Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Cuando era joven, lo único que quería y esperaba de la vida era quedarme tranquilamente sentado en un rincón haciendo mi trabajo sin que el público me prestara atención. Y ahora mira en lo que me he convertido.
La única manera de escapar de los efectos corruptores de los elogios es seguir trabajando.
Dios me otorgó la testarudez de una mula y un olfato bastante bueno.
En las circunstancias actuales, la única profesión que elegiría sería aquella en que ganarse la vida no tuviera nada que ver con la búsqueda del conocimiento.
Sólo en matemáticas y física, a través del estudio autodidacta, iba muy por delante del currículum escolar, y también con respecto a la filosofía tal como se enseñaba en el currículum escolar.
Nunca leo lo que los demás escriben sobre mí; en su mayoría se trata de mentiras de los diarios que siempre se repiten. […] La única excepción ha sido el suizo, [Carl] Seelig; es muy simpático y ha hecho un buen trabajo. Tampoco he leído su libro, pero Dukas me ha leído algunos pasajes.
Si volviera a ser joven de nuevo y tuviera que decidir una manera de ganarme la vida, no intentaría convertirme en científico, académico o maestro. En lugar de ello sería fontanero o vendedor ambulante, con la esperanza de encontrar ese modesto grado de independencia que sigue siendo posible bajo las circunstancias actuales.
No soy el tipo de esnob o exhibicionista que cree que soy y además no tengo nada de valor que decir sobre los temas de actualidad, como parece asumir.
Resulta bastante curioso, incluso anormal, que, con sus conocimientos superficiales sobre el tema, esté tan seguro de sus opiniones. Lamento que no pueda malgastar el tiempo para ocuparme personalmente de los diletantes.
Hoy el señor Berks me ha mostrado el busto que ha realizado de mí. Admiro en gran medida el busto como retrato y no menos como obra de arte y como caracterización de una personalidad mental.
Es cierto que mis padres estaban preocupados porque empecé a hablar bastante tarde, de manera que incluso llegaron a consultar a un médico. No sé la edad que tenía, pero seguramente debía de rondar los tres años.
Tenían que llamarme Abraham por mi abuelo. Pero era un nombre demasiado judío para mis padres, así que utilizaron la «A» y me llamaron Albert.
Se han atribuido todo tipo de fábulas a mi persona, y no tienen fin la cantidad de cuentos elaborados con ingenio. Aprecio y respeto los que son realmente sinceros.
En el pasado no se me ocurrió en ningún momento que un comentario casual por mi parte pudiera quedar recogido y registrado. De haberlo sabido, me habría ocultado aún más en mi concha.
Durante la Primera Guerra Mundial, cuando tenía treinta y cinco años y viajaba de Alemania a Suiza, me detuvieron en la frontera y me preguntaron mi nombre. Dudé antes de recordarlo. Siempre he tenido mala memoria.
Soy un imán para todos los chiflados del mundo, pero también me resultan interesantes. Uno de mis pasatiempos favoritos es reconstruir su proceso de pensamiento. Siento verdadera lástima por ellos y por eso intento ayudarlos.
Ciertamente, he encontrado satisfacción en mis esfuerzos, pero no considero adecuado defender que los resultados de mi trabajo son de mi «propiedad», como un viejo avaro defendería los pocos peniques que ha conseguido amasar laboriosamente.
Toda mi vida me he ocupado de temas objetivos; por eso carezco de la aptitud natural y de la experiencia para tratar adecuadamente con las personas y para ejercer funciones oficiales.
Resulta muy extraño que me conozcan tanto por todo el mundo y a pesar de eso estar tan solo. Pero es un hecho que este tipo de popularidad […] obliga a sus víctimas a instalarse en una posición defensiva que conduce al aislamiento.
Estoy bastante bien, teniendo en cuenta que he sobrevivido con éxito al nazismo y a dos esposas.
No tengo ningún talento especial. Sólo soy apasionadamente curioso.
Simplemente disfruto dando más de lo que recibo en todos los aspectos, no tomo demasiado en serio mis actos ni los de las masas, no me avergüenzo de mis debilidades y vicios, y naturalmente me tomo las cosas con ecuanimidad y humor. Muchas personas son así y realmente no puedo comprender por qué me han convertido en una especie de ídolo.
Mi obra científica está motivada por un deseo irresistible de comprender los secretos de la naturaleza y no por ningún otro sentimiento. Mi amor por la justicia y los esfuerzos para contribuir a la mejora de la condición humana son independientes de mis intereses científicos.
No tengo influencia [en el Instituto para Estudios Avanzados], porque por lo general se me considera una especie de objeto petrificado, que ha quedado ciego y sordo con el paso de los años. Este papel no me parece demasiado desagradable, porque se corresponde bastante bien con mi temperamento.
Ya se han publicado a espuertas tal cantidad de mentiras y puras invenciones sobre mí que habría acabado en la tumba si me hubiera permitido prestarles la más mínima atención.
Lo esencial en el ser de un hombre como yo radica precisamente en lo que piensa y en cómo lo piensa, no en lo que hace o sufre.
El desarrollo de este mundo del pensamiento ( Gedankenwelt ) es en cierto sentido un vuelo continuo a partir del «asombro». Un asombro de tal naturaleza que experimenté cuando era un niño de cuatro o cinco años y mi padre me mostró un compás.
No me gusta expresar mi opinión sobre un tema a menos que conozca los datos precisos.
¿Por qué nadie me comprende, pero aun así todo el mundo me quiere?
Creo firmemente que el amor [como tema o afición] es mejor maestro que el sentido del deber, al menos para mí.
Nunca he permitido el uso de mi nombre con finalidad comercial, ni siquiera en los casos en los que no se pretendía engañar al público como en su caso. Por eso le prohíbo totalmente que utilice mi nombre.
Aquí me he instalado de una manera espléndida: hiberno como un oso en su cueva, y realmente me siento mucho más en casa que en cualquier otro momento de mi movida existencia. Este retraimiento se ha acentuado a raíz de la muerte de mi compañera, que se sentía mucho más unida a los seres humanos que yo.
No querría vivir si no tuviera mi trabajo. […] En cualquier caso, está bien que ya sea viejo y personalmente no deba contar con un futuro prolongado.
Como un muchacho de doce años que entra en contacto con las matemáticas elementales, me sentí entusiasmado al ver que era posible encontrar la verdad sólo con el razonamiento, sin la ayuda de ninguna otra experiencia exterior. […] Me convencí cada vez más de que incluso la naturaleza se podía comprender como una estructura matemática relativamente sencilla.
También me han dirigido flechas de odio, pero nunca me han acertado, porque de alguna manera pertenecían a otro mundo con el que no tengo ningún contacto.
Yo sufrí un tratamiento similar a manos de mis maestros; los disgustaba por mi independencia y me dejaban de lado cuando necesitaban ayudantes. (No obstante, debo admitir que no era un estudiante tan modélico como tú.)
Mi vida es muy sencilla y no interesará a nadie. Es un hecho comprobado que nací y eso es lo único necesario.
La gente me adula mientras le soy útil. Pero, cuando intento alcanzar metas con las que no están de acuerdo, se dedican inmediatamente a menospreciarme y calumniarme en defensa de sus intereses.
Aunque intento ser universal con mi pensamiento, soy europeo por instinto e inclinación.
Me parece injusto, e incluso de mal gusto, seleccionar a una serie de individuos para dedicarles una admiración sin límites, atribuyéndoles unos poderes sobrehumanos de mente y carácter. Este ha sido mi destino, y el contraste entre la idea popular de mis poderes y logros y la realidad resulta simplemente grotesco.
El profesor Einstein le implora que trate de momento sus publicaciones como si ya estuviera muerto.
Muchas veces, a lo largo del día, me doy cuenta de hasta qué punto mi vida exterior e interior se basa en el trabajo de mis congéneres, tanto vivos como muertos, y hasta qué punto debo esforzarme para devolver tanto como he recibido.
Resulta una ironía del destino que haya sido el depositario de una admiración y una reverencia excesivas por parte de mis congéneres, sin ninguna culpa o mérito por mi parte.
Las posesiones, el éxito público, la publicidad, el lujo… para mí siempre han sido despreciables. Creo que una vida sencilla y sin pretensiones es lo mejor para […] el cuerpo y la mente.
Nunca he considerado que el bienestar y la felicidad sean finalidades en sí mismas, pues llamo a semejante base ética el ideal de un chiquero. […] Los ideales que siempre han brillado delante de mí y que me llenan de la alegría de vivir son la bondad, la belleza y la verdad. Nunca me ha atraído convertir la comodidad o la felicidad en el objetivo final.
Para castigarme por mi falta de respeto a la autoridad, el destino me ha convertido en una autoridad.
Soy modelo para artistas.
Debo buscar en las estrellas lo que [me] han negado en la Tierra.