Lista de Poemas
La fuente principal de los conflictos actuales entre las esferas de la religión y la ciencia radica en el concepto de un Dios personal.
Una persona religiosa es devota en el sentido de que no tiene dudas sobre el significado de esos objetos y metas suprapersonales que no requieren ni son capaces de tener un fundamento racional.
Si existe un Dios y la bondad en el universo, debe actuar y expresarse a través de nosotros. No podemos quedarnos al margen y dejar que Dios actúe.
A [la esfera de la religión] pertenece la fe en la posibilidad de que las normas válidas para el mundo de la existencia sean racionales, es decir, comprensibles para la razón. No puedo concebir a un científico genuino sin esa fe profunda.
¿Cuál es el significado de la vida humana, o en un sentido más amplio, la vida de cualquier criatura? Tener una respuesta para esta pregunta significa que se es religioso. Si preguntas: entonces, ¿tiene algún sentido plantear esta cuestión? Yo respondo: el hombre que contempla su vida y la de sus congéneres como algo sin sentido no sólo es infeliz sino que difícilmente estará preparado para la vida.
Todo el mundo ha recibido el encargo de intentar desarrollarse al servicio de la humanidad. Esto no se puede conseguir a través de la amenaza de un Dios que castigará al hombre por sus pecados, sino sólo si se extrae lo mejor de la naturaleza humana.
Resulta difícil encontrar entre las mentes científicas más profundas alguna que no tenga sentimientos religiosos. Pero se trata de una religiosidad diferente de la del hombre ingenuo. Para este último, Dios es un ser del que tenemos la esperanza de beneficiarnos de su misericordia y cuyo castigo tememos; se trata de la sublimación de un sentimiento parecido al de un niño por su padre.
El científico está poseído por un sentido de la causalidad universal. […] Su sentimiento religioso adquiere la forma de un asombro extasiado ante la armonía de la ley natural, que revela una inteligencia tan superior que, comparado con ella, todo el pensamiento y la acción sistemáticos de los seres humanos son un reflejo tremendamente insignificante… Está fuera de toda duda que algo muy parecido es lo que ha poseído a los genios religiosos de todas las épocas.
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