

y es como si cantáramos desvergonzadamente

do jamás se pone el sol se pone el sol


y nos aceptan siempre

nos inventan a veces

nos lustran la morriña majadera

con la nostalgia que hubieran tenido

o que tuvieron o que van a tener

pero además nos muestran ayeres y anteayeres

la película entera a fin de que aprendamos

que la tragedia es ave migratoria

que los pueblos irán a contramuerte

y el destino se labra con las uñas


habrá que agradecerlo de por vida

acaso más que el pan y la cama y el techo

y los poros alertas del amo

r habrá que recordar con un exvoto

esa pedagogía solidaria y tangible


por lo pronto se sienten orgullosos

de entender que no vamos a quedarnos

porque claro hay un cielo

que nos gusta tener sobre la crisma

así uno va fundando las patrias interinas

segundas patrias siempre fueron buenas

cuando no nos padecen y no nos compadecen

simplemente nos hacen un lugar junto al fuego

y nos ayudan a mirar las llamas

porque saben que en ellas vemos nombres y bocas


es dulce y prodigiosa esta patria interina

con manos tibias que reciben dando

se aprende todo menos las ausencias

hay certidumbres y caminos rotos

besos rendidos y provisionales

brumas con barcos que parecen barcos

y lunas que reciben nuestra noche

con tangos marineras sones rumbas

y lo importante es que nos acompañan

con su futuro a cuestas y sus huesos


esta patria interina es dulce y honda

tiene la gracia de rememorarnos

de alcanzarnos noticias y dolores

como si recogiera cachorros de añoranza

y los diera a la suerte de los niños


de a poco percibimos los signos del paisaje

y nos vamos midiendo primero con sus nubes

y luego con sus rabias y sus glorias

primero con sus nubes

que unas veces son fibras filamentos

y otras veces tan redondas y plenas

como tetas de madre treinteañera

y luego con sus rabias y sus glorias

que nunca son ambiguas


acostumbrándonos a sus costumbres

llegamos a sentir sus ráfagas de historia

y aunque siempre habrá un nudo inaccesible

un útero de glorias que es propiedad privada

igual nuestra confianza izará sus pendones

y creeremos que un día que también que ojalá


aquí no me segrego

tampoco me segregan

hago de centinela de sus sueños

podemos ir a escote en el error

o nutrirnos de otras melancolías


algunos provenimos del durazno y la uva

otros vienen del mango y el mamey

y sin embargo vamos a encontrarnos

en la indócil naranja universal


el enemigo nos vigila acérrimo

él y sus corruptólogos husmean

nos aprenden milímetro a milímetro

estudian las estelas que deja el corazón

pero no pueden descifrar el rumbo

se les ve la soberbia desde lejos

sus llamas vuelven a lamer el cielo

chamuscando los talones de dios


su averno monopólico ha acabado

con el infierno artesanal de leviatán


es fuerte el enemigo y sin embargo

mientras la bomba eleva sus hipótesis

y todo se asimila al holocausto

una chiva tranquila una chiva de veras

prosigue masticando en el islote


ella solita derrotó al imperio

todos tendríamos que haber volado

a abrazar a esa hermana

ella sí demostró lo indemostrable

y fue excepción y regla todo junto

y gracias a esa chiva de los pueblos

ay nos quedamos sin apocalipsis


cuando sentimos el escalofrío

y los malos olores de la ruina

siempre es bueno saber que en algún meridiano

hay una chiva a lo mejor un puma

un ñandú una jutía una lombriz

un espermatozoide un feto una criatura

un hombre o dos un pueblo

una isla un archipiélago

un continente un mundo

tan firmes y tan dignos de seguir masticando

y destruir al destructor y acaso

desapocalipsarnos para siempre


es germinal y aguda esta patria interina

y nuestro desconsuelo integra su paisaje

pero también lo integra nuestro bálsamo


por supuesto sabemos desenrollar la risa

y madrugar y andar descalzos por la arena

narrar blancos prodigios a los niños

inventar minuciosos borradores de amor

y pasarlos en limpio en la alta noche

juntar pedazos de canciones viejas

decir cuentos de loros y gallegos

y de alemanes y de cocodrilos

y jugar al pingpong y a los actores

bailar el pericón y la milonga

traducir un bolero al alemán

y dos tangos a un vesre casi quechua

claro no somos una pompa fúnebre

usamos el derecho a la alegría


pero cómo ocultarnos los derrumbes

el canto se nos queda en estupor

hasta el amor es de pronto una culpa

nadie se ríe de los basiliscos

he visto a mis hermanos en mis patrias suplentes

postergar su alegría cuando muere la nuestra

y ese sí es un tributo inolvidable


por eso cuando vuelva


y algún día será

a mis tierras mis gentes y mi cielo

ojaló que el ladrillo que a puro riesgo traje

para mostrar al mundo cómo era mi casa

dure como mis duras devociones

a mis patrias suplentes compañeras

viva como un pedazo de mi vida

quede como un ladrillo en otra casa.


junio 1976

1.222
Mario Benedetti

Mario Benedetti

Mucho Más Grave

Todas las parcelas de mi vida tienen algo tuyo
y eso en verdad no es nada extraordinario
vos lo sabés tan objetivamente como yo

sin embargo hay algo que quisiera aclararte
cuando digo todas las parcelas

no me refiero sólo a esto de ahora
a esto de esperarte y aleluya encontrarte
y carajo de perderte
y volverte a encontrar
y ojalá nada más

no me refiero sólo a que de pronto digas
voy a llorar
y yo con un discreto nudo en la garganta
bueno llorá
y que un lindo aguacero invisible nos ampare
y quizá por eso salga enseguida el sol

ni me refiero sólo a que día tras día
aumente el stock de nuestras pequeñas
y decisivas complicidades
o que yo pueda o creerme que puedo
convertir mis reveses
en victorias
o me hagas el tierno regalo
de tu más reciente desesperación

no
la cosa es muchísimo más grave

cuando digo todas las parcelas
quiero decir que además de ese dulce cataclismo
también estás reescribiendo mi infancia
esa edad en que uno dice cosas adultas y solemnes
y los solemnes adultos las celebras
y vos en cambio sabés que eso no sirve
quiero decir que estás rearmando mi adolescencia
ese tiempo en que fui un viejo cargado de recelos
y vos sabés en cambio extraer de ese páramo
mi germen de alegría y regarlo mirándolo

quiero decir que estás sacudiendo mi juventud
ese cántaro que nadie tomó nunca en sus manos
esa sombra que nadie arrimó a su sombra
y vos en cambio sabés estremecerla
hasta que empiecen a caer las hojas secas
y quede el armazón de mi verdad sin proezas

quiero decir que estás abrazando mi madurez
esta mezcla de estupor y experiencia
este extraño confín de angustia y nieve
esta bujía que ilumina la muerte
este precipicio de la pobre vida

como ves es más grave
muchísimo más grave
porque con estas o con otras palabras
quiero decir que no sos tan sólo
la querida muchacha que sos
sino también las espléndidas
o cautelosas mujeres
que quise o quiero

porque gracias a vos he descubierto
(dirás que ya era hora
y con razón)
que el amor es una bahía linda y generosa
que se ilumina y se oscurece
según
venga la vida

una bahía donde los barcos
llegan y se van

llegan los pájaros y augurios
y se van con sirenas y nubarrones
una bahía linda y generosa
donde los barcos llegan
y
se van
pero vos
por favor
no
te vayas.
927
Lope de Vega

Lope de Vega

Hortelano Era Belardo

Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia,
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.

Pasado el hebrero loco,
flores para mayo siembra,
que quiere que su esperanza
dé fruto a la primavera.

El trébol para las niñas
pone al lado de la huerta,
porque la fruta de amor
de las tres hojas aprenda.

Albahacas amarillas,
a partes verdes y secas,
trasplanta para casadas
que pasan ya de los treinta;

y para las viudas pone
muchos lirios y verbena,
porque lo verde del alma
encubre la saya negra.

Torongil para muchachas
de aquellas que ya comienzan
a deletrear mentiras,
que hay poca verdad en ellas.

El apio a las opiladas,
y a las preñadas almendras;
para melindrosas cardos
y ortigas para las viejas.

Lechugas para briosas
que cuando llueve se queman,
mastuerzo para las frías,
y ajenjos para las feas.

De los vestidos que un tiempo
trujo en la Corte, de seda,
ha hecho para las aves
un espantajo de higuera.

Las lechuguillazas grandes,
almidonadas y tiesas,
y el sombrero boleado
que adorna cuello y cabeza;

y sobre un jubón de raso
la más guarnecida cuera,
sin olvidarse las calzas
españolas y tudescas.

Andando regando un día,
vióle en medio de la higuera
y riéndole de velle,
le dice desta manera:

«—¡Oh ricos despojos
de mi edad primera
y trofeos vivos
de esperanzas muertas!

¡Qué bien parecéis
de dentro y de fuera,
sobre que habéis dado
fin a mi tragedia!

¡Galas y penachos
de mi soldadesca,
un tiempo colores
y agora tristeza!

Un día de Pascua
os llevé a mi aldea,
por galas costosas,
invenciones nuevas.

Desde su balcón
me vio una doncella,
con el pecho blanco
y la ceja negra.

Dejóse burlar,
caséme con ella,
que es bien que se paguen
tan honrosas deudas.

Supo mi delito
aquella morena
que reinaba en Troya
cuando fue mi reina.

Hizo de mis cosas
una grande hoguera,
tomando venganza
en plumas y letras—».
534
Lope de Vega

Lope de Vega

Por Las Riberas Famosas

Por las riberas famosas
de las aguas de Jarama,
junto del mesmo lugar
que Tajo las acompaña,

alegre sale Belardo
a recibir justa paga
de tantos años de amor,
celos, temor y mudanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Vase a casar a su aldea
con Filis su enamorada,
que se la entrega su padre
después de tantas desgracias.

Contento lleva el villano,
por los ojos muestra el alma,
que al fin de tanta fortuna
promete el cielo bonanza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


No va como suele a pie,
ni lleva toscas abarcas,
de pieles de lobo muerto
tintas en sangre de vaca,

zapatos blancos picados,
media verde lagartada,
botones de vidrio y fuego,
porque se los dio su dama.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va caballero brioso
en una yegua alazana,
la silla lleva de frisa,
y de hiladillo la franja,

sombrero nuevo de feria,
capa de capilla larga,
con un sayo verde escuro,
agironado de grana

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Va amostrando en el vestido
las esperanzas del alma,
tan cerca ya de cumplirlas
como tardías y largas.

Guardadas lleva en el seno
de Filis todas las cartas,
que si son obligaciones
quiere pagar y borrallas.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!


Llegó Belardo a la villa
y de su suegro a la casa,
sale a tener el estribo
mientras de la yegua baja.

Filis, abiertos los brazos,
marido y señor le llama;
él, señora y dulce esposa;
besóla y ella lo abraza.

¡Dichoso el pastor que alcanza
tan regalado fin de su esperanza!
402
Luis Felipe Vivanco

Luis Felipe Vivanco

Presentación A Los Pájaros

Con mi niñita nueva bajo el brazo
salgo a la primavera,
nuestra niña de invierno aún empañada
de calor tuyo y vaho de tu cueva.
Salgo al volar travieso de los pájaros
con mi niñita nueva,
nuestra cachorra acariciada por la
nocturna vecindad de tus riberas.
Bajo el brazo la traigo y no me olvido,
al contemplaros, de ella;
¡oh juventud del cielo!, ¡oh campo verde
y recuestos en flor como una fiesta!
La traigo blanca y rubia y no la cambio
por la menuda yerba,
ni por la más silvestre forecilla
que un delantal, en vez de un traje, estrena.
¡Cuántas veces los dos hemos salido
prolongando la espera
tan frecuentada ya por sus pisadas
y andada, con su ritmo, hacia la sierra!
Su ritmo entre los surcos, con el denso
crecer de la cosecha,
y en el pujar suave de los árboles,
y en la dulce estrechez de las veredas.
Su ritmo en tu cintura, y en tus húmedas
mejillas con ojeras
de la tarde que se apaga, su caricia
de fresco viento matinal que empieza.
Gorjeos matinales nos descubren
otra vez, pero aquella
éramos, los dos solos, nuestro abrazo,
y ahora somos, también, su mies pequeña,
su pelusilla rubia, su puñado
de sol, de agua despierta,
¡cortejadla, mis pájaros, y amadla!
¡mi ruiseñor, y mi mirlo, y oropéndola!
¡Mi urraca que a saltitos desmenuzas
tu fama de usurera!
¡Mis golondrinas de hace un año, dentro
del viejo portalón con sus macetas!
¡Mis huéspedes celestes, tan asiduos
cantores, tan cerca,
tan de huerto cerrado y pobres tapias,
tan de lluvia y celindas, tan de veras!
Piad como esta vez, como sois siempre
de alados, como cuelgan
vuestras voces y juegos bulliciosos
en el aire que huele a lila y menta.
Tú, ruiseñor, el trino entreverado
de magnolia y estrella.
Y tú, mirlo, tus silbos casi azules.
Tú, urraca, tu cascada voz de tierra.
Vosotras, golondrinas, vuestra albórbola
cotidiana y obrera.
Tú, oropéndola, el eco espejeante
de un interior sonoro de colmena.
Con mi niñita nueva bajo el brazo
llego a la primavera,
¡mirad que os la presento aún con escarcha,
recién hecha de amor, y nuestra y vuestra!
381
Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

A La Excma Sra Marquesa De Villafranca Con Motivo De La Muerte De Su Hijo Primogénito Silva Elegí

No siempre de las nubes abundante
lluvia baña los prados
ni siempre altera el piélago sonante
Bóreas, ni mueve los robustos pinos
sobre los montes de Pirene helados.
A los acerbos turbulentos días
otros siguen de paz, la luz de Apolo
cede a las sombras frías,
a el mal sucede el bien. En esto solo,
los aciertos divinos
el hombre ve de aquella mano eterna

que en orden admirable,
todo lo muda y todo lo gobierna.

Y tú, rendida a la aflicción y el llanto,
¿Durar podrás en luto miserable,
sensible madre, enamorada esposa?
¿Pudo en tu pecho tanto
la pérdida cruel, que a la preciosa
víctima por la muerte arrebatada,
otra añadir intentes?
Y no será que de tu ruego instada,
la prenda que llevó te restituya,
no, que la esconde en el sepulcro frío.

Esa vida fugaz no toda es tuya
es de un esposo, que el afán que sientes
sufre, y el caso impío
que de su bien le priva y su esperanza:
es de tu prole hermosa,
que mitigar intenta
con oficioso ardor tu amargo lloro;
si tanto premio su fatiga alcanza.

Sube doliente a las techumbres de oro
el gemido materno,
y en la callada noche se acrecienta.
La indócil fantasía
te muestra al hijo tierno,
como a tu lado le admiraste un día,
sensible a la amistad, y al heredado
honor: modesto en su moral austera:
al ruego de los míseros piadoso:
de obediencia filial, de amor fraterno,
de virtud verdadera
ejemplo no común. Negó al reposo
las fugitivas horas,
y al estudio las dio: sufrió constante
las iras de la suerte,
cuando no usada a tolerar cadena,
la patria alzó sus cruces vencedoras.
¡Oh! Si en edad más fuerte
se hubiese visto, y del arnés armado
en la sangrienta arena:
¡Oh, como hubiera dado
castigo a la soberbia confianza
del invasor injusto,
a su nación laureles,
gloria a su estirpe y a su rey venganza!

Tanto anunciaba el ánimo robusto,
con que en el lecho de dolor postrado,
le viste padecer ansias crueles;
cuando inútil el arte
cedió y confuso, y le cubrió funesta
sombra de muerte en torno. El arco duro
armó la inexorable, al tiro presta,
y por el viento resonando parte
la nunca incierta vira.
Él, de valor, de alta esperanza lleno,
preciando en nada el mundo que abandona,

reclinado en el seno
de la inefable Religión espira.

Ya no es mortal. Entre los suyos vive:
de fúlgido esplendor áurea corona
le circunda la frente.
El premio de sus méritos recibe
ante el solio del Padre omnipotente
de angélicos espíritus cercado
que difunden fragancias y armonía
por el inmenso Olimpo, luminoso.
Debajo de sus pies parece obscuro
el gran planeta que preside al día,
ve el giro dilatado
que dan los orbes por el éter puro,
en tardos o veloces movimientos,
verá los siglos sucederse lentos
y él en quietud segura
gozará venturoso
del sumo bien que para siempre dura.

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Jaime Sabines

Jaime Sabines

Tía Chofi

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
Yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta
con tus setenta años de virgen definitiva,
tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.
Hiciste bien en morirte, tía Chofi,
porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,
porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,
ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba
que querías morirte y te aguantabas.
¡Hiciste bien!
Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.
¡Te siento tan desamparada,
tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,
sin quien te dé un pan!
Me aflige pensar que estás bajo la tierra
tan fría de Berriozábal,
sola, sola, terriblemente sola,
como para morirse llorando.
Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,
que más vale callar,
¿pero qué quieres que haga
si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?

Ah, jorobada, tía Chofi,
me gustaría que cantaras
o que contaras el cuento de tus enamorados.
Los campesinos que te enterraron sólo tenían
tragos y cigarros,
y yo no tengo más.
Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.
Nunca ha sido tan real eso en lo que tu creíste.
Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
a todos. Pedías para dar, desvalida.
Y no tenías el gesto agrio de las solteronas
porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
te repetías incansablemente
y eras la misma cosa siempre.
Fácil, como las flores del campo
con que las vecinas regaron tu ataúd,
nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.

Sofía, virgen, antigua, consagrada,
debieron enterrarte de blanco
en tus nupcias definitivas.
Tú que no conociste caricia de hombre
y que desjaste que llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,
tú, casta, limpia, sellada,
debiste llevar azahares tu último día.
Exijo que los ángeles te tomen
y te conduzcan a la morada de los limpios.
Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,
que la muerte recoja tu cabeza blandamente
y que cierre tus ojos con cuidados de madre
mientras entona cantos interminables.
Vas a ser olvidada de todos
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias;
pero en las mañanas, en la respiración del buey,
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades,
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.

Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,
con una cruz pequeña sobre tu tierra,
estás bien allí, bajo los pájaros del monte,
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.
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