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Poemas en este tema

Sueños e Imaginación

Dámaso Alonso

Dámaso Alonso

Preparativos De Viaje

Unos
se van quedando estupefactos,
mirando sin avidez, estúpidamente, más allá, cada
vez más allá,
hacia la otra ladera
otros
voltean la cabeza a un lado y otro lado,
sí, la pobre cabeza, aún no vencida,
casi
con gesto de dominio,
como si no quisieran perder la última página de un libro
de aventuras,
casi con gesto de desprecio
cual si quisieran
volver con despectiva indiferencia las espaldas
a una cosa apenas si entrevista,
mas que no va con ellos.

Hay algunos
que agitan con angustia los brazos por fuera del embozo,
cual si en torno a sus sienes espantaran tozudos moscardones azules
o cual si bracearan en un agua densa, poblada de invisibles medusas.
Otros maldicen a Dios,
escupen al Dios que los hizo
y las cuerdas heridas de sus chillidos acres
atraviesan como una pesadilla las salas insomnes del hospital,
hacen oscilar como viento sutil
las alas de las tocas
y cortan el torpe vaho del cloroformo.

Algunos llaman con débil voz
a sus madres
las pobres madres, las dulces madres
entre cuyas costillas hace ya muchos años que se pudren las
tablas del ataúd.

Y es muy frecuente
que el moribundo hable de viajes largos,
de viajes por transparentes mares azules, por archipiélagos
remotos,
y que se quiera arrojar del lecho
porque va a partir el tren, porque ya zarpa el barco.
(Y entonces se les hiela el alma
a aquellos que rodean al enfermo. Porque comprenden.)
Y hay algunos, felices,
que pasan de un sueño rosado, de un sueño dulce, tibio y
dulce,
al sueño largo y frío.

Ay, era ese engañoso sueño,
cuando la madre, el hijo, la hermana
han salido con enorme emoción, sonriendo, temblando, llorando,
han salido de puntillas,
para decir: « ¡Duerme tranquilo, parece que duerme muy
bien!»
Pero, no: no era eso.

... Oh sí; las madres lo saben muy bien: cada niño se
duerme de una manera distinta...

Pero todos, todos se quedan
con los ojos abiertos.
Ojos abiertos, desmesurados en el espanto último,
ojos en guiño, como una soturna broma, como una mueca ante un
panorama grotesco,
ojos casi cerrados, que miran por fisura, por un trocito de arco, por
el segmento inferior de las pupilas.

No hay mirada más triste.
Sí, no hay mirada más profunda ni más triste.

Ah, muertos, muertos, ¿qué habéis visto
en la esquinada cruel, en el terrible momento del tránsito?
Ah, ¿qué habéis visto en ese instante del
encontronazo con el camión gris de la muerte?
No sé si cielos lejanísimos de desvaídas
estrellas, de lentos cometas solitarios hacia la torpe nebulosa
inicial,
no sé si un infinito de nieves, donde hay un rastro de sangre,
una huella de sangre inacabable,
ni si el frenético color de una inmensa orquesta convulsa cuando
se descuajan los orbes,
ni si acaso la gran violeta que esparció por el mundo la
tristeza como un largo perfume de enero,
ay, no sé si habéis visto los ojos profundos, la faz
impenetrable.

Ah, Dios mío, Dios mío, ¿qué han visto un
instante esos ojos que se quedaron abiertos?
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Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

Invitación Al Paisaje

Invitar al paisaje a que venga a mi mano,

invitarlo a dudar de sí mismo,

darle a beber el sueño del abismo

en la mano espiral del cielo humano.


Que al soltar los amarres de los ríos

la montaña a sus mármoles apele

y en la cumbre el suspiro que se hiele

tenga el valor frutal de dos estíos.


Convencer a la nube

del riesgo de la altura y de la aurora,

que no es el agua baja la que sube

sino la plenitud de cada hora.


Atraer a la sombra

al seno de rosales jardineros.

(Suma el amor la resta de lo que amor se nombra

y da a comer la sobra a un palomar de ceros).


¡Si el mar quisiera abandonar sus perlas

y salir de la concha...!

Si por no derramarlas o beberlas

—copa y copo de espumas— las olvida.


Quién sabe si la piedra

que en cualquier recodo es maravilla

quiera participar de exacta exedra,

taza-fuente-jardín-amor-orilla.


Y si aquel buen camino

que va, viene y está, se inutiliza

por el inexplicable desatino

de una cascada que lo magnetiza.


¿Podrán venir los árboles con toda

su escuela abecedaria de gorjeos?

(Siento que se aglomeran mis deseos

como el pueblo a las puertas de una boda).


El río allá es un niño y aquí un hombre

que negras hojas junta en un remanso.

Todo el mundo le llama por su nombre

y le pasa la mano como a un perro manso.


¿En qué estación han de querer mis huéspedes

descender? ¿En otoño o primavera?

¿O esperarán que el tono de los céspedes

sea el ángel que anuncie la manzana primera?


De todas las ventanas, que una sola

sea fiel y se abra sin que nadie la abra.

Que se deje cortar como amapola

entre tantas espigas, la palabra.


Y cuando los invitados

ya estén aquí —en mí—, la cortesía

única y sola por los cuatro lados,

será dejarlos solos, y en signo de alegría

enseñar los diez dedos que no fueron tocados

sino

por

la

sola

poesía.
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Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

He Olvidado Mi Nombre

He olvidado mi nombre.
Todo será posible menos llamarse Carlos.
¿Y dónde habrá quedado?
¿En manos de qué algo habrá quedado?
Estoy entre la noche desnudo como un baño
listo y que nadie usa por no ser el primero
en revolver el mármol de un agua tan estricta
que fuera uno a parar en estatua de aseo.

Al olvidar mi nombre siento comodidades
de lluvia en un paraje donde nunca ha llovido.
Una presencia lluvia con paisaje
y un profundo entonar el olvido.

¿Qué hará mi nombre
en dónde habrá quedado?

Siento que un territorio parecido a Tabasco
me lleva entre sus ríos inaugurando bosques,
unos bosques tan jóvenes que da pena escucharlos
deletreando los nombres de los pájaros.

Son ríos que se bañan cuando lo anochecido
de todas las palabras siembra la confusión
y la desnudez del sueño está dormida
sobre los nombres íntimos de lo que fue una flor.

Y yo sin nombre y solo con mi cuerpo sin nombre
llamándole amarillo al azul y amarillo
a lo que nunca puede jamás ser amarillo;
feliz, desconocido de todos los colores.

¿A qué fruto sin árbol le habré dado mi
nombre
con este olvido lívido de tan feliz memoria?
En el Tabasco nuevo de un jaguar despertado
por los antiguos pájaros que enseñaron al día
a ponerse la voz igual que una sortija
de frente y de canto.

Jaguar que está en Tabasco y estrena desnudez
y se queda mirando los trajes de la selva,
con una gran penumbra de pereza y desdén.

Por nacer en Tabasco cubro de cercanías
húmedas y vitales el olvido a mi nombre
y otra vez terrenal y nuevo paraíso
mi cuerpo bien herido toda mi sangre corre.

Correr y ya sin nombre y estrenando hojarasca
de siglos.
Correr feliz, feliz de no reconocerse
al invadir las islas de un viaje arena y tibio.
He perdido mi nombre.
¿En qué jirón de bosque habrá quedado?

¿Qué corazón del río lo tendrá como
un pez,
sano y salvo?

Me matarán de hambre la aurora y el crepúsculo.
Un pan caliente —el Sol— me dará al mediodía.
Yo era siete y setenta y ahora sólo uno,
uno que vale uno de cerca y lejanía.

El bien bañado río todo desnudo y fuerte,
sin nombre de colores ni de cantos.
Defendido del Solo con la hoja de toh.
Todo será posible menos llamarme Carlos.
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Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

Poética Del Paisaje

POÉTICA DEL PAISAJE


A Vicente Magdaleno



Todas en el alero,

tornadizo perfil del mensajero

friso de palomar.


A medida que el pie cubre el espacio

el horizonte prometido enseña

su barricada azul, su tiempo lacio.


Muy cerca, a la distancia de un perfume,

una piedra aplastante.

En un charco, adelante,

un buen trago de lluvia se consume.


Ya lejos, unas lomas

de un verde "golf " y bosque a la derecha

y un tajo en carne viva su desnivel aploma.


(Un ocho de palomas

divide mi atención en varias fechas).


Al fin de la mirada se acomoda

la paloma de un templo en la colina.

A la izquierda la sierra cambia azules

temerosos. Y a veces, se ilumina

y lava sus colores y se pone desnuda

a recordar senderos y relieves.


Antes que se pensara

pasa una nube gruesa y siembra dudas

que florecen en tema de matices.

Y la memoria muda

cuatro temples de azul en gris perdices.


Pasa la nube a tono

con la punta del lápiz quebradiza.

Y está la pausa en trono.

(Tiempo y color: yo les doy un abono

y designo banquera a una sonrisa...)


Una paloma negra

entablera su vuelo y otras cuatro

buscan la aguja mágica del cuento.

Mientras vira la nube yo me ausento

a revisar las cuentas de mi teatro.


El patio lo ocupó el endecasílabo;

el palco y la platea

ciertos traje-de-cola alejandrinos.

En galería

hay uno que otro gratis sin oficio.


Nube y punta de lápiz acreditan:

una: luz por ausencia, y otra: cifra.

Y ya es mecer al aire

ya sin otro contento que el mecerlo,

en una prosa semejante al mar

que abstrae en espiral vidas de perlas.


Ya nada tengo que decir del panorama,

pero algo como el agua en el desierto

roba a todos la sed y queda intacta,

me queda en abundancia y en deseo

La sobra musical; una delicia

de todo ritmo, de toda danza,

de todo vuelo...

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Carlos Marzal

Carlos Marzal

Los Países Nocturnos

LOS PAÍSES NOCTURNOS

A Manuel A. Benítez Reyes


Hay una geografía de la mente.

Hay paisajes nocturnos, igual que hay territorios

en donde un sol dichoso se eterniza.

Hay países de sombra que regresan

en el maldito tren de largo recorrido

con parada en nosotros.

Hay un desierto de la inteligencia,

y he navegado océanos sin luz

al fondo de unos ojos

que no tenían fondo.


No es una nueva dimensión del mundo.

El primer hombre ya exploró la tierra

en su vastedad negra; le bastó un instante

de auténtico dolor, para haber fatigado

los trenes, los desiertos, las selvas y los ojos.


Estas desordenadas palabras en la niebla

no pretenden servir, ahora ni nunca,

de acta fundacional de ninguna ciudad.

Estas ciudades han sido desde siempre

y viven en el alma,

alzadas en un aire enrarecido,

callejón neblinoso por donde ya anduvimos,

extrarradio feroz al que nos condenaron.


Explorador sin suerte,

viajero del mundo que has perdido

el Sur y el Norte, y el avión de regreso

hacia una patria un poco más amable.

Hermano equivocado que estuviste

el día equivocado

en el equivocado centro de tu vida,

equivocando el modo de escaparte.


Hay una geografía de la mente.

Hay un teatro donde se representa

nuestro viaje hacia nosotros,

desde nosotros mismos.

Y en la escena final del acto último

hay un barco que se hunde en un hielo brumoso,

mientras en los salones

una orquesta fantasma

acomete un vals para los muertos.



Adivina quién fue invitado a los salones,

adivina quién baila la música fantasma,

y adivina quién

se hundió con ese barco.

570
Carlos Marzal

Carlos Marzal

Claudio Rodríguez

Claudio Rodríguez

The Nest Of Lovers

Y llegó la alegría
muy lejos del recuerdo cuando las gaviotas
con vuelo olvidadizo traspasado de alba
entre el viento y la lluvia y el granito y la arena,
la soledad de los acantilados
y los manzanos en pleno concierto
de prematura floración, la savia
del adiós de las olas ya sin mar
y el establo con nubes
y la taberna de los peregrinos,
vieja en madera de nogal negruzco
y de cobre con sol, y el contrabando,
la suerte y servidumbre, pan de ángeles,
quemadura de azúcar, de alcohol reseco y bello,
cuando subía la ladera me iban
acompañando y orientando hacia...

Y yo te veo porque yo te quiero.
No era la juventud, era el amor
cuando entonces viví sin darme cuenta
con tu manera de mirar al viento,
al fruto verdadero. Viste arañas
donde siempre hubo música
lejos de tantos sueños que iluminan
esa manera de mirar las puertas
con la sorpresa de su certidumbre,
pálida el alma donde nunca hubo
oscuridad sino agua
y danza.

Alza tu cara más porque no es una imagen
y no hay recuerdo ni remordimiento,
cicatriz en racimo, ni esperanza,
ni desnudo secreto, libre ya de tu carne,
lejos de la mentira solitaria,
sino inocencia nunca pasajera,
sino el silencio del enamorado,
el silencio que dura, está durando.

Y yo te veo porque yo te quiero.
Es el amor que no tiene sentido.
El polvo de la espuma de la alta marea
llega a la cima, al nido de esta casa,
a la armonía de la teja abierta
y entra en la acacia ya recién llovida
en las alas en himno de las gaviotas,
hasta en el pulso de la luz, en la alta
mano del viejo Terry en su taberna mientras,
toca con alegría y con pureza
el vaso aquel que es suyo. Y llega ahora
la niña Carol con su lucerío,
y la beso, y me limpia
cuando menos se espera.

Y yo te veo porque yo te quiero.
Es el amor que no tiene sentido.
Alza tu cara ahora a medio viento
con transparencia y sin destino en torno
a la promesa de la primavera,
los manzanos con júbilo en tu cuerpo
que es armonía y es felicidad,
con la tersura de la timidez
cuando se hace de noche y crece el cielo
y el mar se va y no vuelve
cuando ahora vivo la alegría nueva,
muy lejos del recuerdo, el dolor solo,
la verdad del amor que es tuyo y mío.
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