Lista de Poemas

Dos

DOS


Me

Gusta

Beber

Dignamente

Acompañado


Es decir

Solo

Y

Mi alma

979

Tláloc

TLÁLOC

Sucede

Que me canso

De ser Dios

Sucede

Que me canso

De llover

Sobre mojado


Sucede

Que aquí

Nada sucede

Sino la lluvia

lluvia

lluvia

lluvia

21 de agosto de 1969

1.110

Ay Poeta

AY POETA

Primero

Que nada:

Me complace

Enormísimamente

Ser

Un buen

Poeta

De segunda

Del

Tercer

Mundo

30 de junio de 1969

741

Jaime Sabines

JAIME SABINES

Jaime ya no puede con la Muerte:

La de su padre el Mayor,

La de Doña Luz

("Me ha dejado triste,

tirado todo el día sobre mis sueños")

Y ahora los veintidós años muertos

De Jaimito


Jaime ya no puede con la Muerte


Ahora Jaime-Tigre-Poeta

Debe poder hasta la muerte con la Vida

26 de junio de 1969

686

Tótem

TÓTEM

Siempre

Amé

Con la

Furia

Silenciosa

De un

Cocodrilo

Aletargado

30 de junio de 1969

937

Afrodita Morris (ceremonial De Las 13 30)

AFRODITA MORRIS

(Ceremonial de las 13.30)


On ne mesure pas le désordre

Pourtant

C’est par la femme que l’homme durePAUL ÉLUARD

Causadora de secretos yerros

Enemiga de honestad


Ligera emerges de la malvada espuma

Y zahareña pasas bajo arcos triunfales

Traspasada de luces meridianas

Pirules, marquesinas, prósperas azaleas,

Sublimada como la gran cosa grandes muslos

Sintiéndote brutalmente soñada

Cual si fueras lo exclusivo y único mineral y eléctrico


Pero así eres pues

Y algo de tu mítica presencia

Explicaré en seguida

Con licencia de castos ojos castos oídos:


A los 200 metros advertimos olemos la chamusquina

Tu breve cabellera república de abejas

Dorado vellocino

Te acercas luego luego

Deseada y amada a todo vapor

Con tus brillantes incisivos de ardilla

El busto de amazona levemente anémica

Y todo lo animal y exuberante que te circunda

Laboriosa potranca gigante brizna

Abrasadora corza purpureante blasfemia

Amazona domadora del potrillo segundo

Del minutero potro

Fulminadora de una vez por todas

Espejo espejito espejazo

De los hirientes azúcares del día

¿Quién más bella que tú?


Pasas rapiditamente por el abismo de mis tristezas

Irradiando cardillo suscitando guirnaldas

Malditamente becqueriana

Salvajemente nerudiana

Abruptamente rubendariana

Dueña y señora de las implacables exultaciones

Vegetal marmórea canela pura

Piel de adivinaciones

Pies tejedores de aullidos

Cuando un fregabundal de albañiles te miran

Y los andamios son ya castillos en ruinas

Los pasajeros de autobuses fallecen de escalofrío

Y los decesos (desexos) se suceden como un tropel de alfajores

Imposible sería, erectamente hablando,

Decir tu nombre porque nadie lo sabe y

Porque pocos conocen tu eminencia hipotenar

El aductor medio el definitivo sartorio

Los nombrados internos y externos

El crucial peroneo lateral largo

Y los delicados crural anterior, ah, y el sóleo


Después la asfáltica nube que discurre desde Morris Hnos.

(todo lo diagnosticas tú, todito, toditito,

doctora en almas herrumbrosas automóviles desbielados)

Hasta Masaryk, Horacio y Homero

Territorio de los rugidos las aromáticas mentadas de madre

Las sirenas de la Cruz Verde y la Cruz Roja

El claxon rencoroso de las damas liverpúlicas

Las solamente lindas propietarias de boutiques

(una shutique me hace merecedor de la locura)

Los vendedores de billetes de lotería

Los boleros sin ranita con mandolina,

Los vagos, los imbéciles gerentes de banco

Y sus medianamente guapotas secretarias

Las carrozas de Gayosso y Tangassi

(Cuando estrene mi pijama de madera estaré más triste)

Los camiones 60, 77, 85, 91, etcétera,

Que van y vienen como cangrejos locos

Y vas y vienes, Afrodita de tezontle,

Y entonces la avenida Mariano Escobedo
(¡Ríndete,Maximiliano!)

Es el canal donde la sangre estalla y se desparrama

Y los cínicos sicofantes la recogen con cucharitas de plata


Pero cuando ayayay no pasas

Vario coraje nos enferma y

Por absoluta mayoría se resuelve

Que simplemente seas Afroda

Afroda Pérez López González o Martínez

Y no como te llamen en tu oficina en tu alcoba

O como se llamen tu espalda y tus riñones

Tus músculos ya escritos y descritos

La dulce miniatura de tus machupechos

Nuestros ojos muertos de pena

Nuestra boca muerta de sed

Nuestra poesía tan pobremente reiterativa


Todo viene a ser atrocísimo

Ominoso guillotinesco

Oh tú arrogante y bien plantada

Epicúreo y frutal teorema

Avara y generosa

Plácidamente paladeable

Para con “los llamados etceteristas

Y también los del así sucesivamente”


Y así

Así susexyvamente

Hasta la dulce muerte por enumeración

Y la despiadada caída

Del violáceo telón de la Impudicia

Enero de 1971

623

Tango

TANGO

Hoy

Amanecí

Dichosamente

Herido

De

Muerte

Natural

1.339

Esto Se Llama Los Incendios

Cuatro jinetes de pólvora derriten los vastos jardines.

Cuatro fantasmas de plomo cavan la tumba del amor.

Uno, dos, tres, innumerables asesinos decapitan el ángel de la
dicha.

Un jinete de enrojecidos ojos cabalga los incendios.

Algo como una lejana tristeza sucede allá,

en el país de las praderas, del napalm, del oro y de los enormes
ríos

que de pronto se alzan y se preguntan qué pasa,

aló aló qué ocurre en las ciudades de
mármol,

en las ciudades de miasma; ¿qué sucede que se ha roto

el coloquio de los enamorados?

El viento ha perdido

la dirección y la Madre Primavera muestra su pecho cercenado.

Algo como un quebradero de huesos y de plumas

ha coronado de sombra los capitolios y llenado de cenizas

las casas que antes del fuego fueron blancas y púdicas como una
guerra no declarada.

¡Aló aló Vietnam, aló padre y poeta Ho Chi
Minh!

Hola, hermana ceniza, hermano dedo, hermanas barbas,

hola querido Comandante Guevara, viento-verdad, columna asesinada,

allá arriba de nosotros, cerca del cielo o del infierno,

algo ardiente como una roja espuma se levanta

—y es tu palabra insomne, tu agonía, la línea de tu
sueño.


Pólvora y miedo en el país llamado

"el país más poderoso de la tierra".

En cada casa norteña, un becerro dorado.

En cada palacio del sur, la suma por centenares de esclavos.

En todas las casas una Biblia nunca leída, acaso murmurada,
jamás entendida.


Pero olvidemos el poder, el orgullo, los becerros

y las Biblias —y no olvidemos a Abraham Lincoln río Mississippi
abajo

casi al encuentro de don Benito Juárez desterrado

y liando tabaco virginiano; a Abraham Lincoln con su testimonio a cuestas,

su vigor de coloso y su tristeza secular.


Cuando Abraham Lincoln fue asesinado

un poco de atardecer cayó sobre el mundo de los negros

y las plegarias se sucedieron como un amargo río de lágrimas.

Llamearon las pupilas acusadoras, pero nada más. Ah, sí:

Un poeta de luenga barba blanca y ojos marinos se enfermó por la
muerte de un capitán de la vida.

Los blancos habían empezado a linchar y

los capuchones del Ku Klux Klan erizaron el silencioso territorio.

Comenzaba a oler a pólvora, a sangre fresca,

a sudor de jinetes bramadores y a incendios.

Palomas delirantes aparecieron tal presagios,

hasta que los fusiles con miras telescópicas ocuparon

el lugar de los arcángeles y callaron las aleluyas.

El agua del río padre tornóse espesa sangre

y el blues se arrinconó como un perro sarnoso.


Cuando hace pocos amaneceres asesinaron a Martin Luther King

un poco de niebla fustigó el mundo de los negros.

Pero entonces ya no solamente llamearon las pupilas

sino la madera, los minerales, los supermercados,

las farmacias, los bancos, las estaciones de policía,

las radiodifusoras, las estaciones de TV...

Ardieron de costa a costa las ciudades para que iluminaran una muerte

y hubiera un destello de esperanza en la piel negra y en la piel roja,

y hasta un poco de luz de algo que se llamó bondad, ¿o se
llamaba piedad,

o bíblicamente, malditamente se llamaba violencia?

Hoy nada sabemos. Ni siquiera dónde empieza la cola de una
serpiente de plomo

ni dónde termina el dolor de una viuda —ni qué
entraña se arrancaron los huérfanos

para gemir muertos de angustia en las noches de Memphis y de Atlanta.


Se necesita ser muy hombre para no ser violento.

Se necesita saber musitar un versículo.

Hoy necesito

mucha cobardía para callarme la oración

por Martin Luther King,

y para no decir nada sobre la sangre que lo ahogó

como a un cordero para holocausto

en la piedra solar de una colina mosaica.

¡Aló aló Martin Luther King, hombre negro degollado!

Hola Martin Lutero Rey, pacífico hacedor de incendios,

campanada king king de la rebelión, tam tam descuartizado,

suave africano de la dura Norteamérica.


Aló asesinado

aló mortificado en cuerpo y alma

aló balaceado

Hola enterrado en alma y cuerpo

hola acribillado

santo negro de las llamas

de los negros incendios

te bendigo

te bendecimos

liberador.


Ahora bendícenos, reverendo,

desde tu cielo ceñudo

desde la cálida oscuridad de tu celda celeste

¡No eres más que un cuchillo ni menos que un motín!

Por la muerte de Malcolm X

por la vida veloz de Stokely Carmichael

condúcenos, oh animoso,


oh tumultuario,

hacia el sofocante purgatorio

de los vastos jardines
incendiados!

9-10 de abril de 1968

731

Juárez-loreto

JUÁREZ-LORETO


Alabados sean los ladrones...H.M.E


La del piernón bruto me rebasó por la derecha:

rozóme las regiones sagradas, me vio de arriba abajo

y se detuvo en el aire viciado: cielo sucio

de la Ruta 85, donde los ladrones

me conocen porque me roban, me pisotean

y me humillan: seguramente saben

que escribo versos: ¿Pero ella? ¿Por qué

me faulea, madruga, tumba, habita, bebe?

Tiene el pelo dorado de la madrugada

que empuña su arma y dispara sus violines.

Tiene un extraño follaje azul-morado

en unos ojos como faroles y aguardiente.

Es un jazmín angelical, maligno,

arrancado del zarzal en ruinas.

A los rateros los detesto con todo el corazón,

pero a ella, que debe llamarse Ría, Napoleona,

Bárbara o Letra Muerta o Cosa Quemada,

empiezo a amarla en la diagonal de Euler

y en la parada de Petrarca ya soy un horno

pálido de codicia, de sueños de poder,

porque como amante siempre he sido pan comido,

migaja llorona (Ay de mí, Llorona), y si ayer pasadas las diez
de la noche

fui el vivo retrato de la Novena Maravilla,

ahora sólo soy la sombra de una séptima colina desyerbada.


Alabados sean los ladrones, dice Hans Magnus.

Pues que lo sean: los veo hurtar carteras, relojes, orejas,

pies, nalgas iridiscentes, bolígrafos, anteojos,

y ella, que debe llamarse Escaldada, ni se inmuta.

Vuelve al roce, al foul, al descaro,

se alisa la dorada cabellera

(¡Coño, carajo, caballero, qué cabellera de oro!),

se marea, se hegeliza, se newtoniza,

y pasamos por donde Maimónides y Hesíodo

y pone todavía más cara de estúpida

cuando Alejandro Dumas, Poe y Molière y los cines cercanos!

Malditilla, malditita, putilla camionera,

vergüenza seas para las anchas avenidas

que son Horacio, Homero y, caray (aguas, aguas), Ejército Nacional.

Rozadora, pescadora en el río revuelto

de las horas febriles; ladrona de mi mala suerte,

abyecta cómplice del «dos de bastos», hembra de los flancos

como agua endemoniada;

cachondísima hasta la parada en seco

del autobús de la Muerte.

Alabada seas, bandida de mi lerda conmiseración.

Escorpiona te llamas, Cancerita, Cangreja,

amada hasta la terminal, hasta el infinito trasero

que me despertó imbecilizado en el boulevard

¡Miguel de Cervantes Saavedra y demás clásicos!

Porque luego de tus acuciosos frotamientos

y que cada quien llegó a donde quiso llegar

(para eso estamos y vivimos en un país libre)

hube de regresar al lugar del crimen

(así llamo a mi arruinado departamento de Lope de Vega),

y pues me vine, sí, me vine lo más pronto posible

en medio de una estruendosa rechifla celestial.


Adoro tu nalga derecha, tu pantorilla izquierda,

tus muslos enteritos, lo adivinable y calientito, tus pechitos pachones

y tu indigno, antideportivo comportamiento.

Que te asalten, te roben, burlen, violen,

Nariz de Colibrí, Doncella Serpentina,

Suripantita de Oro, Cabellitos de Elote,

porque te amo y alabo desde lo alto de mi aguda marchitez.


Hoy debo dormir como un bendito

y despertar clamando en el desierto de la ciudad

donde el Juárez-Loreto que algún día compraré

me espera, como un palacio espera, adormilado,

a su viejo-príncipe-poeta


soberbiamente idiota.

22 de octubre de 1970

649

Sílabas Por El Maxilar De Franz Kafka

SÍLABAS POR EL MAXILAR DE FRANZ KAFKA


Oh vieja cosa dura, dura lanza, hueso impío, sombrío objeto

de árida y seca espuma; ola y nave, navío sin rumbo, derrumbado

y secreto como la fórmula del alquimista; velero sin piloto

por un mar de aguda soledad; barca para pasar al otro lado del mundo,

enfilados hacia el cielo praguense y las callejuelas

donde la muerte pisa charcos de la cerveza que no bebió Neruda;

hueso infinito para ponerse verde de envidia,

para no remediar nada —ni el silencio ni las alas oscuras y obscenas de tus orejas;

para no ver siquiera la herida de tu boca

ni el incendio de allá arriba, donde tus ojos todo lo penetran

como otras naves, otras lanzas ardidas, otra amenaza;

para hipnotizar la espada de la melancolía

y acaso para descifrar el curso de aquel río de palacios

donde murieron los santos y las vírgenes agonizaron
tañendo laúdes de piedra;

para que pasen la novia y el féretro y Nezval resucite

en el corazón del follaje del cementerio judío;

para que el poeta te mire y se sonría ante el retrato de Dios;

para la locura —tu maxilar de duelo—, para la demencia total

y hasta para la humildad de nuestro lenguaje y su negra lucidez;

para morir eternamente de una tuberculosis dorada

y cabalgar las nubes y nombrar a los ángeles del exterminio

y clamar por los asesinos —otra vez allá arriba—,

por los que quemaron a Juan Huss

y arrojaron sus cenizas a un ancho río de espinosa corriente.

Hueso de piedra, ojo derecho del carlino puente,

pirámide caída, demolida, muerta desde su muerte;

hueso para escribir cien veces Señor K Señor K Señor K

hasta la podredumbre de las estrellas y las ratas de los castillos

y la infamia de los jueces; hueso vivo, puntiagudo

como la raíz del alma, como la ciega aurora de tus cejas;

hueso para llegar de rodillas y aguardar amorosamente

la carcajada y la oración, la blasfemia y el perdón.

Nave, navío, barca y espuma para sudar de miedo

y escribir sobre la piel la palabra abismo,

la palabra epitafio, la palabra sacrificio

y la palabra sufrimiento

y la palabra Hacedor.

6 de noviembre de 1965

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Identificación y contexto básico

Efraín Huerta, conocido popularmente como "El Ciano", fue un poeta, periodista y activista político mexicano, nacido el 18 de junio de 1914 en Ciudad de México. Murió el 3 de noviembre de 1982 en la misma ciudad. Escribió en español y vivió gran parte del siglo XX, un periodo de intensos cambios sociales y políticos en México.

Infancia y formación

Nació en el seno de una familia humilde. A pesar de las dificultades económicas, mostró desde joven una gran inquietud intelectual y literaria. Fue autodidacta en gran medida, pero su militancia política y su trabajo periodístico le permitieron estar en contacto con diversas realidades y corrientes de pensamiento.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria estuvo intrínsecamente ligada a su activismo político. Comenzó a publicar poesía en revistas y periódicos de izquierda en la década de 1930. Fue fundador de importantes publicaciones como "El Machete" y "La Voz de México". Su obra poética, que se extendió a lo largo de varias décadas, se caracteriza por su evolución y constancia en la defensa de los ideales sociales.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Huerta es eminentemente social y política. Su poesía es un canto a los oprimidos, a los trabajadores, a la lucha por la libertad y la justicia. Utilizó un lenguaje directo, a menudo coloquial, lleno de fuerza y pasión. Temas recurrentes son la desigualdad, la explotación, la resistencia, la dignidad humana y la utopía de un mundo mejor. Su estilo se aleja de las convenciones elitistas para conectar directamente con el sentir popular. Obras destacadas incluyen "Estación de violencia" (1941), "Poesía para jóvenes" (1945), "El mismo amor" (1950) y "Los hombres del alba" (1954).

Contexto cultural e histórico

Vivió y participó activamente en el México de la post-revolución, un periodo marcado por la consolidación de un proyecto nacional y, a la vez, por profundas contradicciones sociales. Fue un miembro prominente del Partido Comunista Mexicano y un intelectual comprometido con las causas populares. Estuvo influenciado por poetas como Pablo Neruda y Nicolás Guillén, y a su vez, su obra dialogó con las inquietudes de su generación y de los movimientos sociales de su tiempo.

Vida personal

"El Ciano" fue una figura querida y respetada en los círculos de izquierda y entre los trabajadores. Su vida estuvo marcada por la militancia, el periodismo y la escritura. Fue un hombre de convicciones firmes, cuya vida personal se entrelazó de manera inseparable con su compromiso social y político.

Reconocimiento y recepción

Aunque su obra tuvo una gran resonancia entre las clases populares y los círculos de izquierda, su reconocimiento académico y oficial tardó en llegar. Sin embargo, con el tiempo, se ha consolidado como uno de los poetas sociales más importantes de México, valorándose su autenticidad, su fuerza expresiva y su compromiso ético.

Influencias y legado

Fue influenciado por la poesía social de Pablo Neruda y la lírica comprometida de otros autores latinoamericanos. Su legado reside en su capacidad para dar voz a los sin voz, en su poesía que es a la vez arte y herramienta de lucha social. Ha influenciado a generaciones de poetas y activistas que buscan una literatura comprometida con la realidad.

Interpretación y análisis crítico

Se ha analizado su poesía como un reflejo de las luchas sociales y políticas de México en el siglo XX, destacando su realismo crudo, su lirismo combativo y su profunda humanidad.

Infancia y formación

El apodo "El Ciano" proviene de su intensa actividad y "colorido" en la lucha política y periodística. Era conocido por su carácter directo y su gran sentido del humor.

Muerte y memoria

Falleció en 1982, dejando un importante legado literario y político. Su memoria se mantiene viva en los corazones de quienes luchan por un mundo más justo y en la obra de los escritores que continúan su tradición de poesía comprometida.