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Naturaleza y Elementos

Angel Guimerà

Angel Guimerà

El Vendrell, voltat de vinyes -en catalán-

El Vendrell, voltat de vinyes que el pagès amb el seu art exquisit treballa, carregades a l'estiu del fruit saborós d'on regala a doll fet el vi ardentíssim per a encendre la sang de les venes. El Vendrell, amb les seves arbequines de verdors cendrejants i eternes, ací i allà aixecant-se en les parades com a pastors de ramats guardant els seus ceps que al seu entorn pasturen; amb els seus garroferars de verd maragda, que quan els hi abasten el fruit d'una collita ja s'ha ensenyorit el novell de les brancades, que aimen les alenades de la mar tebiona i per a aspirar-la sembla que s'enfilen per les roques enfonsant-hi les urpes dels peus fins les entranyes. El Vendrell, amb comarca pròpia que no es confon amb el Penedès ni amb el Camp de Tarragona, enrondat de pobles i llogarets i escampadissa de masies, enfeinats, agradosos, esparpellant salut i alegria, que tot és Vendrell,i com els fills de la vila són els fills de voltant, i a ella hi davallen de bon grat i a corrua feta en els seus mercats dels diumenges. El Vendrell, quals límits comarcals li assenyalen de ben lluny, terra endins, muntanyes blavoses, i a l'enfront el sorral de les onades (les llunes que aquí es diu), a l'altra banda del xamós Pla de Mar, que és terra beneïda, que lleva primerenc i bo i en dóna força. I el tot de la contrada vendrellenca ve a ésser per als que la coneixem igual que a la mare com una mena de paradís que tingui per entrada el més grandiós i escaient dels portals: l'Arc de Berà, fita gloriosa que els segles no han descalçat, partionera que fou també d'encontrades més grans en altres edats que són mortes, i per sota el que tantes generacions hi han passat.
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Rubén Darío

Rubén Darío

Los Motivos Del Lobo

El varón que tiene corazón de lis,
alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
el lobo de Gubbia, el terrible lobo,
rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.

Fuertes cazadores armados de hierros
fueron destrozados. Los duros colmillos
dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

Francisco salió:
al lobo buscó
en su madriguera.
Cerca de la cueva encontró a la fiera
enorme, que al verle se lanzó feroz
contra él. Francisco, con su dulce voz,
alzando la mano,
al lobo furioso dijo: —¡Paz, hermano
lobo!
El animal
contempló al varón de tosco sayal;
dejó su aire arisco,
cerró las abiertas fauces agresivas,
y dijo: —¡Está bien, hermano Francisco!
¡Cómo!
—exclamó el santo—. ¿Es ley que tú vivas
de horror y de muerte?
¿La sangre que vierte
tu hocico diabólico, el duelo y espanto
que esparces, el llanto
de los campesinos, el grito, el dolor
de tanta criatura de Nuestro Señor,
no han de contener tu encono infernal?
¿Vienes del infierno?
¿Te ha infundido acaso su rencor eterno
Luzbel o Belial?

Y el gran lobo, humilde: —¡Es duro el invierno,
y es horrible el hambre! En el bosque helado
no hallé qué comer; y busqué el ganado,
y en veces comí ganado y pastor.
¿La sangre? Yo vi más de un cazador
sobre su caballo, llevando el azor
al puño; o correr tras el jabalí,
el oso o el ciervo; y a más de uno vi
mancharse de sangre, herir, torturar,
de las roncas trompas al sordo clamor,
a los animales de Nuestro Señor.
Y no era por hambre, que iban a cazar.

Francisco responde: —En el hombre existe
mala levadura.
Cuando nace viene con pecado. Es triste.
Mas el alma simple de la bestia es pura.
Tú vas a tener
desde hoy qué comer.
Dejarás en paz
rebaños y gente en este país.
¡Que Dios melifique tu ser montaraz!
—Está bien, hermano Francisco de Asís.
—Ante el Señor, que todo ata y desata,
en fe de promesa tiéndeme la pata.

El lobo tendió la pata al hermano
de Asís, que a su vez le alargó la mano.
Fueron a la aldea. La gente veía
y lo que miraba casi no creía.
Tras el religioso iba el lobo fiero,
y, baja la testa, quieto le seguía
como un can de casa, o como un cordero.

Francisco llamó la gente a la plaza
y allí predicó.
Y dijo: —He aquí una amable caza.
El hermano lobo se viene conmigo;
me juró no ser ya vuestro enemigo,
y no repetir su ataque sangriento.
Vosotros, en cambio, daréis su alimento
a la pobre bestia de Dios. —¡Así sea!,

contestó la gente toda de la aldea.
Y luego, en señal
de contentamiento,
movió testa y cola el buen animal,
y entró con Francisco de Asís al convento.
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