Citas

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Citas para inspirar y reflexionar

Albert Einstein
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La sonrisa en el rostro de la gente […] es el símbolo de uno de los activos más grandes del americano. Es amistoso, confiado, optimista y no es envidioso.

De «Impressions of the U.S.A.», ca. 1931. Fuente mal citada en Ideas and Opinions , p. 3. Einstein Archives 28-167.

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Albert Einstein
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Pasadena es como el paraíso. […] Siempre luce el sol y el aire es fresco, los jardines tienen palmeras y pimenteros, y hay personas amables que te sonríen y piden autógrafos.

A la familia Lebach durante la época anterior a la contaminación, 16 de enero de 1931, en la ciudad en la que se ubica el Instituto de Tecnología de California. Einstein Archives 47-373.

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Albert Einstein
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[América], esta tierra de contrastes y sorpresas, lo deja a uno lleno sucesivamente de admiración e incredulidad. Uno se siente más unido a la Vieja Europa, con sus angustias y problemas, y se alegra de volver a ella.

A la reina Isabel de Bélgica, 9 de febrero de 1931, revelando un poco de añoranza durante su estancia de tres meses en América. Einstein Archives 32-349.

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Albert Einstein
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Os saludo a vosotros y al suelo de vuestro país. Estoy ansioso por renovar antiguas amistades y ampliar mis conocimientos bajo la luz de lo que pueda ver y aprender mientras esté entre vosotros.

Ibíd.

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Tengo la sensación de que está justificado que miréis al futuro con verdadera seguridad, porque tenéis la forma de vida en la que se encuentran armoniosamente combinadas la alegría de vivir y la alegría de trabajar. A esto se añade el espíritu ambicioso que impregna todo vuestro ser, y que parece convertir el trabajo diario en una especie de juego de un niño feliz.

De una felicitación por el Año Nuevo, en el New York Times , 1 de enero de 1931. Citado en Stevenson’s Book of Quotations: Classical and Modern . Einstein Readex 324 (no se encuentra en la base de datos del archivo).

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Albert Einstein
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No cabe la menor duda de que los americanos le deben mucho al crisol. Es posible que la mezcla de razas haga que su nacionalismo sea menos objetable que el nacionalismo de Europa. […] Posiblemente se deba al hecho de que [los americanos] no padecen la herencia del odio o el miedo que envenena las relaciones entre las naciones de Europa.

Ibíd., p. 451.

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Aquí, todo el mundo defiende con orgullo y celo sus derechos civiles. Todo el mundo, sin importar su nacimiento, tiene la oportunidad, no sólo sobre el papel, sino en la práctica, de desarrollar libremente sus energías en beneficio del conjunto de la comunidad humana. […] La libertad individual proporciona un fundamento mucho mejor para el trabajo productivo que cualquier forma de tiranía.

De una emisión radiofónica al pueblo americano pronunciada desde el barco a su llegada a Nueva York, 11 de diciembre de 1930. Véase Rowe y Schulmann, Einstein on Politics , pp. 238-239, para el texto completo. Einstein Archives 36-306.

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Albert Einstein
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Pero ¿no tienen razón estas ciudadanas vigilantes? ¿Por qué tendrían que abrir la puerta a una persona que devora capitalistas de la línea dura con tanto apetito y gusto como el minotauro de Creta devoraba en un tiempo pasado las sabrosas doncellas griegas, y que por encima de todo es lo suficientemente infame para rechazar todo tipo de guerras, excepto la guerra inevitable que se libra contra la propia esposa?

Ibíd., p. 262.

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En América, más que en ningún otro sitio, el individuo se pierde en los logros de la masa.

De una entrevista con G. S. Viereck, «What Life Means to Einstein», Saturday Evening Post , 26 de octubre de 1926; reproducido en Viereck, Glimpses of the Great , p. 438.

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Albert Einstein
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En América resulta indispensable una aproximación firme; en caso contrario, no se recibe ningún pago y poca estima.

A Maurice Solovine, 14 de enero de 1922. Publicado en Letters to Solovine , p. 49. Einstein Archives 21-157.

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Nunca había experimentado del bello sexo un rechazo tan enérgico ante mis avances; o, si había ocurrido, nunca de tantas a la vez.

Parte de una respuesta a la Women Patriot Corporation, a través de Associated Press, diciembre de 1932. Según Rowe y Schulmann, Einstein on Politics , pp. 261-262, este grupo derechista, bajo el liderazgo de la señora Frothingham, había protestado ante el Departamento de Estado por la visita de Einstein, argumentando que era el cabecilla de una conjura anarco-comunista y que la teoría de la relatividad era subversiva y tenía como objetivo promover el libertinaje y la destrucción de la Iglesia y el Estado. Einstein Archives 28-213.

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Son las mujeres […] las que dominan toda la vida americana. Los hombres no se interesan por nada; trabajan, trabajan como no lo he visto hacer a nadie en ningún sitio. Por lo demás, son perritos de juguete para sus esposas, que gastan el dinero en la moda más excesiva y se cubren con un velo de extravagancia.

De una entrevista en la Nieuwe Rotterdamsche Courant , 4 de julio de 1921. Einstein insistió en que lo habían citado mal y seis días más tarde publicó una réplica en la Vossische Zeitung , afirmando que quedó anonadado cuando leyó el texto. Véase Rowe y Schulmann, Einstein on Politics , pp. 111-112, para un relato del fiasco.

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Aunque los americanos son menos académicos que los alemanes, tienen más entusiasmo y energía, consiguiendo una difusión mucho más amplia de las ideas nuevas entre la población.

Citado en el New York Times , 12 de julio de 1921.

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América resulta interesante, con todo su bullicio y ajetreo. Resulta mucho más fácil sentir entusiasmo por ella que por otros países que he alterado con mi presencia. He tenido que aceptar que me mostrasen por todas partes como si fuera un buey premiado para dirigirme a innumerables audiencias grandes y pequeñas. […] Es un milagro que haya sobrevivido.

A Michele Besso, ca. 21-30 de mayo de 1921. CPAE , vol. 12, doc. 141.

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Estoy muy feliz de estar en Boston. He oído hablar de Boston como una de las ciudades más famosas del mundo y el centro de la educación. Estoy feliz de estar aquí y espero disfrutar de mi visita a esta ciudad y a Harvard.

Durante la visita a la ciudad con Chaim Weizmann. New York Times , 17 de mayo de 1921. Aportado por A. J. Kox en respuesta a las muchas citas sobre Princeton en este libro (véase más adelante en esta sección).

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Hoy [debido a la enfermedad] me he quedado en la cama y he recibido las visitas como una vieja dama del siglo XVIII . Esto estaba de moda en el París de aquella época. Pero ¡no soy una mujer y esto no es el siglo XVIII !

Ibíd., 11 de junio de 1954.

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Soy como un coche viejo y muy usado: hay fallos en todos los rincones. Pero la vida sigue valiendo la pena mientras pueda seguir trabajando.

Ibíd., 9 de enero de 1955.

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Creo que las personas mayores que ya no tienen casi nada que perder deben tener la voluntad de hablar en nombre de los jóvenes y de los que están sometidos a limitaciones mucho más importantes.

A la reina Isabel de Bélgica, 28 de marzo de 1954. Einstein Archives 32-411.

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Siento con fuerza mi edad. Ya no estoy tan ansioso por trabajar y siempre tengo que echarme un rato después de comer. Me gusta vivir, pero no me importaría que todo terminara de repente.

Citado por Fantova, «Conversations with Einstein», 27 de abril de 1954.

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Albert Einstein
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Durante la juventud, cualquier persona y cualquier acontecimiento parece que son únicos. Con la edad, uno es mucho más consciente de que se repiten acontecimientos similares. Más tarde, uno se siente encantado o sorprendido con menos frecuencia, pero también menos decepcionado.

A la reina Isabel de Bélgica, 3 de enero de 1954. Einstein Archives 32-408.

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Me siento como un huevo del que sólo quedase la cáscara: a los 75 años no se puede esperar nada más. Uno debería prepararse para la muerte.

Citado por Fantova, «Conversations with Einstein», 1 de enero de 1954.

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Siempre [he] amado la soledad, un rasgo que tiende a aumentar con la edad.

A E. Marangoni, 1 de octubre de 1952. Einstein Archives 60-406.

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Si la gente más joven no se ocupara de mí, seguramente intentaría que me internaran en una institución, para que no tuviera que preocuparme por el declive de mis fuerzas físicas y mentales, que al fin y al cabo son imprevisibles con el devenir natural de las cosas.

A W. Lebach, 12 de mayo de 1953. Einstein Archives 60-221.

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Todos los amigos y contemporáneos ancianos que tiene uno viven en un equilibrio delicado y uno siente que su conciencia ya no es tan brillante como lo fue en su momento. Pero la penumbra, con sus colores más suaves, también tiene sus encantos.

A Gertrud Warschauer, 4 de abril de 1952. Einstein Archives 39-515.

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Estoy satisfecho en mis últimos años. He conservado el buen humor y no me tomo en serio ni a mí mismo ni a las demás personas.

A P. Moos, 30 de marzo de 1950. Einstein Archives 60-587.

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Aunque ahora soy un viejo anticuado, aún sigo trabajando muy duro y me niego a creer que Dios juegue a los dados.

A su antigua alumna en Berlín Ilse Rosenthal-Schneider, 11 de mayo de 1945. Einstein Archives 20-274.

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Tu «Me siento demasiado viejo» no lo tomo demasiado en serio, porque yo también conozco esa sensación. A veces […] crece y después vuelve a aplacarse. En definitiva, podemos dejar que la naturaleza nos vaya reduciendo tranquila y gradualmente a polvo, si no prefiere un método más rápido.

A Max Born, 7 de septiembre de 1944. En Born, Born-Einstein Letters , p. 145. Einstein Archives 8-207.

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La gente como tú y yo, aunque seguimos siendo mortales, como todo el mundo, no envejece sin importar el tiempo que viva. Lo que quiero decir es que nunca dejamos de actuar como niños curiosos ante los grandes misterios en los que hemos nacido.

A Otto Juliusburger, 29 de septiembre de 1942. Einstein Archives 38-238.

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¡A nuestra edad, el diablo no te deja demasiado tiempo libre!

A Heinrich Zangger, 27 de febrero de 1938. Citado en Seelig, Helle Zeit, Dunkle Zeit , p. 45, y traducido en Neffe, Einstein , p. 199. Einstein Archives 40-105.

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He vivido en la soledad, que es dolorosa durante la juventud, pero deliciosa durante la madurez.

De un texto escrito para Portraits and Self-Portraits de Georges Schreiber (Boston, Houghton Mifflin, 1936). Reproducido en Out of My Later Years , p. 13. Einstein Archives 28-332.

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Al fin y al cabo, existe algo eterno que se encuentra más allá del alcance de la mano del destino y de todos los delirios humanos. Y dichas cosas eternas están más cerca de una persona anciana que de una más joven, que oscila entre el temor y la esperanza.

A la reina Isabel de Bélgica, 20 de marzo de 1936. Einstein Archives 32-387.

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He seguido siendo un individuo sencillo que no le pide nada al mundo; sólo se ha ido mi juventud; la juventud encantadora que se desvanece para siempre en el aire.

A Anna Meyer-Schmid, 12 de mayo de 1909. CPAE , vol. 5, doc. 154.

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Sé lo que significa ver cómo tu madre sufre la agonía de la muerte y ser incapaz de ayudarla. No hay consuelo. Todos tenemos que llevar esta carga pesada, porque está inseparablemente unida a la vida.

A Hedwig Born, 18 de junio de 1920, después de la muerte de su madre. En Born, Born-Einstein Letters , p. 28. CPAE , vol. 10, doc. 59.

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Mi madre murió hace hoy una semana tras una agonía terrible. Todos estamos completamente exhaustos. Uno siente en los huesos la insignificancia de los lazos de sangre.

A Heinrich Zangger, 27 de febrero de 1920. CPAE , vol. 9, doc. 332; Einstein Archives 39-732.

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Mi pobre madre llegó aquí el domingo. […] Ahora está acostada en mi estudio y sufre de una manera terrible, física y mentalmente. […] Parece que sus tormentos van a durar todavía un buen rato; aún tiene buen aspecto, pero mentalmente ha sufrido mucho a causa de la morfina.

A Heinrich Zangger, 3 de enero de 1920. CPAE , vol. 9, doc. 242.

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Mi madre y mi hermana me parecen un poco insignificantes e ignorantes, a pesar de la simpatía que siento por ellas. Resulta interesante cómo la vida nos va cambiando gradualmente en las sutilezas del espíritu, de manera que incluso los lazos familiares más estrechos se transforman en una amistad normal. En lo más profundo ya no nos entendemos y somos incapaces de empatizar con el otro, o saber las emociones que mueven al otro.

A Mileva Marić, principios de agosto de 1899, a la edad de veinte años. The Love Letters , p. 9; CPAE , vol. 1, doc. 50.

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Albert Einstein
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Sí, pero ¿dónde están sus ruedas?

Albert, con dos años y medio, después del nacimiento de Maja en 1881, tras decirle que ahora tendría algo nuevo con lo que jugar. En «Biographical Sketch», de Maja Winteler-Einstein, CPAE , vol. 1, lvii.

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Cuando habla Margot, ves cómo crecen las flores.

Comentando el amor por la naturaleza de su hijastra Margot. Citado por su amiga Frieda Bucky en «You Have to Ask Forgiveness», Jewish Quarterly 15, nº 4 (invierno de 1967-1968), p. 33.

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Para mí es una alegría tener un hijo que ha heredado el rasgo principal de mi personalidad: la capacidad de levantarse por encima de la simple existencia sacrificándose personalmente durante años para alcanzar una meta impersonal. Esto es lo mejor, además de ser el único camino para independizarnos del destino personal y de los demás seres humanos.

A Hans Albert, 11 de mayo de 1954. Einstein Archives 75-918.

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Albert Einstein
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Existe un bloqueo detrás de esto que no soy capaz de analizar en toda su extensión. Pero creo que uno de los factores es que despertaría sentimientos dolorosos de diversos tipos en él si apareciera de cualquiera de las maneras.

A Carl Seelig, 4 de enero de 1954, explicando las razones por las que no estaba en contacto con Eduard. En su testamento, Einstein legó una cantidad de dinero mucho mayor a Eduard que a Hans Albert. Einstein Archives 39-059.

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Resulta muy penoso que el muchacho tenga que pasar la vida sin la esperanza de una existencia normal. Como se ha visto que las inyecciones de insulina no sirven de nada, no albergo más esperanzas por el lado médico. […] Creo que lo mejor es que la naturaleza siga su curso.

A Michele Besso, 11 de noviembre de 1940, sobre su hijo Eduard. Einstein Archives 7-378.

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Ha caído sobre ti la pena más profunda que pueden sentir unos padres preocupados. Todo lo que he podido observar en tu hijo pequeño indicaba que estaba convirtiéndose en una persona equilibrada y segura de sí misma, con una visión saludable de la vida. Aunque sólo lo he visto durante períodos cortos, me era tan querido como si hubiera crecido cerca de mí.

A Hans Albert y a su esposa Frieda, 7 de enero de 1939, tras la muerte repentina de su hijo Klaus, de seis años, probablemente a causa de la difteria. Véase Roboz Einstein, Hans Albert Einstein , p. 34.

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Mi actitud desafiante ha evitado que me diera cuenta de lo mucho que he sufrido a causa de todos los problemas personales con todos vosotros.

A Mileva, 15 de junio de 1933. Traducido en Neffe, Einstein , p. 199. Einstein Archives 75-962.

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Su capacidad intelectual [de Eduard] puede ser mayor [que la de Hans Albert], pero parece que carece de equilibrio y de sentido de la responsabilidad (demasiado egoísta). Muy poca interacción personal con otros, lo que le provoca una sensación de aislamiento e inhibiciones de otro tipo. Resulta un muchachito interesante, pero no va a tenerlo fácil en la vida.

A Mileva, 14 de agosto de 1925. Einstein Archives 75-963.

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Ahora podría ser abuelo si mi [Hans] Albert no se hubiera casado con semejante Schlemilde .

A su tío, Caesar Koch, que acababa de convertirse en abuelo, 26 de octubre de 1929. Einstein Archives 47-271. Einstein se había opuesto vigorosamente a la boda de Hans Albert con Frieda Knecht, que era nueve años mayor que él; pero la pareja siguió unida hasta la muerte de Frieda. En 1930 convirtieron a Einstein en abuelo con el nacimiento de Bernhard. Véase el catálogo de subasta de Sotheby’s, 26 de junio de 1998, 424.

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Mis chicos, que normalmente son tan alegres, sienten una envidia dolorosa de vosotras dos. […] Tienen la sensación de que los he cambiado por vosotras.

A Margot Einstein, refiriéndose a Ilse y a ella, 26 de agosto de 1921. CPAE , vol. 12, doc. 214.

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Siento la necesidad de agradecerte los hermosos días que he podido pasar con nuestros queridos hijos. Te agradezco que los críes en un marco mental favorable a mí y de una manera ejemplar en cualquier otro aspecto. Estoy especialmente satisfecho de su actitud alegre y modesta; y en segundo lugar, por supuesto, de su viva inteligencia.

A Mileva, 28 de agosto de 1921. CPAE , vol. 12, doc. 218.

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Es posible que pueda reunir suficiente moneda extranjera para que [Mileva y los niños] puedan quedarse en Zúrich. Posiblemente eso sea beneficioso para el futuro de mis hijos, lo que justificará que nos enfrentemos a las dificultades.

A Michele Besso, 6 de enero de 1920. A causa del tipo de cambio desfavorable, Einstein había estado pensando en pedirles que se mudaran al sur de Alemania, donde su dinero daría para más. CPAE , vol. 9, doc. 245.

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