Citas
Citas para inspirar y reflexionar
Las raíces psicológicas de la guerra están, en mi opinión, enraizadas biológicamente en la naturaleza agresiva de la criatura masculina. […] Algunos animales –el toro y el gallo– nos superan en este aspecto.
Siempre he sido pacifista, es decir, me he negado a reconocer la fuerza bruta como un medio para la solución de los conflictos internacionales. Aun así, en mi opinión, no resulta razonable aferrarse a ese principio de una manera incondicional. Es necesario establecer una excepción si una potencia hostil amenaza con la destrucción completa del grupo al que se pertenece.
Es muy posible que la lucha intensa que se está produciendo en la actualidad no dé lugar a ningún vencedor. […] Por eso, no sólo parece adecuado desde el punto de vista ético, sino amargamente necesario, que los intelectuales de todas las naciones utilicen su influencia para que los términos de la paz no se conviertan en causa de guerras futuras.
En todos los casos en los que es posible una resolución razonable de las dificultades, estoy a favor de una cooperación honesta y, si esto no es posible en las circunstancias presentes, el método de Gandhi de resistencia pacífica contra el mal.
Soy un pacifista dedicado, pero no absoluto; esto significa que me opongo al uso de la fuerza en cualquier circunstancia, excepto cuando nos enfrentamos a un enemigo cuyo propósito es la destrucción de la vida como un fin en sí mismo.
En mi carta a Kaizo , no dije que era un pacifista absoluto, sino que siempre he sido un pacifista convencido. Aunque soy un pacifista convencido, creo que existen circunstancias en las que es apropiado el uso de la fuerza: ante un enemigo que tiene el objetivo incondicional de destruirnos a mí y a mi pueblo.
Cuantas más armas fabrica un país, más inseguro se vuelve: si tienes armas te conviertes en el objetivo de un ataque.
Creo que la muerte de seres humanos en una guerra no es mejor que un asesinato común.
La meta del pacifismo sólo es posible a través de una organización supranacional. La defensa incondicional de esta causa es […] la piedra de toque del pacifismo de verdad.
El objetor de conciencia es un revolucionario. Al tomar la decisión de desobedecer la ley sacrifica sus intereses personales ante la causa mucho más importante de trabajar para la mejora de la sociedad.
Puedo identificar mis puntos de vista casi completamente con los de Gandhi. Pero (individual y colectivamente) resistiría con violencia cualquier intento de matar o quitarme a mí o a mi gente los medios básicos de subsistencia.
La humanidad sólo se puede salvar si se crea un sistema supranacional, basado en la ley, para eliminar los métodos de la fuerza bruta.
Creo que el problema de conseguir la paz para el mundo sobre una base supranacional sólo se resolverá utilizando a gran escala los métodos de Gandhi.
Si la idea de un gobierno mundial no es realista, entonces sólo existe una visión realista de nuestro futuro: la destrucción total del hombre por el hombre.
Sólo existe un camino hacia la paz y la seguridad: la senda de una organización supranacional. El armamento unilateral con base nacional sólo aumenta la incertidumbre y la confusión generales sin constituir una protección efectiva.
Defiendo un gobierno mundial porque estoy convencido de que no existe otro camino posible para eliminar el peligro más terrible con el que se ha encontrado nunca el hombre. El objetivo de evitar la destrucción total debe tener prioridad sobre cualquier otro objetivo.
Se debe crear un gobierno mundial que sea capaz de resolver los conflictos entre las naciones con decisiones judiciales. […] Este gobierno debe basarse en una constitución clara que sea aprobada por los gobiernos y por las naciones, y debe ser el único que tenga a su disposición armas ofensivas.
Todo lo que se hace en las relaciones internacionales se debería emprender a partir del siguiente punto de vista: ¿ayudará o dificultará el establecimiento de un gobierno mundial?
Con el elevado nivel actual de industrialización y de interdependencia económica, es impensable que podamos lograr la paz sin una organización genuinamente supranacional que gobierne las relaciones internacionales. Si queremos evitar la guerra, todo lo que no sea una solución de conjunto me parece ilusorio.
En los años veinte, cuando no existía ninguna dictadura, defendí que el rechazo a ir a la guerra haría que la guerra fuera considerada indecente. Pero, en cuanto aparecieron condiciones coercitivas en ciertas naciones, sentí que eso debilitaría a las naciones menos agresivas frente a las más agresivas.
No existe otra salvación para la civilización e incluso para la raza humana que la creación de un gobierno mundial, con la seguridad de las naciones fundamentada en la ley. Mientras existan estados soberanos con armamento propio y secretos armamentísticos, no se podrán evitar nuevas guerras mundiales.
El pacifismo es su propio enemigo en ciertas circunstancias, como lo sería actualmente en Alemania. […] Tenemos que trabajar con la gente para crear un sentimiento público que ilegalice la guerra: (1) crear la idea de suprasoberanía; […] (2) enfrentarnos a las causas económicas de la guerra.
Estoy convencido de que una organización política internacional no es sólo posible, sino que será incondicionalmente necesaria si la situación de nuestro planeta acaba volviéndose al final insostenible.
Sostengo con firmeza el principio de que la solución real al problema del pacifismo sólo se puede lograr con la organización de una corte de arbitraje supranacional que, a diferencia de la actual Sociedad de Naciones en Ginebra, tendrá a su disposición los medios para aplicar sus decisiones. En resumen, una corte de justicia internacional con un brazo militar permanente… o mejor, una fuerza policial.
Armar significa entregar la voz y realizar preparativos, no para la paz, sino para la guerra. Por eso la gente no se va a desarmar paso a paso; o se desarma de golpe o no lo hará en absoluto.
Soy el mismo pacifista ardiente que era antes. Pero creo que la medida de la negativa al servicio militar sólo se podrá exigir de nuevo en Europa cuando haya dejado de existir la amenaza militar de unas dictaduras agresivas contra los países democráticos.
Sólo si conseguimos abolir por completo el servicio militar obligatorio será posible educar a la juventud en el espíritu de reconciliación, alegría de vivir y amor hacia todas las criaturas vivas.
La paz no se puede mantener con la fuerza. Sólo se puede conseguir con el entendimiento. No se puede subyugar a una nación por la fuerza, a menos que barras a todos los hombres, mujeres y niños. A menos que se quieran aplicar unas medidas tan drásticas, se debe encontrar una manera de resolver las disputas sin recurrir a las armas.
No sólo soy un pacifista, sino un pacifista militante. Estoy dispuesto a luchar por la paz. […] ¿No es mejor para un hombre morir por la causa en la que cree, como es la paz, que sufrir a causa de lo que no cree, es decir, la guerra?
El estado existe para el hombre, no el hombre para el estado. […] Creo que la misión más importante del estado es la protección del individuo para que le sea posible desarrollar una personalidad creativa. El estado debería ser nuestro sirviente; no deberíamos ser esclavos del estado. El estado viola este precepto cuando nos obliga a realizar el servicio militar.
Es posible que la negativa a realizar el servicio militar nos exponga a una persecución severa; ¿esta persecución es menos vergonzosa para la sociedad que la persecución a la que fueron sometidos los mártires religiosos en siglos pasados?
Cualquiera que quiera abolir de verdad la guerra debe declararse con firmeza a favor de que su país renuncie a una parte de su soberanía a favor de las instituciones internacionales: debe estar dispuesto a que, en caso de una disputa, su país esté dispuesto a acudir a una corte internacional. Debe […] apoyar el desarme en todas partes.
Apelo a todos los hombres y mujeres, ya sean eminentes o humildes, para que declaren que se negarán a seguir ofreciendo ayuda a la guerra o a la preparación de la guerra.
Existen dos maneras de resistirse a la guerra: la vía legal y la vía revolucionaria. La vía legal implica el ofrecimiento de servicios alternativos, no como un privilegio para unos pocos, sino como un derecho para todos. La senda revolucionaria implica una resistencia a ultranza, con el objetivo de romper el poder del militarismo en tiempos de paz o de los recursos del estado en tiempos de guerra.
Pocos de nosotros nos aferramos a la idea de que los actos de violencia en el marco de las guerras no son ventajosos ni dignos de la humanidad como método para resolver los problemas internacionales. Pero no somos lo suficientemente consistentes para realizar esfuerzos vigorosos a favor de las medidas para prevenir la guerra, esta reliquia salvaje e indigna de una era de barbarie.
Creo que sólo se podrá conseguir un progreso serio [en la abolición de la guerra] cuando los hombres se organicen a escala internacional y se nieguen, en su conjunto, a participar en el servicio militar o de guerra.
El hombre que disfruta marchando en fila al ritmo de la música tiene todo mi desprecio. Este heroísmo a la orden, esta violencia sin sentido, este maldito alarde de patriotismo… ¡con qué intensidad los desprecio! La guerra es baja y despreciable, y prefiero que me hagan pedazos a participar en algo así.
Aunque sólo el dos por ciento de los que se supone que deben realizar el servicio militar se declarasen contrarios a la guerra y afirmaran: «No vamos a luchar. Necesitamos otros métodos para resolver las disputas internacionales». Los gobiernos quedarían impotentes porque no pueden meter en la cárcel a semejante masa.
Bajo el sistema actual de servicio militar obligatorio todo el mundo se ve obligado a cometer un crimen: el crimen de matar a personas por su país. El objetivo de todos los pacifistas debe ser convencer a los demás de la inmoralidad de la guerra y librar al mundo de la esclavitud vergonzosa del servicio militar.
Cuando los que están unidos por ideales pacifistas se reúnen, siempre se asocian exclusivamente con los de su especie. Son como ovejas reunidas mientras los lobos esperan en el exterior. […] La voz de la oveja no supera este círculo y por eso es ineficaz.
No he mantenido en secreto, ni en privado ni en público, mi indignación contra cualquier servicio militar o de guerra impuesto oficialmente. Considero que es un deber de conciencia luchar con todos los medios disponibles contra tan bárbara esclavización de los individuos.
Rechazaría categóricamente cualquier servicio de guerra directo o indirecto, e intentaría persuadir a mis amigos para que hicieran lo mismo, sin importar las razones que expliquen las causas de la guerra.
Mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que me embarga porque me disgusta el asesinato de personas. Mi actitud no deriva de ninguna teoría intelectual, sino que se basa en una profunda antipatía hacia cualquier tipo de crueldad y odio.
Ninguna persona tiene derecho a llamarse cristiana o judía mientras esté dispuesta a participar en un asesinato sistemático a la orden de una autoridad, o a permitir que se la utilice al servicio de la guerra o en la preparación de esta.
La tecnología que es el resultado de la ciencia ha unido internacionalmente las economías y eso provoca que todas las guerras se conviertan en un asunto de importancia internacional. Cuando esta situación penetre en la conciencia de la humanidad, después de suficiente caos, entonces los hombres encontrarán también la energía y la buena voluntad necesarias para crear organizaciones que tengan el poder de terminar con las guerras.
Debido al carácter universal de su tema y de la necesidad de una cooperación organizada internacionalmente, [los científicos] están inclinados hacia el entendimiento internacional y por eso favorecen los objetivos pacifistas.
La mayoría de los representantes del campo de la historia realmente han hecho muy poco para apoyar la causa del pacifismo. Casi todos sus representantes […] han realizado declaraciones sorprendentes y fuertemente chovinistas y militaristas. […] La situación es bastante diferente en las ciencias naturales.
El que sostenga los valores de la cultura no puede dejar de ser pacifista.