Lista de Poemas
Las raíces psicológicas de la guerra están, en mi opinión, enraizadas biológicamente en la naturaleza agresiva de la criatura masculina. […] Algunos animales –el toro y el gallo– nos superan en este aspecto.
El internacionalismo que existía antes de la guerra, antes de 1914, el internacionalismo de la cultura, el cosmopolitismo del comercio y de la industria, la amplia tolerancia de las ideas: este internacionalismo era esencialmente correcto. No habrá paz en la tierra, las heridas infligidas por la guerra no curarán, hasta que este internacionalismo quede restaurado.
Incluso los académicos de diversos países han estado actuando como si les hubieran amputado el cerebro.
Es muy posible que la lucha intensa que se está produciendo en la actualidad no dé lugar a ningún vencedor. […] Por eso, no sólo parece adecuado desde el punto de vista ético, sino amargamente necesario, que los intelectuales de todas las naciones utilicen su influencia para que los términos de la paz no se conviertan en causa de guerras futuras.
Siempre he sido pacifista, es decir, me he negado a reconocer la fuerza bruta como un medio para la solución de los conflictos internacionales. Aun así, en mi opinión, no resulta razonable aferrarse a ese principio de una manera incondicional. Es necesario establecer una excepción si una potencia hostil amenaza con la destrucción completa del grupo al que se pertenece.
En todos los casos en los que es posible una resolución razonable de las dificultades, estoy a favor de una cooperación honesta y, si esto no es posible en las circunstancias presentes, el método de Gandhi de resistencia pacífica contra el mal.
Soy un pacifista dedicado, pero no absoluto; esto significa que me opongo al uso de la fuerza en cualquier circunstancia, excepto cuando nos enfrentamos a un enemigo cuyo propósito es la destrucción de la vida como un fin en sí mismo.
En mi carta a Kaizo , no dije que era un pacifista absoluto, sino que siempre he sido un pacifista convencido. Aunque soy un pacifista convencido, creo que existen circunstancias en las que es apropiado el uso de la fuerza: ante un enemigo que tiene el objetivo incondicional de destruirnos a mí y a mi pueblo.
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