Pablo Neruda

Pablo Neruda

1904–1973 · vivió 69 años CL CL

Pablo Neruda fue un poeta y diplomático chileno, considerado uno de los escritores más importantes del siglo XX y una de las figuras literarias más influyentes de Hispanoamérica. Su obra, caracterizada por una gran versatilidad y profundidad emocional, abarca desde el amor y la naturaleza hasta la denuncia social y la reflexión histórica. Reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1971, Neruda dejó un legado literario vastísimo y universal, explorando las complejidades del ser humano y su relación con el mundo a través de un lenguaje rico y evocador que ha cautivado a lectores de todas las generaciones.

n. 1904-07-12, Parral · m. 1973-09-23, Santiago

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Tu Risa

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mi todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, más conocido por su seudónimo Pablo Neruda, es una de las figuras literarias más universales de América Latina y de España. Nació el 12 de julio de 1904 en Parral, Chile. Falleció el 23 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile. Hijo de un obrero ferroviario y una maestra, creció en un ambiente humilde y republicano en Temuco, al sur de Chile. Fue diplomático de carrera y militante comunista. Escribió en español. Vivió gran parte del siglo XX, un periodo de profundas transformaciones sociales, políticas y culturales a nivel global, incluyendo guerras mundiales, revoluciones y el auge de movimientos de izquierda y derecha.

Infancia y formación

Su infancia transcurrió en Temuco, donde su padre, José del Carmen Reyes, trabajaba como obrero ferroviario, y su madre, Rosa Basoalto, falleció poco después de su nacimiento. Fue criado por su madrastra, Trinidad Candia Marverde. Desde joven mostró una inclinación por la literatura, influenciado por lecturas de poetas como Rubén Darío, que luego se convertiría en una de sus grandes referencias. Su formación fue principalmente autodidacta, devorando libros en la biblioteca de Temuco. Asistió al Liceo de Aplicación en Santiago. Fue un ávido lector de literatura rusa, española y francesa. Las ideas socialistas y la preocupación por las injusticias sociales marcaron su pensamiento desde la juventud. La temprana muerte de su madre y la relación a veces tensa con su padre moldearon su sensibilidad.

Trayectoria literaria

Comenzó a escribir poesía a los trece años. Su primer libro, *Crepusculario*, fue publicado en 1923. El reconocimiento llegó con *Veinte poemas de amor y una canción desesperada* (1924), que lo catapultó a la fama. Su obra evolucionó desde el lirismo juvenil hacia una poesía más comprometida social y políticamente, y luego hacia una etapa de madurez con tintes épicos y metafísicos. Se pueden distinguir varias etapas: la de la poesía amorosa y existencial, la de la poesía de vanguardia y surrealista, la de la poesía social y política, y la de las *Odas Elementales*. Publicó prolíficamente a lo largo de su vida, con títulos como *Residencia en la tierra* (1933-1935), *Canto General* (1950), *Odas elementales* (1954-1957), *Estravagario* (1958) y *Memorial de Isla Negra* (1964-1972). Fue cónsul en Rangún, Colombo, Batavia, Singapur, Buenos Aires y Barcelona. Fue embajador en Francia durante el gobierno de Salvador Allende. Colaboró en numerosas revistas literarias y periódicos a lo largo de su carrera. Escribió una autobiografía titulada *Confieso que he vivido* (publicada póstumamente en 1974).

Obra, estilo y características literarias

Sus obras principales incluyen *Veinte poemas de amor y una canción desesperada* (1924), *Residencia en la tierra* (1933-1935), *Canto General* (1950), *Odas Elementales* (1954-1957) y *Confieso que he vivido* (1974). Los temas dominantes son el amor, la muerte, la naturaleza, la patria, la historia, la política, la soledad y lo cotidiano. Experimentó con diversas formas, desde el verso libre hasta estructuras más clásicas, aunque predominó la libertad métrica. Utilizó a menudo el verso largo y el encabalgamiento, buscando una musicalidad propia. Su estilo es conocido por su imaginería poderosa y sensorial, metáforas audaces y un lenguaje a la vez popular y culto. Su tono varía enormemente, desde la melancolía y la ternura hasta la épica y la denuncia social. La voz poética es frecuentemente confesional y personal, pero también adopta una perspectiva colectiva y universal, especialmente en su poesía política y social. Neruda integró elementos del surrealismo y del realismo social, innovando en la forma de abordar la experiencia humana y la realidad latinoamericana. Su obra dialoga con la tradición poética española e hispanoamericana, pero la proyecta hacia una modernidad comprometida.

Contexto cultural e histórico

Vivió en una época convulsa, marcada por la Guerra Civil Española (que lo afectó profundamente, llevándolo a un compromiso político antifascista), la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la Guerra de Vietnam. Fue un activo militante del Partido Comunista de Chile. Estuvo estrechamente vinculado a círculos literarios e intelectuales de izquierda en América Latina y Europa. Fue amigo de poetas como Federico García Lorca y Miguel Ángel Asturias. Se le asocia al movimiento del Nuevo Surrealismo y, sobre todo, a la poesía social y de compromiso. Su compromiso político y social fue una constante en su vida y obra, lo que le valió tanto admiración como críticas y persecución política, incluido el exilio. La realidad latinoamericana, sus luchas sociales y su identidad fueron motores fundamentales de su escritura. Tuvo relaciones complejas con otros escritores y figuras políticas de su tiempo. Su recepción en vida fue masiva, siendo considerado un poeta popular y de Estado, mientras que el reconocimiento póstumo ha consolidado su lugar como un clásico universal, a veces con debates sobre la objetividad de su legado político frente al valor de su poesía.

Vida personal

Tuvo varios matrimonios y relaciones amorosas significativas, como con María Antonieta Hagenaar Vogelzang, Delia del Carril y Matilde Urrutia, quienes inspiraron parte de su poesía amorosa y marcaron su vida. Fue amigo cercano de Salvador Allende, a quien apoyó fervientemente. Tuvo amistades y rivalidades con otros escritores de su época. Sufrió persecución política y periodos de exilio, lo que influyó en su estado de ánimo y su escritura. Además de su carrera diplomática, vivió de su escritura y de los reconocimientos recibidos. Sus creencias políticas y su visión humanista fueron centrales en su vida y su obra. Su compromiso cívico fue innegable, abogando por la justicia social y la paz.

Reconocimiento y recepción

Es uno de los poetas chilenos y latinoamericanos más reconocidos a nivel mundial. Ganó el Premio Nacional de Literatura de Chile en 1945 y el Premio Nobel de Literatura en 1971. Su obra ha sido traducida a innumerables idiomas y es estudiada en universidades de todo el mundo. Fue un poeta de enorme popularidad en vida, capaz de llegar a un público muy amplio. La recepción crítica ha sido generalmente muy positiva, destacando su maestría lírica y su capacidad para conectar con las emociones humanas universales, aunque también ha habido análisis críticos que cuestionan aspectos de su compromiso político o la sobrevaloración de su figura.

Influencias y legado

Fue influenciado por el simbolismo, el modernismo hispanoamericano (especialmente Rubén Darío), la poesía surrealista y autores como Walt Whitman y los poetas rusos. Su legado es inmenso. Ha influido a generaciones de poetas en todo el mundo, tanto en el ámbito lírico como en el del compromiso social. Su obra forma parte del canon literario universal. Sus poemas han sido musicalizados por numerosos artistas y adaptados a diferentes formatos. Existe una vasta bibliografía de estudios académicos dedicados a su obra.

Interpretación y análisis crítico

Su obra permite múltiples lecturas: desde el amor romántico y desgarrado hasta la crítica social, la meditación sobre la historia y la condición humana. Sus poemas exploran temas filosóficos como la fugacidad del tiempo, la soledad existencial y la búsqueda de identidad. Ha habido debates sobre la coherencia de su discurso político y su vida privada, así como sobre la objetividad de su poesía social, pero su capacidad para evocar emociones y crear imágenes poderosas es raramente cuestionada.

Infancia y formación

Vivió en diversas casas emblemáticas, como La Chascona en Santiago, que hoy son museos. Era conocido por su gran generosidad y hospitalidad. Su relación con la política a veces eclipsaba la apreciación de su lirismo puro. Fue un gran coleccionista de objetos y antigüedades, que a menudo aparecían en su poesía. Usaba la escritura como un acto cotidiano y casi ritual. Escribía a mano, a menudo en papel de envolver o cualquier soporte disponible. Su afición por los barcos y el mar se refleja en muchos de sus poemas.

Muerte y memoria

Falleció en Santiago, pocos días después del golpe de Estado de 1973, en circunstancias que han sido objeto de debate y investigación, aunque las causas oficiales apuntan a un cáncer de próstata. Tras su muerte se publicaron *Confieso que he vivido* y *Memorial de Isla Negra*. Su memoria es objeto de homenaje constante en Chile y el mundo, consolidando su imagen como el "poeta del pueblo" y un titán de la literatura universal.

Poemas

370

Las Furias Y Las Penas

En el fondo del pecho estamos juntos,

en el cañaveral del pecho recorremos

un verano de tigres,

al acecho de un metro de piel fría,

al acecho de un ramo de inaccesible cutis,

con la boca olfateando sudor y venas verdes

nos encontramos en la húmeda sombra que deja caer besos.


Tú mi enemiga de tanto sueño roto de la misma manera

que erizadas plantas de vidrio, lo mismo que campanas

deshechas de manera amenazante, tanto como disparos

de hiedra negra en medio del perfume,

enemiga de grandes caderas que mi pelo han tocado

con un ronco rocío, con una lengua de agua,

no obstante el mudo frío de los dientes y el odio de los ojos,

y la batalla de agonizantes bestias que cuidan el olvido,

en algún sitio del verano estamos juntos

acechando con labios que la sed ha invadido.

Si hay alguien que traspasa

una pared con círculos de fósforo

y hiere el centro de unos dulces miembros

y muerde cada hoja de un bosque dando gritos,

tengo también tus ojos de sangrienta luciérnaga

capaces de impregnar y atravesar rodillas

y gargantas rodeadas de seda general.


Cuando en las reuniones

el azar, la ceniza, las bebidas,

el aire interrumpido,

pero ahí están tus ojos oliendo a cacería,

a rayo verde que agujerea pechos,

tus dientes que abren manzanas de las que cae sangre,

tus piernas que se adhieren al sol dando gemidos,

y tus tetas de nácar y tus pies de amapola,

como embudos llenos de dientes que buscan sombra,

como rosas hechas de látigo y perfume, y aun,

aun más, aun más,

aun detrás de los párpados, aun detrás del cielo,

aun detrás de los trajes y los viajes, en las calles donde la
gente orina,

adivinas tos cuerpos,

en las agrias iglesias a medio destruir, en las cabinas que el mar
lleva en las manos,

acechas con tus labios sin embargo floridos,

rompes a cuchilladas la madera y la plata,

crecen tus grandes venas que asustan:

no hay cáscara, no hay distancia ni hierro,

tocan manos tus manos,

y caes haciendo crepitar las flores negras.


Adivinas los cuerpos

Como un insecto herido de mandatos,

adivinas el centro de la sangre y vigilas

los músculos que postergan la aurora, asaltas sacudidas,

relámpagos, cabezas,

y tocas largamente las piernas que te guían.


Oh conducida herida de flechas especiales!


Hueles lo húmedo en medio de la noche?


O un brusco vaso de rosales quemados?


Oyes caer la ropa, las llaves, las monedas

en las espesas casas donde llegas desnuda?


Mi odio es una sola mano que te indica

el callado camino, las sábanas en que alguien ha dormido

con sobresalto: llegas

y ruedas por el suelo manejada y mordida,

y el viejo olor del semen como una enredadera

de cenicienta harina se desliza a tu boca.


Ay leves locas copas y pestañas,

aire que inunda un entreabierto río

como una sola paloma de colérico cauce,

como atributo de agua sublevada,

ay substancias, sabores, párpados de ala viva

con un temblor, con una ciega flor temible,

ay graves, serios pechos como rostros,

ay grandes muslos llenos de miel verde,

y talones y sombra de pies, y transcurridas

respiraciones y superficies de pálida piedra,

y duras olas que suben la piel hacia la muerte

llenas de celestiales harinas empapadas.


Entonces, este río

va entre nosotros, y por una ribera

vas tú mordiendo bocas?

Entonces es que estoy verdaderamente, verdaderamente lejos

y un río de agua ardiendo pasa en lo oscuro?

Ay cuántas veces eres la que el odio no nombra,

y de qué modo hundido en las tinieblas,

y bajo qué lluvias de estiércol machacado

tu estatua en mi corazón devora el trébol.


El odio es un martillo que golpea tu traje

y tu frente escarlata,

y los días del corazón caen en tus orejas

como vagos búhos de sangre eliminada,

y los collares que gota a gota se formaron con lágrimas

rodean tu garganta quemándote la voz como con hielo.


Es para que nunca, nunca

hables, es para que nunca, nunca

salga una golondrina del nido de la lengua

y para que las ortigas destruyan tu garganta

y un viento de buque áspero te habite.


En dónde te desvistes?

En un ferrocarril, junto a un peruano rojo

o con un segador, entre terrones, a la violenta

luz del trigo?

O corres con ciertos abogados de mirada terrible

largamente desnuda, a la orilla del agua de la noche?


Miras: no ves la luna ni el jacinto

ni la oscuridad goteada de humedades,

ni el tren de cieno, ni el marfil partido:

ves cinturas delgadas como oxígeno,

pechos que aguardan acumulando peso

e idéntica al zafiro de lunar avaricia

palpitas desde el dulce ombligo hasta las rosas.


Por qué sí? Por qué no? Los días
descubiertos

aportan roja arena sin cesar destrozada

a las hélices puras que inauguran el día,

y pasa un mes con corteza de tortuga,

pasa un estéril día,

pasa un buey, un difunto,

una mujer llamada Rosalía,

y no queda en la boca sino un sabor de pelo

y de dorada lengua que con sed se alimenta.

Nada sino esa pulpa de los seres,

nada sino esa copa de raíces.


Yo persigo como en un túnel roto, en otro extremo

carne y besos que debo olvidar injustamente,

y en las aguas de espaldas cuando ya los espejos

avivan el abismo, cuando la fatiga, los sórdidos relojes

golpean a la puerta de hoteles suburbanos, y cae

la flor de papel pintado, y el terciopelo cagado por las ratas y la cama

cien veces ocupada por miserables parejas, cuando

todo me dice que un día ha terminado, tú y yo

hemos estado juntos derribando cuerpos,

construyendo una casa que no dura ni muere,

tú y yo hemos corrido juntos un mismo río

con encadenadas bocas llenas de sal y sangre,

tú y yo hemos hecho temblar otra vez las luces verdes

y hemos solicitado de nuevo las grandes cenizas.


Recuerdo sólo un día

que tal vez nunca me fue destinado,

era un día incesante,

sin orígenes, Jueves.

Yo era un hombre transportado al acaso

con una mujer hallada vagamente,

nos desnudamos

como para morir o nadar o envejecer

y nos metimos uno dentro del otro,

ella rodeándome como un agujero,

yo quebrantándola como quien

golpea una campana,

pues ella era el sonido que me hería

y la cúpula dura decidida a temblar.


Era una sorda ciencia con cabello y cavernas

y machacando puntas de médula y dulzura

he rodado a las grandes coronas genitales

entre piedras y asuntos sometidos.


Éste es un cuento de puertos adonde

llega uno, al azar, y sube a las colinas,

suceden tantas cosas.


Enemiga, enemiga,

es posible que el amor haya caído al polvo

y no haya sino carne y huesos velozmente adorados

mientras el fuego se consume

y los caballos vestidos de rojo galopan al infierno?


Yo quiero para mí la avena y el relámpago

a fondo de epidermis,

y el devorante pétalo desarrollado en furia,

y el corazón labial del cerezo de junio,

y el reposo de lentas barrigas que arden sin dirección,

pero me falta un suelo de cal con lágrimas

y una ventana donde esperar espumas.



Así es la vida,

corre tú entre las hojas, un otoño

negro ha llegado,

corre vestida con una falda de hojas y un cinturón de metal
amarillo,

mientras la neblina de la estación roe las piedras.


Corre con tus zapatos, con tus medias,

con el gris repartido, con el hueco del pie, y con esas manos que el
tabaco salvaje adoraría,

golpea escaleras, derriba

el papel negro que protege las puertas,

y entra en medio del sol y la ira de un día de puñales

a echarte como paloma de luto y nieve sobre un cuerpo.


Es una sola hora larga como una vena,

y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado

transcurrimos,

apartando las sílabas del miedo y la ternura,

interminablemente exterminados.
717

Oda A Federico García Lorca

Si pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre,
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie y llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.

Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah,
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael, Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez,
y otros que se me olvidan,

Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?

Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?

Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río,
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.

Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.

Federico,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.

Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.

Así es la vida, Federico, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólico varón varonil.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas,
y otras irás sabiendo lentamente.
697

El Desenterrado

EL DESENTERRADO

Homenaje al conde de Villamediana


Cuando la tierra llena de párpados mojados

se haga ceniza y duro aire cernido,

y los terrones secos y las aguas,

los pozos, los metales,

por fin devuelvan sus gastados muertos,

quiero una oreja, un ojo,

un corazón herido dando tumbos,

un hueco de puñal hace ya tiempo hundido

en un cuerpo hace tiempo exterminado y solo,

quiero unas manos, una ciencia de uñas,

una boca de espanto y amapolas muriendo,

quiero ver levantarse del polvo inútil

un ronco árbol de venas sacudidas,

yo quiero de la tierra más amarga,

entre azufre y turquesa y olas rojas

y torbellinos de carbón callado,

quiero una carne despertar sus huesos

aullando llamas,

y un especial olfato correr en busca de algo,

y una vista cegada por la tierra

correr detrás de dos ojos oscuros,

y un oído, de pronto, como una ostra furiosa,

rabiosa, desmedida,

levantarse hacia el trueno,

y un tacto puro, entre sales perdido,

salir tocando pechos y azucenas, de pronto.


Oh día de los muertos! oh distancia hacia donde

la espiga muerta yace con su olor a relámpago,

oh galerías entregando un nido

y un pez y una mejilla y una espada,

todo molido entre las confusiones,

todo sin esperanzas decaído,

todo en la sima seca alimentado

entre los dientes de la tierra dura.


Y la pluma a su pájaro suave,

y la luna a su cinta, y el perfume a su forma,

y, entre las rosas, el desenterrado,

el hombre lleno de algas minerales,

y a sus dos agujeros sus ojos retornando.


Está desnudo,

sus ropas no se encuentran en el polvo,

y su armadura rota se ha deslizado al fondo del infierno,

y su barba ha crecido como el aire en otoño,

y hasta su corazón quiere morder manzanas.


Cuelgan de sus rodillas y sus hombros

adherencias de olvido, hebras del suelo,

zonas de vidrio roto y aluminio,

cáscaras de cadáveres amargos,

bolsillos de agua convertida en hierro:

y reuniones de terribles bocas

derramadas y azules,

y ramas de coral acongojado

hacen corona a su cabeza verde,

y tristes vegetales fallecidos

y maderas nocturnas le rodean,

y en él aún duermen palomas entreabiertas

con ojos de cemento subterráneo.


Conde dulce, en la niebla,

oh recién despertado de las minas,

oh recién seco del agua sin río,

oh recién sin arañas!


Crujen minutos en tus pies naciendo,

tu sexo asesinado se incorpora,

y levantas la mano en donde vive

todavía el secreto de la espuma.

673

Agua Sexual

Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro el mundo.

Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.
684

Sólo La Muerte

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.


Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.


Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas.
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.


A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.


Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de ma hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.


Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.


La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.
873

Significa Sombras

Qué esperanza considerar, qué presagio puro,
qué definitivo beso enterrar en el corazón,
someter en los orígenes del desamparo y la inteligencia,
suave y seguro sobre las aguas eternamente turbadas?

Qué vitales, rápidas alas de un nuevo ángel de
sueños
instalar en mis hombros desnudos para seguridad perpetua,
de tal manera que el camino entre las estrellas de la muerte
sea un violento vuelo comenzado desde hace muchos días y meses y
siglos?

Tal vez la debilidad natural de los seres recelosos y ansiosos
busca de súbito permanencia en el tiempo y límites en la
tierra,
tal vez las fatigas y las edades acumuladas implacablemente
se extienden como la ola lunar de un océano recién creado
sobre litorales y tierras angustiosamente desiertas.

Ay, que lo que yo soy siga existiendo y cesando de existir,
y que mi obediencia se ordene con tales condiciones de hierro
que el temblor de las muertes y de los nacimientos no conmueva
el profundo sitio que quiero reservar para mí eternamente.

Sea, pues, lo que soy, en alguna parte y en todo tiempo,
establecido y asegurado y ardiente testigo,
cuidadosamente destruyéndose y preservándose
incesantemente,
evidentemente empeñado en su deber original.
829

Trabajo Frío

Dime, del tiempo resonando
en tu esfera parcial y dulce
no oyes acaso el sordo gemido?

No sientes de lenta manera,
en trabajo trémulo y ávido,
la insistente noche que vuelve?

Secas sales y sangres aéreas,
atropellado correr ríos,
temblando el testigo constata.

Aumento oscuro de paredes,
crecimiento brusco de puertas,
delirante población de estímulos,
circulaciones implacables.

Alrededor, de infinito modo,
en propaganda interminable,
de hocico armado y definido
el espacio hierve y se puebla.

No oyes la constante victoria
en la carrera de los seres
del tiempo, lento como el fuego,
seguro y espeso y hercúleo,
acumulando su volumen
y añadiendo su triste hebra?

Como una planta perpetua aumenta
su delgado y pálido hilo
mojado de gotas que caen
sin sonido en la soledad.
1.148

Tango Del Viudo

Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre,
y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños
nocturnos, mis comidas
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún,
quejándome del trópico, de los coolies coringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan
sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las
paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por
recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre
nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca
respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel
del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.
734

Cantares

La parracial rosa devora
y sube a la cima del santo:
con espesas garras sujeta
el tiempo al fatigado ser:
hincha y sopla en las venas duras,
ata el cordel, pulmonar, entonces
largamente escucha y respira.

Morir deseo, vivir quiero,
herramienta, perro infinito,
movimiento de océano espeso
con vieja y negra superficie.

Para quién y a quién en la sombra
mi gradual guitarra resuena
naciendo en la sal de mi ser
como el pez en la sal del mar?

Ay, qué continuo país cerrado,
neutral, en la zona del fuego,
inmóvil, en el giro terrible,
seco, en la humedad de las cosas.

Entonces, entre mis rodillas,
bajo la raíz de mis ojos,
prosigue cosiendo mi alma:
su aterradora aguja trabaja.

Sobrevivo en medio del mar,
solo y tan locamente herido,
tan solamente persistiendo,
heridamente abandonado.
1.020

El Fantasma Del Buque De Carga

Distancia refugiada sobre tubos de espuma,
sal en rituales olas y órdenes definidos,
y un olor y rumor de buque viejo,
de podridas maderas y hierros averiados,
y fatigadas máquinas que aúllan y lloran
empujando la proa, pateando los costados,
mascando lamentos, tragando y tragando distancias,
haciendo un ruido de agrias aguas sobre las agrias aguas,
moviendo el viejo buque sobre las viejas aguas.

Bodegas interiores túneles crepusculares
que el día intermitente de los puertos visita:
sacos, sacos que un dios sombrío ha acumulado
como animales grises, redondos y sin ojos,
con dulces orejas grises,
y vientres estimables llenos de trigo o copra,
sensitivas barrigas de mujeres encinta,
pobremente vestidas de gris, pacientemente
esperando en la sombra de un doloroso cine.

Las aguas exteriores de repente
se oyen pasar, corriendo como un caballo opaco,
con un ruido de pies de caballo en el agua,
rápidas, sumergiéndose otra vez en las aguas.
Nada más hay entonces que el tiempo en las cabinas:
el tiempo en el desventurado comedor solitario,
inmóvil y visible como una gran desgracia.
Olor de cuero y tela densamente gastados,
y cebollas, y aceite, y aún más,
olor de alguien flotando en los rincones del buque,
olor de alguien sin nombre
que baja como una ola de aire las escalas,
y cruza corredores con su cuerpo ausente,
y observa con sus ojos que la muerte preserva.

Observa con sus ojos sin color, sin mirada,
lento, y pasa temblando, sin presencia ni sombra:
los sonidos lo arrugan, las cosas lo traspasan,
su transparencia hace brillar las sillas sucias.

Quién es ese fantasma sin cuerpo de fantasma,
con sus pasos livianos como harina nocturna
y su voz que sólo las cosas patrocinan?

Los muebles viajan llenos de su ser silencioso
como pequeños barcos dentro del viejo barco,
cargados de su ser desvanecido y vago:
los roperos, las verdes carpetas de las mesas,
el color de las cortinas y del suelo,
todo ha sufrido el lento vacío de sus manos,
y su respiración ha gastado las cosas.

Se desliza y resbala, desciende, transparente,
aire en el aire frío que corre sobre el buque,
con sus manos ocultas se apoya en las barandas
y mira el mar amargo que huye detrás del buque.

Solamente las aguas rechazan su influencia,
su color y su olor de olvidado fantasma,
y frescas y profundas desarrollan su baile
como vidas de fuego, como sangre o perfume,
nuevas y fuertes surgen, unidas y reunidas.

Sin gastarse las aguas, sin costumbre ni tiempo,
verdes de cantidad, eficaces y frías,
tocan el negro estómago del buque y su materia
lavan, sus costras rotas, sus arrugas de hierro:
roen las aguas vivas la cáscara del buque,
traficando sus largas banderas de espuma
y sus dientes de sal volando en gotas.

Mira el mar el fantasma con su rostro sin ojos:
el círculo del día, la tos del buque, un pájaro
en la ecuación redonda y sola del espacio,
y desciende de nuevo a la vida del buque
cayendo sobre el tiempo muerto y la madera,
resbalando en las negras cocinas y cabinas,
lento de aire y atmósfera, y desolado espacio.
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