Lista de Poemas

Soy de la opinión de que las especulaciones más profundas en el ámbito de la ciencia nacen de un profundo sentimiento religioso. […] También creo que este tipo de religiosidad […] es la única actividad religiosa creativa de nuestro tiempo.

Ibíd.

Existen dos concepciones diferentes sobre la naturaleza del universo: (1) el mundo es una unidad que depende de la humanidad; (2) el mundo es una realidad independiente del factor humano.

De una conversación con el místico, poeta y músico indio Rabindranath Tagore, verano de 1930. Publicado en el New York Times Magazine , 10 de agosto de 1930.

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Nadie puede leer los Evangelios sin sentir la presencia real de Jesús. Su personalidad late en cada palabra. Ningún mito transmite tanta vida.

En respuesta a la pregunta: «¿Acepta al Jesús histórico?». Ibíd. Reproducido en Viereck, Glimpses of the Great , p. 488. Citado en Brian, Einstein, a Life , p. 277 (una versión ligeramente diferente se encuentra en la p. 186). Según Brian, Einstein, a Life , p. 278, Einstein consideraba que esta entrevista era una versión precisa de sus opiniones. Otros la analizan con muchas precauciones.

No soy ateo. No sé si puedo definirme como panteísta. El problema planteado es demasiado vasto para nuestra mente limitada.

En respuesta a la pregunta: «¿Cree en Dios?». Ibíd. Reproducido en Viereck, Glimpses of the Great , p. 447.

Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía del mundo regido por sus leyes, y no en un Dios que se ocupa personalmente del destino y las acciones de la humanidad.

En respuesta al telegrama del rabino Herbert S. Goldstein, publicado en el New York Times , 25 de abril de 1929. (Spinoza afirmaba que Dios y el mundo material no se pueden diferenciar; cuanto mejor se comprende cómo funciona el universo, más cerca se está de Dios.) Goldstein creía que esta respuesta era una prueba de que Einstein no era ateo. Véase Rowe y Schulmann, Einstein on Politics , p. 17. Einstein Archives 33-272.

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Todo está determinado […] por fuerzas sobre las que no tenemos ningún control. Está determinado tanto para los insectos como para las estrellas. Los seres humanos, las plantas o el polvo estelar… todos bailamos siguiendo una melodía misteriosa, entonada en la distancia por un flautista invisible.

De una entrevista con G. S. Viereck, «What Life Means to Einstein», Saturday Evening Post , 26 de octubre de 1929; reproducido en Viereck, Glimpses of the Great , p. 452.

No puedo concebir un Dios personal que influya directamente en las acciones de los individuos. […] Mi religiosidad consiste en una admiración humilde por el espíritu infinitamente superior que se revela en lo poco que somos capaces de comprender del mundo perceptible. La convicción profundamente emocional de la presencia de un poder razonador superior, que se revela en el universo incomprensible, forma mi idea de Dios.

A M. Schayer, 1 de agosto de 1927. Citado en Dukas y Hoffmann, Albert Einstein, the Human Side , p. 66, y en el obituario de Einstein en el New York Times , 19 de abril de 1955. Einstein Archives 48-380.

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Leo con frecuencia la Biblia, pero su texto original ha permanecido fuera de mi alcance.

A H. Friedmann, 18 de marzo de 1929, sobre su falta de conocimiento de la lengua hebrea. Citado en Pais, Subtle Is the Lord , p. 38. Einstein Archives 30-405.

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Quiero saber cómo creó Dios este mundo. No estoy interesado en este o aquel fenómeno, en el espectro de este o aquel elemento. Quiero conocer sus pensamientos. El resto son detalles.

Recordado por su estudiante berlinesa Esther Salaman, 1925, en Salaman, «A Talk with Einstein», Listener 54 (1955), pp. 370-371.

Intenten penetrar con nuestros medios limitados en los secretos de la naturaleza y descubrirán que, detrás de todas las concatenaciones discernibles, se encuentra algo sutil, intangible e inexplicable. La veneración de esta fuerza que se encuentra más allá de lo que podemos comprender constituye mi religión. En este sentido soy, en sentido estricto, religioso.

Durante una cena con Einstein y el crítico alemán Alfred Kerr, recogido por el conde Harry Kessler en su diario The Diary of a Cosmopolitan (1971), 14 de junio de 1927. También citado en Brian, Einstein, a Life , p. 161.

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