Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

1889–1957 · vivió 67 años CL CL

Gabriela Mistral fue una poetisa, diplomática y educadora chilena, la primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1945. Su obra, profundamente arraigada en la tierra y en la condición humana, explora temas como el amor maternal, la infancia, la naturaleza, la pena, la injusticia social y la espiritualidad. Su estilo poético, marcado por una gran emotividad, una musicalidad inconfundible y un lenguaje a la vez sencillo y profundo, la ha convertido en una de las voces más influyentes de la poesía en lengua española. Mistral no solo fue una gran escritora, sino también una figura comprometida con la educación y los derechos de los niños y las mujeres, dejando un legado imborrable en la cultura y la sociedad.

n. 1889-04-07, Vicuña · m. 1957-01-10, Hempstead

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Corderito

Corderito mío,
suavidad callada:
mi pecho es tu gruta
de musgo afelpada.

Carnecita blanca,
tajada de luna:
lo he olvidado todo
por hacerme cuna.

Me olvidé del mundo
y de mí no siento
más que el pecho vivo
con que te sustento.

Y sé de mí sólo
que en mí te recuestas.
Tu fiesta, hijo mío,
apagó las fiestas.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Lucila Godoy Alcayaga, más conocida por su seudónimo Gabriela Mistral, nació en Vicuña, Chile. Fue una poeta, diplomática, educadora y feminista chilena. Es reconocida como la primera latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura en 1945.

Infancia y formación

De origen humilde, su infancia estuvo marcada por la figura de su padre, maestro de escuela, y por la naturaleza del Valle del Elqui, que la influyó profundamente. Quedó huérfana de padre a temprana edad y tuvo que asumir responsabilidades familiares. Fue en gran medida autodidacta, aunque asistió a la Escuela Normal de La Serena para formarse como maestra.

Trayectoria literaria

Comenzó a escribir desde joven, publicando sus primeros poemas en periódicos locales. Su reconocimiento literario comenzó a consolidarse tras ganar concursos poéticos y obtener el Premio Nobel de Literatura. Su obra poética, aunque no muy extensa en volumen, es de una gran profundidad y resonancia. Ejerció como maestra y posteriormente como diplomática, lo que le permitió viajar y conocer diferentes culturas.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras más destacadas incluyen "Desolación" (1922), "Ternura" (1924), "Tala" (1938) y "Lagar" (1954). Su poesía se caracteriza por temas como el amor maternal (idealizado y trágico), la infancia, la naturaleza, la muerte, la maternidad, la educación, la identidad latinoamericana y la denuncia de la injusticia. Su estilo es lírico, emotivo y a menudo elegíaco. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales, adaptándolas a su expresividad. Su lenguaje es cuidado, a veces arcaizante, pero siempre directo y conmovedor. La voz poética es profunda, maternal, a veces doliente, pero siempre con un trasfondo de esperanza y fe.

Contexto cultural e histórico

Perteneció a una generación de intelectuales y artistas que buscaban definir la identidad latinoamericana en un contexto de creciente influencia estadounidense. Su obra refleja las realidades sociales y culturales de Chile y de América Latina, así como su compromiso con la educación y los derechos de los más vulnerables.

Vida personal

Su vida estuvo marcada por la pérdida temprana de su prometido, lo que influyó profundamente en su obra y en su visión del amor y la maternidad. Dedicó gran parte de su vida a la educación de niños y jóvenes, y a la promoción de la cultura.

Reconocimiento y recepción

El Premio Nobel de Literatura en 1945 la catapultó a la fama mundial. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y es estudiada y admirada en todo el mundo. Es considerada una de las figuras literarias más importantes de América Latina.

Influencias y legado

Fue influenciada por la poesía española clásica y por la tradición oral de América Latina. Su legado es inmenso, tanto en el ámbito literario como en el educativo y social. Inspiró a generaciones de poetas y escritores, y su figura es un símbolo de la lucha por la educación y los derechos humanos.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado la universalidad de sus temas, la profundidad de su lirismo y su compromiso ético. Se ha analizado su visión de la maternidad, su religiosidad y su profunda conexión con la tierra y el pueblo latinoamericano.

Infancia y formación

Además de su labor literaria y diplomática, Mistral fue una apasionada defensora de la educación y trabajó activamente en proyectos educativos para niños y mujeres en México y otros países.

Muerte y memoria

Gabriela Mistral falleció en Nueva York, Estados Unidos. Sus restos fueron repatriados a Chile y descansan en su pueblo natal de Montegrande. Su memoria perdura como un símbolo de la poesía latinoamericana y de la lucha por un mundo más justo y humano.

Poemas

80

La Casa

La mesa, hijo, está tendida
en blancura quieta de nata,
y en cuatro muros azulea,
dando relumbres, la cerámica.
Ésta es la sal, éste el aceite
y al centro el Pan que casi habla.
Oro más lindo que oro del Pan
no está ni en fruta ni en retama,
y da su olor de espiga y horno
una dicha que nunca sacia.
Lo partimos, hijito, juntos,
con dedos duros y palma blanda,
y tú lo miras asombrado
de tierra negra que da flor blanca.

Baja la mano de comer,
que tu madre también la baja.
Los trigos, hijo, son del aire,
y son del sol y de la azada;
pero este Pan «cara de Dios»(*)
no llega a mesas de las casas.
Y si otros niños no lo tienen,
mejor, mi hijo, no lo tocaras,
y no tomarlo mejor sería
con mano y mano avergonzadas.

Hijo, el Hambre, cara de mueca,
en remolino gira las parvas,
y se buscan y no se encuentran
el Pan y el hambre corcovada.
Para que lo halle, si ahora entra,
el Pan dejemos hasta mañana;
el fuego ardiendo marque la puerta,
que el indio qechua nunca cerraba,
¡y miremos comer al Hambre,
para dormir con cuerpo y alma!


740

La Tierra

Niño indio, si estás cansado,
tú te acuestas sobre la Tierra,
y lo mismo si estás alegre,
hijo mío, juega con ella...

Se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la Tierra:
se oye el fuego que sube y baja
buscando el cielo, y no sosiega.
Rueda y rueda, se oyen los ríos
en cascadas que no se cuentan.
Se oyen mugir los animales;
se oye el hacha comer la selva.
Se oyen sonar telares indios.
Se oyen trillas, se oyen fiestas.

Donde el indio lo está llamando,
el tambor indio le contesta,
y tañe cerca y tañe lejos,
como el que huye y que regresa...

Todo lo toma, todo lo carga
el lomo santo de la Tierra:
lo que camina, lo que duerme,
lo que retoza y lo que pena;
y lleva vivos y lleva muertos
el tambor indio de la Tierra.

Cuando muera, no llores, hijo:
pecho a pecho ponte con ella,
y si sujetas los alientos
como que todo o nada fueras,
tú escucharás subir su brazo
que me tenía y que me entrega,
y la madre que estaba rota
tú la verás volver entera.
1.007

El Pavo Real

Que sopló el viento y se llevó las nubes
y que en las nubes iba un pavo real,
que el pavo real era para mi mano
y que la mano se me va a secar,
y que la mano le di esta mañana
al rey que vino para desposar.

¡Ay que el cielo, ay que el viento, y la nube
que se van con el pavo real!
770

La Cuenta-mundo

Niño pequeño, aparecido,
que no viniste y que llegaste,
te contaré lo que tenemos
y tomarás de nuestra parte.
817

La Rata

Una rata corrió a un venado
y los venados al jaguar,
y los jaguares a los búfalos,
y los búfalos a la mar...

¡Pillen, pillen a los que se van!
¡Pillen a la rata pillen al venado,
pillen a los búfalos y a la mar!

Miren que la rata de la delantera
se lleva en las patas lana de bordar,
y con la lana bordo mi vestido,
y con el vestido me voy a casar.

¡Suban y pasen la llanada,
corran sin aliento, sigan sin parar.
Vuelen por la novia, y por el cortejo,
y por la carroza y el velo nupcial.
1.385

El Papagayo

El papagayo verde y amarillo,
el papagayo verde y azafrán,
me dijo «fea» con su habla gangosa
y con su pico que es de Satanás.

Yo no soy fea, que si fuese fea,
fea es mi madre parecida al sol,
fea la luz en que mira mi madre
y feo el viento en que pone su voz,
y fea el agua en que cae su cuerpo
y feo el mundo y Él que lo crió...

El papagayo verde y amarillo,
el papagayo verde y tornasol,
me dijo «fea» porque no ha comido
y el pan con vino se lo llevo yo,
que ya me voy cansando de mirarlo
siempre colgado y siempre tornasol...
801

La Manca

Que mi dedito lo cogió una almeja,
y que la almeja se cayó en la arena,
y que la arena se la tragó el mar.
Y que del mar la pescó un ballenero
y el ballenero llegó a Gibraltar;
y que en Gibraltar cantan pescadores:
—«Novedad de tierra sacamos del mar,
novedad de un dedito de niña:
¡la que esté manca lo venga a buscar!»

Que me den un barco para ir a traerlo,
y para el barco me den capitán,
para el capitán que me den soldada,
y que por soldada pide la ciudad:
Marsella con torres y plazas y barcos,
de todo el mundo la mejor ciudad,
que no será hermosa con una niñita
a la que robó su dedito el mar,
y los balleneros en pregones cantan
y están esperando sobre Gibraltar...
754

La Pajita

Ésta que era una niña de cera;
pero no era una niña de cera,
era una gavilla parada en la era.
Pero no era una gavilla
sino la flor tiesa de la maravilla.
Tampoco era la flor sino que era
un rayito de sol pegado a la vidriera.
No era un rayito de sol siquiera:
una pajita dentro de mis ojitos era.

¡Alléguense a mirar cómo he perdido entera,
en este lagrimón, mi fiesta verdadera!
782

La Cajita De Olinalá

Cajita mía
de Olinalá,
palo-rosa,
jacarandá.

Cuando la abro
de golpe da
su olor de reina
de Sabá.

¡Ay, bocanada
tropical:
clavo, caoba
y el copal!

La pongo aquí,
la dejo allá;
por corredores
viene y va.

Hierve de grecas
como un país:
nopal, venado,
codorniz,

los volcanes
de gran cerviz
y el indio aéreo
como el maíz.

Así la pintan,
así, así,
dedos de indio
o colibrí;

y así la hace
de cabal
mano azteca,
mano quetzal.
784

Devuelto

A la cara de mi hijo
que duerme, bajan
arenas de las dunas,
flor de la caña
y la espuma que vuela
de la cascada...

Y es sueño nada más
cuanto le baja;
sueño cae a su boca,
sueño a su espalda,
y me roban su cuerpo
junto con su alma.

Y así lo van cubriendo
con tanta maña,
que en la noche no tengo
hijo ni nada,
madre ciega de sombra,
madre robada.

Hasta que el sol bendito
al fin lo baña:
me lo devuelve en linda
fruta mondada
¡y me lo pone entero
sobre la falda!
696

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