Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Lo que distingue una república verdadera no es sólo la forma de gobierno, sino los sentimientos profundamente arraigados de igualdad jurídica para todos y el respeto para todos los individuos.
Los científicos tienen la obligación de ser políticamente activos en interés de la investigación científica libre. Deben tener el valor […] de enunciar con claridad sus convicciones políticas y económicas.
Todo lo que es realmente grande e inspirador ha sido creado por un individuo que ha podido trabajar en libertad.
La política es un péndulo cuyas oscilaciones entre anarquía y tiranía se ven continuamente impulsadas por ilusiones rejuvenecidas.
La lealtad nacional es limitadora; se debe enseñar a los hombres a pensar en términos mundiales. Cada país deberá renunciar a una parte de su soberanía a través de la cooperación internacional. Para evitar la destrucción se debe sacrificar la agresión.
Si, como parece probable, las grandes potencias democráticas actúan con neutralidad ante la Alemania de Hitler, este caldo de cultivo de la enfermedad representará muy pronto un grave peligro moral y político para el resto del mundo, sin mencionar la miseria inenarrable a que están sometidos los judíos alemanes.
No existe ningún objetivo lo suficientemente elevado que pueda justificar ante mis ojos la utilización de métodos indignos para alcanzarlo. Es posible que a veces la violencia haya eliminado obstáculos con rapidez, pero nunca se ha mostrado creativa.
El hombre sólo puede crear en una sociedad libre las invenciones y los valores culturales que hacen que el hombre moderno considere que la vida vale la pena.
El nacionalismo es, en mi opinión, nada más que una racionalización idealista del militarismo y la agresividad.
Nunca participaré en [una conferencia inútil]. Sería como organizar una conferencia para evitar que los volcanes entrasen en erupción o para aumentar la lluvia en el Sáhara.
Estoy convencido de que la degeneración sigue a todo sistema autocrático de violencia, porque la violencia atrae inevitablemente a los moralmente inferiores. El tiempo ha demostrado que sinvergüenzas han sucedido a tiranos ilustrados.
Si hay algo que puede otorgar a un profano el valor de expresar una opinión sobre la naturaleza de las alarmantes dificultades económicas del momento, es la desesperante confusión de opiniones entre los expertos. […] Si de alguna manera pudiéramos prevenir que el poder de compra de las masas, medido en término de bienes, se situara por debajo de cierto mínimo, serían imposibles los paros del ciclo industrial que estamos experimentando en la actualidad.
Mi ideal político es la democracia. Se debería respetar a todo el mundo como individuo, sin idealizar a nadie.
Es posible ser ambas cosas. Me miro como persona. El nacionalismo es una enfermedad infantil. Se trata del sarampión de la humanidad.
Por supuesto, no soy un político en el sentido convencional de la palabra; pocos académicos lo son. Al mismo tiempo, creo que nadie debe eludir la tarea política […] de restaurar la unidad entre las naciones que ha quedado destruida completamente por la guerra mundial, y ocuparse de que sea posible una comprensión entre las naciones mejor y más genuina para que sea imposible que se repita la terrible catástrofe que hemos vivido.
Conmueve ver esta tragedia de la historia humana en la que uno mata por miedo a que lo maten. Es lo mejor, lo más altruista para aquellos que son torturados y muertos, porque se teme su influencia política, pero eso no ocurre sólo en Rusia. […] [Los gobernantes de Rusia] perderán todas las simpatías si no pueden mostrar a través de un acto de liberación amplio y valiente que no necesitan recurrir al terror sangriento para apoyar sus ideas políticas.
En mi opinión no es correcto introducir la política en las cuestiones científicas, ni se debe hacer responsable a los individuos de las acciones del gobierno del país al que pertenecen.
El internacionalismo, tal como yo lo concibo, implica una relación racional entre los países, una unión sana y una comprensión entre las naciones, cooperación mutua, desarrollo mutuo sin interferencias con las costumbres o la vida interna de un país.
Creo que se debería excluir la idea de un experimento bolchevique. Donde se ha producido un experimento bolchevique, como en Baviera, las enloquecidas ambiciones reaccionarias han vuelto a triunfar.
En cualquier campo de cereal pueden crecer las malas hierbas al lado del trigo si las condiciones son las correctas. Creo que las condiciones son más importantes que el suelo.
Creo que la reconciliación internacional sería más fácil si jóvenes estudiantes y artistas, en mayor número que antes, pudieran estudiar en los antiguos países enemigos. La experiencia directa es la manera más eficaz de contrarrestar esas ideologías desastrosas que se han plantado en muchas cabezas bajo la influencia de la guerra mundial.
No puedo creer que la humanidad pueda cambiar en esencia, pero creo que es posible e incluso necesario poner fin a la anarquía en las relaciones internacionales, aunque el sacrificio de la autonomía será significativo para los estados individuales.
Cuando un grupo de personas se ve afectado por una locura colectiva, se debe actuar contra ellas; pero el odio y la amargura no pueden consumir a largo plazo a un pueblo grande y perspicaz si no están perturbados.
El comportamiento impulsivo del hombre contemporáneo en cuestiones políticas es suficiente para mantener viva mi fe en el determinismo.
Estoy convencido de que lo que traigan los próximos años será mucho menos difícil que las experiencias de estos últimos.
Si así lo decidimos, delante de nosotros se abre un progreso continuado en felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿En su lugar debemos elegir la muerte porque no podemos olvidar nuestras peleas? Como seres humanos apelamos a los seres humanos: recuerda tu humanidad y olvida todo lo demás.
No tengo intención de mantener en secreto mis sentimientos internacionalistas. Lo cerca que pueda sentirme de un ser humano o de una organización humana depende sólo de la valoración de sus intenciones y capacidades. El estado, al que pertenezco como ciudadano, no ocupa ningún lugar en mi vida emocional; considero que la afiliación a un estado es una cuestión de negocios, que se parece a la relación que mantenemos con el seguro de vida.
He cometido un gran error en mi vida: cuando firmé la carta al presidente Roosevelt recomendando que se creasen bombas atómicas; pero había cierta justificación: ¡el peligro de que las construyesen los alemanes!
Nunca existió ni la más mínima indicación de ninguna aplicación tecnológica potencial.
C. E. A. = Conspiración para el Exterminio Atómico.
El único consuelo que se puede derivar del desarrollo de las armas atómicas es la esperanza de que estas armas puedan resultar disuasorias y dar ímpetu a un movimiento para establecer salvaguardias supranacionales. Desgraciadamente, en el momento actual, la locura del nacionalismo parece más poderosa que nunca.
La primera bomba atómica destruyó algo más que la ciudad de Hiroshima. También hizo saltar por los aires nuestras ideas políticas heredadas y desfasadas.
El juicio de Núremberg de los criminales de guerra alemanes se basó tácitamente en el reconocimiento del siguiente principio: las acciones criminales no se pueden excusar si se cometen siguiendo órdenes gubernamentales; la conciencia está por encima de la autoridad de la ley del estado.
No es necesario que el descubrimiento de una reacción en cadena nuclear conduzca a la destrucción de la humanidad, como tampoco lo hizo el descubrimiento de las cerillas.
El verdadero mal [radica] en […] la creencia de que en tiempos de paz debemos organizar toda nuestra vida y trabajo de manera que en caso de guerra nos asegure la victoria. Esta actitud da lugar a la creencia de que la libertad personal e incluso la existencia están amenazadas por enemigos poderosos.
Buscar la paz y preparar la guerra son completamente incompatibles. […] Las armas sólo se deben confiar a una autoridad internacional.
La carrera armamentística no es una manera de prevenir la guerra. Cada paso en esta dirección nos acerca a la catástrofe. […] Vuelvo a repetir que el armamento no es una protección contra la guerra, sino que conduce inevitablemente a la guerra.
Si [el esfuerzo para producir la bomba de hidrógeno] tiene éxito, se habrá conseguido que el envenenamiento radiactivo de la atmósfera, y con ello la aniquilación de la vida en la Tierra, se encuentre dentro del alcance de lo técnicamente posible.
Nunca he realizado ninguna investigación que tenga relación con la producción de la bomba atómica. Mi única contribución en este campo fue que en 1905 establecí la relación entre masa y energía, una verdad sobre el mundo físico de una naturaleza muy general y cuyas posibles conexiones con el potencial militar eran completamente ajenas a mis pensamientos.
Mientras se busque la seguridad a través del armamento nacional, no es probable que ningún país renuncie a ningún arma que parezca que puede prometerle la victoria en caso de guerra. En mi opinión, sólo se puede lograr la seguridad a través de la renuncia a toda defensa militar nacional.
No sé [qué armas se usarán en la Tercera Guerra Mundial]. Pero puedo decirle cuáles se usarán en la Cuarta: ¡piedras!
Es cierto que los adelantos realizados en física han hecho posible la aplicación de los resultados científicos con objetivos técnicos y militares que implican un gran peligro. No obstante, la responsabilidad radica en los que hacen uso de las nuevas herramientas y no en los que han contribuido al progreso del conocimiento: en consecuencia, en los políticos y no en los científicos.
La creación de los Estados Unidos de Europa es una necesidad económica y política. Aunque resulta difícilmente predecible si contribuirá a la estabilización de la paz internacional. Creo más bien que sí.
Los científicos, cuyo destino trágico ha sido contribuir a que los métodos de aniquilación sean aún más terribles y efectivos, debemos considerar nuestro deber solemne y trascendental hacer todo lo que esté en nuestro poder para evitar que dichas armas sean usadas con el propósito brutal para el que fueron inventadas.
La guerra victoriosa contra la Alemania nazi y Japón ha provocado la influencia malsana de nuestros militares y de las actitudes militares que ponen en peligro las instituciones democráticas de nuestro país y la paz en el mundo.
El propósito de militarizar la nación no sólo nos amenaza inmediatamente con la guerra, sino que también socavará lentamente el espíritu democrático y la dignidad del individuo en nuestra tierra.
Cuando la creencia en la omnipotencia de la fuerza física predomina en la vida política, esta fuerza cobra vida propia y demuestra que es más fuerte que los hombres que creen que la utilizan como una herramienta.
Mientras exista el hombre, habrá guerra.